En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 161
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- Capítulo 161 - 161 El Asalto
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161: El Asalto 161: El Asalto Nezu estaba tan distraído en la investigación y la experimentación, que había dedicado todos sus sistemas a esa única tarea, desactivando las alertas del complejo sistema de seguridad que se desplegó a lo largo de las alcantarillas que rodeaban la base.
Tampoco informó ese detalle.
Se le había olvidado mencionarlo, pero no es como si las invasiones fueran algo común estos días.
Por eso nadie se percató de los intrusos que se abrían paso a través del tortuoso sistema de trampas Ninja de Liam.
Senbon envenenados, etiquetas explosivas, cables metálicos por los que pasaba una intensa corriente, disparadores de kunai y shuriken activados por presión, pozos de ácido.
¿Por qué diablos usaría Liam pozos de ácido?
Porque es un cliché en las guaridas de villanos, y dadas las personas que conformaban su grupo, el estilo iba acorde con esas trampas.
Pero ni el veneno, ni la electricidad común, ni los kunai ni los shuriken servirían contra estos invasores.
Sólo las etiquetas representaron alguna amenaza, pues operaban con chakra, y la energía era más o menos dañina para estas criaturas.
Afortunadamente, Dojin estaba cerca de la gran pared de roca que Liam había erigido para tapar la entrada.
Sus sentidos bestiales mejorados por el chakra le permitieron sentir las ondas de las explosiones a través de la tierra.
El Ninken, poco inteligente en comparación con su gemela pero lo suficientemente capaz como para comprender que esto no auguraba nada bueno, corrió hacia el clon de su maestro para informar del asunto.
En el camino, alertó a Zugan y Tsunako de que los problemas se avecinaban.
Mientras el Perro Quimera cruzaba el terreno que una vez fue la fábrica de ensamblaje de Nezu, fuera de la base propiamente dicha se reunió un enjambre poco entusiasta de vampiros, un súper hombre y una niña de cabello dorado.
El mercenario se volvió a la joven y asintió, dando la orden.
La niña obedeció, una energía amarilla iluminando sus ojos y erizando su corto cabello dorado.
La tierra tembló a su alrededor, ondas enviando grietas a lo largo de la inmensa pared.
La intensidad aumentó, sacudiendo la base al otro lado, entorpeciendo la marcha del Ninken, derribando algunos frascos valiosos dentro del laboratorio y alertando a la rata y al clon.
Con un gruñido final, la niña sacudió los brazos y la pared de roca explotó hacia adentro, fragmentos del tamaño de automóviles lloviendo sobre las cabezas de las Quimeras.
El alto techo se onduló, roca y trozos de metal desprendiéndose.
Deathstroke hizo un gesto con la mano y los vampiros entraron a toda marcha, sus chillidos sobrenaturales superponiéndose al estruendo de la lluvia de roca impactando en el suelo de metal.
Se movieron entre las rocas gigantes con gracia y agilidad, ninguno siendo aplastado y en su lugar, usándolas como cobertura.
Pero las Quimeras no cederían ante meras rocas.
-¡Vamos, el Bunshin ya debió darse cuenta!
– gruñó Tsunako a su hermano, lanzándose con garras y colmillos para interceptar a los intrusos.
Internamente, se maldecía por no equiparse sus cañones de plasma de nuevo, pues sus recurrentes visitas a la Universidad la obligaron a desmontarlos, por cuestiones de políticas de armas y otras tonterías humanas.
Ella pulsó ráfagas controladas de chakra a su mejorado cuerpo, deslizándose entre la lluvia de escombros con una facilidad que desmentía su gran tamaño.
Aprovechando el dificultuoso entorno, la Ninken emboscó a uno de los vampiros de un salto tras pasar una inmensa columna de roca que cayó desde arriba.
El Gris no pudo reaccionar a tiempo a las mandíbulas infundidas en chakra que se cerraron en su cara, aplastando el cráneo con un chasquido húmedo.
Tsunako no detuvo su marcha, girando su cuello a los lados para estampar el cuerpo del vampiro contra otro gris en un crujido de huesos.
La criatura, embestida a una velocidad similar por una masa superior, fue enterrada en la roca varios centímetros.
Sin embargo, el vampiro en la boca de la Quimera no había cedido aún.
Tsunako sintió el peligro y rápidamente escupió al ente, justo a tiempo para evitar ser apuñalada en la garganta por esas garras negras.
Al otro lado del terreno, Dojin gruñía audiblemente, alertando a los Grises de su ubicación y arruinando su contraataque sorpresa.
O eso creyeron los vampiros.
Si bien este Ninken era estúpido, cuando se trataba de batallas, superó a su gemela por mucho.
Dojin pateó de repente un gran trozo de roca con sus patas traseras, enviando una salva de proyectiles y polvo contra los invasores.
El objetivo no era hacer daño, sino entorpecer su visión.
La fuerza cinética de los impactos obligó a algunos vampiros a desviar la mirada un momento.
Ese momento fue aprovechado por la Quimera.
Dojin saltó en el aire, sus cañones de plasma encontrando rápidamente a sus objetivos y enviando oleadas de líquido espeso y ardiente.
Aunque el plasma por sí sólo no podría matar a un vampiro, derretir los músculos ayudaba bastante a la hora de inmovilizarlos.
Todos los disparos apuntaron a las piernas, provocando que las criaturas trastabillaran cuando intentaron alejarse o atacar.
Dojin usó sus siempre fieles mandíbulas para atrapar cabezas y extremidades, arrancándolas de cuajo y bañándolas en plasma.
Dedujo que derretirles la cabeza podría ser tan bueno como cualquier otra táctica.
Pero los números no estaban de su lado.
El hermano menor sólo pudo asesinar efectivamente a dos grises, e inmovilizó a otros tres al arrancarles y derretirles las piernas.
La hermana mayor no pudo terminar a ninguno.
Y sin sus cañones, Tsunako no tenía muchos medios para matar a sus oponentes que no fueran sus colmillos.
Ella captó un destello de movimiento en la periferia de su visión, girándose y viendo una multitud de figuras que los rodeaban e ignoraban, adentrándose más en la base.
-¿¡Q-qué carajo!?
– exclamó uno de esos Grises cuando una gigantesca sombra se cernió sobre ellos.
Al alzar la cabeza, vieron un imponente monstruo acorazado y con pezuñas, corriendo horizontalmente sobre la pared con una velocidad que ninguna criatura de su tamaño debería tener.
Zugan se dejó caer sobre el grupo de vampiros, aplastándolos con una mezcla de chasquidos, crujidos húmedos y un estruendo que levantó sangre, extremidades y polvo.
El Cerdo Quimera envió una alerta a sus compañeros a través del vínculo que los une, y que les había permitido charlar entre ellos antes de que Zatanna apareciera.
Con el mensaje enviado y recibido, una serie de mecanismos se activaron dentro de sus cuerpos, posicionando pergaminos especiales que su Maestro había preparado para una situación jodida.
Zugan determinó que esta situación era lo suficientemente jodida como para revelar esta mano.
Abriendo la boca de par en par, el Cerdo Quimera escupió una llamarada de fuego, que fue impulsada por Tsunako y Dojin, quienes se posicionaron a su lado y desataron una ráfaga de viento.
Las llamas, empapadas en chakra, cubrieron una extensa zona y alcanzaron a muchos de los Grises, haciéndoles emitir chillidos de agonía.
Antes de que el fuego se extendiera más, el suelo a su alrededor tembló y los Ninken saltaron a los lados.
Zugan, con su marco enorme, no pudo salir a tiempo y fue atrapado por las repentinas medias montañas que se levantaron a sus lados.
La roca se encontró con su duro caparazón, comprimiéndose y envolviéndolo.
-¿¡Liberación de la Tierra!?
– no pudo evitar exclamar, sorprendido.
En ese instante, un borrón plateado se estampó al costado de Tsunako, clavando una espada en la Ninken y arrastrándolas a ambas varios metros hasta estrellarse contra un montículo de roca.
Dojin se movió para ayudar a su hermana, pero fue interceptado por una lluvia de granadas y disparos que lo obligaron a alejarse.
El Cerdo forcejeaba contra sus ataduras, pulsando chakra a sus extremidades hasta romper la roca comprimida con fuerza bruta pura y cruda.
Y entonces una lluvia de misiles cruzaron el amplio terreno desde la derrumbada entrada, bañando al gigante Quimera en una cacofonía de detonaciones.
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