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En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 122

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  3. Capítulo 122 - 122 Magia Ciencia Y Chakra 2
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122: Magia, Ciencia Y Chakra 2 122: Magia, Ciencia Y Chakra 2  -¿Por qué carajo estoy aquí?

– preguntó Nezu por tercera vez mientras sus feas patitas se aferraban al soporte de los cañones en la espalda del Ninken.

-Guarda silencio, rata.

La mujer está concentrada en sus artes esotéricas- reprendió con calma la bestia Quimera.

-Hmph, ese maldito enano tuvo que ir y perderse de nuevo- se quejó la rata apenas más grande que un gato.

-No seas dramático- Ninken puso los ojos en blanco.

-Si tuviera una moneda por cada vez que alguien problemático viene a buscarlo y él no está, tendría dos, lo cual no es mucho, pero es raro que haya pasado dos veces- explicó el científico.

-Oigan, bajen la voz un momento- ordenó Zatanna, sus ojos cerrados y su mente expandiéndose más allá de lo que el Ninken y la rata podían vislumbrar.

Actualmente se encontraban en el cementerio donde Cristin Boucher perdió la vida, tras haber aceptado un trato con quien sea que tenga el poder de invocar demonios y masacrar una Mansión llena de gente.

La luz del día se había esfumado por el horizonte, y no había signos de que Hiruko e Ileana volvieran pronto.

Nezu había intentado llamarlo, pero el comunicador estaba desconectado.

Zatanna, que había oído algunos detalles por parte del Ninken, propuso investigar ellos mismos y ver qué podían encontrar, ya que no estaba entusiasmada con la idea de un loco convocando demonios y haciendo tratos turbios con gente al azar.

Por su parte, el Ninken, que había decidido ser llamada Ninken por practicidad, sí era más o menos consciente del paradero de su amo.

Después de todo, había convocado al Halcón y hace unas horas, su presencia regresó a la base subterránea.

Según la información que compartió la criatura a través de sus sellos y vínculos únicos, el Maestro y la moldava viajaron a algún lugar apartado, con un ambiente cargado de emociones pesadas.

En palabras del Halcón, Ileana y el Jefe iban a compartir un momento bastante íntimo entre ellos.

Esa fue la sensación que le dio.

¡Animo, Maestro!

Ejem, en cualquier caso, Ninken no comentó nada de esto a la rata y la maga, ya que eso violaría la privacidad de su Maestro, así como revelar información vital sobre las invocaciones.

-Sólo son patrañas.

¿Qué harás, convocar a los espíritus o algo así?

– se burló Nezu, aunque en un tono bajo.

-No necesitamos hablar con ellos, y tratar con espíritus no es mi fuerte.

Lo que busco es un rastro…

– respondió distraídamente Zatanna, ignorando o sin darse cuenta de la burla del ratón.

-No se ofenda, señorita Zatanna, pero tenemos una usuaria de magia, o algo similar, y ella dejó de sentir las energías demoníacas.

Creemos que quien sea este invocador, notó ese hecho y desde entonces empezó a eliminar sus rastros- explicó Ninken, recordando las charlas entre la bruja y los clones de su Maestro.

-Incluso si lo intentara, nadie puede moverse a través del mundo, espacio y tiempo sin dejar rastros- tranquilizó Zatanna.

Un momento después, abrió los ojos y fijó la mirada en un lugar al suroeste de la ciudad.

-¿Algo interesante?

– cuestionó Ninken.

Zatanna asintió y murmuró algo ininteligible, convocando una especie de círculo mágico que la hizo brillar por un momento.

-Vamos- sentenció la maga antes de salir volando.

Nezu, habiendo experimentado una situación similar cuando partieron de la Mansión, se aferró con más fuerza en su lugar, evitando casi caerse de la espalda del perro que montaba otra vez.

Si bien Ninken no podía usar Shunshin, sus habilidades físicas superiores reforzadas por impulsos de chakra le permitieron moverse a grandes velocidades.

El perro Ninja siguió sin dificultad la velocidad de la maga, volviéndose un borrón de movimiento sobre los tejados, difícil de captar para las cámaras comunes.

Se desplazaron cada vez más a las zonas menos favorecidas de Jump City.

Para Nezu, la ciudad sólo pasó a convertirse más fea a medida que avanzaban.

Para Ninken, el ambiente se volvió más pesado, sus sentidos shinobi y animales tirando de su consciencia, intentando advertirle de algo que no entendía, ni olía, ni veía.

Para Zatanna, era como si un velo de oscuridad intentara desviar su atención.

La sensación era como si caminase por un vecindario común, y de repente se topara con una casa de plástico ocupando un espacio entre las demás.

Era una sensación de que algo no cuadraba.

Algo no encajaba, no estaba bien, pero no lograría precisar qué está mal si no se acercara más.

Ella detuvo su vuelo, su mente buscando el origen de esta sensación de incomodidad que parecía venir de adelante, a los lados, detrás, arriba y abajo de su posición.

Niken aterrizó en un tejado cercano, sus orejas y nariz buscando alguna señal de incongruencia que fuera en concordancia con sus sentidos.

Por su parte, Nezu ponía los ojos en blanco ante las tonterías de estas dos.

-Jejeje, error de novatos- murmuró Zatanna con una sonrisa de suficiencia.

Ninken, cuyo sentido del oído era muy superior a la norma, incluso para los perros comunes, captó estas palabras.

-¿Qué es?

¿Lo encontraste?

– preguntó.

-Verás, mi querida Ninken, cuando un mago quiere que no veas algo, suele distraerte con otra cosa.

Es algo básico.

Pero cuando un verdadero mago lo intenta, te pone lo que no quiere que veas en tu cara y terminas ignorándolo- respondió Zatanna dramáticamente, ganándose un resoplido de Nezu que ambas féminas fingieron no escuchar.

Tras impartir su sabiduría, Zatanna extendió una mano mientras murmuraba palabras extrañas.

Para la percepción del Ninken, pareció que la mujer acababa de romper una matriz de sellado implantando su propio chakra a la red, desmantelando todo en un único y fino movimiento.

Para Nezu, fue como si una distorsión de espacio y ondas de luz afectara su visión, dando la ilusión de ventanas inexistentes quebrándose en una cúpula cuyo radio era de unas tres cuadras.

El aire cambió, perceptible incluso para el escéptico Nezu.

Las calles por las que transitaban automóviles comunes se convirtieron en caminos de piedra, los autos reemplazados por bestias de múltiples ojos, extremidades impares y piel y pelaje ardiente.

Las casas pobres de un típico barrio de mala muerte se transformaron en altares extraños con gárgolas protegiendo sus entradas.

Las pocas “personas” que habitaban el lugar y se paseaban por las calles se convirtieron en espectros y otra variedad de criaturas que parecían salidas del mercado negro de HellBoy.

Nezu vio todo el proceso, vio a las criaturas, sintió la pesadez en el aire, y sólo pudo negar con la cabeza antes de comentar algo sarcástico.

-¿Qué maldita droga me dieron, mocosas?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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