En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 110
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- Capítulo 110 - 110 Malos Entendidos 2
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110: Malos Entendidos 2 110: Malos Entendidos 2 Bueno, un sabio me aconsejó que no cambiase la cagada de capítulo anterior.
Algo sobre aprender de los errores y no ocultarlos y crecer y bla bla bla.
Con eso en mente, trabajaré sobre esa base para intentar sacarle algo bueno~ *** La alarma de Ileana emprendía su propia batalla para despejar el velo de los sueños que cubría pesadamente a la mujer.
Aunque lo intentaba, nunca era suficiente, pero el artefacto no titubeó en su tarea ni un día.
Sus acciones no eran del todo inútiles.
Su perseverancia le permitía al compañero de la moldava detectar el estado de la misma.
Hoy no fue diferente.
Entrando con los hombros caídos, el peliblanco y enano Liam metió sus manos debajo del colchón y lo levantó bruscamente, tirando a Ileana al suelo con un grito, como era habitual.
-¿¡Por qué!?
– se quejó mientras hacías pucheros.
-Eso debería preguntar yo.
Ya estás un poquito demasiado grande como para necesitar que yo venga a tirarte de la cama- respondió él con tono aburrido.
Esta dinámica era común antes de la salida del sol.
Era prácticamente un rito de iniciación para el día de ambos.
Y hoy fue particularmente divertido para Ileana.
Todavía se emocionaba con el hecho de poder ver de nuevo, disfrutando cada uno de estos pequeños momentos con una nueva perspectiva.
Hizo sin quejarse, por una vez, toda su rutina matutina.
Su ducha de la madrugada, sus estiramientos, sus ejercicios físicos para mantenerse en forma, su sesión de combate con los clones de Liam.
La alguna vez frágil y poderosa bruja ahora tenía un cuerpo saludable, resistente y, en opinión de la hermandad del agua, sexy y tonificado en las zonas correctas.
A ella le gustaban los cumplidos de los clones.
En su opinión y la de ellos, estos eran los honestos pensamientos del albino.
Pero toda la emoción, la alegría genuina que se desbordaba de su corazón y le hacía sonreír estúpida pero tiernamente se desvaneció en cuanto bajó las escaleras hacia el comedor.
Sus ojos inorgánicos se entrecerraron peligrosamente y toda su presencia cambió de la calidez de un día perfecto a una gélida noche.
En su rango de visión había una escena que le retorció las entrañas de una manera que no podía comprender del todo.
Simplemente no le gustó.
Una mujer con demasiado pelo en todo su cuerpo, de un tono amarillo y con manchas negras, acorralaba a su amigo y compañero, su mano firme en la pared y la otra sosteniendo su barbilla, alzándola para que la viera a los ojos.
Ella se inclinaba, su rostro demasiado cerca del de Liam para su gusto.
-¿¡Qué está pasando aquí!?
– gritó Ileana con los puños apretados.
La mujer giró la cabeza a un lado para mirarla y un destello de burla brilló en esos ojos felinos.
-¿Hm?
¿Amiga tuya, conejito?
– preguntó Cheetah a su amigo, pero sus ojos estaban fijos en la moldava.
Conejito…
Conejito.
¿Ella acaba de llamar a Liam conejito?
La mente de Ileana se detuvo por unos segundos.
No podía formar pensamientos coherentes, pero su boca se movió por instinto.
-Hmph, soy su compañera.
¿Y tú quién eres, ramera?
– dijo con veneno en su tono.
El ceño de Cheetah se frunció pero un instante después sonrió maliciosamente.
Antes de que pudiera replicar de una forma que ofendiera más a Ileana, Liam intervino.
-Cheetah, el desayuno está casi listo.
Comamos y después podemos terminar nuestro asunto- dijo en un tono conciliador a la vez que dirigía una mirada de disculpa a Ileana.
La bruja fulminó al shinobi con la mirada pero se cruzó de brazos y resopló.
Varios minutos después, todos estaban en la mesa, el sonido de los cubiertos tintineando en los platos de vidrio y los poco educados ruidos de masticar que emitía Cheetah llenaron el lugar de incomodidad.
El ceño fruncido de Ileana era omnipresente y la sonrisa divertida de Cheetah no ayudaba en eso.
Liam mantuvo la mirada fija en su plato, su mente ocupada en analizar cuándo fue que la obra de su vida se volvió un proyecto fallido de telenovela.
-“¿Por qué me mira como si mi esposa me hubiera encontrado con otra mujer?” – se preguntaba el albino mientras un sentimiento de culpa fuera de lugar se asentaba en su pecho ante la mirada de Ileana.
-Ah, conejito.
Esto está muy bueno, apenas y me cabe en la boca~ comentó Cheetah de una forma innecesariamente sugerente mientras comía su carne.
Los párpados de la bruja temblaron y se puso de pie con un resoplido.
-Voy a hacer mis rondas, Hiruko- dijo Ileana secamente, usando su nombre público.
Antes de que llegara a la puerta, la distraída Cheetah sonrió de una manera sádica.
Al mismo tiempo, alguien llamó a la puerta, lo que captó la atención de Liam e Ileana.
La sensación de que una cagada monumental le iba a explotar en la cara recorrió al shinobi, quien caminó con paso nervioso hacia la sala de estar justo para ver a su amiga y compañera abrir la puerta.
Una mujer grande, con un cuerpo tonificado y de largo cabello negro yacía de pie con una sonrisa educada.
Su traje de color rojo con decoraciones doradas en los pechos y una pequeña falda azul destacaba como un pulgar adolorido.
La cara de Ileana murió en la inexpresividad cuando dijo en voz alta a su compañero: -Hiruko, llegó otra ramera- y pasó junto a una desconcertada Wonder Woman antes de irse volando hacia la ciudad.
El saludo cortes de la mujer maravilla murió en su garganta, viendo torpemente entre el albino y la mujer de cabello negro que no parecía nada feliz.
-“¿Vine en un mal momento?”- pensó Diana con incomodidad.
Como mujer y con una larga vida de experiencias, pudo notar el agrio humor entre la pareja.
Mientras tanto, Liam maldijo al Dios, Creador, Ente o Escritor que le había echado este camión de mierda encima.
Ni siquiera se molestó en intentar explicar o apaciguar la situación cuando una sonriente Cheetah apareció a su lado y rodeó su cuello en un abrazo que lo acercó a su costado, su cara en contacto con los pequeños pechos de la mujer gato.
-Kukuku, pero mira nada más…
La Perra Maravilla~ comentó con sorna, divertida al ver la oscuridad retorciendo el rostro de Diana y totalmente indiferente al sentimiento de derrota y abatimiento que sentía el conejito junto a ella.
*** Uno pensaría que los Ninjas del mundo Naruto son seres de muy alto nivel.
En términos ofensivos, no se equivocan mucho.
Aunque se centran más en el asesinato, emboscadas y demás, un número selecto de ellos son calamidades andantes.
Son pocos en comparación.
Desde la perspectiva de un espectador del anime, es un mundo loco lleno de súper potencias capaces de derribar naciones, pero no es el caso.
A menos que seas el Raikage, Tsunade, Kakuzu, Orochimaru o tengas células de Hashirama, tu destino es ser un cañón de vidrio.
¿Fuerte?
Seguro.
¿Peligroso?
Definitivamente.
¿Difícil de matar?
Obviamente.
Pero seguirás siendo frágil, tan frágil que un golpe bien colocado te matará.
La Liberación Acero o el Jutsu Piel de Hierro sólo pueden ayudar hasta cierto punto, pero no te colocaría en la misma categoría que los ninjas ya mencionados.
Liam sabía esto.
Lo sabía muy bien.
Fue porque lo sabía que sólo pudo quedarse a un lado, empleando clones, sus vendas y shunshin para salvaguardar a los inocentes ciudadanos de convertirse en charcos de sangre en el pavimento, mientras dos mujeres locas se enfrentaban en un duelo que parecía sacado de Dragon Ball.
Ondas de choque agrietaron el suelo e hicieron explotar ventanas, borrones de movimiento iban y venían, chispas volando cuando la espada y el escudo se encontraron con las garras más afiladas que Liam conocía hasta ahora.
Una mujer con mirada severa y porte marcial, la otra con una sonrisa maníaca y movimientos salvajes, aparentemente descontrolados y aleatorios, pero con una eficacia y letalidad inconfundible.
Pero la mente de Liam no estaba en las dos bellezas que se golpeaban la una a la otra, ni en el pequeño revuelo que estaba sufriendo la ciudad, ni las llamadas insistentes de la comisionada, ni en las personas que huían aterrorizadas de la zona.
Estaba demasiado ocupado en contener la ira que amenazaba con mandar todo al carajo y lanzarse en medio de las féminas, desatando y exponiendo su verdadero poder al mundo.
¿Por qué estaba enojado?
No es que le importase la ciudad en sí, y sabía que no iban a culparlo a él por esta mierda.
Eso recaería en la Amazona.
No, la razón de su frustración fue que una parte de su Mansión ahora era un desastre de escombros y el promontorio rocoso casi se derrumba sobre sí mismo cuando ambas luchadoras empezaron a pelear.
-“¡Mierda, mierda y súper mierda!
¿Cómo le explico esto a Ileana?” – pensó con pánico.
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