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En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 136

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  4. Capítulo 136 - 136 Realidad Y Ficción
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136: Realidad Y Ficción 136: Realidad Y Ficción  Las grandes batallas en las películas de Super Héroes, animadas o no, suelen generar un sin fin de emociones en las personas.

Drama, expectación, asombro.

Escenas tan irreales y fantásticas, llenas de epicidad con un ligero toque de realismo.

Despierta la emoción en los espectadores.

Sí, mirar desde una pantalla es toda una experiencia.

Pero sólo es una experiencia porque se sabe que tales cosas no ocurren en la vida real.

¿Qué pasaría si ocurriese en la vida real?

¿Qué pasaría si esas escenas de ficción se volviesen una realidad?

Ya no sería algo épico ni emocionante.

Sería aterrador, desolador, repugnante.

Liam aprendió esta dura verdad hace tiempo, el mismo día que llegó a este mundo extraño y ficticio ya no tan ficticio.

Lo aprendió cuando tipos graciosos en mallas ajustadas e incómodas a la vista disparaban linternitas láser que atravesaban los cuerpos de los oficiales de policía, dejando agujeros humeantes que paralizaron a sus víctimas, que los dejaron en el suelo convulsionándose hasta dejar de respirar.

Lo aprendió cuando ataques de villanos al azar arrojaron escombros y ladrillos a decenas de metros, fracturando los cráneos de transeúntes inocentes que sólo estuvieron en el lugar equivocado, en el momento equivocado.

Lo aprendió cuando ladrones de bancos en fuga dispararon aleatoriamente en la calle, sus balas perdidas alcanzando niños curiosos que no entendían que debían agacharse y esconderse si veían un auto desbocado con patrullas ruidosas persiguiéndolos.

Cosas que a través de una pantalla no se reflejan por el bien de la cinematografía.

Cosas que en las series y películas para todo público no son mostradas para que todo el público pueda verlas.

¿Y qué ocurre cuando Super Humanos con el poder de sacudir montañas con sus puños luchan en una ciudad congestionada?

Ocurre todo lo anterior, pero multiplicado muchas veces.

Liam observó con ojos muertos el cadáver calcinado del pervertido en ropa interior cuyo nombre jamás supo.

Observó a su compañera, Ileana, quien seguía enfrascada en una lucha con la furiosa hermana de este mismo sujeto, sus ojos empapados en lágrimas de rabia y dolor.

Observó el caos que Linterna Verde y su Invocación Quimera provocaron en el cielo, las naves que derribaron con restos humanos aplastadas bajo sus pesados marcos, los edificios medio derrumbados por donde Súper Man y el llamado General pasaron.

Las sirenas de policía y ambulancias chillaban en las calles, el rugido de los cazas en el cielo y las explosiones consecutivas, indicios de un feroz combate entre la fuerza aérea y los invasores.

Las escenas de combate urbano en películas de acción no llegan a mostrar lo horribles que estas situaciones llegan a ser realmente.

Pero lamentarse no cambiaría las cosas.

Liam se sacudió el sentimiento y centró su mente, su psique shinobi apoderándose de su agitado corazón una vez más, expulsando la culpa y la lástima de sí mismo con la intervención fría, clínica y despiadada de un asesino de un mundo distinto, un mundo ficticio.

Hiruko movilizó su chakra de nuevo y saltó para apoyar a su compañera.

Ileana llevaba la ventaja contra la Tamaraneana, sus llamas viles contrarrestando fácilmente el fuego estelar de la joven.

Pero en términos de capacidades físicas, la alienígena superó a la bruja por mucho.

Este equilibrio impidió que se rompiera el punto muerto, así como la intervención de la Tamaraneana para prevenir la muerte de su hermano.

Ahora, consumida por la rabia y su vista nublada por las lágrimas, Corvin no percibió el acercamiento del asesino de su último familiar.

Ella disparaba ráfaga tras ráfaga de fuego estelar, intentando derribar a la bruja con puro poder bruto, no con estrategia, porque sus emociones no le permitían luchar de otro modo.

-¡Maldita, asesina, despreciable!

– gritaba en un idioma que Ileana no podía comprender, pero el dolor en su tono fue suficiente para transmitir el mensaje.

Y sin embargo, los ojos sintéticos de la moldava no mostraron sentimiento alguno.

¿Qué podía sentir ella?

¿Culpa?

¿Comprensión?

Ileana ya había perdido todo una vez y lo superó, recuperando más.

Luego volvió a perderlo todo de nuevo, y ahora encontró otro propósito, otro tesoro, otra familia.

Ileana no luchó por luchar.

Ya no luchó por poder, ni gloria para alimentar su dañado ego como hizo en un inicio.

Ella luchó porque encontró algo por lo que valía la pena luchar.

Lo hizo porque Liam, Hiruko, su amigo, su compañero, su salvador, le pidió que luchara.

Por eso no le importó en lo absoluto el arrebato de esta desconocida.

Tampoco le importó cuando los clones de su compañero se acercaron sigilosamente a espaldas de su oponente, sus manos tejiendo sellos manuales.

Vendajes reforzados se movieron como serpientes, envolviendo las extremidades de la Tamaraneana.

Corrientes eléctricas viajaron a lo largo de las vendas, interrumpiendo las embestidas salvajes de la chica.

Una niebla verde apenas visible la rodeó por completo, encendiéndose en un mar de llamas que no emitían calor alguno, ganando intensidad con cada segundo que pasaba, ahogando sus gritos de dolor y esparciendo trozos derretidos de su carne en el suelo, a modo de lluvia.

Finalmente, una falsa oscuridad vaporizó los restos de la chica, Ileana suspirando ante la metódica manía de su compañero por asegurar que los muertos mueran.

Ella descendió a su encuentro, para nada agotada tras la breve pelea.

Los Tamaraneanos no eran particularmente fuertes, pero sí tenían una alta resistencia física.

Al menos, para Ileana, no fue un gran desafío.

Pero su compañero no la llamó para lidiar con este dúo de pervertidos.

E Ileana se hacía una idea de quién sería el verdadero reto.

Una explosión sónica en la distancia captó la atención de ambos, la majestuosa figura de Takagami estrellándose contra un edificio y desapareciendo en una bocanada de humo tras recibir una herida que casi le desprendió una de las alas.

Ileana hizo una mueca de dolor.

Ahora se sentía preocupada por el estado del Halcón Quimera.

Había llegado a encariñarse con todos ellos cuando no podían hablar, y ahora que se comunicaban mejor, los vio como parte de su familia.

-Estará bien.

Son más duros que yo- dijo Liam en un tono tranquilizador.

-…

Eso no significa que debas enviarlos a recibir palizas- advirtió la moldava, su mirada acusadora taladrando la nuca de Liam.

-Lo siento, lo tendré en cuenta.

Como sea, vamos a deshacernos de los Npc que rondan en las calles.

Tsunako y Dojin no podrán con todos por su cuenta.

-¿No irás a ayudar a ese tipo de verde?

Parece estar enfrentándose a un oponente duro- preguntó ella.

-Es una especie de guerrero de las estrellas.

Puede lidiar con esto, y tiene a Súper Man de su lado.

Si ellos no pueden, nosotros menos- se encogió de hombros el shinobi, volviéndose a su compañera con un rostro serio.

-Ayudaremos más desde aquí, sin estorbar en esa batalla.

Recuerda, Ileana, tú, yo, nosotros somos lo primero.

Todo lo demás es irrelevante al final del día.

Ileana asintió con una leve sonrisa y un rastro de rubor cruzando sus mejillas.

Realmente le gustaba cuando Liam la ponía como su prioridad.

Pero su expresión se congeló cuando una figura desconocida, envuelta en una armadura extraña y medio rota, apareció detrás de Liam en un parpadeo.

La fuerza, la autoridad, la amenaza del hombre hizo que un escalofrío recorriera la columna de la bruja.

-Hmm, así que mataron a esos dos.

Aceptable- dijo en un tono plano, como si no le importara en lo absoluto la pérdida de sus subordinados.

-Vendrán conmigo.

Puede que mi Señor encuentre valor en ustedes.

Su mano se extendió para sujetar a Liam por detrás de su cuello, como si tomara a un cachorro de la calle.

Antes de que pudiera tocarlo, el shinobi formó un Kage Bunshin que saltó hacia Ileana, sujetándola firmemente y alejándose con un shunshin mientras el cuerpo principal desataba una tormenta de nubes oscuras de su cuerpo.

La vista de Ileana fue obstruida por las crepitantes nubes de la Liberación Tormenta y la posterior descarga de relámpagos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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