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En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 123

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  3. Capítulo 123 - 123 Magia Ciencia Y Chakra 3
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123: Magia, Ciencia Y Chakra 3 123: Magia, Ciencia Y Chakra 3 -¿Son peligrosos?- cuestionó Ninken mientras su percepción, antes embotada, ahora era roída por una repugnancia sobrenatural.

Olores que ni los carroñeros más desesperados encontrarían apetitoso, una vista por lo demás perturbadora y la sensación de ser observada por un depredador peligroso.

A sus palabras respondieron un coro de rugidos y gruñidos, chillidos y silbidos, risas y jadeos.

El crujir de la roca vino después, acompañada por el brillo rojo sangre proveniente de los ojos una vez muertos de las gárgolas.

-Parece que sí- resopló Nezu mientras activaba el sistema de los cañones de plasma de Ninken.

Siguiendo la filosofía del ataque como la mejor defensa, Nezu desató una lluvia de láser sobre los monstruos mutados.

Eso pensaba él, ya que se negaba a comprar la tontería de los demonios.

Zatanna conjuró una tormenta de rayos desde un círculo pulsante de energía.

-¡Es mejor mantener esta pelea dentro de su territorio!- aconsejó la mujer.

-No te caigas, rata- dijo Ninken antes de abalanzarse al cuerpo a cuerpo, zarcillos de carne y cable brotando de su espalda para proteger y sujetar a su jinete.

Las fauces empapadas en chakra se cerraron sobre la carne retorcida y antinatural, la energía vital desgarrando la magia oscura que sostenía esas formas físicas en el mundo material.

De un tirón, la cabeza aullante de un demonio escuálido fue arrancada de su base.

De un zarpazo, las entrañas negras y apestosas de una serpiente con cuernos mancharon la calle.

Bestias y humanoides deformados intentaron rodear al perro Ninja, pero el plasma sobrecalentado los convirtió en queso suizo.

Nezu manejó la puntería de los cañones como un director de orquesta, logrando someter y repeler a las entidades amorfas.

-No está mal, rata.

Pensé que eras más un ratón de laboratorio que un tipo de acción- elogió Ninken.

-Hmph, deja tus malos chistes.

Y a todo esto, ¿Cómo demonios puedes hablar con tanta fluidez, perro?- cuestionó Nezu.

-Magia- resopló ella.

Desde el cielo, Zatanna doblaba el espacio y convertía en fragmentos dispersos a las gárgolas y demás demonios menores.

Para alguien de su calibre, estos insignificantes esbirros no representaban amenaza alguna.

Sin embargo, tenía una sensación de incongruencia.

¿Por qué tener este espacio de bolsillo en un lugar así?

¿Qué ganaría el mago oscuro con mantener esta posición?

¿Por qué mantenerlo protegido por demonios tan débiles?

Toda la situación le pareció extraña desde que recibió esa carta por parte del Héroe de Jump City.

Hiruko, como se hacía llamar, explicó los acontecimientos que relacionaban a este invocador.

Un paciente de cáncer cuyo contrato no le exigió nada dañino como pago.

Una madre desdichada que masacró una Mansión entera.

Un prófugo de prisión que parecía imitar al propio Hiruko, respaldado por docenas de demonios menores.

Personas aleatorias, contratos aleatorios, propósitos desconocidos.

Un sinsentido de acontecimientos que captó su interés por lo inusual de los mismos.

Y ahora que parecían haber dado con la base del responsable, Zatanna sólo se confundió más.

Más aún considerando el hecho de que sólo las entidades más impulsivas y estúpidas los atacaban.

Los demás se conformaban con observar curiosamente, como quien presencia una pelea entre borrachos.

Una vez limpiados los esbirros, los otros demonios más cuerdos volvieron a sus asuntos como si no acabase de haber una carnicería frente a ellos.

-¿Uh?

¿Ahora qué, señorita Zatanna?

– preguntó Ninken mientras un ojo alado era triturado entre sus dientes.

-¡Qué asco, escupe eso, perro malo!

– regañó Nezu.

-…

– Zatanna miró inexpresivamente al vacío, reconsiderando su visita a esta ciudad y su maldita curiosidad al involucrarse donde no le correspondía.

*** -¿Sss, seguro que no quieress passar un buen rato, pequeñín?

Te prometo que lo disfrutaráss – dijo una especie de Lamia masculina mientras se comía a Nezu con la mirada.

Un escalofrío recorrió los servomotores del científico, haciéndole aferrarse con más ahínco al lomo de Ninken.

-No, gracias- respondió Zatanna con una sonrisa incómoda.

El trío se estremeció ante la idea después que el Lamia se retirase.

Una vez terminada la pelea en la entrada, Zatanna, Ninken y Nezu se pasearon por el lugar, consultando a las entidades que estaban dispuestas a hablar sobre qué carajo estaba pasando aquí.

Resultó que entraron en una especie de barrio de placer ambulante que los demonios, espíritus y hechiceros suelen frecuentar cuando aterriza en su zona/dimensión.

-“Seguro que John conoce esta pocilga de punta a punta” – refunfuñó la Maga para sus adentros.

-Después de esto le dispararé a cualquier hijo de puta que se acerque a la Mansión mientras el mocoso no está – se quejaba Nezu en voz baja.

-De acuerdo, no todo está perdido- habló Zatanna, buscando sacar algo de esta debacle.

-Cualquier sitio como este, ya sea usual o inusual, es un hervidero de información.

Nos separaremos y buscaremos pistas sobre este invocador de demonios y contratista- explicó a su grupo.

-Eso tiene sentido,¿Pero cómo garantizamos que hablen sin meternos en otra pelea?- preguntó Ninken.

-Aquí, usen estas para obtener lo que necesiten.

Un par deberían ser suficientes- dijo la Maga mientras le entregaba a Nezu una bolsa de cuero con una especie de canicas brillantes en su interior.

-Señor Nezu, rompa este cristal si se meten en problemas.

Brillará y se calentará si yo rompo su gemelo.

-¿Hm, no sería más práctico un comunicador?- cuestionó la rata.

-¿Tiene alguno, señor Nezu?

– interrogó Zatanna con una sonrisa.

Nezu resopló con desdén y evitó su mirada.

Así, el grupo se dividió con el Ninken y la rata tomando un camino al azar y Zatanna dirigiéndose al sospechoso Palacio en el centro.

El dúo animal lucían como turistas, sus ojos escaneando cada detalle.

Nezu, que había ejecutado un programa de desintoxicación completa, empezaba a dudar de sus principios científicos.

Calles que giraban hacia arriba, agujas que parecían llegar al cielo cuanto más te acercabas, pero se convertían en meras chozas una vez que te alejabas lo suficiente.

Un mar de colores que te embotaban la mente, algunos extraños y chillones, otros mezclados de formas que incluso la mente clínica de la rata encontró hermosos, y otros que no deberían existir en el espectro en que los ojos humanos y cibernéticos operan.

Ambos entraron a una de las inmensas y engañosas agujas, donde fueron recibidos por un interminable pasillo lleno de habitaciones con puertas cerradas.

Puertas a ambos lados de las paredes, puertas en el suelo y el techo, puertas en las malditas puertas.

Caminaron con el chakra listo para una explosión de velocidad y los cañones cargados con plasma ardiente.

Vibraciones y sacudidas venían de las puertas que dejaban atrás, acompañadas por gemidos de placer y gritos de dolor.

Notaron una puerta entre abierta de la que no salía ruido alguno y echaron un vistazo.

La curiosidad picó al científico y se arrastró hasta la cabeza del Ninken.

Una vez que sus cabezas pasaron el umbral, fueron asaltados por un olor intenso de perversión, sonidos de jadeos placenteros y una vista que ninguno olvidaría jamás.

Una especie de hombre casi cadavérico atado a una cama, su miembro como un fideo balanceándose como si tuviera espasmos.

A unos centímetros de él, en la misma cama, una figura femenina con cabello púrpura se retorcía de placer mientras era asaltada por una masa de tentáculos negra en todos los lugares que una mujer puede emplear para tales actividades.

Ninken y Nezu se miraron antes de salir silenciosamente de la torre, un acuerdo tácito para evitar esos lugares.

Mejor interrogar a los transeúntes.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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