En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 142
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- Capítulo 142 - 142 Trabajo En Equipo
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142: Trabajo En Equipo 142: Trabajo En Equipo Una nave alienígena fue derribada por el ataque coordinado de algunos pilotos humanos.
El constructo perdió potencia y se estrelló contra un edificio, destrozando las oficinas del interior y saliendo por el otro lado en una lluvia de cristal y fuego.
La gravedad terminó el trabajo y los dos ocupantes recibieron una sacudida que los dejó desorientados.
Adoloridos y confundidos, las criaturas abrieron la cabina para salir, pero nada más pisar el arruinado concreto, ráfagas de plasma encontraron sus ojos y atravesaron sus cráneos, derrumbándolos en el lugar.
Murieron sin darse cuenta de las pequeñas manchas de oscuridad que conectaron el espacio ante ellos con otra posición, desde la que vinieron los disparos.
De repente, una mancha más grande se formó, emergiendo de su interior una rata gorda con componentes mecánicos, seguido de una figura humanoide con gabardina, sombrero y los rasgos ocultos por un manto de oscuridad, como si su piel estuviera bañada en tinta.
Nezu desactivó el pequeño cañón que se formó en una de sus mecandritas, moldeando el metal hasta formar una garra ágil y flexible con la que empezó a saquear a las criaturas alienígenas.
Sobre sus cabezas, el rugido de los aviones militares y las vibrantes explosiones que sacudían el suelo eran la única señal de que la batalla estaba lejos de terminar.
Void alzó el rostro a tiempo para ver una nube de fuego en la cima del edificio junto a ellos, desprendiendo fragmentos del mismo que los convertirían en pasta.
Sin inmutarse, desplegó un manto de oscuridad unos metros en el aire.
El vidrio, el metal y el concreto entraron en la oscuridad, reapareciendo en otra calle en la que podría o no haber ciudadanos.
A Void no le importaba en cualquier caso.
-¿No había siempre una Quimera cuidándote?
– preguntó al distraído ratón.
-Aunque el mocoso se haga el frío, he llegado a entender que genuinamente le gusta ayudar a extraños.
Además, no esperes recibir comida y alojamiento gratis – respondió Nezu con su voz mecánica y sin emociones.
La pareja había estado recolectando material genético de las criaturas y parte de su tecnología, principalmente para la investigación de Nezu.
-Hace un rato vi que al pájaro le daban una paliza.
Ese hombre de rostro feo sin duda es peligroso- comentó el ente sobrenatural.
-Hm, quizás deberías ir y ayudar al mocoso.
Tus puertas podrían ser útiles para evitar que lo maten- sugirió Nezu.
-¿Te preocupa, rata?
Tenía entendido que eras una especie de prisionero.
-Me importa una mierda, pero si él se muere, ¿Cómo demonios regresaré a Jump City?
Mi cuerpo no está hecho para largos viajes y mi próximo recipiente está allá – explicó la rata.
No estaba equivocado.
El tiempo de vida de una rata, mutada o no, seguía siendo demasiado corto.
Nezu entró en este cuerpo cuando ya había madurado, por lo que mantenerse casi tres años completos fue todo un logro científico.
Pero si se quedaba atrapado aquí, podría no llegar a tiempo a Jump City y cambiar a otro cuerpo antes de que las funciones de éste empezaran a fallar.
Void asintió en comprensión pero no se tragó ni por un segundo esa excusa.
-Aún así, paso.
¿No has visto la velocidad de ese tipo?
Me destrozaría antes de que siquiera se formase media puerta – negó el ente, poco interesado en luchar contra ese maníaco de más allá de las estrellas.
Void no era un combatiente en lo absoluto.
Había mantenido un ojo puesto en el Kryptoniano y vio como encaraba a Súper Man, a quien él ni se molestaría en provocar.
La última vez que revisó, Takagami fue casi partido a la mitad.
Si Void hubiera visto a Zod cancelar la invocación de Liam con un sólo golpe, se habría marchado de la ciudad en ese momento.
Por suerte para Nezu, el ente no pudo seguir el ritmo de tantos acontecimientos a la vez.
-Bueno, el mocoso se las arreglará.
Sé que oculta sus habilidades, así que seguro se guarda algo interesante – Nezu se encogió de hombros, aunque Void pudo notar un toque de preocupación en su tono mecánico.
-Probablemente- asintió el ente, habiendo presenciado más que ningún otro las verdaderas capacidades del shinobi.
No tenía muchas esperanzas.
Aún así, ayudó al ratón con posible Síndrome de Estocolmo a moverse entre los escombros y recolectar muestras, piezas de equipo, cuerpos enteros e incluso se llevaron una nave.
Todo fue transportado al sótano de un edificio derrumbado.
El plan era reunir las cosas importantes y llevar a Hiruko después para que guardara todo en esos trozos de papel que usa.
Incluso Void encontró entretenida la actividad de saquear al enemigo mientras la batalla continuaba.
Fue estimulante.
Participar en una especie de guerra a pequeña escala pero sin involucrarse.
De repente, un estampido sónico captó su atención.
La rata y el ente se giraron a tiempo para ver dos siluetas empequeñecidas por la distancia atravesar edificios y golpearse tan fuerte, que el aire era desplazado en anillos visibles.
Los impactos sacudieron las inmediaciones, enviando ondas a lo largo del cuerpo de la rata.
Incluso sus sistemas empezaron a fallar por el traqueteo de su esqueleto.
De repente, una figura golpeó a la otra hacia abajo, enviándola a estrellarse a la azotea de un edificio y dejando una línea recta de destrucción a lo largo de la edificiación y partiéndola a la mitad.
-Eso es físicamente ridículo.
¿Por qué carajo iba- Nezu fue interrumpido a mitad de su queja cuando fue envuelto por la oscuridad y reapareció en otra locación.
A lo lejos, vio una nube de polvo barrer varias cuadras y rápidamente entendió lo sucedido.
Casi se ven envueltos en ese desastre.
-Deberíamos verificar si Hiruko sigue vivo.
Súper Man se encargará de ese monstruo – sugirió Void.
Él amplió sus sentidos a las sombras por toda la ciudad, buscando esa familiar energía vital que exudaba el shinobi en todo momento.
Le tomó varios minutos encontrar la firma de Hiruko y se sorprendió por lo baja que era.
No es que pudiera comparar el chakra de Hiruko con el de alguien más en este mundo, pero siempre había sido fácil de encontrar.
No cualquiera tiene una energía tan distintiva.
Ambos atravesaron una puerta de oscuridad y reaparecieron a unos metros de Ileana e Hiruko, la primera acostada y con la boca sangrando y el segundo con la mirada perdida, como si hubiera perdido años de vida para nada.
-Hm, siguen vivos.
Bien hecho, mocoso- elogió Nezu con su tono mecánico y aburrido.
-Jeje, hubieras visto cómo quedó el otro- dijo Ileana, sonriendo.
De no ser por la falta de algunos dientes y la sangre, habría sido una sonrisa deslumbrante.
Nezu ignoró eso y se acercó, extendiendo una aguja de sus mecandritas y pinchando a la moldava.
Era un tranquilizante para aliviar el dolor.
Si bien no era médico, inmiscuirse en un campo tan complejo como la genética le daba ciertos conocimientos básicos.
Especialmente para alguien que experimentaba con seres vivos.
Tras varios segundos, Hiruko pareció volver en sí y miró a los recién llegados.
En sus ojos era perceptible el abatimiento y la decepción, pero Nezu no tenía idea de por qué.
-¿Consiguieron lo que buscaban?
– preguntó débilmente, poco interesado en la respuesta.
Void asintió y le informó del lugar donde guardaron los tesoros.
Durante todo el intercambio, tanto Nezu como Ileana notaron el ánimo del shinobi.
-No puedo moverme por mi cuenta.
Lleva a un clon – dijo antes de convocar uno de sus duplicados con evidente esfuerzo.
Incluso tuvo que pedirle a Ileana que le prestara algo de su poder para crearlo.
Nunca lo habían visto tan débil y desanimado, ni siquiera cuando Ileana tuvo aquella conversación con él tras los acontecimientos que revelaron su estado de reencarnación.
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