En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 115
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- Capítulo 115 - 115 Bombardeo Aéreo
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115: Bombardeo Aéreo 115: Bombardeo Aéreo -Así que, ¿Ese es el monstruo volador?
– murmuró Amanda Waller mientras visualizaba una pantalla en su centro de mando.
Gracias a los satélites, pudo capturar imágenes de la Invocación Quimera de Hiruko por primera vez.
Estaba intrigada.
¿Cómo y dónde se hizo ese enano con una bestia así?
A juzgar por las imágenes, no es una bestia 100% natural.
Esos propulsores en sus patas no surgen en la naturaleza sólo porque sí.
Si bien ya conocía la existencia de estos monstruos, era la primera vez que veía uno de ellos.
Por las descripciones de Deathstroke (Katana, Flag y su equipo se negaron a compartir detalles) había una especie de cerdo gigante y quizás dos lobos.
¿Qué más escondía este mocoso?
Con cada descubrimiento, el valor de Hiruko sólo aumentaba.
Y Waller quería mantenerlo bajo su control con más ahínco.
Su comunicador se activó de nuevo y ella puso los ojos en blanco.
El hombre llegaba a ser bastante irritante cuando se lo proponía.
-¿Directora Waller, cómo va la operación?
-Aún está en camino, señor Presidente.
Se encuentra a Quinientos Kilómetros del objetivo- informó ella con tono aburrido, sin traicionar la desgana que le provocaba cada maldita llamada del hombre.
-¿Realmente se puede confiar en él?
De haberse tratado de un asunto menos…
Comprometedor, habría solicitado la ayuda de Súper Man – dijo el Presidente de los Estados Unidos con nerviosismo.
-Señor Presidente, puede contar con mis activos.
El chico no dirá nada- lo tranquilizó Waller.
-Pero es amigo de Súper Man- apuntó el hombre y Waller casi suspira.
Logró contenerse.
-Es un criminal cuya condena podría empeorar en cualquier momento.
Él ni siquiera sabe cómo utilizar una computadora.
No olvide que sigue siendo un huérfano, sin educación alguna y crecido en la calle.
Y sobre todo, sabe lo que le conviene y lo que no.
Confíe en mi, señor Presidente- argumentó la mujer.
-Me alegra oír eso.
Buena suerte, Directora Waller- se despidió el hombre, aunque su tono le insinuó a Amanda que esta no sería la última llamada.
Aún así, se preguntaba quién sería tan audaz como para apropiarse de una base aérea estadounidense en el Medio Oriente.
Peor aún, una base donde se guardaban algunos secretos sucios del País.
Esa fue la razón por la que no se solicitó la ayuda de Súper Man.
El Presidente no quería arruinar su relación con el hombre más peligroso del País.
Era miedo hacia el poder de ese hombre lo que obligó al gobierno a usar los activos de Amanda.
Ella habría enviado un equipo completo, pero tenían un problema: En el mensaje cifrado, había información sobre la presencia de meta humanos.
Ante amenazas desconocidas, ella no iba a arriesgar a sus hombres cuando tenía su propia arma sobre humana.
Si Hiruko no hubiera demostrado cada vez más de sus capacidades, Waller lo habría descartado y en su lugar, Deathstroke se encargaría del asunto.
¿Pero por qué no iba a usar a su caballo ganador, quien además contaba con la ayuda de bestias desconocidas y mortales?
Sería estúpido el mero hecho de gastar combustible en un viaje de avión a la zona.
Ni hablar de enviar soldados a la muerte sólo para averiguar el nivel de la amenaza.
Incluso se abstuvo de enviar a Katana, a quién Waller había encargado acercarse al shinobi por cualquier medio, sean moralmente correctos o no, y sonsacarle todos sus secretos.
No, ella tomaría esta oportunidad para asegurar el control sobre Hiruko permanentemente.
Y para eso, el albino tiene que hacer toda la misión por su cuenta.
El hecho de que su compañera se uniera fue un mero extra.
No le vendría mal adquirir otra meta humana capaz.
Sin saberlo, Liam e Ileana estaban por pisar una trampa que iba a morderlos más adelante, cuando menos se lo esperen.
*** -¡Cielos, Hawky es bastante rápido!
– exclamó Ileana cuando la velocidad de la invocación fue descendiendo hasta el punto en que el viento no se le metía en la boca y estiraba sus mejillas.
-¿Hawky?
– preguntó Liam con una ceja alzada.
Por alguna razón, sintió como si el Halcón Quimera estuviese sonriendo con suficiencia.
Sacudió la cabeza ante la idea.
Simplemente no podía ser.
-Sé que ya te he dicho esto, Ileana, pero no bajes la guardia.
No estamos aquí para jugar a los héroes.
Hoy venimos a matar- advirtió el shinobi.
La moldava sonrió ampliamente, las marcas que rodeaban sus ojos brillaron levemente con un tono verdoso.
-Hmph.
¿Olvidaste quién soy, mi querido Liam?
He estado en guerras, en el campo de batalla.
Yo misma quité muchas vidas.
Después de todo, soy El Azote de los Hijos de Dios- dijo con orgullo, con el pecho en alto y las manos en la cintura.
-Perdiste la guerra y te encerraron- le recordó el albino.
-¡EEEk!
¡Ya te dije que mi encierro no tiene nada que ver con la guerra!
– reprendió ella mientras agitaba los puños de arriba a abajo.
-Como sea.
Empezaremos con la limpieza básica de los mobs, así que sostente de mí- dijo Liam mientras la invocación ajustaba su ángulo y empezaba a descender.
Dado que Ileana no contaba con chakra, Liam envolvió su cintura, cuello y extremidades con sus vendas para asegurarse que los bruscos movimientos no le rompieran algo vital.
Una sonrisa de perversión se dibujó debajo de su vendaje y se arrodilló, acariciando al Halcón Quimera mientras murmuraba.
-Jeje, hagámoslo como un Furia Nocturna, amigo.
Aunque no comprendió del todo sus palabras, el Halcón Quimera obedeció la orden tácita de su invocador.
Reunió Chakra en sus patas, expulsando una gran cantidad de energía en una explosión sónica.
Los propulsores sólo sumaron a la aceleración natural.
La bestia plegó sus alas y en la absoluta oscuridad de la noche, cayó en picada sobre alguna base aérea perdida de la mano de Dios.
Un chillido resonó en los alrededores, bajo al inicio, pero aumentando en intensidad y agudeza con cada segundo.
A diferencia del dragón original, la invocación no tenía bolas de fuego para desatar sobre sus oponentes.
Sin embargo, tenía sus propios medios para hacer explotar cosas.
En cuanto hubo descendido del manto de nubes, fue recibido por un asalto implacable de torretas y cañones antiaéreos.
Detonaciones retumbantes sacudieron el cielo, pero la invocación bajaba a tal velocidad, que las ondas de choque no pudieron alcanzarla.
En un movimiento que habría destrozado las piernas de Ileana si no fuera por su magia y las vendas del shinobi, el Halcón Quimera desplegó sus alas y activó sus propulsores de nuevo, ahora volando horizontalmente.
El cambio abrupto de dirección envió una onda de choque al suelo, convirtiendo en pasta a los soldados o mercenarios que había debajo.
Liam no lo sabía pero no le importaba.
Sus órdenes eran eliminar todo rastro de vida, sin excepciones.
Con un batir de alas, el Halcón Quimera disparó una miríada de sus plumas, cada una tan dura como para atravesar el cuerpo de un humano blindado.
Se incrustaron en los vehículos, en los confundidos hombres, en las paredes, las torretas y las puertas que daban acceso al interior.
Pero lanzar cuchillas no era la función de este ataque.
En un instante, todas las plumas brillaron y apenas hubo empezado el ascenso la invocación, todas explotaron al unísono.
Más fuertes que las etiquetas explosiva comunes, la multitud de detonaciones provocó un caos absoluto en la base.
Liam sonrió con suficiencia ante la expresión atónita de Ileana, los ojos inorgánicos de la moldava brillaban por el fuego de las explosiones.
Ella había visto la actuación del Halcón Quimera durante su batalla con la vampira puta, pero no a esta escala.
-¿Te gustan los fuegos artificiales?
– preguntó él.
Ileana asintió, todavía boquiabierta.
-Entonces vamos por otra ronda- ordenó a su montura.
Mientras tanto, dentro de la base, rodeado por escombros, cadáveres y hombres que casi se volvían cadáveres, una figura con túnica y una espada envainada en la cintura contemplaba con calma todo el suceso.
Su cabello negro y tejido en una cola alta se balanceaba con el agitado viento.
Caminó con paso tranquilo, ignorando los sollozos de los medio muertos y salió del centro de mando.
Sus ojos afilados se centraron en la monstruosidad que alcanzaba su punto máximo de altura antes de regresar al suelo.
Tenía la intención de repetir el bombardeo.
Un aura blanca envolvió al hombre de pies a cabeza.
Con su mano firme, desenvainó su espada lentamente.
La energía se arremolinaba, distorsionando el aire a su alrededor.
Una leve respiración, un tensado de sus músculos, un suave movimiento de su brazo.
Todo se hizo con delicadeza, y a la vez con firmeza.
Seguridad, voluntad.
La hoja y su portador convertidos en uno.
Y su voluntad fue la de separar los cielos y abatir a la criatura.
Y la espada respondió al llamado.
Liam fue abrumado por una repentina sensación de asco.
Ileana percibió el destello de una magia extraña, ajena a todo lo que ella conocía (que no era mucho).
Quién reaccionó con más intensidad fue la invocación.
Sus instintos innatos le gritaron que se moviera o corría el riesgo de morir.
Peor aún, su invocador podría resultar herido.
Envió una ráfaga de chakra a sus propulsores y se torció en el aire, girando como un taladro.
Desplegó sus alas apresuradamente y desvió su rumbo justo a tiempo para evitar una onda afilada de energía de casi doscientos metros de largo, y apenas centímetros de ancho.
El corte continuó su rumbo, alcanzando las nubes y separando los cielos con una explosión de energía que hizo click en algún lugar de la mente de Liam, pero no supo decir por qué.
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