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En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 154

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154: Caer Bajo 154: Caer Bajo  La tarde era calurosa en Jump City.

El sol, indiferente a los deseos humanos, irradiaba su luz incandescente sobre la jungla moderna, sobrecalentando los constructos de hormigón y acero.

Un hombre de aspecto poco confiable recorría las infernales calles con la piel sudorosa y la cabeza palpitando, sus pies ardiendo entre sus zapatos y una navaja desproporcionada presionando contra su abdomen.

Sus ojos aburridos vagaban en todas direcciones, buscando un objetivo fácil que no le diera muchos problemas.

Al doblar una esquina, se cruzó con una despampanante mujer rubia de ojos tan azules como el cielo, su vestido corto y ajustado fuertemente abrazado a su voluptuosa figura, manchas de sudor resaltando zonas claves, su piel brillante y empapada con gotas que se escurrían entre sus montañas.

Sus carnosos labios rojos se curvaron en una leve sonrisa al cruzar miradas, un momento fugaz que dejó al hombre completamente paralizado.

Él parpadeó varias veces, su pie a milímetros del suelo.

Entonces sonoramente con suficiencia y se giró, caminando tras la mujer.

Ella miró por encima del hombro y resopló, divertida, antes de continuar su caminata como si nada extraño sucediera en el mundo.

El hombre clavó su mirada en sus caderas, el equilibrio seductor que acompañaba cada sonora pisada de sus tacones.

A media manzana, la mujer tomó un desvío a un callejón y algo dentro del hombre se sacudió.

Su mano descendió hasta rozar el mango de su navaja y sus labios fueron humedecidos por su lengua.

Al entrar al mismo callejón, la mujer se había recostado de la pared, sus manos descansando sobre su cabeza y su respiración ligeramente agitada, como si la emoción de esta escena despertara un sin fin de sensaciones en su corazón.

-Kuku, ¿Una pervertida, eh?

Me gusta eso- dijo el hombre con una sonrisa pícara mientras sacaba su navaja, acercándose como un depredador a su presa.

-Hmm- la mujer tarareó con una sonrisa tímida, alzando la barbilla mientras el hombre acariciaba la hoja a lo largo de su cuello, lo suficientemente firme como para dejar sentada la amenaza, pero tan suave como una caricia.

Antes de que la emoción enviara más sangre a ese órgano en particular, sintió un leve toque en su espalda, y de repente, fue inundado por una sacudida eléctrica que ni siquiera le permitió gritar.

Su cuerpo se convulsionó, su cabello se erizó y sus ojos se volvieron blancos, cayendo sin fuerzas y sin conciencia en el suelo.

Un shinobi albino y vendado miró con expresión muerta a la mujer, negando levemente con la cabeza y revisando los bolsillos del maleante, sacando su billetera que, de hecho, estaba bastante llena.

-Hmph, no me mire así, jefe.

Hay que mantener el papel hasta el final- se quejó la rubia, haciendo pucheros.

Liam no dignificó eso con una respuesta y evitó pensar en el asunto.

-He visto muchas cosas patéticas a lo largo de mi existencia, y esta no es la peor, pero ciertamente es única- dijo una voz retorcida desde la sombra del callejón, pero Liam apenas y dedicó una mirada.

-Sólo cumplo con mis deberes como Héroe y obtengo algo de dinero para llevar el pan a la mesa- se encogió de hombros.

-No juzgo, sólo observa- dijo Void mientras se acercaba con paso lento, extendiendo su mano hacia la rubia y metiendo un billete entre su amplio pecho.

-Pero como me siento mal verte así, vine a darte una recomendación.

Liam recogió el billete con un movimiento rápido y apuñaló a la mujer con un kunai en su cuello, disipándola en un charco de agua e ignorando su sonrojo y su tímido “Tehe~” fuera de lugar.

-Soy todo oídos- dijo con tono plano.

-Supongo que no te habrás olvidado de Eleonor Davenport- comentó Void con una sonrisa cómplice.

-…

En primer lugar, ya le quité todo lo que tenía, en segundo lugar, mi Sello Marioneta me permite estimar su ubicación, y definitivamente no ha frecuentado los barrios lujosos, y en tercer lugar, ¿Cómo demonios sabes tú de ella?

-Hm, así que esa marca y esa magia mental son un sello.

Es interesante…

– murmuró el ente, ignorando la mirada penetrante del shinobi.

Tras un encogimiento de hombros, habló de nuevo.

-La conozco porque tú y la rata ya hablaron de ella, así que me dio curiosidad y fui a ver que tal estaba.

Resulta que está mucho mejor de lo que me esperaba, si soy honesto.

-¿Oh?

¿Cómo es eso?

– cuestionó Liam tras un leve e imperceptible mareo.

-Es cierto que no frecuenta las zonas lujosas, pero supongo que tu sello no te permite saber todo lo que ella hace, ¿Verdad?

En cualquier caso, esa mujer se asocia con algún degenerado y ahora es quien dirige un negocio bastante exitoso en la ciudad~ tarareó el ente, pero rápidamente explicó al notar la impaciencia de Liam.

-Un burdel.

Pero no cualquier burdel, no no, uno de clase alta.

De alguna manera, convenció a muchas tipas ricas, probablemente de su círculo antes de que le arruinaras la vida.

No tienes idea de cuánto están dispuestos a pagar a algunos individuos por acostarse con las esposas e hijas de sus competidores políticos y comerciales.

-…

Liam arrugó el rostro con asco.

Sin embargo, si esa perra gorda ya no tan gorda en realidad se llenaba los bolsillos con dinero, Liam necesitaba hacer otra visita.

-De acuerdo, dirige el camino.

Tengo que comprar comida antes de la cena o Ileana realmente me matará…

**********************************  La vida de Eleonor había dado un giro total desde una noche desastroza, en la cual su comportamiento grosero la condenó, o quizás no, a la vida que ahora abrazaba de todo corazón.

La una vez rechoncha y orgullosa mujer, cuyo día a día constaba de gastar el dinero de su inútil y aburrido esposo, ahora era una voluptuosa prostituta con un cuerpo de ensueño, y su líbido inagotable era saciado cuando quería y como quería.

Ella desechó su matrimonio, desechó su estatus y derrochó la fortuna que se ganó en los juicios por y para su maestro.

Cada vez que pensaba en el joven y cruel albino al que le escupió en la cara una vez, su cuerpo se estremece.

Cada vez que era embestida por algún, o algunos, desconocidos en un callejón apestoso de Jump City, su corazón se llenaba de gratitud hacia su inclemente Maestro.

Eleonor no odiaba a Hiruko.

Nunca podría, a pesar de su desdén por ella, a pesar del control que su cuerpo perdía cada vez que esa marca en su frente se activaba, a pesar de haberla dejado como una mendiga y haber olvidado de ella tras quitarle el dinero.

Para la mujer, las acciones de Hiruko fueron justas.

No, no sólo justas.

Fueron una bendición.

Eleonor fue liberada de sus grilletes morales y sociales, y se encontró, se ayudó y se aferró a esa parte de sí misma que había intentado reprimir sin éxito a lo largo de los años.

Eleonor era una pervertida, una adicta al sexo y una masoquista.

Ahora, incluso tras haber sido abandonada en las calles por su Maestro, incluso tras encontrar a un hombre que la tomó en su regazo, que la satisfizo en cuerpo y alma y que le entregó este palacio de placer prohibido, Eleonor siguió poniendo por encima de todo al joven frente a ella.

-Eh, no hace falta que te arrodilles.

Además, ponte algo más de ropa, puedo ver mucho más de lo que me gustaría- vino la fría y juvenil voz de su Maestro.

Eleonor, que actualmente yacía con la cara enterrada en el piso, su trasero gigante hacia arriba y apenas vistiendo una delgada tela en forma de micro bikini para cubrir su carne, sintió un escalofrío recorrer su columna ante las duras palabras de Hiruko, su Maestro.

El desdén en su tono, el asco en sus ojos carmesí que ella no podía vislumbrar, dada su postura, pero sí sentir, la llenaron de regocijo.

-Como ordene, mi Maestro- ella jadeó, levantándose y cubriendo su amplio pecho con sus manos.

Si el Maestro ordenaba, ella cumpliría.

Tras acomodarse detrás de su escritorio, ahora vistiendo una bata cerrada, sonriendo con timidez a su Maestro y le preguntó el motivo de la visita, a pesar de conocer la respuesta.

-Hm, señora dinero.

Además, explica qué diablos es este lugar- dijo Hiruko con un encogimiento de hombros.

Conociendo la crueldad de su Amo, Eleonor sacó un maletín que siempre tenía cerca, en caso de que su olvidadizo Maestro viniera a ella buscando fondos y empezó a explicar.

-¡Si!

Verá, Maestro, conocí a un hombre hace unos meses mientras vagaba en las calles y ofrecía mi cuerpo para sobrevivir- comenzó la mujer, asegurándose de relatar todo brevemente, pues su Amo no era dado a largas conversaciones.

-Ese hombre, Sam, capturó mi corazón por completo y bueno, una cosa llevó a la otra, y terminó usándome para satisfacerlo a él ya sus colegas.

Tras un tiempo, él me pidió conocer a mis antiguas amigas.

Fufufu, sus encantos son irresistibles, si puedo decirlo yo misma.

Como resultado, muchas de nosotras nos encontramos aquí.

Al principio, era para jugar con Sam y sus allegados, pero entonces se me ocurrió una idea.

¡Dado que usted, Maestro, siempre será mi prioridad, le sugerimos que convirtiéramos esta sala de juegos en un burdel!

Ahora puedo mantener dinero siempre que usted lo necesita, y Sam obtiene la otra parte, ya que él es nuestro dueño- concluyó Eleonor con una sonrisa orgullosa.

-…

Eh, seguro.

Me alegro por ti…

Bueno, ejem, es hora de irme.

Estaré visitándote más a menudo, así que prepara más dinero- dijo el Maestro torpemente antes de llamar con prisa a su extraño compañero, quien los envolvió en un manto de oscuridad.

Al instante siguiente, ambos desaparecieron de la oficina de Eleonor.

La mujer llamativamente con las mejillas sonrojadas, feliz porque su Maestro no se enojara ante la idea de que ella, su sierva, se hubiera entregado en cuerpo y alma a otro hombre.

-Fufufu, el Maestro es tan cruel, pero tan bondadoso- murmuró Eleonor.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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