En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 145
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- Capítulo 145 - 145 Ánimo Decaído
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145: Ánimo Decaído 145: Ánimo Decaído El ambiente era incómodo, por decirlo suavemente.
Alejados de la civilización lo más posible, el grupo de Hiruko emprendió su viaje de regreso a Jump City a pie.
Después de toda una noche de viaje intenso, Dojin y Tsunako alcanzaron su límite y tuvieron que detener la marcha para que ambas quimeras pudieran descansar.
Nada más parar, Hiruko cayó en la inconsciencia, el agotamiento de chakra finalmente alcanzándolo.
Liberación Oscura no repuso sus reservas.
Le permitió absorber energía, pero debía expulsarla.
Como tal, la recuperación debía suceder de manera natural, del mismo modo que Kakashi lo hizo durante el arco del País de las Olas.
Su agotamiento, sus heridas y los efectos de la pastilla de soldado terminaron por romper la resistencia del shinobi.
Nezu también apagó sus sistemas temporalmente y cayó profundamente dormido, lo que impresionó a Ileana, ya que era la primera vez que lo veía así.
Void se aburrió y dijo que volvería, desapareciendo en una de sus puertas.
Ahora Ileana era la única despierta, vigilando los alrededores y contemplando el amanecer.
Su mandíbula aún le dolía y la falta de dientes le molestaba.
Liam no pudo hacer crecer sus dientes con el poco chakra que usó para aligerar el daño.
Ella se sumió en profundos pensamientos.
Al igual que la mayoría, a excepción de Void, Ileana vio por primera vez el verdadero límite de su compañero.
Quedó genuinamente impresionada, pero también notó que algo parecía molestarlo.
Desde que terminó esa pelea, Liam se había estado comportando de manera extraña.
Al principio, asumió que simplemente estaba cansado, pero ahora dudaba de eso.
Cansado o no, nunca había sido tan distante para con sus compañeros.
Nunca fue frío con ella, ni siquiera cuando ella irrumpió en su casa exigiendo asilo.
Ni siquiera con Nezu se había portado tan indiferente.
No le dirigió una sola palabra a sus invocaciones, no comentó nada sobre su arrebato en la casa del Presidente.
Ni siquiera miró a ninguno de ellos a los ojos en todo el viaje, y nadie se atrevió a hablar.
Ni el alborotador Dojin dijo una sola palabra, ni molestó a Nezu en ningún momento.
Eso por sí mismo fue una indicación del estado de ánimo.
-No le des tantas vueltas- vino una voz detrás de ella.
Ileana se giró levemente para ver a Tsunako acostarse a su lado sobre la hierba.
Ileana no pudo responderle, pero la mirada que le dirigió fue suficiente para que la Ninken se explicara.
-El Maestro no está enojado contigo ni nada por el estilo.
Sólo está triste.
El silencio regresó, sólo interrumpido por el cantar de las aves, señalando el despertar de la vida silvestre en este rincón apartado del bullicio de la sociedad.
Ileana pensó en las palabras de la quimera.
Si alguien sabría qué le ocurría a Liam, serían sus bestias.
-Las cosas se van a complicar a partir de ahora.
Él necesitará tu ayuda, Ileana.
Necesita nuestra ayuda – concluyó Tsunako antes de volverse a dormir.
Los días siguientes estuvieron marcados por una interminable caminata.
Nezu le ordenó a Void que se colara en las ciudades cercanas y recogiera alimentos, mientras usaron a los Ninken como monturas en casi todo momento.
Liam durmió profundamente durante casi dos días completos, teniendo que ser empacado como una mochila al lomo de Dojin con sus propias vendas.
Cuando despertó, apenas habló con el grupo, limitándose a usar su mediocre Ninjutsu médico para reparar sus costillas y la mandíbula de Ileana.
Años de vagar en las calles como un niño sin apenas fuerza le habían enseñado a tratar heridas sin Chakra, por lo que incluso con su escaso talento pudo arreglárselas hasta el punto de permitirle moverse por su cuenta a la misma velocidad que sus Ninken.
De este modo, tardaron un par de semanas en regresar a Jump City y se escondieron en la base subterránea, aislándose momentáneamente del mundo.
Liam no tenía ganas de soportar la mierda que seguramente le caería encima.
Había muchas cosas de las que encargarse primero.
Nezu se encargó de proporcionarle dientes metálicos a Ileana mientras Liam trataba a sus Quimera lastimadas.
Takagami había entrado en un coma autoinducido, perdiendo su forma y convirtiéndose en un charco lodoso medio muerto.
Zugan, quien ni siquiera pudo entrar al campo de batalla y fue rechazado por Zod en plena invocación, salió mejor parado.
Fractura craneal severa, pero para una criatura como él, fue apenas un rasguño.
Mientras el lodo se reformaba y era empapado en el chakra de Liam, el shinobi suspiraba de vez en cuando, considerando sus elecciones de vida.
Ileana, que ahora podía hablar de nuevo, casi se tiraba del cabello por la frustración.
Odiaba ver el estado abatido de su compañero y odiaba aún más el hecho de que él ni siquiera le hablaba.
¿Cómo se supone que iba a ayudarlo si él no le contaba qué estaba mal?
Ella no quería presionarlo.
Le preocupaba que su estado mental lo volviera irracional.
-Ugh, esto es una mierda…
– murmuró con frustración mientras descorchaba una botella de vino y bebía directamente, ahogando su agitado interior.
Nezu apareció de algún lugar y se subió con gran esfuerzo a la losa de piedra donde se sentaba la bruja, mirando a Liam reparar a su Halcón Quimera.
-Si no te gusta, entonces ve a encararlo.
A este ritmo, nunca dejará de comportarse como una perra deprimida y arruinará el ambiente de mi base – dijo la rata tras unos segundos de silencio.
-¿Y qué se supone que deba decirle?
No estoy segura de si le molesta más el hecho de recibir una paliza o si le afectó todo el daño provocado en esa ciudad.
Más bien, no sé qué es lo que le molesta tanto- replicó Ileana con un suspiro.
-Bueno, si no le preguntas, nunca lo sabrás – él se volvió hacia ella, su rostro animal, feo e inamovible parecía más suave que de costumbre.
-En este punto, ambos sabemos que se guarda muchas cosas.
Probablemente nunca nos permita descubrir algunas de ellas, pero si alguien aquí puede acercarse más, esa eres tú.
Ileana parpadeó, tanto halagada como desanimada.
Siempre le hacía sentir bien el saber que Liam confiaba más en ella, pero también le entristeció recordar que, como dijo Nezu, había cosas que el shinobi nunca compartiría.
Ella ni siquiera era consciente de sus verdaderas capacidades hasta esa pelea, casi tres años después de convivir juntos.
¿Cuánto más tendría que esperar para obtener toda su confianza?
-A veces, incluso los hombres más fuertes necesitan una bofetada para entrar en razón.
Deja de compadecerte de él y expresa tu disgusto, mujer.
O se centra en lo que importa, o no vale la pena tu tiempo – concluyó la rata crípticamente y se fue.
La determinación brilló en los ojos de la bruja y bebió el resto de la botella de un trago.
************************************************************** El mal humor de Liam, como era obvio, estaba relacionado con el repugnante Sistema.
La indecisión, la desgana, la ira, el asco lo invadieron con sólo escuchar la voz de ese bastardo.
Al principio de su viaje se había emocionado.
Con el tiempo, empezó a cuestionar la naturaleza de esta cosa.
Luego vino el conflicto y la negación.
Finalmente, el Sistema y el Anfitrión se desentendieron por completo y Liam fue penalizado.
Estaba destinado a suceder.
Después de todo, la dirección en la que el Sistema quería encaminar su vida no fue de su agrado.
El simple hecho de tener que estar sujeto a sus caprichos fue motivo para el conflicto.
¿Quién diablos querría tener una vida dictaminada por una voz en su cabeza?
Liam ciertamente no.
Ahora, poco más de una década después de encontrarse en esta extraña situación, con esta extraña plantilla, jodido por este maldito sistema, empezó a dudar.
La tentación del poder era inquietantemente abrumadora.
En su mente, no habría diferencia si se sometía a los caprichos del sistema ahora, cambiaba a una plantilla más fuerte, y mandara al sistema a la mierda una segunda vez.
Podría hacerlo.
Después de todo, tener como base a Uchiha Madara le permitiría vivir más tranquilamente.
No había nada de malo en querer buscar la fuerza, ¿Verdad?
Por otro lado, aceptar esa estúpida misión lastimaría a una de las pocas personas que realmente valora en este mundo.
Liam no se hacía ilusiones.
Si convertía a Ileana en una Quimera, ya sea contra su voluntad no, ella desaparecería junto a sus invocaciones si cambiase de plantilla.
¿Matar a su única amiga en este mundo para acceder a un poder mayor?
Bien podría despertar el Mangekyō de una vez.
Pero lo que más le molestaba no era la misión del sistema.
Lo que le daba tanto asco fue que no rechazó la idea.
No ha elegido su recompensa por alcanzar el 100%.
Liam dudó.
Esta sería probablemente su única oportunidad.
¿Valía la pena la vida de una mujer a la que apenas conocía?
Claro, se había encariñado con Ileana, quizás algo más, pero no se conocían de tanto tiempo.
Había muchas cosas que él no sabía de ella, y ella no sabía muchas cosas de él.
¿Era lo suficientemente profunda esa relación como para sacrificar su propio futuro en un Universo tan peligroso?
Zod ya había llegado.
Si se guiaba por la cronología de las películas, que a duras penas recordaba, lo siguiente sería Doomsday, y después Darkseid.
Y eso si este mundo seguía esa lógica y no había algún otro maldito apocalipsis universal que sólo se describe en los cómics.
No pudo hacerle frente al Kryptoniano.
Sin Súper Man, Liam habría sido capturado.
Si no lo quisieran capturar, habría muerto en cuestión de segundos.
Así de abismal era la diferencia.
¿Y si había otro villano tan fuerte como Zod, al que no le interese capturarlo y que no le afectase su Ninjutsu?
Estaría más que jodido.
Fue en este torbellino de pensamientos y reflexiones en el que Liam se había sumido durante los últimos días y habría continuado de no ser por la abrupta irrupción de Ileana.
-Tenemos que hablar- dijo ella con un tono serio, el ceño fruncido y el rostro demasiado cerca del de Liam.
El shinobi se sobresaltó, su concentración se deshizo y el charco que era Takagami se volvió a esparcir por el suelo, perdiendo su forma a medio construir.
-¿¡Q-qué haces!?
¡Estoy ocupado, Ileana!
– gruñó Liam en respuesta, tratando de reponer el progreso de su Halcón.
Una repentina bofetada lo dejó paralizado en el lugar.
Su mejilla quemaba levemente, medio protegida por las vendas, pero la sorpresa tuvo el mismo efecto que el dolor.
-No me hables en ese tono.
No voy a tolerar esta mierda de ti – replicó la moldava mientras lo sujetaba de la mano y lo arrastraba a un lugar apartado.
-E-espera, no he terminado allí – intentó defenderse el shinobi, pero del charco brotó un tentáculo que formó una especie de pulgar arriba, anulando por completo cualquier excusa para Liam.
Sin más remedio, se dejó llevar por las circunstancias, como ya era demasiado habitual para él.
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