En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 114
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114: Próxima Misión 114: Próxima Misión La lluvia caía en cascada, impulsada por una furiosa ventisca y adornada en el cielo por zigzagueantes relámpagos, trazando sus caminos como serpientes retorcidas.
Reverberantes y profundos rugidos seguían a los destellos de luz, como si intentaran competir con la cacofonía de explosiones, gritos y disparos que había debajo.
Hombres y mujeres corrían de un lado a otro, despertados a toda prisa por las alarmas de la base que guarnecían.
Algunos ni siquiera pudieron equiparse correctamente, priorizando sus armas antes que su ropa.
Las comunicaciones habían fallado, intervenidas por el desconocido oponente, por lo que la confusión y el desorden era absoluto.
Los tenientes y sargentos tuvieron que ladrar a sus soldados casi al oído para que pudiesen estar al corriente de los próximos movimientos.
Fuera de la base, las torretas mantenían el fuego constante, intentando alcanzar un objetivo que se deslizaba entre las balas de alto calibre con absurda facilidad.
De vez en cuando, un destello de metal afilado se movían rápidamente, desviando los pequeños proyectiles.
Vehículos yacían cortados a la mitad a su alrededor, hombres sin vida ocupando varias secciones de la carretera única que llevaba a la base.
Como si se aburriese de esta situación, la figura que causaba todo este desastre se movió a gran velocidad, girando en el aire con gracia y cortando los cañones con su hoja.
Con calma y una expresión serena, el hombre y su espada se adentraron en la base, limpiándola de vida casi sin esfuerzo.
A pesar de haber interferido con las comunicaciones, no pudieron evitar que se enviasen llamadas de socorro al gobierno al que pertenecía esta base.
Era un mundo moderno, después todo.
Si no se usaba un PEM, difícilmente se podría restringir la comunicación.
La señal viajó a una velocidad que ninguna persona podría comprender, alcanzando el otro lado del planeta y alertando a un hombre que fumaba y firmaba papeles en su oficina.
Rápidamente recopiló y analizó la información.
Su expresión se endureció más de lo normal ante la emergencia que esto representaba.
Comenzó a hacer llamadas desesperadamente, su corazón deseando que cierto hombre con capa roja y traje azul estuviera disponible.
*** -“¿Por qué me mira como esperase un premio?” – se preguntaba Ileana internamente mientras sonreía con torpeza a Liam.
El albino, cuyo rostro parecía tan estoico como siempre, no pudo engañar a la moldava.
Esos ojos carmesí esperaban algún tipo de aprobación.
¿Debería felicitarlo?
Volvió la cabeza hacia la Mansión ahora reparada.
Lucía como nueva, como si el noble, ejem, como si el amigo de Liam la hubiese mandado a construir otra vez.
¡Ahí estaba el problema!
La casa era idéntica al diseño original.
¿No se le ocurrió poner su propio diseño?
Pero ella no iba a quejarse.
El chico acababa de hacerle otra casa.
¿Qué clase de dama sería si criticara sus esfuerzos?
Esfuerzos que tardaron cinco meses, por cierto.
Ella había sentido orgullo cuando Liam le informó que las reparaciones habían comenzado.
Se alegró de que su amigo comenzara a poner las cosas en orden y se hiciera respetar.
Luego se enteró de que el dinero lo puso Nezu y se volvió a enojar con él.
Ella le aplicó la Ley del Hielo, como lo llamaban los jóvenes de hoy en día, durante algunas semanas.
No pudo evitar perdonarlo después de pensar en las cosas y darse cuenta que, al final del día, ella era la adulta aquí.
Se disculpó con el shinobi y ambos volvieron a su rutina ordinaria.
Entrenando juntos, compartiendo comidas y trabajando para pagar la sentencia de Liam.
Sin que el albino lo supiera, Ileana también había llegado a un trato con la ciudad.
A diferencia de él, ella no tenía intenciones de trabajar gratuitamente por la bondad de su corazón.
Había aprendido lo suficiente de este mundo como para registrarse formalmente e incluso tenía una cuenta bancaria, donde la ciudad dejaba sus pagos mensualmente.
No era demasiado, pero la bruja ya no estaba en quiebra.
Aún así, decidió guardárselo para ella.
No porque fuera egoísta ni nada, pero una dama necesita su espacio.
Ahorraría lo suficiente en caso de que el tonto de Liam llegase a necesitarlo de verdad.
No le importaría darle todo su dinero cuando llegue el momento.
Él la había salvado, le dio ayuda, un techo, una cama, alimento y la oportunidad de integrarse en este nuevo y extraño mundo.
Quizás fue el sentimiento de gratitud, el respeto, o algo más lo que hizo que Ileana se enojase tanto con él, a la vez que velaba por sus intereses.
Tuvo el tiempo de reflexionar sobre estos asuntos durante su tiempo a solas.
Llegó a la conclusión de que ella también podía cuidarlo, como él lo hizo por ella.
Eran compañeros, eran amigos.
Era natural, ¿Verdad?
-Es fantástico- sonrió al shinobi, divirtiéndose por la tensión que desapareció de sus hombros.
A él le importaba su opinión y eso la hizo feliz.
Ambos entraron y exploraron la casa como la primera vez.
Los párpados de la moldava temblaron al notar que, de hecho, todo era exactamente igual.
Mismo color, mismas decoraciones.
¡Incluso las sábanas de su cama y la posición de su mesita de noche estaban igual!
Para el anochecer, el dúo se encontraba en el sofá mirando una telenovela que le gustaba a Ileana.
Desde el momento en que pudo ver con normalidad, su pasión por este arte audiovisual se intensificó.
Ambos se dejaban llevar por el momento, relajados, comiendo bocadillos y disfrutando de la trama tonta pero que enganchaba su atención a los acontecimientos.
Una simple historia de amor cliché, al menos para el albino, pero se permitió disfrutar el momento con su amiga.
Como para fastidiar el estado de ánimo, el comunicador de Liam llamó su atención.
Él se disculpó con la bruja y salió de la sala.
Ileana frunció el ceño.
Podía hacerse una idea de lo que estaba a punto de suceder.
Se levantó del sofá, ignorando el climax de la telenovela y salió al encuentro de su amigo.
-¿Ni siquiera me darás transporte?
Eso es cruel- dijo a la persona al otro lado de la línea.
Sus ojos carmesí se posaron en Ileana, quien cruzaba los brazos y miraba con severidad.
Se aseguró de poner su peso en una pierna, dando el efecto de una mujer que esperaba la respuesta indicada, o habría consecuencias.
Liam parpadeó un par de veces antes de responder a quien sea que le de estos trabajos.
-No hace falta.
Ya tengo compañera.
Sus palabras hicieron que la bruja sonriera.
Finalmente, iba a acompañar a Liam a sus misiones extrañas.
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