En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 124
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124: Primer Contacto 124: Primer Contacto Un hombre con gabardina marrón y sombrero a juego contemplaba la vista desde un palco vip en un enorme y engañoso palacio de metal, carne y cristales.
Por azares del destino, un popular barrio de placer ambulante pasaba por la zona y él, sin nada interesante que hacer ante la ausencia de prometedores contratos y del único individuo que le daba algo de entretenimiento fuera de la ciudad, decidió echar un vistazo.
No era un ente dado a estas actividades, pero eso no significaba que no encontrara disfrute en ellas.
Después de todo, un ente sobre natural también necesita aliviar tensión de vez en cuando.
Algunos lo hacen por medio de la violencia.
Otros desatan una crueldad inimaginable.
La mayoría cede a sus perversiones más…
Extravagantes.
A él no le molestaba ninguna de esas cosas.
Si necesitaba ser violento, lo sería.
Si necesitaba ser cruel, lo sería.
Si necesitaba calmar sus impulsos más insanos, se complacería.
Así de simple era la existencia para una criatura que no tiene ataduras, ni límites, ni responsabilidades.
Sólo existir y hacer lo que le plazca.
-¡La hechicera derrota a Divarnak, el Sanguinario!
– anuncia una boca flotante a la multitud, señalando el final de encuentro.
El hombre con gabardina miró con atención a la mujer de cabellera negra, sonrisa deslumbrante y piernas apenas protegidas por mallas.
Había estado arrasando en la arena desde hacía un rato, divirtiendo a los espectadores.
Una hechicera capaz, sin duda.
El hombre con gabardina podía decirlo con sólo verla.
Pero le llamaba la atención que no parecía divertirse en lo absoluto.
Ella no estaba aquí por placer.
Buscaba algo, y ante el aburrimiento que amenazaba con obligarle a convocar un ejército de devoradores de alma y desatarlos sobre el barrio entero, decidió ver qué cosa interesante podría obtener de esa maga.
-Me pregunto qué estarán haciendo esos dos- murmuró mientras su mente vagaba a cierto prófugo que no había visto en mucho tiempo, y al objeto de su mayor diversión.
-¿Hm, dijiste algo?
– preguntó la súcubo que lo estaba atendiendo de rodillas frente a él.
-Nada, querida.
Continúa con lo tuyo- dijo cálidamente el hombre.
Después de algunas peleas más, y de liberar la tensión acumulada con ayuda de la súcubo, el hombre con gabardina bajó del palco y buscó a la maga que parecía estar a punto de irse.
La encontró intercambiando información con algunas criaturas de otra dimensión y esperó educadamente a un lado.
Los modales hacen al ente sobrenatural, eso le decía su madre.
Finalizada su conversación, el hombre dio un paso adelante y abordó a Zatanna.
-Disculpe, señorita.
Me había estado preguntando qué podría buscar una dama como usted en un lugar como este, ya que no parece particularmente entusiasmada con lo que la rodea.
La maga alzó una ceja levemente, pero ella tenía suficiente experiencia en tratar con bichos raros de todo tipo.
No se le pasó ni una pizca de sospecha en ningún momento.
-Tiene razón.
Intento recopilar información de cierto individuo.
¿Quizás podría ayudarme?
– habló Zatanna.
-Hm, no soy un corredor de información, pero estoy tremendamente aburrido aquí.
Por favor, cuénteme sobre este individuo misterioso- asintió el hombre.
Grande fue su sorpresa cuando Zatanna le contó sobre un invocador de demonios en esta ciudad.
No pudo evitar interesarse cada vez más en el asunto.
-¿Y tiene algún asunto con este alborotador?
– preguntó con una sonrisa.
-Algo así.
Entonces, ¿Qué puede contarme sobre eso?
– cuestionó Zatanna.
-Bueno, sé que hay más de un invocador de demonios por aquí, pero llegué con el barrio mismo, así que no puedo señalar con seguridad al sujeto que busca.
Sin embargo, como ya mencioné, estoy terriblemente aburrido y no me importaría acompañarla en esta interesante aventura- argumentó el hombre.
-¿Es así?
– Zatanna dudó, sus ojos entrecerrados destellando sospecha.
Antes de que el hombre pudiera responder, una serie de explosiones alcanzaron sus oídos, provenientes de la calle a afueras del palacio.
Ambos se acercaron a las ventanas y vislumbraron destellos de láser y una figura canina gigante saltando entre los tejados, provocando un pequeño caos entre los transeúntes.
Zatanna suspiró y rápidamente creó un portal para transportarse fuera del palacio.
Por su parte, el hombre sonrió con diversión y se permitió ser tragado por una puerta de absoluta oscuridad, yendo detrás de la maga y sus amigos.
Al cruzar al otro lado, vio una multitud de cíclopes y algunos hechiceros persiguiendo al perro monstruoso y al ratón mecanizado que montaba en su espalda, operando los artefactos que escupían plasma ardiente a sus perseguidores.
-¡Maldita bestia, sólo tenías que venir a mi cama obedientemente, pero has elegido arruinar la diversión de todos aquí- bramó un cíclope musculoso y con armadura.
Una hoja ardiente manaba un intenso calor, distorsionando el aire en las inmediaciones.
El perro gruñó con fastidio y continuó su escape.
Los hechiceros, cuya intervención no le quedó clara al hombre de gabardina, desataron relámpagos, bolas de fuego y ondas de energía mágica para someter al animal y su jinete.
Zatanna actuó en ese instante, levantando escudos de energía que bloquearon la mayoría de los hechizos y se unió a sus extraños compañeros.
-¿¡Qué están haciendo y por qué no me contactaron!?
– regañó al dúo rata y perro.
-¡Hmph!
Se me cayó tu cristal – se quejó la rata.
Su discusión fue interrumpida por la carga del cíclope espadachín.
La hoja ardiente descendió con fuerza, su objetivo fijado en los cañones de plasma a espaldas del perro.
Una lluvia láser se dirigió al bruto de un ojo, pero su armadura encantada pudo dispersar parte del calor y el trío se vio obligado a separarse cuando la espada impactó, creando un surco que sacudió los cimientos de uno de los edificios que había en frente.
-Tch, aquí no conseguiremos nada.
Larguémonos, mujer- instó la rata a su compañera.
Zatanna estuvo de acuerdo y agitó sus manos, creando una puerta que los retiraría al espacio mortal.
Pero sus puertas colapsaron sobre sí mismas a la vez que una voz retumbante y enojada llenaba las calles.
-¡Basta!
Ustedes perturban mi sagrado distrito.
Un portal crepitante se formó en medio de los combatientes, distorsionando el espacio antinatural que encerraba todo el barrio de placer.
De él, emergieron figuras musculosas con alas multicolores, piel escamosa y un rostro insectoide que sólo una madre podría amar.
-Captúrenlos.
La rata será una mascota y las hembras trabajarán en mis prostíbulos- anunció la voz desde todas partes y ninguna a la vez.
Claramente era el dueño de todo este barrio ambulante y esas criaturas eran sus matones.
-Maga, sácanos de aquí- llamó el ratón a su colega.
-No puedo.
Me está impidiendo distorsionar el espacio- advirtió Zatanna.
Viendo su oportunidad, el hombre con gabardina volvió a dar un paso al frente y agitó sus manos.
De repente, Zatanna, Ninken y Nezu fueron tragados por un manto de oscuridad que brotó del suelo, desapareciendo del barrio de placer en un abrir y cerrar de ojos.
Para él, que no se mueve a través del espacio, sino de las sombras, la interferencia del propietario de este lugar no le afecta.
Es una cuestión de afinidades.
-¿¡Tú, cómo te atreves!?
– rugió uno de los subordinados insecto.
El hombre con gabardina se encogió de hombros y fue tragado por una puerta oscura justo a tiempo para evitar el ataque del molesto bicho.
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