En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 144
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- Capítulo 144 - 144 Lazos Rotos
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144: Lazos Rotos 144: Lazos Rotos Una vena palpitaba furiosamente en la frente de Hal.
Se acercó lentamente al atónito Súper Man y le dio una bofetada en la cabeza.
-¡Mira lo que has hecho, idiota!
¡Esto no habría pasado si me hubieras entregado al bastardo!
– le espetó.
Los párpados de Clark temblaron.
Normalmente sería más tranquilo, sobre todo con alguien que también ayuda a las personas y lucha por la justicia, pero el deseo de conocer más de su origen y el haber perdido su única oportunidad hasta ahora lo llevaron al límite.
El hecho de que ese individuo también haya provocado semejante masacre en sus narices no ayudó al estado de ánimo del Héroe.
Pero antes de que pudiera replicar bruscamente, recordó que aún había personas que necesitaban su ayuda allá abajo.
-Ahh…
No es el momento, Linterna.
Hay gente que salvar – suspiró, relajando su tensión y descendiendo rápidamente para comenzar con los rescates.
Hal se enfurruñó un momento antes de seguirlo.
Sin la presencia de Zod, Súper Man y Green Lantern ayudaron a abatir a las naves restantes y la batalla concluyó en cuestión de una hora.
Pero eso no solucionaba los problemas.
Las pérdidas en vidas fueron aterradoras.
La infraestructura de gran parte de la ciudad se vio arruinada, incluidos los centros médicos, por lo que se prepararon campamentos médicos a lo largo de zonas estratégicas para atender a los heridos.
Debido al derrumbe de muchos edificios, algunas zonas fueron inaccesibles durante demasiado tiempo, y ni siquiera Súper Man pudo llegar lo suficientemente rápido.
Los heridos ocupaban calles enteras, locales comunes, comercios, tiendas, centros comerciales.
A pesar de los esfuerzos de los equipos de socorro y la versatilidad del Linterna para remover escombros y la percepción de Clark para encontrar a la gente, la tarea era ardua y el número de manos insuficientes.
Hiruko sintió la necesidad de pedirle a Void que robara algunos insumos médicos para atender a Ileana y a él mismo, pero las heridas de la moldava no eran especialmente graves después de usar su Jutsu curativo.
En cuanto a sus propias heridas, no sintió correcto apropiarse de los ya escasos recursos en este momento.
Él podría lidiar con unas costillas rotas mucho mejor que una persona normal.
Silenciosamente, se alejaron de la ciudad a pie.
Sin Takagami, no había transporte aéreo y montar a alguno de los Ninken con sus huesos maltratados no era buena idea.
Así que el grupo caminó casualmente, fingiendo no existir.
Pero rápidamente fueron notados y detenidos por algunos oficiales.
Después de todo, un niño vendado, un tipo con gabardina cuyos rasgos no podían verse, dos perros gigantes y una rata mecanizada junto a una mujer montando uno de esos perros sería más que sospechoso.
En cuestión de minutos, agentes trajeados y con anteojos llegaron al lugar, ordenando severamente al shinobi y su pandilla que se presentaran ante el Presidente.
Hiruko sugirió a Void que se llevara a Nezu e Ileana e intentó despedir a los Ninken, pero todos se negaron.
Sin más remedio, el grupo fue escoltado a la Casa Blanca, que curiosamente no se derrumbó sobre sí misma.
-Camina con dignidad, Dojin.
Alza la cabeza y no averguences al Maestro- ordenó Tsunako a su hermano menor cuando las camionetas que seguían se detuvieron a las puertas de la Casa Blanca.
Los reporteros en los alrededores disparaban con sus cámaras, casi cegando los sistemas de Nezu en cuanto se bajó del vehículo.
Sin duda, eran un grupo por lo demás llamativo.
Pero para Liam, todos estos acontecimientos se sintieron alejados, como si un velo opacara su vista y el ruido que debió ser claro ahora se atenuaba.
Su mente no estaba para nada conectada con su entorno.
Vio los rostros enfurecidos, agradecidos, aliviados, expectantes y complicados de un sin número de personas, pero no les prestó atención.
En un parpadeo, se encontraba estrechando la mano del Presidente, quien le dirigía palabras que no recordó.
¿Consuelo?
¿Agradecimiento?
¿Ánimo?
No lo sabía, ni le importaba.
En otro momento, se encontró con una fría Amanda Waller que parecía estar amenazándolo y echándole la culpa de algo.
No la escuchó en lo absoluto.
Sólo volvió en sí cuando se encontró rodeado por agentes cuyas armas estaban desenfundadas y apuntaban a todo su grupo.
-GRRRR, ¿Es así como pagas la bondad de mi Maestro, humana?
– gruñó amenazadoramente Tsunako, incomodando a las personas que los rodeaban.
-¿¡E-esa cosa puede hablar!?
– gimió alguien y los susurros se intensificaron.
Liam vio a sus Ninken en una postura de combate, listos para saltar y arrancarles la cara a cualquiera que les dirigiera una mirada hostil, sus cañones girando en todas direcciones, el plasma agitándose en preparación para ser escupido.
Nezu agitaba sus mecandritas, aferrándose al lomo de la Ninken para no quedar atrás.
Ileana fruncía el ceño, la mitad inferior de su rostro vendado por las heridas, pero las marcas alrededor de sus ojos brillando con poder.
-¡Basta, bajen sus armas!
¿¡Cómo se atreven a tratar así a nuestros héroes!?
– gritó alguien con autoridad cuyo nombre y estatus Liam no recordaba.
-¿Héroes?
¿Es que están ciegos o son estúpidos?
Miren la destrucción que estos supuestos héroes desatan sobre nuestro pueblo, ¿Y ustedes sólo les dan palmaditas en la espalda, felicitándolos por su “buen trabajo”?
– habló Waller con veneno en su tono.
-Gente como ellos son peligrosos.
No se les puede permitir vagar libremente por las calles.
Ese mocoso de allí es un ejemplo – señaló de nuevo a Hiruko, quien ni siquiera pestañeó ante sus palabras.
-Oculta sus fuerzas, no informa al gobierno de sus aliados ni los monstruos que tiene bajo su control.
¿Es propio de un criminal tener tales posesiones?
¿Por qué a nadie parece importarle eso?
Ella hizo una pausa, dejando que sus palabras calaran en las mentes de los presentes.
Su pensamiento no estaba errado.
Eran los demás quienes no parecían tener sentido común.
-Hiruko.
Entrega a esas bestias.
Entrega a tus otros monstruos.
No podemos permitir que esas criaturas vaguen por nuestro País así como así.
Lo mismo para tus aliados.
Necesitamos hacer una verificación completa de sus antecedentes.
-Hmph, vieja bruja, acércate y haré una verificación completa de tu trasero – se burló Nezu, valientemente aferrado a la Ninken.
-Ni tú ni nadie tiene la autoridad para decirme qué hacer.
La rata ignoró el rostro sombrío de Waller y se volvió al aturdido shinobi, quien no parecía reaccionar mucho ante lo que ocurría a su alrededor.
No sabía qué diablos le pasaba, pero si él no iba a defenderse, entonces él daría un paso al frente.
Después de todo, Ileana no podía hablar ahora mismo.
-Mocoso, larguémonos de aquí.
Que se joda toda esta gente.
-¡No se muevan, es una orden!
– gritó uno de los agentes, y la sala se llenó de tensión.
Tsunako y Dojin esperaban la decisión de Hiruko, Ileana temblaba de frustración por la falta de voluntad de su compañero y Nezu empezaba a temer que el mocoso lo entregara de verdad.
Void casi se reía por el espectáculo, pero sus facciones ocultas por la oscuridad lo hacían parecer indiferente.
Tras varios segundos de silencio, Hiruko suspiró suavemente y alzó lentamente la mano, lo que alertó a todos los presentes.
Con voz ronca y falta de toda emoción, incluso más de lo habitual, habló.
-Realmente estoy cansado.
Sólo quiero irme a dormir.
En ese instante, un pergamino de almacenamiento apareció en su mano y se desplegó rápidamente, liberando un torrente furioso de agua que inutilizó las balas disparadas por los agentes y los arrolló con la fuerza de un automóvil.
Amanda abrió los ojos de incredulidad cuando varios agentes la rodearon para amortiguar el golpe.
La mujer fue estampada contra la pared con tanta fuerza que abrió la boca e involuntariamente tragó una gran cantidad de agua.
Hiruko ignoró el leve dolor en sus costillas y saltó a la espalda de Dojin.
Ambos Ninken corrieron a las ventanas y saltaron fuera del lugar.
Void los siguió silenciosamente, abriendo varias puertas de oscuridad.
Alarmas sonaron en las instalaciones y el personal empezaba a movilizarse, pero con todo el caos en la ciudad, simplemente no tenían la mano de obra suficiente para agobiar al grupo de Liam.
Los Ninken se perdieron en la distancia, su agilidad superior, su gran velocidad y su capacidad de correr en cualquier superficie les permitieron evadir a los pocos perseguidores entre la destruida jungla de metal.
Mientras tanto, Waller era atendida en la Casa Blanca, sangre manando de detrás de su cabeza y la ira hirviendo en su interior.
Nunca esperó que el manso chico con el que había tratado durante estos años se atreviera a atacarla.
Nunca esperó que se atreviera a provocar esta escena en la Casa Blanca.
¿Había cruzado la línea?
¿Eran esas bestias más importantes de lo que pensó?
¿O simplemente lo llevó al límite después de esa dura batalla?
En cualquier caso, esto fue mucho mejor de lo que esperaba.
Con este arrebato, con este ataque a la autoridad, al propio gobierno en su propia casa, Waller obtendría su oportunidad.
-¡Emitan una Declaración Oficial!
¡A partir de ahora se le considera a Hiruko un fugitivo que ha roto la confianza extendida por el Gobierno de Los Estados Unidos!
– ordenó a sus agentes antes de levantarse e irse.
Ella salió del lugar antes de que el Presidente fuera notificado de lo sucedido.
Ya no iba a darle segundas oportunidades al mocoso, ni permitiría que su estúpido líder se echara a atrás.
-Katana, deja el documento en la oficina del Presidente- ordenó a su subordinada a través de un comunicador.
Con eso, el hombre no se entrometería.
-Wilson, tengo una misión importante para ti – llamó a Slade Wilson, también conocido como Deathstroke.
Las maquinaciones de la mujer empezaban a ponerse en marcha.
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