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En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 14

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  4. Capítulo 14 - 14 David Lynn
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14: David Lynn 14: David Lynn  ¿Qué consideras tú como un monstruo?

¿Cuál es el más aterrador, el más peligroso?

Algunos pensarían en esas personas con dinero e influencia, capaces de hacer maldades y salirse con la suya.

Otros imaginarían criaturas amorfas, tan distintas a los seres humanos, que su mera presencia produce incomodidad.

Muchos más pensarían en esos llamados súper villanos, con capacidades sobre humanas, mentes increíblemente astutas y cuerpos dotados.

No estoy de acuerdo.

Un monstruo no necesita dinero para evitar ser descubierto.

Un monstruo no necesita garras y colmillos para dar miedo.

Un monstruo no necesita super fuerza para ser una amenaza.

Un verdadero monstruo, uno aterrador y peligroso, es el que no logras ver hasta que es demasiado tarde.

Imagina pasar a su lado.

Imagina charlar con él, comer con él, reír con él.

Imagina confiar en él.

Ese es el monstruo que todos olvidan, en un mundo lleno de criaturas extrañas y super poderes extravagantes.

Aunque nadie los reconozca, siguen allí, observando, esperando su oportunidad.

David Lynn era ese monstruo.

Un lobo con piel de oveja.

Un padre amoroso, un esposo atento, un hombre con valores, con el carisma y la actitud de levantarse todos los días para hacer del mundo un lugar mejor.

Conocí a David Lynn mientras vagaba sin rumbo por Keystone City.

En aquel tiempo carecía de la fuerza que tengo ahora.

Claro, siendo un niño de 8 años, podía abatir hombres adultos con mis golpes.

Solía quedarme en un viejo almacén, cerca de los barrios bajos de la ciudad.

Era mi base, algo así como un pequeño hogar.

No vivía solo.

Entre una cosa y otra, había salvado a una mujer moribunda de ser violada por unos matones.

Era joven, y con ella tenía una niña.

Ana…

Dulce, bastante tímida.

Cabello oscuro y enmarañado, mejillas sucias, un cuerpo frágil y desnutrido.

No tuve el valor de echarlas.

Sólo éramos vagabundos, una mujer algo lenta de pensamiento, una niña a la que le faltaba todo lo esencial para crecer, y yo.

Con eso en mente, te estarás preguntando ¿Por qué no llevé a la niña a los servicios sociales o un orfanato?

Allí recibiría mejor atención y cuidado del que yo podría darle.

Realmente lo pensé.

Lo pensé de verdad y estuve a punto de hacerlo.

Pero me detuve por mi propio egoísmo.

Mi pensamiento fue -¿Por qué no intentar criarla, entrenarla y convertirla en alguien capaz de defenderse?

Una pequeña mentira piadosa que me dije a mí mismo.

Lo que quería era un subordinado, alguien leal a mi.

No sabes cuánto me arrepiento de ello.

Con el tiempo, la madre de la chica murió.

Ya estaba mal de salud, tanto física como mental.

Ana lloró mucho por la pérdida, y yo me quedé con una huérfana para criar.

A lo largo de los meses, la niña se fue acostumbrando a mi, viéndome como esa figura paterna, ese guía, ese guardián que todo niño merece tener.

Le enseñé a leer, a escribir, a vestirse.

Yo mismo aprendí a tejer peinados para ella.

Robé la comida más saludable que necesitaba, así como las prendas más bonitas que una niña de la calle pueda desear.

Terminé encariñándome con ella.

Y entonces conocimos a David Lynn.

Un cocinero, voluntario en un comedor social para personas sin hogar.

No siempre podía permitirme robar dinero o comida directamente.

Así que empecé a llevar a Ana.

David Lynn era ese tipo de personas carismáticas, siempre sonriendo, bromistas, capaz de hacerte reír con las cosas más mundanas.

El hombre inspiraba confianza, lo admito.

Incluso yo llegué a tenerle aprecio, a pesar de no tratar mucho con él.

Dadas mis actividades como héroe en ciernes, le enseñé a Ana cómo usar una navaja y el mejor camino para que ella fuera al comedor por su cuenta.

Temía más a los servicios sociales que a un posible ladrón, pues qué iban a quitarle a una vagabunda.

Lo que nunca, nunca consideré fue una amenaza interna, un lobo disfrazado de oveja.

Cuando estaba oscureciendo y Ana no llegó, entré en pánico.

La busqué, por Dios que la busqué.

En el camino que debía tomar para regresar a nuestra base, encontré rastros de forcejeo.

Había unas gotas de sangre en el piso y un basurero volcado.

En la madrugada, cuando casi me había rendido y seguía patrullando los alrededores de la escuela donde se solía servir la comida, vi un auto que reconocí al instante.

Una vieja camioneta, de un verde chillón algo insoportable de mirar.

Algo que sólo un tonto compraría, considerándolo una ganga.

El auto de David Lynn.

Lo seguí, con frío en mis extremidades.

Ni siquiera recuerdo que emociones me inundaban en ese momento.

Quizás preocupación, quizás esperanza, ira, miedo.

Quizás una mezcla de todo.

Todo eso se fue al infierno en el momento en que ese hombre bajó del auto, en plena entrada de su casa.

Un destello plateado, un mango negro, una navaja que yo conocía bien.

Un vendaje improvisado alrededor del antebrazo de David Lynn.

Y una prenda de ropa interior que yo mismo había robado para Ana, guardada con delicadeza en una bolsa, dentro de su guantera.

El resto es historia.

Pude sonsacarle la ubicación de Ana, y después lo dejé ahogarse en su propia sangre.

Esa fue la primera vez que quité una vida.

Y cómo hay un Dios en esta tierra que lo gocé.

La ira me invadía, mis ojos llenos de lágrimas, mi corazón a punto de salirse de mi pecho.

No tienes idea de lo bien que me sentí al clavar esa navaja hasta el mango en el pecho del monstruo, ver cómo sus ojos reflejaban un miedo primario que todos los seres vivos sienten.

Miedo, miedo puro y crudo.

Miedo a la muerte.

David Lynn murió en la entrada de su casa.

¿Y qué ocurrió con Ana?

Un cascarón vacío, bastante similar a su madre.

El mero hecho de verme le hacía entrar en pánico, lloraba y se retorcía, incapaz de hablar.

La dejé en un centro médico, donde podrían ayudarla de formas que me es imposible.

Ni siquiera puedo visitarla, pues soy una especie de detonante para su trauma.

Probablemente esperaba que fuera en su ayuda.

Que la salvara.

Y nunca llegué.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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