En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 166
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- Capítulo 166 - 166 Emociones Conflictivas
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166: Emociones Conflictivas 166: Emociones Conflictivas Ese estudiante impopular, tonto, una sombra en la vida de las personas que siempre pasaba desapercibida, un nombre común que todos asociaban con otro rostro, pero nunca el suyo.
Esos flechazos de la adolescencia que nunca se convirtieron en realidad.
Esas noches frente a una pantalla, sumiéndose en el deleite de mundos ficticios, con héroes poderosos y audaces.
Esa vida aburrida, simple.
Esa familia indiferente, disfuncional.
Ese hogar poco acogedor, roto.
Ese trabajo insoportable, horas que nunca terminaban, clientes que nunca se callaban, compañeros que nunca tenían tiempo para terminar sus labores, jefes que nunca se interesaron en su salud.
Esa mujer que sacudió su mundo, que trajo color a su vida gris.
Esa sonrisa que le hacía sentir una calidez en el corazón, obligándolo a latir de nuevo.
Esas horas de conversaciones triviales, incómodas.
Esa primera cita, un desastre.
Ese beso robado, el primero de su vida.
Ese sentimiento del que tanto había oído y leído.
Esa sensación de esperanza, de alegría.
Esa hermosa relación.
Y todo se vino abajo cuando una variable, un tercero que no debía estar allí, se entrometió.
Ese distanciamiento, esos mensajes sin responder.
La duda, el frío encogiendo su corazón, desechando la calidez que tanto le costó reunir.
Las náuseas en el estómago, el automóvil desconocido, la llamada que no era atendida y los ruidos extraños en el apartamento.
Esa puerta entreabierta, esos gemidos ahogados, esa cama rechinante, donde una vez él estuvo.
Esa escena que rompió su corazón.
Lágrimas, despecho, alcohol, odio, impotencia.
Ese tiempo que nunca curó las heridas, ese resentimiento que nunca lo abandonó, incluso cuando la vida sí lo hizo.
Esa luz, esa dulce voz, desconocida pero llena de afecto.
Esa voz en su mente, esa nueva casa, ese nuevo mundo, esa nueva vida.
*************************************************************** Sam se encontraba a las puertas del hospital.
Un ramo de flores descansaba entre sus manos, una nota cursi pero efectiva adherida al mismo.
Su mirada era inescrutable, su corazón ahora calmado.
La determinación brilló en sus ojos y dio un paso adelante.
Luego otro, y otro y otro, ignorando los llantos en las salas de espera, ignorando las ambulancias que aún traían de vez en cuando a algún pobre desgraciado medio muerto.
Vio una camilla pasar a su lado con un enjambre de enfermeros a su alrededor, piel quemada y rasposa, lo que le hizo estremecer levemente y recordar escenas que casi lo hacen vomitar.
Una mujer de actitud agradable y sentimientos conflictivos se había convertido en una máquina de matar implacable y furiosa en frente de él.
Ella lo había ignorado y descartado como si no tuviera valor, desatando una carnicería que aún le provocaba escalofríos.
Sam vio a esa mujer usar poderes extraños para manipular mesas, cristales y columnas de hormigón como si fueran juguetes.
La vio detener proyectiles en el aire como si un muro invisible la rodeara.
La vio convertir en pasta a una persona.
La vio matar a muchas personas.
Ileana desató un espectáculo de brutalidad y llamas sin calor, conmocionando a Sam profundamente.
Él siempre vio y escuchó de esas locuras a través de una pantalla, pero era la primera vez que se encontraba en medio de todo.
Fue aterrador.
Fue estimulante.
Pero entonces apareció esa bicha rara con piel amarilla, ronroneando y rugiendo como un felino salvaje, balanceándose a una velocidad que superó incluso al de los villanos de papel que Ileana mató.
Él sintió las ondas de choque, decenas de metros de distancia, cuando esa mujer golpeaba a Ileana sin piedad, estampándola contra edificios y automóviles.
Sam tuvo un destello de pánico en ese momento, pensando que su objetivo sería pulverizado antes de completar su misión.
Grande fue su sorpresa al enterarse que Ileana sobrevivió a ese espectáculo.
Y más grande aún fue su deseo de poseerla, de convertirla en suya.
Él quería que ella se dedicara completamente a él y lo protegiera.
Antes actuaba por necesidad.
Ahora, realmente jugaría en serio sus cartas.
¿Y qué mejor momento para hacerlo que ahora, tras una crisis como esta, tras una experiencia brutal como la que sufrió?
Tenía que golpear mientras el hierro aún estuviera caliente.
Mientras ella fuera vulnerable y ese pequeño imbécil al que tan obstinadamente se aferraba no estuviera a la vista.
Él tocó la puerta dos veces antes de abrirla, paralizándose un segundo después en la entrada con un frío recorriéndole el pecho y la determinación esfumándose.
Vio a la mujer en la cama, la parte superior de su rostro envuelto en vendas, cubriendo su frente y ojos.
De pie a su lado, una figura bajita, de aspecto algo desaliñado, piel y cabello, vendas y vestimenta blancas.
Dos orbes carmesí se posaron sobre él brevemente, escaneándolo.
La tensión en la habitación era palpable, asfixiante.
Sam se arrepintió un segundo antes de obligarse a hablar.
-¿Uh, interrumpo algo?
********************************************************************************* -Minutos Antes- Ileana extendió sus sentidos una vez más.
Formas y colores, estructuras e información llenando su mente, transmitiéndole lo que sus ojos ya no podían.
Picazón en su cuerpo, dolor en sus huesos, hinchazón en su cara, ardor en sus cuencas.
Una mueca se dibujó en sus labios, un sentimiento de decepción invadió su corazón, entremezclado con ira e impotencia.
Ella lo sintió.
Una presencia familiar, una que debió haberle traído alegría y alivio, pero que por alguna razón le hacía sentir disgusto.
Una mano se posó sobre la suya, el toque ligero pero frío.
Podía sentir esos ojos carmesí, aburridos y preocupados, tontos pero lindos, taladrándola con preocupación.
-¿Cómo te sientes?
– preguntó con un susurro.
Su corazón se agitó, pero su mente no coordinaba con él.
Su mueca desapareció, sus labios formaron una fina línea.
No se movieron.
-Lo lamento – suspiró él, todavía sin soltar su mano.
Ella la apartó, aunque no podía entender por qué.
El siseo de las máquinas interrumpía el silencio.
Tubos por los que fluían líquidos clavándose en sus brazos, vendas empapadas en alguna pasta rodeando su cabeza, cubriendo sus cuencas vacías.
Ninguno habló.
Uno no sabía qué más decir, la culpa y la ira impidiéndole pensar con claridad.
La otra quería tomar su mano de nuevo, pero cuando lo intentaba, una nueva ola de sentimientos negativos reverberaba en su ser.
Los recuerdos felices ya no eran tan felices.
Aquello que encontraba tierno ahora le era insoportable.
La apariencia que nunca le importó empezó a darle asco.
La ayuda que le ofreció sin esperar nada a cambio ahora se sentía insuficiente.
Ileana no entendía por qué se sentía así.
No fueron impulsos repentinos que le hicieron disgustarse tanto con él.
Ella sentía que las cosas habían empezado a desmoronarse hace mucho y simplemente no se había dado cuenta.
Su indiferencia, su indecisión, su falta de confianza.
Él nunca la puso como su prioridad.
¿O sí lo hizo?
Más confusión.
Eso la molestaba.
Odiaba estar confundida, como una niña tonta que no podía interpretar correctamente como se sentía.
Y sólo había alguien con quien descargar esa frustración.
El origen de la misma, la base de todo lo que la irritaba y disgustaba últimamente.
-¿Dónde estabas?
– preguntó Ileana, su voz plana, pero con un matiz de furia gélida en su tono.
-A miles de kilómetros- respondió Liam con honestidad.
-¿Por qué?
Él no supo cómo responder a eso.
¿Qué debería decir?
¿Que fue su culpa, por ingenuo, por estúpido, por no prepararse, por no hacer contramedidas?
¿Por confiar?
¿Por subestimar y sobreestimarse?
Ella no lo sabía y con cada segundo de silencio, dejaba de importarle.
-¿Por qué no estabas allí cuando te necesitaba?
– volvió a preguntar, sin esperar una respuesta.
Sólo quería medir sus reacciones a través de su “visión”.
Vio sus ojos perder el brillo, su respiración estancarse, sus hombros hundirse.
El corazón de la bruja sintió una punzada de culpa.
Más confusión se arremolinó en su interior y empezó a cuestionar sus palabras y sus acciones.
Era antinatural.
Dos toques resonaron desde la puerta en ese momento.
Con un click y un leve chirrido se abrió.
Ileana detectó al visitante y por alguna razón, la culpa de su corazón empezaba a desvanecerse.
Ella suavizó su expresión un poco, pero eso fue suficiente para que Liam lo notara.
-¿Uh, interrumpo algo?
– preguntó el hombre con torpeza, un ramo de flores en sus manos.
Ileana luchaba contra los extraños sentimientos en conflicto en su interior.
Ella quería pedirle a Sam que los dejara solos y tomar la mano de Liam, pero al mismo tiempo rechazaba la idea.
-De verdad lo lamento, por todo.
Arreglaré las cosas- dijo Liam en un mal intento por sonar plano y distante.
La tristeza fue evidente en su tono.
Antes de que la bruja pudiera responder, sintió que Liam desaparecía en un borrón de movimiento a través de la ventana, dejándola atrás con un hueco sentimiento en el corazón.
Esa acción, esas palabras, ese cambio de aire a su alrededor, fueron como una bofetada para Ileana, despertándola de su estupor.
-¿Q-qué estoy haciendo?
¿Qué pasa conmigo?
– murmuró, desconcertada, confundida, decepcionada.
Sintió a Sam acercándose a su cama, cada paso del hombre enviando una nueva ola de confusión a través de sus emociones, como si intentara convencerla de que se olvidara de Liam.
Una mano firme pero cariñosa rozó su mejilla.
Un movimiento audaz y tranquilizador.
A ella le dio asco.
-¡No me toques!
– siseó, apartándola con su telequinésis a modo de manotazo.
-¡Woa woa, lo siento!
Sólo quería levantarte el ánimo – dijo Sam, retrocediendo unos pasos.
La respiración de la moldava se agitó, sus sentimientos confusos derramándose en gotas de energía verde que chisporroteaban contra las vendas que cubrían su cara.
¿Qué le pasaba?
¿Por qué se comportaba así?
¿Por qué parecía perder el control?
Ella cayó en una espiral de confusión y remordimiento, anhelo y arrepentimiento.
Quería salir, quería levantarse y perseguirlo, abrazarlo y disculparse, pero su cuerpo no se lo permitía, el dolor no se lo permitía.
*********************************************************************************************************************************************************** He de decir que no estoy muy satisfecho con este capítulo.
Quería transmitir correctamente las emociones conflictivas de los personajes, pero Dios bendito que es difícil.
Hice y reescribí varias versiones de esta escena, pero decidí no darle tantas vueltas o nunca avanzaría~ Mi respeto por esos autores capaces de tocarte el kokoro con algunos diálogos ha aumentado bastante.
Apoyo a esos tipos, realmente tienen talento.
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