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En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 129

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129: Días Tranquilos 3 129: Días Tranquilos 3  -En circunstancias normales, sería escoltado por el Servicio Secreto y quizás un infiltrado de la CIA- comentó Hiruko mientras comía un hotdog.

Clark dio un mordisco a su propio hotdog y le dirigió una mirada extraña, alzando una ceja.

-¿Por qué la CIA?

– cuestionó después de tragar.

-No sé.

Es la CIA, seguro que tienen algunas tácticas y equipo para lidiar con nosotros- se encogió de hombros el shinobi.

Clark negó con la cabeza ante las extrañas ideas del chico.

-¡Hmph, en circunstancias normales te habría tirado a la Casa Blanca en un parpadeo.

Esta cosa es muy lenta!

– se quejó una voz femenina al otro lado.

Un gruñido bajo fue fácilmente audible para la chica y el hombre, proveniente de la criatura sobre cuya espalda estaban viajando.

No le agradó el comentario de su prima y Clark le dirigió una mirada de desaprobación.

A un lado, Hiruko palmeó la espalda del monstruo y murmuró algunas palabras de consuelo.

-No entiendo tus quejas, súper rubia.

En primer lugar, tú no deberías estar aquí y en segundo lugar, no tienes por que estar aquí- respondió secamente el albino, lo que hizo que su prima, Kara, mejor conocida como Super Girl, frunciera el ceño.

-¿Super rubia?

¿Es que no te has visto al espejo, Momia Blanca?

– se burló ella con una sonrisa poco amistosa.

Los párpados del shinobi temblaron, pero tomó una respiración profunda y negó con la cabeza.

Clark lo felicitó en secreto por la madurez que mostraba, muy superior a la de su prima, a pesar de ser el menor del grupo.

Un momento después, las vendas se dispararon para envolver a Clark al mismo tiempo que la bestia expulsó una gran cantidad de energía de sus patas, acelerando de manera explosiva y girando sobre sí mismo.

-¡¡WAAA!!- gritó Kara mientras el hotdog se le desparramaba en la cara y la propia chica era expulsada de la espalda de la bestia.

En cuanto retomaron el equilibrio, las vendas dejaron el cuerpo de Clark y éste se volvió con una mirada aún más desaprobadora al chico.

-¿Eso era necesario?

– preguntó con un suspiro.

-Que conste que no fui yo- se encogió de hombros Hiruko.

Con un estampido sónico, la ahora cubierta de comida Super Girl apareció frente a Hiruko con las manos en la cintura y una expresión irritada.

-¿¡Cuál es tu problema, mocoso!?

– le gritó a la cara mientras su mano sostenía la gorguera de su chaquetón blanco, elevando la pequeña figura de Hiruko de la espalda de su bestia con facilidad.

-Deja al maestro o te volveré a tirar- llegó una cuarta voz a los oídos del dúo kriptoniano.

Clark parpadeó un par de veces mientras los ojos de Super Girl se abrieron de par en par.

Ella se volvió a la dirección de la voz, y vio la cabeza inclinada del Halcón Quimera, sus ojos huecos con un brillo rojizo en medio mirándola fríamente.

-¿¡E-e-esa cosa habla!?

– tartamudeó ella, tomada completamente por sorpresa.

-Se llama Takagami, y no es una cosa.

Es él.

Se un poco más respetuosa en el futuro- dijo Hiruko mientras quitaba la mano de la chica.

-Un placer conocerte, Takagami.

Lamento la tardanza, pero antes no sabía que hablabas- dijo Clark con una sonrisa amistosa.

Él no era de los que iban a juzgar a alguien por su apariencia, humana o no.

El Halcón simplemente asintió en reconocimiento y volvió su mirada al frente.

-Hmph, como sea.

Yo me bajo aquí, primo.

Hay algunas cosas que debo hacer- dijo Kara antes de mirar con desgana al shinobi y saltar de Takagami, desapareciendo con un boom sónico.

Hiruko y Clark se quedaron en un cómodo silencio, hasta que el héroe lo rompió con un tono de disculpa en su voz.

-Uh, lamento su comportamiento.

Es una buena chica, pero a veces se deja llevar.

-Es molesta.

Espero no volver a encontrármela- dijo Hiruko con sequedad.

Clark sólo pudo sonreír torpemente.

Ya sabía que estos dos no se llevaban bien y su prima lo había dejado muy en claro.

Hace un tiempo, tras los acontecimientos en Kansas donde Clark convenció al chico de entregarse a las autoridades de Keystone City, Kara fue a verlo para quejarse sobre el mocoso que la hizo quedar como una estúpida.

Cuando ella se enteró de las actividades de Hiruko en Jump City, quería ir en persona, darle una paliza y devolverlo a prisión, ya que pensó que el chico había escapado o algo así.

Clark tuvo que convencerla un buen rato de que las cosas no eran así.

Por suerte, ella se enteró de eso en casa de sus padres.

Si hubiera estado en otro lugar, fuera del alcance de Clark, Hiruko habría tenido un muy mal día.

Pero eso no eliminó la mala sangre que su prima tenía.

Incluso llegó a estar del lado de la gente que condenó sus acciones durante el desastre que obligó al viejo alcalde a revelar la verdad de Hiruko y su situación de libertad condicional, así como responsabilizarlo por el apagón de Jump City y las pérdidas de equipo electrónico por valor de miles de millones.

Clark tuvo una seria conversación con ella.

No le contó los secretos que conocía de Hiruko, porque no eran suyos para compartir, pero sí le dio un contexto de sus circunstancias.

Pero todo eso se fue al traste hoy.

Clark recibió una petición del Presidente.

Debía presentarse en la Casa Blanca y llevar a Hiruko con él.

Cuando salía de casa de sus padres para volar hasta Jump City, Kara venía de visita y se encontraron.

Ambos charlaron casualmente, dos familiares que se topan por casualidad.

Entre una cosa y otra, él le contó lo que iba a hacer y ella, por alguna razón, quiso acompañarlo.

Sólo pudo suspirar ante el recuerdo de cuando su prima y el chico volvieron a verse.

Habían llegado a la Mansión, lo que hizo que cara frunciera el ceño.

¿Un prisionero con una Mansión?

¡Qué chiste!

Cuando llamaron a la puerta, los recibió un perro anormalmente grande, de apariencia extraña y con cañones láser que estaban fundidos en carne.

Se veía doloroso.

Al entrar, luego de que el perro los lamiera a ambos y desapareciera sin explicación aparente, encontraron un ratón gigante, del tamaño de un gato, con componentes robóticos, leyendo una revista y bebiendo leche.

La criatura los miró y asintió en un saludo.

Incluso ahora, Clark no sabía que pensar, no podía poner en palabras esa experiencia.

Sabiamente decidió no hacerlo y hacer como que nada hubiera pasado.

Tras esas vistas raras, Hiruko apareció, saludando cálidamente a Clark y dándole una mirada de desdén a Kara.

Luego apareció una mantarraya gigante en una explosión de humo y todos subieron.

No fue hasta casi 20 minutos de vuelo después que Kara reaccionó y empezó a discutir con el shinobi, acusándolo por convivir con monstruos y en una lujosa mansión cuando debería estar pudriéndose en la cárcel.

-Supongo que sigue enojada por lo de la última vez- volvió a hablar Hiruko, sacando a Clark de sus pensamientos.

-Bueno, realmente quedó como una tonta frente a todo un departamento de policía.

Además, estaba el asunto de ser engañada por los mercenarios- dijo Clark con una risa incómoda.

Incluso él tuvo que admitir que eso fue estúpido.

-Aún así, no me agrada- resopló antes de quitarse las vendas de la cara y arrojar el resto del hotdog en su enorme boca.

Normalmente, Hiruko no haría algo así frente a alguien que no fuera Ileana o Nezu.

La primera porque ella misma le había asegurado que no había de que avergonzarse y el segundo porque a Hiruko no le importaba un carajo.

Pero sabía que Super Man ya había visto la condición de su cuerpo.

Él notó la mirada curiosa que le dirigía Clark y alzó una ceja.

-¿Qué?

¿Ahora te sorprendes?

-Hm, no es eso.

Tu cuerpo ha cambiado un poco- dijo Clark mientras su visión le mostraba la constitución anormal del shinobi.

Para Clark, el cuerpo de Hiruko parecía un mosaico de genes que no deberían funcionar juntos, pero de alguna forma lo hacen, una síntesis perfecta.

También sintió como si faltara algo.

-Estoy creciendo, claro que habrá cambios.

Y para que lo sepas, soy menor y me gustan las mujeres- dijo Hiruko agitando la mano, lo que hizo que Clark tosiese y arrugara la cara ante semejante insinuación.

Su expresión sólo se agrió más, al punto regresó su visión a la normalidad, cuando escuchó el murmullo del shinobi, algo sobre que si fuera Henry y otras tonterías que eligió no oír.

También decidió dejar el tema.

No era tan despistado como para no notar la intención del shinobi con esa broma de mal gusto.

No quería que Clark se inmiscuyera más en el asunto, y él respetaría su privacidad.

Después de todo, aunque su cuerpo fuera extraño, no parecía haber problemas.

Por su parte, Liam suspiró internamente.

Siempre supo que la visión de este tipo le permitiría ver la verdad de su cuerpo, así como el trabajo del sistema al construirle un cuerpo con cuatro Kekkei Genkai bien integrados, a diferencia del Hiruko original.

Pero integrarlos bien no significa que fuera normal.

Simplemente hizo de su condición una mucho más estable que la de Hiruko.

Si tan sólo Liam hubiera seguido su ruta, probablemente esta situación no le afectaría.

Pero no se arrepintió.

Era su cuerpo, era su vida, y era su decisión.

Viviría su vida bajo sus propios términos, ya sea que el sistema lo aprobara o no.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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