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En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 108

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108: Nuevos Ojos 108: Nuevos Ojos  El sonido de la madera vieja al crujir despertó a una niña de su pesado sueño.

Ojos negros vagaron por la ensombrecida habitación, reconociendo las formas familiares de sus escasas pertenencias.

Un frío casi permanente se colaba entre sus mantos de tela y piel, congelando sus dedos.

Ella lo ignoró, pues desde el día en que nació ha tenido que lidiar con el duro clima.

Afuera, podía escuchar el movimiento de los animales, grandes y pequeños.

Gallos cantando, caballos resoplando, cerdos buscando algo de comer entre el lodo.

Estaba por cerrar los ojos otra vez y seguir disfrutando de su plácido sueño, cuando escuchó pasos familiares pasar cerca de su puerta.

Sabiendo lo que eso significaba, se levantó a toda velocidad, sin importarle el frío piso de madera, y corrió al encuentro de la figura que intentaba escabullirse en silencio.

-¡Papá!- gritó la niña mientras abría la puerta, estampándola contra la pared y haciendo que el hombre grande y de espesa barba diera un respingo por la sorpresa.

Ella saltó a sus brazos, aferrándose a él como un koala.

No es que ella supiera lo que era un Koala.

-Je, jovencita, me diste un buen susto allí – dijo el hombre con una sonrisa mientras ahuecaba a la pequeña niña en su pecho.

Antes de que pudiera preguntarle por qué se había levantado tan temprano, una respiración agitada y algunos gemidos lo detuvieron.

La niña sollozó en su pecho.

-¿Qué pasa, querida?

– preguntó él.

La niña negó con la cabeza, todavía aferrada al hombre más grande.

-N-nada.

Simplemente te extraño- dijo ella.

Él sonrió y le acarició la espalda, tranquilizándola.

-Ve a descansar, Ileana.

Te prometo que volveré para la cena.

Te voy a traer un venado gigante, ¿Te parece bien?

Unos momentos después, el hombre logró apartarla de su lado y salir por la puerta.

Una joven Ileana se secó las lágrimas, impotente por no poder detener las acciones de su padre, porque esta no era la realidad y ella lo sabía.

Hacía mucho tiempo que Ileana no se encontraba con este sueño en particular, una mezcla de recuerdos tanto cálidos como dolorosos.

Su padre que acababa de salir por esa puerta nunca regresaría.

Años más tarde se enteraría de la verdad.

Hoy sería la primera vez que los Vampiros le arrebataron algo a la moldava.

No sería la última.

Pronto sintió como su consciencia era arrastrada al mundo real, pero el sentimiento agridulce de volver a ver a su padre y decirle esas palabras aún pesaba en su corazón.

De repente se encontró en la oscuridad, sus oídos captando el zumbido habitual de la maquinaria moderna.

Aunque ella no podía ver en el sentido tradicional, nunca fue ajena a su entorno.

Pero ahora era diferente.

Conscientemente, no permitió que su magia se extendiera como solía hacer, por lo que quedó completamente ciega de verdad.

Respiró hondo, abriendo poco a poco los ojos.

Una oscuridad más clara la recibió, lo que la hizo confundir.

¿Se habrán equivocado su amigo y su mascota?

Luego recordó que usaba una venda en los ojos e hizo una mueca por la estupidez.

Con cuidado, retiró las vendas y por primera vez en siglos, Ileana pudo ver el mundo que la rodeaba.

Paredes y techo del color de las nubes, hechos de metal como las espadas y los escudos que ella recordaba.

Artefactos extraños con luces parpadeantes y otras permanentes, asemejando a una multitud de luciérnagas.

No pudo evitar maravillarse por la llamada tecnología moderna.

Sentirla con su magia era una cosa, pero hacerse una idea mental de cómo eran realmente fue una experiencia nueva.

Era como un ciego que conociera el concepto de los colores, pero nunca pudo verlos.

Ileana se miró las palmas de las manos, así como la bata de operación que llevaba puesta.

Una piel tan pálida como la que recordaba de su niñez la saludó.

Se fijó en sus uñas, tintadas de negro como su cabello, cortesía de su amigo Liam.

Había dicho algo sobre que era necesario para usar su vestuario de Héroe.

Hablando de quien.

Vio una mota de cabello blanco y despeinado al borde de su cama.

Mangas del mismo color se cruzaban debajo del cabello, formando una almohada improvisada en la que el individuo se había recostado.

Era pequeño, unos centímetros más bajo que ella, de una complexión delgada, aunque la bruja no se hizo ilusiones.

Conocía bien a la figura que tenía delante, pues ya lo había rodeado innumerables veces con su magia.

-¿Liam?- lo llamó por su nombre real, uno que le había confiado como muestra de su reconocimiento y amistad.

Ella valoraba el gesto y le gustaba usar su nombre siempre que podía.

El shinobi levantó la cabeza y ojos carmesí le devolvieron la mirada, el cansancio manifestado de tal modo que cualquiera habría dejado de molestar a esa persona.

Pero no Ileana.

-¡Funcionó, Liam!

– gritó ella con emoción, abalanzándose sobre el shinobi y provocando que ambos cayeran al piso.

Ella lo abrazó con fuerza, sus sentimientos de tristeza por el sueño esfumándose lentamente al poder ver de verdad a su nuevo y único amigo.

-¿Eh?

Ah, ejem, me alegro mucho, Ileana – dijo con torpeza, claramente poco acostumbrado a estas muestras de afecto.

Aún así, él le acarició la cabeza que descansaba entre su cuello.

La moldava se sentó a horcajadas sobre él, sus ojos recorriendo cada una de sus facciones ocultas tras las vendas.

Miró el hermoso cabello que tantas veces había percibido con su magia.

Miró a los ojos avergonzados e incómodos que normalmente le dirigían miradas inexpresivas.

Pudo apreciar las extrañas prendas que solía usar, atadas a su cuerpo por correas de un material que no era cuero.

Ella podía ver de nuevo, y eso le trajo una sonrisa deslumbrante al rostro.

-¡Liam, Liam, ¿Podemos salir?

Quiero ver la ciudad!

– dijo ella, temblando en su lugar por la emoción.

Con una risa entre dientes, el shinobi asintió y sus ojos la miraron ya no con desconcierto, sino con afecto y alegría genuina.

El dúo se paseó primero por la base y la moldava pudo apreciar todo con sus ojos.

Vio la maquinaria, las computadoras, compartió y jugó con las invocaciones Quimera.

Al salir a la ciudad, Ileana disfrutó de su caminata por las calles, maravillándose con la vista de los imponentes edificios, por las prendas multicolor de las personas, por los familiares automóviles.

A pesar de haber recorrido ya estos lugares en multitud de ocasiones, poder ver cómo eran las cosas realmente fue una experiencia inolvidable para ella.

Ileana y Liam recorrieron las calles de Jump City durante todo el día, el shinobi con una expresión relajada y contenta y la bruja con una sonrisa que nunca abandonó su rostro.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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