En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 153
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- Capítulo 153 - 153 Agotada
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153: Agotada 153: Agotada Las guerras más sanguinarias, en ocasiones, no son aquellas en las que los soldados marchan sobre el campo, cargando en un frenesí de gritos, adrenalina, miedo y sangre contra un ejército enemigo.
A veces ocurren en las sombras, imperceptibles para la mayoría, salvo algunos ojos perspicaces.
Una de esas guerras silenciosas se había estado desatando durante el último año.
En callejones, en escondrijos, en edificios abandonados, en las alcantarillas, en zonas rurales.
Dos facciones, una gigantesca y con recursos casi ilimitados, la otra pequeña, insignificante en el gran esquema de las cosas, pero tenaz.
Una humillada, su credibilidad cuestionada.
La otra audaz, habiendo dejado un profundo tajo en la reputación de la primera.
HIVE no fue derrotada tras el incidente de Jump City, ni mucho menos.
Esa ciudad sólo era un punto en su vasta red de contrabando.
Sin embargo, para una organización de su calibre, perder tan estrepitosamente ante un niño y un grupo mercenario de baja categoría fue, como mínimo, un desastre comercial.
Perdieron su apoyo en la ciudad.
Perdieron su base y sus suministros.
Perdieron sus máquinas de guerra, cuyo valor fácilmente superaba al de varias naciones más pequeñas.
Perdieron a uno de los Mercenarios más importantes de este lado del Globo y se lo entregaron a Amanda Waller.
Por su parte, Los Malvados Grises, un mal chiste que ni siquiera deberían tener las calificaciones para estar en las grandes ligas, saltaron a la fama en el bajo mundo.
No cualquiera se atreve a atacar abiertamente a un gigante como HIVE.
Pero Lady Gray apenas tuvo tiempo de lamerse las heridas y regodearse en la gloria.
Inmediatamente después del suceso, las represalias se hicieron notar.
Las misiones del grupo mercenario se vieron saboteadas, sus clientes desaparecieron o cancelaron contratos, sus agentes fueron cazados.
Incluso su base recibió una lluvia de misiles que derrumbó la montaña, provocando pérdidas masivas a la pequeña agrupación.
Las cosas habrían acabado allí.
HIVE eran tan superior que eliminar a Los Grises les habría convertido en el hazme reír del bajo mundo.
Sólo necesitaban enviar el mensaje y dejarlos en paz.
Pero Lady Gray estaba furiosa.
La vampira se indignó tanto que lanzó una serie de ataques relámpago a una docena de bases de HIVE con todos sus números superiores, arrasando con todos y cada uno de los lacayos de la Colmena y saqueando sus activos.
Eso encendió la mecha.
HIVE no podía permitir semejante insulto y la vampira no estaba saciada de venganza.
La Guerra estalló.
Silenciosa, sangrienta, brutal.
Los Grises pasaron de un grupo mercenario en auge a nómadas intrépidos que interferían con las operaciones del gigante.
Su financiación ya no venía de trabajos ni contratos, sino de los recursos que lograban saquear en las bases, así como de los regalos de agradecimiento por parte de los rivales de HIVE, quienes alentaban a la mujer a seguir pinchando al gigante.
Pero las guerras no se ganan con tenacidad y furia.
Se ganan con soldados, y Lady Gray no tenía soldados ilimitados.
Las cosas escalaron al punto que todos y cada uno de los miembros restantes fueron convertidos por la mujer, pues la fuerza, resistencia y durabilidad inferior de los humanos normales no serían suficientes.
Pero incluso con un par de decenas de vampiros bajo su mando, el agotamiento finalmente alcanzó a Lady Gray.
Poco más de la mitad de sus miembros fueron abatidos.
Sumado a la pérdida sufrida en Jump City, apenas quedaron una veintena de leales seguidores.
Ella no podía continuar con esta lucha, pero había llevado demasiado lejos las cosas y ahora no tenía medios para salir.
HIVE estaba dispuesto a eliminarlos, y los patrocinadores que antes le daban palmaditas en el hombro, instándola a pelear, ahora amenazaban con represalias si cedía un sólo paso.
La mujer cavó su propia tumba.
Fue entonces que la desesperación la golpeó.
El arrepentimiento, la ira, la frustración se enconaron en su pecho, y escupía maldiciones a aquel maldito trabajo que empezó todo este lío.
No pudo evitar relacionar a cierto albino que tanto persiguió y siempre la rechazó con su situación actual.
Fue su interés en el maldito mocoso lo que la llevó a aceptar una tarea tan complicada.
Fue su deseo de adquirir un subordinado capaz lo que le hizo menospreciar a la gran Organización que le pidieron morder.
Fue culpa de él.
Fue culpa de Hiruko.
Y mientras la vampira se enfurruñaba en una apestosa alcantarilla, escondiéndose de sus perseguidores, una conmoción se desató entre sus subordinados.
Ella lo captó con sus sentidos ampliados y frunció el ceño, levantándose con los dientes rechinando y las garras extendidas.
Descuartizaría a cualquier hijo de puta que se atreviera a interrumpir su sesión diaria de maldiciones.
-¿¡Qué está pasando!?
– rugió, sus colmillos amenazadores expuestos y sus ojos inyectados en sangre, buscando algo o alguien para desahogarse un poquito.
Una mujer de ojos cansados se acercó rápidamente, su expresión una mezcla de agotamiento y alarma.
-Lady Gray, los centinelas informan que un hombre se acerca a nuestra posición- dijo respetuosamente, inclinando la cabeza.
-¿¡Todo esto por un sólo humano!?
¡Sólo mátenlo!
– espetó la vampira, una vena palpitando en su frente.
-¡L-lo intentaron, pero derribó a todos los que fueron a su encuentro!
– la chica se estremeció, explicando rápidamente lo que sucedía.
-Tch, iré yo misma- Lady Gray chasqueó la lengua antes de desaparecer en un borrón de movimiento, su boca expandiéndose más allá de lo humanamente posible y un chillido agudo resonando en las alcantarillas.
A pesar de la oscuridad y los giros bruscos, la mujer se deslizó sin siquiera rozar las paredes, un movimiento fluido, como si se fundiera con las mismas sombras.
Le tomó casi cincuenta segundos llegar a la zona afectada y lo primero que la recibió la vista de algunos cuerpos de sus valiosos súbditos esparcidos por el suelo.
La furia se adueñó de ella.
Vio la silueta del atacante y se abalanzó a toda velocidad, lista para derribarlo y clavar sus garras en el estómago.
Quería desparramar sus órganos y ahorcarlo con sus intestinos.
De repente, el hombre giró sobre sus pies y desenvainó una espada corta, interceptando sus garras en una lluvia de chispas.
Y para su sorpresa, fue detenida en seco, la fuerza devuelta a través de su brazo le sacudió los huesos un segundo.
El hombre aprovechó ese segundo.
Con una sacudida de su muñeca, las garras de la mujer continuaron su curso, haciéndole perder el equilibrio.
El hombre se movió, estrellando su puño en la barbilla de Lady Gray, seguido de un tajo en su pecho que le hizo gemir de dolor.
Pero Lady Gray se recuperó en un instante, saltando sobre el maldito de nuevo y entablando un feroz combate.
La mujer balanceó y apuñaló con sus garras, pero la espada corta detuvo y desvió cada embestida.
La mujer intentó dar una patada de revés, pero el hombre dio una patada propia, interrumpiendo su giro a la mitad, estampando una bota en su espalda baja y estrellándola contra la pared.
Ella sintió el peligro y rápidamente se volvió a él, extendiendo la mano.
Su palma interceptó la espada, la hoja cortando el dedo anular y enterrándose hasta el codo antes de detenerse.
La vampira estaba a punto de aprovechar la cercanía y clavar su mano derecha en el abdomen del sujeto, pero había un problema que ignoró al principio debido a su ira.
El tajo en su pecho no se había regenerado y le dolía bastante.
Pero el corte a lo largo de su brazo izquierdo tampoco se curaba, y enviaba un ardor insoportable aún mayor, lo que la hizo gemir y paralizarse en el lugar.
El hombre estampó su puño en la cara de Lady Gray, enterrando su cabeza en el muro, grietas como telarañas extendiéndose alrededor de la zona de impacto.
Una lluvia de puñetazos le rompió la nariz y los dientes, sus huesos crujiendo y su cabeza enterrándose varios centímetros más en el hormigón.
Él la tomó del cabello y la sacó, tirándola al suelo y pisoteando su cabeza fuertemente.
Desenfundó un arma extraña, de diseño único, y disparó a un lado casualmente.
Lady Gray vio como uno de sus subordinados salía de las sombras, sólo para recibir una ráfaga de plasma en la cara.
Para su horror, el subordinado cayó al suelo, inerte, su cabeza derritiéndose con un chasquido repugnante y nubes de vapor.
El arma entonces apuntó a ella, pero el plasma no fue escupido.
Gotas ardientes que se deslizaban a lo largo del cañón cayeron en la mejilla de la mujer, quemando su carne audiblemente.
-¿A-agua bendita?
– susurró de incredulidad, sus ojos abiertos como platos y el miedo quitándole los restos de fuerza que le quedaban.
-Más bien, plasma bendito- dijo el hombre con indiferencia.
-¿Eres tú Lady Gray?
-…
La mujer no respondió.
El arma hizo un chasquido y la temperatura subió de repente, lista para reclamar su vida.
-Responde, criatura.
Mi paciencia tiene un límite- amenazó el hombre y Lady Gray tuvo un destello de reconocimiento en sus ojos.
La máscara de color cobre y negro, el traje característico, la fuerza sobrehumana que demostró y sus habilidades de combate superiores.
-¿¡T-tú eres Deathstroke!?
– ella chilló.
El cañón del arma se iluminó y el pánico inundó a la vampira.
-¡No no no no, soy yo, yo soy Lady Gray!
El brillo del arma se redujo y el cañón se apartó de su cara, para su alivio.
Deathstroke retiró su bota y dio un paso atrás, mirando con indiferencia a la mujer.
-Hablemos entonces, Lady Gray.
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