Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 131

  1. Inicio
  2. En el Universo DC con plantilla Shinobi
  3. Capítulo 131 - 131 Amenaza Estelar
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

131: Amenaza Estelar 131: Amenaza Estelar  Corrientes de energía y radiación bañaban el vacío que separaba los cuerpos celestes del sistema solar.

Polvo espacial, fragmentos de roca tan diminutos que una mano humana parecería una montaña en comparación y vibraciones en frecuencias imposibles de detectar para la mayoría de los seres vivos eran lo único que podía encontrarse en este lugar.

La oscuridad fue interrumpida por el océano de luciérnagas que habitaban en su manto, apenas un destello de las inmensas estrellas que probablemente ya murieron, y ahora su luz es el único recuerdo de su existencia.

Atravesando este vacío desprovisto de vida, una gigantesca roca se desplazaba a velocidades que, dentro de una atmósfera, hubiera roto la barrera del sonido hace mucho.

Una capa de fuego verde envolvía a la roca, dándole una apariencia mística, a pesar de que rompía con las leyes conocidas del universo.

Pero se debió a que esas llamas no eran producto de una combustión, ni se alimentaban de oxígeno.

Ni siquiera eran llamas de verdad.

De pie, sobre la roca del tamaño de una ciudad, una figura humana apretaba los dientes mientras una luz verde, la misma energía que ahora rodeaba una parte considerable de la roca, brotaba de su puño firmemente cerrado.

Una vista más cercana determinaría que la luz no provenía de él, sino de un anillo en su dedo.

-¡Hnggh!

¡Muévete maldita sea!

– gruñó el hombre con antifaz y traje negro y verde.

A su voluntad, la enorme roca inclinó levemente su curso.

Para el ojo humano, esto no sería suficiente, pero para la escala de los cuerpos celestes, esto lo cambiaba todo.

Con su objetivo cumplido, el hombre con el anillo suspiró y saltó de la roca, sonriendo para sí mismo con suficiencia ante su gran trabajo.

El trozo de mineral había entrado en el campo gravitatorio del hermano mayor Júpiter, siendo atraído poco a poco hacia él y abandonando el peligroso curso de colisión con el hogar de este hombre, la tierra.

-Uff, gracias, Jupi.

Te debemos tanto- murmuró el hombre, un Green Lartern, Hal Jordan.

Un momento después frunció el ceño.

Había estado trabajando como héroe en la tierra un tiempo, pero recientemente, una inesperada ola de rocas comenzaron a entrar al sistema, arriesgando en algunas ocasiones al planeta mismo.

¿De dónde vinieron estos fragmentos?

Tenía ganas de investigar, pero había un juego importante que no quería perderse, y unas rocas al azar no eran motivo para que él se preocupase tanto.

¿Verdad?

Justo cuando estaba a punto de volver para disfrutar de su partido, una onda de energía fue detectada a un par de Unidades Astronómicas detrás de su posición.

Hal frunció el ceño de verdad, pero su expresión se volvió de confusión y después alerta cuando notó un objeto acercándose a gran velocidad.

No era una roca.

Era metal y otros materiales, con un intrincado diseño.

Un diseño inteligente.

Era una nave.

*************************************  -General, detectamos a otro Linterna en el vacío, se nos está acercando rápidamente- informó una criatura alienígena con forma reptiliana a un hombre aparentemente humano, sentado en un trono en el centro del ajetreado puente de la nave.

Sus ojos negros como su cabello miraron con aburrimiento las pantallas, las cuales mostraban un hombre envuelto en energía verde volando en el vacío, justo en su dirección.

Él hizo una mueca ante la vista.

Los linternas sí que sabían como fastidiar.

-Ignóralo.

Mantén el rumbo al planeta objetivo.

Me encargaré de él una vez que lleguemos- ordenó fríamente el hombre.

Unos momentos después, las armas de la nave se hincharon de energía y dispararon rondas al Linterna, manteniéndolo alejado de la misma.

El general observó tranquilamente los inútiles esfuerzos del hombre por penetrar la lluvia de fuego y meterse dentro de su nave.

Normalmente, el poder de un linterna le permitiría atravesar sus defensas, pero esta nave fue un regalo de su señor.

Más fuerte, con mejor armamento, con escudos casi impenetrables.

Su señor en persona le encargó esta misión.

Le dijo que sondeara el planeta y, si se consideraba capaz, que lo sometiera.

El general dirigió su mirada a la estatua que ornamentaba el centro del puente, justo detrás de su trono.

Sus ojos destellaron veneración y respeto por cada línea finamente tallada que reflejó a la perfección la gloriosa figura de su Maestro, de su Amo.

De aquel que sometería las estrellas.

Una repentina sacudida alejó los pensamientos del General de su constante veneración.

La nave estaba desacelerando y el Linterna seguía pegado a ellos como un mosquito.

Un planeta rebosante de vida estaba ante ellos.

El general no entendía por qué su Amo estaba tan interesado en esta insignificante roca, pero no le correspondía a él cuestionarlo.

-Inicien el escaneo- volvió a ordenar a sus subordinados.

Esto era algo básico para la flota de su Señor.

Por muy poderoso que sea, el Maestro nunca se arrojó a una batalla sin antes saber a qué se enfrentaba.

Algunos lo llamaron cobarde.

Otros, como el general, lo consideraron benévolo.

Después de todo, el Maestro sólo ejercía una fuerza que superase a sus oponentes, pero no la suficiente como para aniquilarlos.

El Maestro quería conquista y sometimiento, no eliminación sin más.

¿Qué más misericordioso que eso?

Mientras los sistemas de la nave cumplían con su comando, el general se puso de pie y extendió sus brazos horizontalmente.

Brazos mecánicos y cables serpenteantes descendieron del techo, sujetando placas de metal de un traje específicamente diseñado para su porte.

La coraza se fusionó a su pecho, de superficie lisa, con un pequeño núcleo de energía amarilla que lo empapaba en poder constantemente.

Sus musculosos brazos se envolvieron en el líquido metal, flexible y resistente, casi tanto como su propia piel.

Sobre sus hombros se formaron corazas flexibles que sobresalían, cubriéndolos como un caparazón.

Todo el conjunto se fusionó, abandonando su apariencia robusta y rígida, reemplazada por una más sintética y flexible.

Una Armadura de Batalla.

A afueras de la nave, Hal Jordan se protegía con escudos de las incesantes ráfagas de fuego que le disparaban.

Había intentado encerrar la nave con el poder de su anillo, pero algo lo repelía constantemente, impidiéndole actuar.

Ahora ya no estaba frustrado.

Estaba nervioso porque la maldita nave ya orbitaba alrededor del planeta.

De repente, los cañones dejaron de disparar.

Hal sonrió con sorna, pensando que habían entrado en enfriamiento y voló a gran velocidad para embestir la cosa de apariencia fea, como un platillo demasiado grueso.

-¡Toma esto, imbécil!

– rugió mientras un taladro giratorio de energía lo rodeaba.

En estos casos, era mejor perforar que golpear un material alienígena.

Pero Hal no pudo acercarse demasiado.

Una figura envuelta en un traje oscuro apareció en un estallido de velocidad al lado del taladro giratorio, un puño envuelto en guantes sintéticos estampándose contra la construcción de energía, rompiéndola y alcanzando la mejilla del Linterna Verde.

Hal perdió el conocimiento durante un par de segundos, sus molares agitados y perforando sus encías, llenando su boca de un sabor a hierro oxidado.

Para cuando volvió en sí, otro puñetazo ya se dirigía a su estómago.

Un pulso de energía salió como un chorro de agua a presión, logrando desviar el puño del atacante por poco.

Hal intentó golpear al oponente, pero su mano fue atrapada casualmente.

-Para ser un Linterna, eres patético.

¿Por qué acercarse y enfrentar a un enemigo desconocido cuerpo a cuerpo?

Mejor usa tu anillo y bombardea desde la distancia, novato- dijo fríamente antes de propinar un cabezazo a Hal, enviándolo lejos en el vacío del espacio.

Un chirrido provino del comunicador del hombre, captando su atención.

-¿Qué pasa?

– preguntó con un gruñido.

Quería jugar un rato con el Linterna.

-Mi General, el escaneo ha revelado algo importante en uno de los continentes de este mundo- informó una voz medio mecánica al otro lado.

-¿Qué es más importante que un Linterna?

Más vale que valga la pena mi tiempo.

-Señor, detectamos una poderosa fuente de energía que es comparable a la suya.

De hecho, las similitudes superan el 30%  …

-¿Estás diciendo que…

–  -Es muy probable que se trate de un Kryptoniano como usted, General Zod.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo