En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 112
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112: Wonder Woman 3 112: Wonder Woman 3 -¡Hnngh!
– gruñía una magullada y golpeada Cheetah mientras un bozal de algún material que Liam no reconoció bloqueaba sus fauces.
Sus extremidades fueron envueltas en una especie de capullo del mismo material, con barras que los perforaban, inmovilizando de alguna manera a la monstruosa mujer.
Ella dirigía miradas asesinas a la Amazona, mientras daba guiños coquetos al shinobi.
Liam no se hizo ninguna idea equivocada.
Esa mujer no estaba interesada en él de ninguna forma romántica.
Apostaba lo que fuera a que era, como mínimo, una dominatrix.
Algunos tipos vestidos de negro la montaron en un camión blindado y desaparecieron en unos minutos.
-Sabes que va a salir de prisión, ¿verdad?
– comentó el shinobi a la mujer más alta que estaba a su lado.
Heridas sangrantes decoraban sus musculosos brazos y piernas, dándole a su belleza ruda un toque más bárbaro y, de alguna manera, más fascinante.
-Entonces la volveré a atrapar- respondió Diana con convicción.
¿Por qué este mundo parecía más realista en algunas cosas y muy estúpido y caricaturizado en otras?
Liam no podía decirlo con seguridad.
En un mundo normal, a esa tipa gato le inyectarían mercurio en las venas y se asegurarían de mantenerla en un coma eterno para asegurar que nunca volviera a joder.
Eso o la ejecutarían.
Una cámara sin oxígeno y ya está, problema solucionado.
La imponente figura de la Amazona se cernió sobre el pequeño shinobi.
Con rostro severo y una silenciosa orden, se elevó en el cielo y voló en la dirección de su casa, ahora medio destruida.
Liam parpadeó en la misma dirección.
No tenía más remedio que escuchar la cháchara que planeaba darle Wonder Woman.
No pudo evitar que su mente vagara hacia las palabras de su amiga.
¿Realmente era demasiado pasivo?
Mientras se desplazaba a gran velocidad sobre los edificios, consideró sus acciones pasadas.
Desde su encuentro con Waller, no había hecho más que reaccionar ante lo que le arrojaban encima.
Entregarse voluntariamente, aunque en ese caso nadie podría juzgarlo.
El hombre más poderoso del planeta fue a buscarlo, así que no había muchas opciones.
Luego fue dejarse vilipendiar por Amanda.
Permitió que su imagen se arruinara y no hizo mucho aparte de destruir muchos vehículos costosos y golpear algunos agentes.
En prisión, se dejó convencer por las maniobras de la alcaide, jugando bajo sus reglas y manteniendo a raya a los prisioneros a cambio de moverse libremente y beber café.
Aceptó sin chistar la propuesta de sus cinco años de servicio comunitario en esta ciudad, haciendo el papel de héroe.
Se había dejado arrastrar a una estúpida gala, permitió que Christopher White se acercara a él, dándole más confianza al hombre millonario sospechoso de la que quería admitir.
Diablos, incluso no se resistió a las demandas irrazonables de la misma mujer que lo hizo reflexionar sobre este asunto cuando exigió que la albergara en su casa, la alimentara, la vistiera y la entrenara.
Hace los trabajos sucios de Waller cuando ella quiere, atendiendo a matar como un cachorro entrenado.
-Mierda…
¿Realmente soy tan pasivo?
Sólo dejándome arrastrar por la corriente- murmuró con incredulidad.
-Exactamente por eso estoy aquí- dijo Diana, sorprendiendo al shinobi y provocando que tropezara cuando aterrizó en el promontorio rocoso.
Había olvidado el súper oído de esa mujer.
Diana se rio entre dientes por las reacciones del chico, pero continuó hablando.
-Mira, lamento que nuestros encuentros parezcan terminar tan mal- expresó ella con un gesto hacia los agujeros en las paredes de la Mansión y el desastre de cortes y arañazos que era la sala.
-Si realmente lo lamentas, espero que pagues por esto- apuntó Liam con un tono severo, intentando establecer límites como le había aconsejado Ileana.
Se había decidido a no dejarse llevar por la mierda de otros y simplemente aceptarlo sin más.
Demostraría que no era ningún idiota al que todos podrían joder así como así.
-Ah, un poco temprano para empezar con ese carácter fuerte.
Hazlo cuando terminemos de hablar- lo cortó Diana tajantemente.
Liam hundió los hombros y se resignó a dejar pasarlo por esta vez.
¡Pero sería la última!
O eso se prometió a sí mismo.
-Jeje, siéntate, Hiruko- llamó Diana con una sonrisa divertida.
Ambos se sentaron en el mueble rasgado que decoraba su destruida sala.
Incluso con una sonrisa y un estado relajado, el imponente porte de esa Amazona hizo sentir a Liam incluso más pequeño.
-Ahora- su voz se volvió seria de repente- ¿Te importaría contarme qué clase de trato tienes con el gobierno?
Y no trates de negar nada.
Es imposible que hayas ido a Hawai por tu cuenta y causado todo ese desastre porque sí.
El shinobi negó con la cabeza.
-No puedo hacer eso.
Seguridad nacional y esas cosas.
Y, como te dije en aquel entonces, no es asunto tuyo…
Sin ofender- dijo Liam.
-Es asunto mío cuando se comete un crimen.
Hiruko, sigues siendo menor de edad en este País.
Ellos no pueden obligarte a hacer estas cosas.
-Nadie me ha obligado a nada.
Mi trato con la fiscalía fue que haría servicio comunitario.
Eso significa que bien podría estar recogiendo basura en las calles o algo así.
Simplemente uso mis habilidades únicas para combatir el crimen, nada más, nada menos.
-Haa…
Hiruko, la fiscalía no te ordenaría matar.
Yo sé que has quitado vidas, no lo niegues.
También sé trabajas para Amanda Waller.
Esa mujer no es alguien en quien puedas confiar.
-No, no.
No entremos en más confusiones ridículas.
Permíteme dejar esto claro: Fui yo quién contactó con Waller y ofrecí ese tipo de servicios.
¿Entiendes?
Yo pedí estar en esta situación.
Nadie me engañó, ni coaccionó.
Fue mi propia decisión.
Diana estudió el rostro inexpresivo del shinobi.
No necesitaba usar su lazo para ver la verdad en la mirada de Hiruko, así como la certeza en su voz.
-¿Por qué?
– preguntó tentativamente.
-Porque yo lo quise así- respondió él.
Ella suspiró, recostándose en el sofá y mirando hacia el techo.
Un silencio incómodo se hizo entre ambos.
Para Diana, este chico parecía demasiado obtuso.
Se dio cuenta que nada de lo que ella dijera le haría cambiar de parecer.
Por su parte, Liam no estaba portándose como un malcriado o un idiota sólo porque sí.
¿Quién diablos no aceptaría esta mano amiga que la mujer le estaba tendiendo?
Con su respaldo y el de Súper Man, Waller jamás podría tocarlo.
Eso esperaba, al menos.
Pero el apoyo de estos dos confiables y buenos Héroes no era lo que él necesitaba.
Su apoyo no lo ayudaría a crecer de la manera en que lo ha hecho en los últimos casi dos años.
Un crecimiento que está a otro nivel en comparación con la década previa a todo el incidente de Kansas City.
Sin el permiso expreso de esa mujer y su agencia turbia, Liam tendría que matar clandestinamente para subir de nivel, lo que lo convertiría en un maldito villano.
Ningún villano está seguro en un mundo donde Súper Man exista, es así de simple.
Así que no, no podía alejarse de Waller ahora mismo.
{Progreso de Plantilla de personaje: Shinobi Renegado de Konohagakure-Hiruko: 89%} El progreso se hacía más difícil de subir a medida que se acercaba al 100%.
Aún tenía muchas vidas que arrebatar, mucho entrenamiento que realizar.
-Entiendo.
No voy a entrometerme más en tus asuntos, como tú dices.
Pero recuerda esto, Hiruko: Siempre puedes contar conmigo.
Si algo sucede, no dudes en llamarme.
Te prometo que estaré ahí.
Con esas palabras, la Amazona salió de la Mansión y emprendió el vuelo con un Boom sónico, haciendo temblar las paredes y provocando que secciones de los muros se cayeran por completo.
Liam chasqueó la lengua y activó su comunicador.
Tras algunos intentos, una voz monótona pero algo molesta respondió en su oído.
-¿Qué es ahora, mocoso?
Estoy ocupada -Mi casa fue barrida.
Dame dinero- exigió Liam a Amanda Waller.
Su tono no admitía un No por respuesta.
-No- respondió la mujer y cortó la comunicación.
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