En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 106
- Inicio
- Todas las novelas
- En el Universo DC con plantilla Shinobi
- Capítulo 106 - 106 Christopher White 2
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
106: Christopher White 2 106: Christopher White 2 La tarde era tranquila y monótona en Jump City.
Un cielo despejado y un color anaranjado y rojizo decoraban el horizonte, los imponentes edificios de la jungla de metal proyectando largas sombras a las calles debajo de ellos.
En una zona alejada del bullicio de la ciudad, lápidas de concreto descansaban tan pacíficamente como los ocupantes en los ataúdes a varios metros debajo de ellas.
Un ambiente de solemnidad, de tristeza y reflexión embargaba el lugar.
Siempre lo hacía.
Elizabeth White se sentaba en una simple silla de plástico, envuelta en prendas más oscuras que la noche.
Un fino sombrero ocultaba su rostro entristecido y su maquillaje arruinado por las lágrimas.
A docenas de metros de ella, sus guarda espaldas se mantenían alerta, dándole privacidad a la dolida mujer.
Para el resto del mundo, la mujer acababa de perder a sus progenitores, uno encontrado muerto en una zanja hacía un día y la otra desaparecida.
Su propia hija fue encontrada junto al cadáver su presunto abuelo y llevada al hospital, donde permaneció inconsciente.
Pero para Elizabeth, ella no sólo había perdido a un padre.
Había perdido al amor de su vida.
Y ella sabía quién era el responsable.
Pudo sentir la agitación de sus guarda espaldas cuando un viento particular hizo agitar levemente su vestido.
Una presencia imponente y gélida le envió escalofríos por la espalda, pero ella no se encogió de miedo.
Alzó una mano a sus guardianes, asegurándoles que todo estaba bien.
-¿¡Por qué estás aquí!?
– preguntó con brusquedad pero en un tono bajo.
No querría llamar la atención más de lo necesario.
La persona detrás de ella no respondió.
Se quedaron en un silencio frío, un mar de sentimientos no expresados por parte de la mujer.
-Sé que me odias y no pretendo que cambies de postura.
Pero nunca, jamás, pienses que lo que ese hombre hizo estuvo bien.
Estoy seguro de que no querrías eso para tu hija – dijo la persona antes de desaparecer por completo.
Las lágrimas amenazaron con salir de nuevo, pero la mujer apretó la mandíbula y se negó a darle ninguna satisfacción a la persona que le arrebató al amor de su vida.
-¿Y qué te da derecho a determinar lo que es y no es amor para mi?
– preguntó a nadie en particular.
Elizabeth White se llenó de frustración e impotencia.
Ella no era ajena al tabú que cometió con el hombre que amaba, pero el corazón no elige a quién amar.
¿Fue culpa suya ser dejada de lado por una ambición ridícula y sórdida y vendida a otra persona por su padre biológico?
¿Fue culpa suya encariñarse con la única persona que la trató con dignidad, con respeto y amor?
¿Fue culpa suya querer darle felicidad a un hombre que la llenó de todo lo que una niña podría querer en su vida?
Los recuerdos afloraron en su mente, recuerdos de un pasado que apenas podía vislumbrar.
Recuerdos de un hombre apático y obsesionado con alcanzar una meta, tan malditamente enfocado en su trabajo que ignoró su existencia por completo.
Que le negó afecto, un hogar y una vida normal.
Recuerdos de un hombre carismático y de sonrisa alegre que vino por ella.
Recuerdos de llegar a una casa gigante, más que cualquier apartamento de mala muerte en el que su padre verdadero la dejaba todo el día.
Recuerdos de pedir un juguete y recibirlo sin pestañear, de solicitar bocadillos y dulces y obtenerlos en sus manos.
Recuerdos de un hombre que no era su padre y sin embargo le dio más atención que sus progenitores.
Recuerdos de su adolescencia, donde el interés y la adrenalina la motivaron a entrar en su cama.
Recuerdos de un amor prohibido, estimulante y embriagador que le embotaba los sentidos.
Recuerdos de cuando sintió cambios extraños en su cuerpo y descubrió que llevaba una nueva vida en su vientre.
El hijo del único hombre que realmente amó.
Sólo recuerdos.
Elizabeth miró la lápida donde el nombre de su amado fue tallado.
Sentimientos de amargura y odio llenaron su corazón.
Odio por la injusticia de este mundo, odio por la persona que llegó a sus vidas y lo destruyó todo.
Odio por un shinobi de cabello blanco y ojos carmesí.
-Aunque me cueste mi vida, mi amor, haré justicia en tu nombre- juró en la tumba de Christopher White.
*** -“¿Por qué siento que acabo de dispararme en el pie?” – pensó Liam con resignación.
Quizás no fue tan buena idea acercarse a la viuda y dejar algunas palabras tan ácidas.
¿Pero qué más podría hacer?
No es que fuera bueno ayudando a la gente con problemas mentales.
Sí, Elizabeth White era una mujer con severos problemas.
No hay discusión en eso, ni ninguna justificación.
Liam fue inflexible en ese punto.
El shinobi se agotó rápidamente de todo el asunto con esa maldita familia.
Sus niveles de repulsión alcanzaron nuevos límites y ahora no quería nada más que beber un poco, deshacerse del mal sabor de boca y comenzar las “reparaciones” de su Ninken.
Antes que nada, decidió llamar a Waller e informarle de la situación con los restos de HIVE en la ciudad.
Le vendría bien un poco de apoyo gubernamental aquí porque, a diferencia de los Héroes consagrados, Liam no sintió ninguna necesidad de terminar por su cuenta este molesto trabajo.
Una vez resuelto eso, iría a informarle a la comisionada para que la policía y las fuerzas de la Ley trabajaran en apoyo con el gobierno o a quien sea que decida enviar Waller.
Él se lavaría las manos por completo.
Ya estaba cargado con un montón de trabajo por hacer.
En primer lugar, necesitaba arreglar a su Ninken herido.
En segundo lugar, debía recuperar fuerzas y prepararse para tomar más tareas por parte de Amanda y ahorrar Ryo.
La meta del 100% en la plantilla se acercaba y quería estar preparado para lo que le depare este asqueroso sistema porque, en todos estos años, la maldita cosa se negó a informarle sobre qué ocurriría una vez que completara su progreso.
Tenía un mal presentimiento al respecto y quería asegurar contingencias.
Fuera de eso, esperaba que la operación de Ileana no tenga problemas secundarios.
Hacía tiempo que había conversado con la repugnante rata sobre proporcionarle ojos sintéticos a la moldava, pero había un obstáculo enorme en el camino: Su propio poder.
A diferencia del resto de su cuerpo, esas llamas extrañas sí afectaban sus ojos y no sería buena idea implantar cosas allí que terminasen derritiéndose dentro de sus cuencas.
El shinobi le encargó a Nezu encontrar una solución a este problema, y finalmente se habían topado con una: Las máquinas de HIVE.
Ese material era tan bueno que no se derritió ante las llamas más potentes de la moldava, por lo que les cayó como anillo al dedo.
Sí, Liam se aseguró de esconder una de las máquinas y alegar ignorancia con respecto a su paradero.
Con todo el caos provocado por los demonios, era plausible que quien los haya convocado se haya robado al robot.
Y hablando de quien…
Liam necesitaba encontrar la manera de ponerse en contacto con la única persona que podría ayudarle a lidiar con ese loco de los demonios: John Constantine.
Afortunadamente, él tenía una idea de quién podría encontrarlo.
Una de las cosas que sí vio en su vida pasada fue la película de Justice League: Dark.
Sólo esperaba que este universo no fuera uno paralelo o alguna mierda donde esa sexy maga, cuyo nombre no recuerda, y Constantine no tengan relación alguna.
Eso sería un dolor de cabeza.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com