En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 160
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160: Observador 160: Observador Jugar con la mente es el pan de cada día para una criatura como Void.
A pesar de ello, no suele emplear tales habilidades, ya que encuentra más divertido lo que la humanidad llama Libre Albedrío.
Resulta fascinante mirar a los débiles a los que se les otorga poder.
¿Qué harán, cómo lo harán?
¿Lo combatirán?
¿Se superarán?
¿Caerán en la tentación?
La respuesta siempre es un misterio, y Void adora los misterios.
Por eso nunca manipuló a ninguna de las personas a las que les otorgó poder.
Todo lo que hicieron, lo hicieron porque querían.
John corrió porque quiso hacerlo, y se detuvo porque quiso detenerse.
Cristin Boucher masacró a inocentes y perdió la cabeza porque quiso, no por ninguna influencia ajena.
En el fondo, ella quería derramar sangre, independientemente del origen.
Walter desapareció y Void no podía estar seguro de lo que había estado haciendo, pero sabía que el hombre iba a volver.
Sólo era cuestión de tiempo, y el tiempo es lo que le sobra a Void.
Y es el tiempo que ha permanecido en este lugar lo que le ha dado tanto entretenimiento.
Acompañar a ese grupo extraño fue, con mucho, una de las experiencias más fascinantes que ha experimentado en el último siglo.
Criaturas únicas, poderes extraños, mentes tan brillantes como estúpidas y una hilaridad que más de una vez lo obligó a desaparecer entre las sombras para poder reírse a carcajadas.
Pero el entretenimiento estaba llegando a su fin.
Él podía sentirlo, podía verlo.
El telón descendía, y un punto de quiebre se acercaba.
Sombras se movían entre sus sombras, creyendo estar ocultos y ser sigilosos a su mirada, que abarcaba todo lo que la oscuridad toca.
Los planes se trazaban, las rutas se marcaban, el espionaje estaba en su apogeo.
Los agentes se infiltraban en todas partes, y eso era sólo lo que Void presenciaba en esta jungla de metal.
Estaba seguro de que habría un cierre, pero que no sucedería aquí.
Eso fue una molestia, ya que tendría que perseguir al mocoso para ver todo el espectáculo hasta el final.
Figuras familiares se reunían para una segunda ronda.
Allí, un hombre tan fuerte en mente y cuerpo que Void lo consideró un espécimen único.
Por allá, una esclava sin amo, dirigiendo su apestosa pandilla de sirvientes a las profundidades de la tierra.
En otra zona, las copias de metal y energía del chico correteaban por las calles, su existencia fugaz prolongándose con la ayuda de esa bestia de dos cabezas.
En lo alto de un edificio, la mujer cuyos sentimientos no parecen llegar al objeto de su afecto es embelesada lentamente por un hombre repugnante, el cual parece desprender un aura ligeramente similar al del mocoso.
Cuando Void lo descubrió, no pudo evitar estallar en carcajadas.
La coincidencia fue tan graciosa.
Pero al echar un vistazo más profundo, su diversión fue reemplazada por intriga.
Él no podía decir qué estaba mal, pero definitivamente había algo.
Muchos secretos, muchos misterios.
A pesar de ello, Void no interferiría esta vez.
No vio la necesidad de sumarse al tablero de juego una vez más.
Dejaría que las cosas se movieran y vería la respuesta de aquellos con poder.
Vería su respuesta.
-¿Qué harás, Hiruko?
– susurró a la oscuridad.
******************************************** -Me largo- dijo el shinobi con tono aburrido.
A su alrededor, Nezu y un Clon de Acero con una gran cantidad de chakra se volvieron a él, dejando de lado los datos que examinaban como si las pantallas pudieran darles el secreto de la inmortalidad.
-¿Eso es motivo para interrumpir nuestra investigación?
– cuestionó la rata.
-Es mi investigación, y claro que hay un motivo: Necesito que le informen a Ileana cuando vuelva que fui a la Capital.
El Presi al fin está dispuesto a hablar conmigo- replicó Liam.
-¿No ha estado llegando tarde últimamente?
– preguntó el clon, vociferando los pensamientos que el cuerpo principal ignoraba.
-Eso no es asunto tuyo, Bunshin.
Sólo infórmale y sigue investigando- dijo el original.
-Hmph, deberías hablar con ella, imbécil- replicó el clon antes de volverse a su trabajo.
Nezu fingió que no había oído nada e ignoró al dúo.
No era de los que daban consejos sobre la vida ni nada de esa basura.
Liam abandonó el laboratorio y buscó al ente para sacarlo a él y a Takagami a la superficie.
Tras unos quince minutos sin encontrarlo, lo maldijo un rato antes de tener que irse a pie, con Takagami a cuestas.
Al salir de los límites de la ciudad, la Quimera adquirió su tamaño completo y los lanzó a ambos al cielo con una explosión de chakra de sus propulsores.
El shinobi miró atrás un momento, a la iluminada ciudad nocturna, prometiéndose tratar sus diferencias con la moldava en cuanto volviera.
*********************************************** Las últimas semanas habían sido frustrantes para Ileana.
El trabajo se acumulaba, las sesiones se alargaban, los criminales parecían más activos, a pesar de sus esfuerzos y los de su compañero con sus copias.
Y hablando del mismo idiota.
Ileana estaba disgustada con él.
Disgustada y decepcionada, pues la había hecho quedar en ridículo debido a su mediocre desempeño en las simples actividades del programa de estudio en el que ella lo inscribió.
¿Que en su otra vida el idioma era diferente?
¿Que la historia que conocía era otra?
Excusas.
Ella misma vino de otro tiempo, la historia que conocía era otra y el idioma que hablaba era otro.
Muchas cosas la habían hecho sentirse más cómoda aquí, en el trabajo, que en su propio hogar.
…
¿Hogar?
¿Se puede llamar a esa siniestra cueva un hogar, con toda la maquinaria ilegal y la experimentación con químicos y monstruos?
Más disgusto.
Últimamente no podía evitar encontrar todo tipo de problemas en ese lugar, y la mayoría los relacionaba de una u otra forma con Liam.
-¿En qué estás pensando?
– preguntó Sam, poniendo una mano sobre la suya.
El contacto fue suave pero firme, recordándole que él estaba allí para lo que necesitara.
Ileana no apartó la mano.
En su lugar, sonrió y negó con la cabeza.
Desde que lo conoció, había llegado a encontrar agradable al hombre.
Quizás un poco coqueto, y de ojos un tanto pícaros, robándole miradas casuales en cada encuentro.
Pero era un cambio de aire bienvenido.
Mientras Liam se escondía bajo tierra y se sumía en sus proyectos, Sam trabajaba duro, impulsando su carrera y creciendo él mismo como persona.
Mientras Liam huía de fantasmas, eligiendo mantener un perfil bajo en todo momento, siempre preparándose para alguna tontería que no llegaba, Sam era seguro de sí mismo, audaz, divertido.
El contraste era marcado.
Un hombre exitoso, un niño paranóico.
Un hombre débil en fuerza pero indomable en voluntad, un niño poderoso pero voluble a las circunstancias, eligiendo reaccionar a lo que le venga encima, en lugar de actuar premeditadamente.
Quizás exageraba, pero con cada segundo de interacción con Sam, sentía que se alejaba más y más de Liam.
El hombre tenía algo magnético en él.
Su actitud, su comportamiento pícaro pero educado, esa confianza que rozaba la arrogancia hacían que Ileana se sintiera más cómoda en su compañía.
¿Amor?
No, no lo creía.
Pero ciertamente había algo creciendo.
A veces la ponía incómoda, a veces le hacía sentir bien.
Despertaba sus instintos, le hacía latir un poco el corazón, como algo que estaba mal pero que era casi irresistible.
Tentación, atracción.
Fue ese sentimiento fuera de lugar el que la motivó a aceptar más salidas con el hombre, la mayoría informales, sin relación alguna con el trabajo.
Justo como estaba sucediendo ahora.
-Bueno, prefiero que mis citas me tengan a mí rondando sus mentes- comentó Sam con una sonrisa pícara.
Ileana puso los ojos en blanco, su humor mejorando a medida que fluía la conversación.
-Estás de suerte, ya que esto no es una cita~ ella tarareó, tomando de su copa para librar su mente de cosas que no podía controlar.
-¿De verdad?
Y yo aquí gastando una pequeña fortuna en esta comida – él se quejó con fingido disgusto.
Con cada palabra, el ambiente mejoró.
Con cada chiste malo y broma interna, cuyo significado sólo ambos entendían, Ileana disfrutó de la velada.
En ningún momento sus manos perdieron el contacto.
Él rozaba sus dedos sobre su palma, enviando un cosquilleo a través de su piel.
La sugerencia era obvia, pero la moldava no la rechazó ni la aceptó.
Ya no frenaba en seco sus avances, pero tampoco daba rienda suelta al hombre.
En lo profundo, una parte de ella seguía confundida.
¿Por qué reaccionaba así ante Sam?
¿Qué había en el hombre que parecía cautivarla?
Apenas y sabía algo de él.
No habían llegado a tener una relación tan íntima como la que tiene con Liam, y sin embargo, la conexión era mucho, mucho más fluida con el hombre que con el shinobi.
Tan embelesada esta la mujer que apenas pudo reaccionar al zumbido de un proyectil cortando el aire, similar al lanzamiento de los senbon de Liam, y tan rápidos como esos ataques de viento que misteriosamente suelen impactarla en el busto durante sus entrenamientos.
Pero gracias a esos mismos entrenamientos, logró activar la imperceptible y omnipresente bruma de energía a su alrededor, capturando un objeto de plástico con una aguja insertada a escasos centímetros de su rostro.
Su mirada se movió lentamente en la dirección en que vino el proyectil, extendiendo más sus sentidos no físicos con los que una vez vio el mundo.
Una mueca de asco se formó en su rostro lentamente, confundiendo a su acompañante.
-¿Está todo bien?
– preguntó el hombre, pero la moldava lo ignoró.
El buen humor desapareció, la calidez a su alrededor se enfrió, la mente distraída y los sentidos embotados volvieron en sí, los músculos tensándose y la bruma verde haciéndose visible a medida que más poder era concentrado.
Una esencia asquerosa, inolvidable, había sido captada por sus sentidos.
Una que conocía muy bien, y despreciaba con todo su corazón.
Alrededor del restaurante, algunos empleados y comensales detuvieron sus actos, sintiendo la creciente sed de sangre que emanaba de la bruja.
Incluso Sam se vio afectado, su omnipresente sonrisa confiada desaparecida y el sudor perlando su frente.
La tensión se rompió cuando figuras trajeadas de gris rompieron las ventanas, irrumpiendo en el establecimiento.
En ese instante, Ileana se levantó de su asiento y agitó sus manos, enviando una onda de energía que abrió a la multitud a la mitad, echándolos a los lados bruscamente.
Sin presentaciones, sin diálogos ingeniosos, sin declaraciones de odio, la bruja desató una bola de fuego vil contra los Grises.
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