En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 147
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147: Visitantes 147: Visitantes A pesar de la complicada situación de Liam, él no fue el que salió peor parado de todo el desastre provocado por la invasión.
La razón por la que no volvió a aparecer en los noticieros fue porque otra cara estaba en el ojo de la tormenta: Súper Man.
La condena pública, impulsada sutilmente por un sector del gobierno, le cayó al más grande Héroe de la historia como una lluvia interminable.
Ni siquiera la buena voluntad del Presidente fue suficiente para apaciguar a la gente, en especial a los directamente afectados.
Clark se vio rodeado por multitudes moribundas, entristecidas y enojadas, tachándolo de monstruo.
Muchos de ellos tuvieron que ver a sus seres queridos aplastados por escombros, vaporizados por láseres perdidos o convertidos en una niebla sangrienta por el paso de Zod y Súper Man.
Con el corazón apesadumbrado, el Héroe emprendió el vuelo y desapareció en los cielos.
No volvió a ser visto desde ese incidente.
Por su parte, Linterna Verde era menos conocido y la gente se concentraba más en los rostros familiares.
Aún así, Hal necesitaba hablar con Súper Man.
Había dudas en el hombre y Hal era la única persona en este mundo que podría responder algunas de sus preguntas.
-Busquemos a Hiruko.
Tiene derecho a saber también- le había dicho Súper Man y ambos se dirigieron a Jump City, donde era probable que se escondiera el shinobi.
Ambos eran conscientes del pequeño revuelo en la Casa Blanca, pero a ninguno le importó.
Sabían lo frustrante que debió haber sido y de los tres, fue el joven Ninja el que resultó más herido, sin mencionar la terrible herida que sufrió su Halcón.
Pero al llegar a la Mansión donde se hospedaba, la encontraron completamente vaciada y rodeada por cintas policiales.
Sus pertenencias fueron confiscadas por la ciudad.
-¿Y ahora que?
Podría esconderse en cualquier lugar.
Quizás hasta haya huido de esta ciudad- dijo Hal.
Antes de que Clark pudiera sugerir algo, una voz distorsionada vino desde detrás de ellos.
-Hm, sí se esconde, pero no se ha ido.
La rata debe preparar su próximo recipiente y es un asunto delicado, o eso escuché- comentó Void, quien había percibido la presencia de estos héroes mientras vagaba por la ciudad, buscando entretenimiento.
-¿Eres amigo de Hiruko, verdad?
¿Puedes llevarnos a él?
– preguntó Súper Man, relajando su postura.
Había visto a este hombre misterioso en el grupo del shinobi en una multitud de fotografías cuando fueron escoltados a la Casa Blanca.
-Seguro.
Le vendría bien compañía externa.
Ha estado sumido en un intenso entrenamiento y apenas convive con la gente – asintió el ente a la vez que abría una puerta de oscuridad a su lado.
-Síganme.
Clark miró al Linterna y éste le correspondió, encogiéndose de hombros y atravesando la puerta sin dudar.
Ya había visto portales de todo tipo, por lo que no se sintió temeroso.
Cuando cruzaron al otro lado, se encontraron en un amplio espacio subterráneo, con escombros sin remover en las esquinas y tiras de lumen en paredes y techo.
A su alrededor, pudieron divisar a las familiares Quimeras descansando en todas partes.
Los Ninken alzaron sus cabezas un momento, echándoles un vistazo a los invitados inesperados antes de volver a su pereza habitual.
El Cerdo Quimera, Zugan, se posaba verticalmente sobre una pared, sus pezuñas repiqueteando por la tensión de mantener su enorme marco en de ese modo.
-Hombre brillante.
Me alegra ver que sobrevivió- dijo una voz profunda y serena sobre sus cabezas.
Alzando la mirada, se encontraron con un Takagami de un tamaño mucho más pequeño, aunque aún superaba a una persona normal.
-Lo mismo digo, mantarraya.
Creí que no la contarías después de eso- saludó Hal con naturalidad.
Ya había aceptado el hecho de que estos monstruos pudiesen hablar.
-Hm, soy un Halcón, y mi nombre es Takagami- se presentó la Quimera.
-¿Supongo que buscan al Maestro?
-Sí.
¿Puedes guiarnos?
– asintió Clark con una sonrisa amable.
También le alegraba que el simpático pero educado Halcón sobreviviera.
Dado el tamaño de Takagami, que era de la envergadura de una camioneta, y su falta de extremidades inferiores, fue responsabilidad de Tsunako llevar a Clark y Hal a través de los pasillos de la base.
El Linterna aprovechó la oportunidad para burlarse un poco de la Ninken, quien se sintió avergonzada por el incidente del ladrido falso.
Finalmente, encontraron al shinobi junto a una serpiente de dos cabezas grotescamente gorda, cuyo centro parecía un amasijo de carne bulbosa y medio lodosa.
Etiquetas con escritura ilegible se esparcían por el suelo y un frío antinatural envolvía la sala.
-¿Eh?
Hola allí.
En un momento termino- saludó Hiruko casualmente, como si las escena no fuera extraña y repugnante.
Hal empezó a dudar de la Heroicidad del chico en ese instante con gotas de sudor en su frente.
Tras algunos momentos incómodos de carne retorciéndose y chasquidos húmedos, la serpiente volvió a una forma más “normal” y pareció entrar en un sueño profundo.
Hiruko salió con un estirón que le hizo crujir algunos huesos y llevó al dúo a otra sala, donde Ileana preparaba la cena.
La moldava había aprendido a cocinar en este moderno mundo y se le daba mucho mejor que al propio Hiruko.
-Ejem, ¿Esa cosa es…?
– preguntó Hal con torpeza.
-Otra de mis Quimeras.
No se dedica al combate, por ahora, por lo que nunca lo llevo a las peleas- explicó el shinobi.
-No te preocupes por la vista, todos son así.
-Ah ya veo- asintió Hal mientras aceptaba un vaso de jugo de Ileana.
-¿Y bien, por qué la visita?
¿Y cómo encontraron este lugar?
– cuestionó el albino.
-Tu amigo sombra.
Nos lo encontramos en tu Mansión y nos trajo aquí- explicó Clark, agradeciendo educadamente a la sonriente Ileana, quien sirvió otro vaso para el hombre.
-Sobre el motivo, Súper Man consideró apropiado mantenerte informado sobre todo lo relacionado con el sujeto que te dio una paliza – comentó Hal con un encogimiento de hombros.
-Hmph, Takagami me dijo que lo partieron a la mitad al evitar que tú fueras partido a la mitad- replicó Hiruko con un resoplido.
-¡Mocoso, tú sí que fuiste el saco de boxeo de ese kryptoniano!
¡No tienes derecho a burlarte!
– exclamó el Linterna con el ceño fruncido.
-¿Eh?
Pero sólo soy un niño…
– murmuró Hiruko, desconcertado, lo que sólo hizo que Hal se enojara más.
Ya no se creía que el shinobi fuera un mero niño, a pesar de su baja estatura.
-Eso es suficiente.
Por favor, háblanos sobre lo que sabes de Krypton- intervino Clark, no queriendo perder más tiempo.
Cualquier pizca de información la consideraba valiosa.
Hal suspiró y empezó a contar todo lo que sabía.
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