En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 163
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- Capítulo 163 - 163 Verdadero Objetivo
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163: Verdadero Objetivo 163: Verdadero Objetivo -¿Qué pasa con los sistemas de armas?
– preguntó el clon de Acero, mirando las pantallas que mostraban la explosión del muro de roca y la batalla de sus Quimeras con los invasores.
Un suspiro se le escapó cuando se dio cuenta que eran los imbéciles grises.
Esos bichos raros no se habían rendido en reclutarlo desde hacía años.
-Inhabilitados.
También hay algo que impide las comunicaciones.
No podremos llamar a la mujer ni a tu cuerpo principal – anunció Nezu.
El clon de Acero tejió sellos manuales a la vez que abría un pergamino, creando una docena de Mizu Bunshin para ayudar en el almacenamiento de las partes esenciales del laboratorio.
-Bueno, escabúllete o algo.
Las cosas se van a poner serias- dijo el clon de Acero antes de extender su palma hacia la serpiente gigante, desatando una ola de energía que al regresar, repuso sus reservas de chakra al máximo, como si recién lo crearan.
Nezu no discutió, abriendo una escotilla que daba acceso a un pasadizo por el que su pequeño cuerpo salió de la escena.
Por su parte, la serpiente retrajo su cuerpo a los pergaminos internos, reduciendo su tamaño y colándose en el complejo sistema de tuberías diseñado para su uso personal.
De este modo, acompañaría más o menos de cerca al clon a casi cualquier rincón de la base, asegurándose de proporcionarle chakra constantemente.
Los Mizu Bunshin terminaron sus tareas y guardaron las cosas valiosas en el inventario, siguiendo a su superior para unirse a la batalla.
La refriega en los pasillos de la base se desató, un festival de clones y vampiros lacayos enzarzados en un sangriento y acuático combate.
Los chupa sangre eran superiores en fuerza a los clones de agua, pero éstos contaban con un vasto repertorio de armas y estilo de combate refinado con los años, además de una reposición de números que los vampiros no podían igualar, dadas las dificultades que representaban las Quimeras.
Mientras tanto, el clon de Acero permaneció alejado por ahora.
Necesitaba mantener la creación de nuevos Mizu Bunshin y él era la última defensa en caso de que las cosas fueran mal.
Si se desgastaba ahora y era derrotado más delante, Nezu estaría jodido.
No le preocupaban sus Quimeras, pues ya había informado al original a través del inventario.
En cuanto las señales dejaran de llegar, el original las invocaría.
Y si se llegaba a eso, era responsabilidad de la serpiente reunirse con la rata, para transportarla junto a Liam en cuanto fuera convocada también.
Pero mientras eso no sucediera, era mejor que Nezu se alejara del combate.
Era incluso más inútil que su Proto-Bijū, el cual tampoco estaba capacitado para luchar todavía.
El único fallo en toda esta estrategia era Ileana.
No sabían dónde carajo estaba, no sabían si también la estaban atacando, no podían contactarla ni enviar ayuda.
-¿Dónde mierda está esa sombra cuando se la necesita?
– murmuró el clon con el ceño fruncido.
Sus cavilaciones y preocupaciones se disiparon cuando una repentina sacudida alcanzó su posición.
El crujir de las paredes y el penetrante chasquido de la roca al romperse le informaron que, de hecho, había un serio problema en sus manos.
******************************************** Nezu abrió sus ojos artificiales, las lentes rotas distorsionando un poco las tomas que sus sistemas internos intentaron procesar.
El polvo limitaba la visión, los escombros aplastando algunas partes mecánicas y otras orgánicas de su recipiente.
Las mecandritas se desplegaron al abrirse secciones de su carne, despejando parte de la porquería que lo inmovilizaba.
Líquidos se esparcieron en su torrente sanguíneo, calmando el creciente dolor de su cuerpo, pero aún manteniendo algo para recordarse dónde estaban las zonas dañadas.
-Tanta mierda en mi cuerpo, y no añadí una jodida linterna- maldijo el científico, obligado a tantear los oscuros alrededores con sus mecandritas para guiarse.
Los mapas de sus sistemas internos ya no funcionaban.
Varias zonas probablemente se derrumbaron, y muchos de los caminos que se bifurcaban a lo largo de su túnel también resultaron bloqueados.
La rata se deslizó por el accidentado terreno lo mejor que pudo, intentando encontrarse con algún clon del mocoso para poder sentir algo de seguridad.
Odiaba admitirlo, pero sin las bestias, sin la mujer, sin la molesta sombra y sin el mocoso, él era peor que una papa frita.
En especial porque su cuerpo no le permitía equiparse adecuadamente para el combate.
Mientras reflexionaba sobre cuándo fue que se volvió dependiente de esa panda de idiotas para su supervivencia, una pequeña serie de sacudidas captaron su atención.
Parecían arañazos, como cuando los idiotas de la secundaria lo encerraron en su casillero.
Una explosión de tierra a unos centímetros de su posición lo sobresaltaron.
Al girarse, vio tierra desprendiéndose por la que entraba luz, y en medio del agujero, una mano con uñas demasiado largas como para ser higiénicas.
Dedujo de un vistazo, con sus visores rotos, que esa mierda no pertenecía a ninguno de los clones del mocoso.
-¡Está aquí!
– gritó el dueño de la mano, escarbando frenéticamente para alcanzar a Nezu.
La rata pinchó la mano con una de sus mecandritas, la cual desplegó una púa afilada, y tomó una muestra de sangre apresuradamente antes de salir corriendo.
Cualquier momento para la investigación vale la pena, y esos súper humanos capaces de sacudir a Zugan, según lo que vio a través de las cámaras, sin duda valen la pena.
Más manos feas perforaron el camino, obligando a Nezu a dar tumbos de un lado a otro para no ser atrapado.
De repente, el suelo a sus patas cedió, y la gorda rata cayó con un ruido sordo en el frío metal, doblándose algo en el proceso, desconociendo si era orgánico o no.
Las evaluaciones podrían esperar.
Ahora era momento de correr.
Nezu corrió lo más rápido que pudo, sintiendo un escalofrío recorrer su columna ante los chillidos animales que venían desde detrás.
Sus mecandritas formaron cañones en sus puntas, disparando débiles ráfagas de láser que usaba como defensa personal.
Mirando por encima del hombro, el científico se sumó a los chillidos al ver un rostro retorcido con una boca tan grande como para tragárselo a centímetros de su posición.
De repente, fue levantado del suelo por algunos tentáculos que le hicieron cubrir su trasero de manera instintiva con una de sus mecandritas.
-No seas asqueroso, nadie va a intentar meter algo allí- llegó la aburrida voz del mocoso, paralizando el inútil intento de la rata por librarse de las ataduras.
-¡Al menos avisa que eres tú, carajo!
– exclamó la Nezu, su tono monótono y mecánico olvidado por un segundo.
-Si hacía eso, les habría alertado de mi presencia, tonto- el clon ladeó la cabeza, mirando a Nezu como si fuera un idiota.
La rata suspiró, su corazoncito frenético relajándose poco a poco.
-¿Agua o Acero?
– preguntó tras calmarse un poco más.
-Agua.
Pero si no me he disipado, significa que Acero no está tan lejos, aunque no sabría decir en qué dirección, por lo que quedarte conmigo no es muy seguro para ti- informó rápidamente el Mizu Bunshin, cargando a la rata hasta una sección de tuberías.
-Busca a Jorm.
Las cosas se están yendo a la mierda, y es mejor que permanezcas cerca de alguna invocación.
Nezu no discutió este punto.
Conocía los planes de contingencia para estas situaciones, por lo que rápidamente se escabulló en el complejo y duradero sistema de caminos de la serpiente.
Si algo en esta base era protegido, aparte de la mujer, era esta Quimera.
Como tal, su sistema de tuberías es el mejor reforzado.
Tanto que las proyecciones sugerían que ni aunque toda la ciudad les cayera encima, derribarían este tramo.
Aquí se desperdició una buena parte de los fondos, pero ahora más que nunca, Nezu no lo vio como un despilfarro.
Mientras tanto, el Mizu Bunshin hizo un comunicado a través del inventario.
El objetivo que este ataque parecía ser Nezu.
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