En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 13
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13: Compras, compras 13: Compras, compras Era una tarde calurosa en Kansas City.
Los días siguientes a la persecución que el gobierno hizo sobre un aparente criminal sobre humano estuvieron llenos de arduo trabajo.
Balas y pequeños incendios por todo el centro de la ciudad.
Millones de dólares en daños a propiedad privada y pública.
Helicópteros costosos siendo sacados con grúas, sus colas rotas, la hélices dobladas y toda la cabina agujereada como un alfiletero.
Liam se había asegurado de dañar todos los vehículos de la peor forma posible.
No pudo evitar sonreír con malicia cuando vio uno de esos helicópteros siendo remolcado sólo para que se quebrara a la mitad y la parte desprendida rodara por la calle.
—Espero que te duela el bolsillo, perra— dijo en voz alta, aunque nadie podría oírlo.
Como solía hacer, se sentaba en la cima de un edificio, comiendo algo de ensalada y pollo frito.
Durante tres días esta había sido la norma en Kansas City.
Con toda la presencia del gobierno en la ciudad, la criminalidad decidió tomarse un respiro y Liam necesitaba reponer fuerzas en cualquier caso.
Contrario a lo que se vio en Naruto, con capítulos y capítulos de batalla (por parte del anime principalmente) la resistencia de los shinobi en combate no es tan alta.
Hay una razón por la que los ninjas tardaban días para correr de un pueblo a otro en lugar de parpadear por horas.
En menos de media hora de huida y combate con personas mucho más débiles que él, Liam había agotado su chakra hasta el 25%.
Kakashi estuvo una semana en cama por usar el sharingan, que agotó sus reservas.
Pero agotarlas un poco más o un poco menos es irrelevante.
El cansancio sigue siendo el mismo.
Así, Liam tuvo que evadir a la policía y los agentes que aun peinaban la ciudad mientras se recuperaba.
—¿Debería invertir en Fūinjutsu ahora y obtener el Hiraishin en el futuro?— pensó.
Abrió la ventana del sistema para echar un ojo.
Había revisado a fondo este apartado de compras desde que supo que podía comprar ninjutsu, lo que por cierto, le avergüenza admitir que ocurrió varios años después de renacer.
El sistema era bastante estricto en este sentido, como con todo lo demás.
Para empezar, la plantilla shinobi implicaba que sólo podría adquirir técnicas y materiales inherentes al mundo de Naruto.
Entre las restricciones, la de los Kekkei Genkai fue la más decepcionante.
Sólo podía adquirir técnicas secretas, como la Liberación Imán, Lava, Barro e incluso la Liberación Polvo del Tsuchikage.
Pero no podía tocar las hereditarias, como la Liberación Hielo del clan de Haku, ni los dōjutsu como el Sharingan, Rinnegan o Byakugan.
No tenía acceso a Liberación Madera, Sangre, Cristal, etc.
Tampoco podía adquirir contratos de invocación aunque en ese sentido su plantilla de personaje le dio una ventaja: El Kinjutsu Quimera.
Hablando de Kinjutsu.
Tenía algunas opciones, como el Jiongu de Kakuzu, o la técnica de Deidara.
Aunque el Sistema advirtió que poseer más de un Kinjutsu a la vez podría ser dañino para el cuerpo.
También tenía cerrada la ruta del Modo Sabio.
La explicación del sistema fue que no había Chakra natural circundante, y el sistema no iba a proporcionarlo de la nada.
Un poco estúpida la excusa, ya que materializa kunai y shuriken de la nada, así como ropa y técnicas.
El problema más grande eran los precios.
Había acumulado un total de 179 mil Ryo en un plazo de 2 años y medio.
Hace un año gastó casi todos sus puntos en los jutsus de elemento agua y rayo que posee actualmente.
Y ahora va a gastar nuevamente sus puntos, lo que va a dejarlo en la quiebra.
{- ¿Desea comprar la técnica: Clon de Sombra?
Esto costará 15.000 Ryo} —Y ahí el 90% de mis fondos…— se lamentó Liam.
En cuestión de segundos, el conocimiento inundó su mente, una energía extraña recorriendo sus nervios, como si su cuerpo recordara instintivamente los sellos manuales, así como el movimiento del chakra.
Trazó los sellos correspondientes y moldeó su chakra con el máximo control que podía ejercer.
Y no pasó nada.
Una nube de humo pareció estallar a su lado pero nada surgió de ella.
Fue como un pedo fantasma.
—Siempre es así— murmuró.
Tenía razón.
Otra peculiaridad de este sistema es que, si bien otorgaba los jutsus, ese era el límite.
Le daba la guía, le inculcaba los sellos, pero la práctica era problema de Liam y de nadie más.
Era como saber pedalear, comprender el concepto de equilibrio, pero montar bicicleta por primera vez.
Necesitaba práctica tras práctica para poder dominar un jutsu.
Lo mismo ocurrió con sus Kekkei Genkai Veloz, Acero, Tormenta y Oscuridad.
Años de entrenamiento y prácticas en vivo para poder utilizar correctamente estas habilidades sobre humanas.
—Este podría ser uno de los peores sistemas que haya existido…
—¿Qué sistema te molesta?— preguntó una voz familiar.
Liam se sobresaltó un poco ya que no había sentido la presencia de nadie en sus alrededores.
Se volvió para ver la imponente figura del Hombre de Acero caminar hasta sentarse a su lado, en el borde de la azotea.
Una sonrisa adornaba su rostro en todo momento.
—¿Ahora sí vienes a capturarme?— cuestionó Liam, evadiendo el asunto del sistema.
Súper Man negó con la cabeza.
—Las cosas son un poco más complicadas que eso.
Se que muchos de los crímenes que te adjudican son falsos.
Pero otros no.
—David Lynn— comentó Liam con un toque de asco en su tono.
Súper Man asintió.
—¿Realmente lo mataste?— preguntó.
El silencio se hizo entre el hombre y el niño, ambos mirando al sol ocultándose a la distancia.
—Sí— fue la respuesta de Liam.
—Las acciones tienen consecuencias.
En algún momento tendrás que asumir la responsabilidad.
Liam no respondió.
No tenía forma de justificar su crimen y el mundo no estaría dispuesto a aceptar otra narrativa.
—Podrías contarme lo sucedido— continuó Súper Man -No creo que hayas asesinado a un buen hombre sin motivo aparente.
—¿Buen hombre, eh?— resopló Liam con sarcasmo.
Súper Man sonrió de nuevo.
Liam suspiró.
Tendría que contarle la verdad al hombre de una forma u otra.
Estaba seguro que no lo dejaría ir esta vez, y es mejor tener de su lado al tipo más fuerte del mundo.
No conocía personalmente a este sujeto, pero si los cómics y las películas animadas de su mundo eran una referencia, entonces estaba dispuesto a confiar en él.
—No me importa contarte los hechos, pero no tendría sentido.
Maté a David Lynn y esa es la verdad que todos conocen.
—Aun así, quiero oírlo— contestó el hombre.
—Como quieras.
Supongo que todo comenzó en Keystone City…
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