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En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 158

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158: Fichas En Movimiento 158: Fichas En Movimiento  Los cañones se movieron en consonancia con las coordenadas que recibían de las computadoras centrales.

Con la precisión que unas pocas mentes humanas podrían calcular en tan poco tiempo, se determinó el momento y la posición adecuada para disparar.

No hubo un estruendo, ni un tronar reverberante.

En su lugar, ahogados zumbidos enviaron ondas a lo largo de cientos de metros de tierra y hormigón, mientras las densas bolas de energía eran desatadas hacia el cielo.

El objetivo, sobrevolando la zona a casi un kilómetro de altura, emprendió acciones evasivas mientras descargaba un único objeto con forma alargada y cilíndrica.

Rápidamente fue alcanzado por las bolas de energía y desintegrado en una lluvia de fuego y fragmentos de metal.

Sin embargo, el paquete que dejó caer pulsó con energía, desatando una onda eléctrica que entorpeció el funcionamiento de los cañones durante unos segundos.

Fue en esos segundos que algunos vehículos aparecieron desde detrás de una formación rocosa, acercándose a gran velocidad.

El paquete impactó una zona aparentemente normal de tierra árida y su carga detonó.

Una bola de fuego masiva hizo acto de presencia, una onda de choque provocó leves temblores y levantó nubes espesas de polvo y guijarros.

Pero la explosión no sólo levantó polvo.

El calor de la misma fue tan intenso que el mismo aire se quemó, y la roca en los alrededores se incendió, convirtiéndose en un pequeño estanque de lava, lava que empezó a hundirse en la tierra, como tragada por un agujero.

El lugar donde impactó la bomba no era tierra árida común y corriente.

Era una entrada secreta que ahora estaba abierta de par en par y con un chorro de roca fundida inundándola.

Las sirenas chillaron, luces del color de la sangre parpadeando intermitentemente a lo largo del subsuelo.

Los guardianes fueron despertados, ordenados a prepararse y equiparse.

Los trajes se ajustaron y las armas se cargaron.

En los centros de mando, los operadores trabajan furiosamente en sus teclados, informando de daños, parámetros de contención, encendiendo sistemas de emergencia y tratando de enviar señales de ayuda.

De vuelta en la superficie, los vehículos alcanzaron la zona sobrecalentada, deteniéndose a la suficiente distancia como para no derretir sus propios neumáticos.

Figuras envueltas en trajes grises de diseño minimalista salieron de los vehículos, todos enderezándose detrás de un hombre corpulento, cuyo traje negro y cobre destacaba entre los pálidos y aburridos grises.

-Supongo que no le temes al calor, ¿Verdad?

– preguntó sarcásticamente, mirando por encima del hombro al grupo de fenómenos que ahora dirigía, para su disgusto.

-Vayan- dijo lacónicamente, y los grises saltaron sin temor alguno al foso, descendiendo por las paredes como si la gravedad fuera un chiste para ellos.

-Fufufu, ¿Qué hay de usted, Señor Deathstroke?

– cuestionó una gris que no se había movido, su largo y espeso cabello plateado brillando con la luz de la luna, atado en una simple pero llamativa coleta.

El mercenario se congeló un segundo, girándose lentamente hacia la mujer.

Deathstroke se movió como un rayo, sujetando la cara de la mujer con su mano y dando un giro sobre su pie, arrojándola al foso también con un gruñido desdeñoso.

-¡Tú también, ponte a trabajar!

-¡EEEK!

– gimió Lady Gray, ofendida y sorprendida al mismo tiempo.

Aún así, no se atrevió a desobedecer.

Ella descendió con una mueca hasta el suelo, encontrando un pequeño campo de batalla ya finalizado.

Sus Grises lograron atravesar las compuertas y ahora se abrían camino entre la marea de soldados humanos que custodiaban esta prisión.

Los pasillos se llenaron de sangre y el tronar de sus patéticas armas de fuego reverberaba por el espacio subterráneo.

La propia Lady Gray extendió sus garras y tomó un camino al azar, encontrando y desmantelando a los pequeños equipos de respuesta que eran enviados a su encuentro.

Tras unos minutos de refriega, Deathstroke disparó un gancho y descendió tranquilamente.

El mercenario desplegó un mapa holográfico desde un dispositivo en su antebrazo, siguiendo la ruta más óptima hasta su objetivo.

Durante su corto viaje, sólo se topó con cadáveres medio secos y trozos de carne y órganos esparcidos por doquier.

Hizo una mueca.

No era ajeno al asesinato, pero estas bestias con forma humana parecían causar un desastre sólo porque sí.

Finalmente, encontró una gigantesca puerta de acero y alguna otra aleación componiéndola.

Él no se molestó en derribarla con fuerza bruta.

Sacó un dispositivo con forma de caja.

Al activarlo, una ola de calor abrasadora llenó el lugar y esa sección de la compuerta se derritió.

Al otro lado, Deathstroke encontró un complejo sistema de maquinaria que descendía desde el alto tejado, palancas gruesas de titanio y otras aleaciones misteriosas que suspendían a una figura femenina, el frío metal abrazando cada una de sus extremidades.

Láseres de una intensidad capaz de cortar diamantes rodeaban a la mujer, impidiéndole moverse siquiera un milímetro.

-Hmmm…

¿Qué hace alguien como tú aquí?

– ronroneó la mujer, sus ojos cubiertos por una placa metálica.

-Sólo negocios.

Escuché que estabas interesada en cierto “conejito”, y resulta que mi negocio involucra a ese conejito- dijo el mercenario mientras cargaba un programa especial para tomar el control de las instalaciones.

-¿Oh?

Ahora sí tienes mi interés- ella sonrió, sus colmillos visibles.

Sin molestarse en hablar más, Deathstroke desactivó los láseres e inmediatamente sacó un arma, disparando plasma denso y corrosivo a las palancas que apresaban a la mujer.

Con un gruñido animal, Cheetah dobló el metal con pura fuerza bruta, deshaciéndose de sus ataduras exageradas con desdén.

Ella miró al hombre y habló de nuevo.

-Antes que nada, necesito despedirme de mis captores.

***********************************************  Ileana descansaba sobre un fino cojín, su figura abrazada por un elegante vestido tan negro como su cabello, su firme muslo visible a través de una abertura y su sinuoso tren superior arqueado hacia atrás, en una pose más que sugerente.

Una de sus manos sostenía una loción para damas, la marca visible de manera tal que hasta un idiota entendería que te lo estaban promocionando.

Las cámaras destellaron, capturando la escena en una variedad de ángulos para luego decidir cuál iría a lo catálogos.

La moldava participó en la sesión con entusiasmo, una sonrisa omnipresente en su rostro.

Siempre encontró fascinante el mundo de la moda y la televisión.

Desde sus días tras salir de esa maldita prisión, se quedaba embelesada durante horas, mirando los programas y las historias que tenían para contar.

En un tiempo en que no entendía el mundo que la rodeaba, llegó a pensar que tales cosas eran reales.

El recuerdo le hacía reírse de sí misma, tan inocente, tan ignorante.

Ahora, si bien no era actriz dado el tiempo que le ocuparía, disfrutaba cada segundo ante las cámaras, cada captura en tiempo y espacio de ella, cada postura coqueta que sabía, enviaría más de un escalofrío a esa persona especial.

Una parte de ella le escondió sus actividades por vergüenza.

Ileana podría haber sido ignorante de muchas cosas, pero no del deseo masculino, y Liam no fue precisamente discreto a la hora de robar miradas aquí y allá a lo largo de su asociación.

Pero incluso sabiéndolo, el muy idiota ni siquiera se molestó en buscar en los catálogos y revistas por sus imágenes, lo cual, para ser honesta consigo misma, le decepcionó.

Sólo se limitó a recordarle que tuviera cuidado con la gente y bla bla bla.

A veces, la moldava se preguntaba cómo alguien podía ser tan denso.

-¡Buen trabajo, eso es todo por hoy!

– anunció la jefa, una mujer madura a la que Ileana le había tomado cariño, pues ella le permitió desempeñarse en este mundo de modelaje y productos cuando la bruja no tenía credenciales de ningún tipo.

-Fufu, gracias por su arduo trabajo, chicos- sonrió Ileana los fotógrafos, quienes tropezaron torpemente ante sus elogios.

Antes de que pudiera ir a su vestuario a cambiarse, fue llamada por la jefa, quien se le acercó con una sonrisa pícara y susurró en su oído con un tono meloso.

-Un patrocinador quiere conocerte, querida.

Te recomiendo al menos reunirte con él, podría ayudar a tu carrera.

Tras sus palabras, le sugirió ir con las mismas prendas, pero Ileana declinó cortésmente, yendo a cambiarse a algo más cómodo y menos atrevido.

Al salir de su vestuario, vistiendo las cómodas sandalias shinobi que Liam le había dado, junto a una falda púrpura, camiseta de mallas debajo y un chaleco corto encima, fue a la parte superior del edificio.

Sentado en una mesa con una botella de vino y dos copas de cristal, había un hombre de piel morena y cabello rubio, una sonrisa confiada decorando sus labios y un sencillo, pero costoso, traje de caballero.

-Es un honor conocer a nuestra modelo estrella- dijo él, levantándose de su sitio y retirando la silla contraria en un gesto de pura elegancia.

-Hm, es un placer conocer a un patrocinador.

No suelen llamarme a estas reuniones- comentó Ileana con una sonrisa.

-Ah, nada de eso.

No es una reunión formal, señorita Ileana.

Sólo tenía curiosidad por la dama que promociona mis productos- dijo él, sentándose de nuevo en su silla y sirviendo el vino.

Sus gestos eran seguros, confiados, pero su mirada se detenía un poco demasiado en la piel expuesta de la moldava, quien notó ese detalle pero no dijo nada al respecto.

Ya había aprendido que ser una modelo, incluso una poco conocida, suele captar la atención de esa manera entre los hombres.

-¿Dónde están mis modales?

– él se rio entre dientes, desviando la mirada.

-Puedes llamarme Sam.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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