En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 116
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116: Hao Tian 116: Hao Tian -¡Señor Hao Tian!
¿Se encuentra bien?
¿Pudo acabar con el monstruo?
– llamó uno de los subordinados de Hao Tian.
El pequeño sicario corría sin aliento, como si pensara que Hao Tian se lastimaría por algo tan simple como lanzar un ataque preventivo.
-Retrocedan.
Yo me encargaré personalmente- dijo Hao Tian en un tono de voz bajo, pero de alguna manera todos pudieron oírlo.
-¡S-í señor!
– asintió vigorosamente el mercenario sin nombre.
A Hao Tian no le importaba su seguridad o la de los demás.
Simplemente no quería que estas personas se interpusieran en su pelea.
Eso se debió a que Hao Tian pudo sentir un poder sobrenatural llenando los cuerpos de las figuras que montaban a la gran bestia.
Uno de ellos incluso compartía similitudes con el extraño animal.
Los ojos de Hao Tian brillaron con codicia.
Tenía la sensación de que si lograba refinar ese poder misterioso, su propia fuerza escalaría varios peldaños.
Él ascendería.
Pero Hao Tian no se apresuró a contar sus pollos antes de nacer.
No hay arrogancia que no haya sido derribada por un puño más fuerte.
Su mirada tranquila y sus rasgos delicados pero fuertes vieron a la criatura descender con aleteos que levantaron grandes cantidades de polvo.
Sus ropajes se agitaron al son del viento, así como su denso cabello oscuro.
Con una explosión de humo, la bestia desapareció de la percepción de Hao Tian, sorprendiéndolo por la hazaña.
¿Un poder capaz de transportar seres vivos de ese modo?
Su Dadao tembló de emoción al sentir la inminente sed de batalla recorrer las venas de Hao Tian.
El arma exigía la sangre de los oponentes frente a él.
Hao Tian estaba más que feliz de complacerla.
Una vez que el humo se dispersó, Hao Tian pudo notar dos pares de ojos, unos verdes y los otros carmesí.
Un par lo miraba con curiosidad y desinterés, y el otro parecía destellar…
Asco.
La mirada del espadachín estudió de pies a cabeza a sus oponentes.
Un niño, envuelto en vendas y un extraño abrigo blanco, atado a su cuerpo por tres correas.
Su piel de un blanco antinatural, como si se hubiera empolvado el rostro como las mujeres en una época anterior.
A su lado, más alta que él, había una mujer extranjera de cabello negro y lacio que descendía por su nuca y se escondía debajo de la túnica negra con nubes rojas que portaba.
No pudo evitar desviarse un poquito hacia el pecho medio expuesto, apenas protegido por una camisa de malla.
No parecía llevar nada más.
Pero más importante que la belleza de la mujer, era su aura.
Ella desprendía una energía extraña para Hao Tian.
No pudo identificarla, pero sintió una conexión con ella.
El hombre dio un paso al frente y sonrió con dulzura a la belleza extranjera.
-Señorita, un placer conocerla esta noche, a pesar de las circunstancias- bromeó Hao Tian con descaro.
En su opinión, las bellas flores merecen ser admiradas, independientemente de su estatus como enemiga.
Por ahora.
Hao Tian no recibió respuesta verbal, pero pudo ver un tic que desapareció tan rápido como llegó por parte del niño albino.
¿Un hermano menor celoso, quizás?
Antes de que Hao Tian pudiese presentarse debidamente, el niño albino desapareció en un borrón de movimiento que sorprendió a Hao Tian.
Alzó su mano, el Dadao interceptando fácilmente la cuchilla que empuñaba el chico.
La fuerza hizo que el brazo de Hao Tian retrocediera un centímetro completo.
-Vaya, vaya.
Un poco agresivo aquí, pequeño tigre- se burló Hao Tian, y los párpados de su oponente volvieron a temblar.
Parecía que el chico era de mecha corta.
Eso funcionaba para Hao Tian.
Aquellos que no pueden dominarse a sí mismos nunca podrían dominarlo a él.
-Cállate- dijo el niño antes de desprenderse de Hao Tian.
Un momento después, una ola de energía verde voló en su dirección.
Hao Tian miró con calma la energía, confiando en su propia aura para protegerlo de lo que sea que la mujer intentara hacer.
Durante un momento, la bruma verde no pareció poder atravesar su aura y Hao Tian estaba a punto de comentar algo ingenioso, cuando la bruma se convirtió en llamas verdes que comenzaron a devorar su aura.
Los ojos de Hao Tian se abrieron levemente, un destello de sorpresa brillando en ellos.
Las llamas, que no emitían calor alguno, rodearon a Hao Tian y fueron devorando su aura lento pero constante.
Rápidamente movió su Dadao, enviando una onda de energía que desplazó las llamas en un punto frente a él.
Sin dudar, saltó hacia adelante, logrando salir del cerco de llamas verdes.
Un respiro después, Hao Tian movió su sable para interceptar de nuevo al niño de cabello blanco y ojos carmesí.
El chico era rápido, probablemente más que Hao Tian.
Pero el dominio de Hao Tian sobre su espada, una extensión de sí mismo y su voluntad no iban a caer ante mera habilidad física.
El espadachín giró sobre sus pies y envió un corte horizontal tan rápido que el niño no pudo evadirlo.
Alzó sus cuchillas y trató de detener el impacto.
Ese fue su error.
Hao Tian dirigió una ráfaga de aura a su hoja, impulsándola más allá del límite humano y empujando al chico a varios metros.
Pero Hao Tian no se detuvo allí.
Siguiendo su movimiento de rotación, envió varios cortes de aura que, en lugar de perder fuerza al alejarse, sólo se hicieron más anchos y más letales.
El albino se vio obligado a evadir con su monstruosa velocidad, pero los cortes de Hao Tian se hicieron de tal modo que sólo habría un camino para el chico: Retroceder.
Aprovechando su oportunidad, Hao Tian se movió hacia la dirección de la mujer, quien había empezado a rodear el área circundante con su bruma.
Probablemente planeaba encerrarlo en esas llamas verdes de nuevo.
Él se paró frente a la chica, su espada apuntando al suelo y su postura relajada y confiada.
-Aquí, señorita.
No quiero hacerle daño y no necesitamos pelear esta noche- dijo, enviándole una sonrisa educada que habría derretido el corazón de todas las doncellas de la Hermandad de la Nube Celeste.
La mujer no bajó la guardia, pero parpadeó confundida.
Hao Tian continuó charlando casualmente, como si no acabara de salir de un duelo peligroso con el compañero, o posible hermanito de esta misma mujer.
-Mi nombre es Hao Tian, pertenezco a la Hermandad de la Nube Celeste.
Señorita, perdone mi atrevimiento pero, ¿Le gustaría unirse a mi Hermandad de la Nube Celeste?
Creo que su poder sería de gran utilidad para la Hermandad- expresó el espadachín, desconcertando a Ileana.
Antes de que el hombre pudiese extender su mano y tomarla por la cintura, un borrón de movimiento se deslizó entre ellos, la electricidad crepitando en su palma y sus ojos carmesí rebosantes de asco nuevamente.
¿Estaba este niño tan ensimismado en proteger a su compañera, o era un Siscon de manual?
-¡No no no!
Deja tu mierda china y cultivadora y tus malditas hermandades o torres y métete tus píldoras por el culo- gruñó el shinobi.
Fue el turno de Hao Tian de quedarse perplejo.
¿Cómo sabía este niño que había tomado interés en la mujer porque su fuego podría ayudar en el refinamiento de la Píldora del Ascenso Celestial?
-¿Eh?
¿Qué está pasando?
– preguntó la moldava a su compañero.
-Ileana, mata a este maldito chino y no prestes atención a sus tonterías- ordenó Hiruko a su compañera.
Hao Tian frunció el ceño.
Este mocoso lo había estado insultando desde el momento en que sus ojos se encontraron.
Primero esas miradas de asco fuera de lugar y ahora insultando a su hermandad, su misión de refinar la Píldora del Ascen- Sus consideraciones se interrumpieron cuando la bruja envió oleada tras oleada de ataques cinéticos con su bruma.
Por su parte, Hiruko se deslizó entre la lluvia de proyectiles de energía disparó varios Raikyū desde sus palmas.
Hao Tian se protegió con su aura de la mayoría de los ataques, pero la fuerza de los mismos hacían temblar su barrera.
Los ataques eléctricos del niño no ayudaron en eso.
Barrió su hoja de nuevo, impregnándola con su aura y creando hendiduras al desatar cortes más pequeños en todas direcciones.
Por su parte, Hiruko tejió sellos manuales y desató una gran ola que intentó aplastar al maldito cultivador.
A pesar de estar en suelo extranjero, no tenía ninguna certeza de que nadie lo espiara aquí, por lo que no pudo simplemente desatar sus cartas como lo hizo en Jump City, después de dejar a la ciudad a oscuras.
-¿Hiruko, quién es ese hombre?
– preguntó Ileana.
No se esperaba este nivel de hostilidad por parte del albino.
-No tengo idea- respondió su compañero.
-¿Si no sabes, por qué estás tan ansioso por matarlo?
-No me cae bien.
Míralo, Ileana- dijo Hiruko, señalando al hombre cuya aura desvió la mayor parte de la ola.
-Es un chino, con coleta y túnica blanca y azul, que va a juego con el nombre de su secta, además de portar un maldito Dao.
Casi puedo escuchar la mención de su nombre diez veces por párrafo- explicó el shinobi, confundiendo absolutamente a la bruja.
Hao Tian escuchó todo y su mirada se volvió solemne.
Una frialdad que prometía dolor reemplazó la jovialidad con que había estado hablando Hao Tian.
Ahora estaba seguro.
Este chico había insultado su nombre, su persona, su hermandad, su sueño y su lucha para llegar a donde está ahora mismo.
Una sed de sangre que pocas veces deja salir se dirigió por completo al dúo frente a él.
-Sólo te daré una última oportunidad- empezó Hao Tian, pero fue interrumpido de nuevo.
-Las novelas de cultivo son mierda- dijo tajantemente el shinobi.
-Estás buscando la muerte- murmuró Hao Tian en respuesta.
***************************************************************************************************************************** Aclaro~ Nada personal contra aquellos que disfrutan de este género.
Sólo quise hacer sátira del estilo de narración, que es el motivo por el que yo, mi persona, detesta las novelas de cultivo.
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