En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 138
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- Capítulo 138 - 138 Ganar Tiempo
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138: Ganar Tiempo 138: Ganar Tiempo Fuego, rayo, tormenta y viento.
Esas eran las únicas opciones con las que Hiruko podía bombardear a Zod.
El agua y la tierra estaban descartadas, ya que la presencia del elemento Yang era superior en comparación, y golpear físicamente a un pequeño Súper Man era una estupidez para el shinobi.
Pero había otro problema: Hiruko, ni este ni el original, eran tanques de chakra.
Claro, podrían calificar como Ninja de Rango S, y sus reservas definitivamente no eran las de un mero Jōnin, pero no resaltaban en ese aspecto.
No por nada el Hiruko original añadió el Meiton a su repertorio.
Invocar a sus Quimeras, crear clones, los constantes Jutsus que ha usado, tres de ellos de Rango B, lo habían dejado con la mitad de sus reservas.
Esa era la realidad para la mayoría de los Shinobi.
No todos podían ir por ahí soltando Jutsu tras Jutsu.
Por eso Liam se centró tanto en el Taijutsu, a pesar de no tener una gran capacidad.
Por eso no se inmiscuyó en el Genjutsu, ya que para él sería desperdiciar precioso chakra en técnicas que una fuerte voluntad o un instinto de batalla agudo podrían romper.
Un guerrero como Zod no iba a morir porque un Genjutsu lo distrajo uno o dos segundos.
Si su carne pudiese ser penetrada por un kunai bien colocado, como un ninja en el mundo de Naruto, entonces claro que funcionaría.
Ese no era el maldito caso aquí.
Diablos, incluso los Tamaraneanos pervertidos tenían mejores físicos que la mayoría de los Jōnin de Naruto.
De repente, una oleada de recuerdos asaltó a Hiruko.
Analizó rápidamente la información y tomó una arriesgada, muy arriesgada, decisión.
Un Bunshin fue creado y rápidamente se alejó con el parpadeo corporal, una misión vital puesta en sus manos con el 15% del chakra de Hiruko.
-No hay más opción…
Es todo o nada- se quejó con un suspiro.
Jinton: Gen-ei Idō no Jutsu De repente, Hiruko empezó a moverse a una ridícula velocidad, dejando réplicas de sí mismo que podrían confundirse con clones.
Él se movió de un lado a otro, evadiendo por un pelo los destructivos puños de Zod, quien acababa de lanzarse de nuevo contra él.
Cada golpe enviaba una onda de aire que agrietaba el suelo a su paso y destruía paredes como si no fueran nada.
La velocidad del Kryptoniano le permitió seguir los movimientos del shinobi y casi asestarle más de un puñetazo, pero la agilidad superior del pequeño Hiruko le permitieron sobrevivir.
Un kunai fue sacado del inventario y apuntó al pecho de Zod.
Como Hiruko esperaba, la pequeña arma simplemente se rompió sin siquiera agrietar la armadura.
Las venas en los ojos de Hiruko se hincharon, su estómago se revolvía, sus piernas ardían y su nariz empezaba a expulsar un líquido carmesí.
Elemento Veloz no fue hecho para mantenerse tanto tiempo.
Ningún cuerpo, excepto Gai y Raikage, podría soportar semejante velocidad sin dañarse a sí mismo, a menos que su constitución fuera alterada específicamente para soportar ese Kekkei Genkai.
Zod fue implacable.
Continuó desatando golpe tras golpe, notando que la velocidad del mocoso no era algo que pudiese sostener por demasiado tiempo.
El Kryptoniano no le dejó un segundo de respiro a Hiruko, no se alejó a más de un metro de él, no dejó de enviar mortales ataques y fintas para desestabilizarlo.
Si lograba hacerle tropezar aunque sea una vez, habría ganado.
Un mal movimiento, un resbalón, un error de cálculo, y el puño con la fuerza de un pequeño Bijū encontraría a Hiruko sin piedad.
Por su parte, Hiruko apretó los dientes y continuó esquivando.
Necesitaba ganar tiempo, sólo necesitaba un poquito más de tiempo.
No hacía falta luchar a muerte con este loco.
*************************************************** *Momentos Atrás* Clark reunió la fuerza necesaria para levantar un muro sin desestabilizarlo, permitiendo que los civiles magullados y casi asfixiados pudiesen salir.
Muchos clamaron su nombre, otros lloraron, y unos pocos lo miraron con rabia, sosteniendo los cuerpos de sus familiares o amigos.
Clark quería consolarlos, disculparse de todo corazón, pero no había tiempo para eso.
-¡Salgan de aquí, corran lejos del centro!
– les ordenó con voz acerada.
-¡Cállate, monstruo!
– replicó una mujer mientras le lanzaba una roca a la cara.
Clark no se inmutó, ni dejó de sostener el muro, ni se enfadó por la acción.
-Ahora- dijo lentamente.
Con eso, las personas cayeron en cuenta de que estaban en medio de un desastre y quedarse no era buena idea.
Clark no podía culparlos.
Cuando el miedo y el pánico atacan, las personas se vuelven irracionales.
Y, en el fondo, estaba de acuerdo con la mujer.
Él también era un Monstruo por permitir que esto sucediera, por tener la fuerza para detener al invasor y contenerse.
Al encargarse de los más necesitados en sus inmediaciones, Clark alzó el vuelo justo a tiempo para ver a Takagami casi perder un ala y estamparse contra un edificio, desapareciendo con una explosión de humo.
También vio al hombre de la energía verde que cayó del cielo al principio, luchando contra el invasor.
Cadenas de luz verde envolvieron al extranjero y trataron de frenarlo, pero Clark sabía que la fuerza de este enemigo no era ninguna broma.
De repente, cuatro pilares de luz se formaron en los edificios a su alrededor, distorsionando el aire y el espacio.
De cada uno de los pilares, emergió una figura reptiliana, más grandes, robustas, con partes mecánicas e incrustaciones de rocas verdes brillantes.
Una premonición de fatalidad se apoderó de Clark y sintió un deseo primario de alejarse de esos tipos, pero los lagartos no le dieron oportunidad.
Con una agilidad que imitaba la de Hiruko y desmentía su gran tamaño, los alienígenas rodearon rápidamente a Clark.
Él intentó acabar con ellos rápidamente y ayudar al tipo que luchaba contra el invasor.
Se movió a gran velocidad, apareciendo ante uno de los lagartos con el puño clavado en su abdomen.
Entonces una sensación dolorosa abrazó su mano, una que le hizo apretar los dientes y retroceder un paso.
Esa fue la señal de los lagartos.
Uno se abalanzó sobre la espalda de Clark y hundió sus garras metálicas en sus costillas, sus fauces abiertas cerrándose furiosamente en su hombro.
Otro saltó a su muslo, colmillos cuya mitad estaban formados artificialmente por esa misma roca penetraron en su carne.
Clark fue derribado rápidamente, sus fuerzas menguando ante la presencia de su enemigo natural: Kryptonita.
Sus ojos se tornaron rojos, listo para desatar su visión de calor, pero una poderosa garra sujetó su cabeza y lo estampó en el suelo.
Esta fue la contingencia con la que Zod contaba.
Su Maestro había sospechado que podría no ser el último Kryptoniano y siempre preparó esta carga de Kryptonita en todas sus naves, en caso de toparse con otro.
Porque eran demasiados fuertes, tenían un inmenso potencial, y seres así era mejor tenerlos bajo control.
Clark no lo sabía, ni le importaría de todos modos.
Ahora mismo, estaba sufriendo de verdad y el dolor empezaba a desestabilizarlo.
Sin que él lo supiera, uno de los Kage Bunshin que Hiruko dejó a cargo de limpiar las calles de los NPC vio toda la escena.
Apenas tenía chakra para mantenerse, por lo que se disipó rápidamente, enviándole los recuerdos a su cuerpo principal.
Necesitaba ayudar a Súper Man si quería sobrevivir.
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