En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 167
- Inicio
- Todas las novelas
- En el Universo DC con plantilla Shinobi
- Capítulo 167 - 167 Mi Decisión
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
167: Mi Decisión 167: Mi Decisión La teniente Grifften subía con pasos cansados hasta su apartamento.
Los últimos días habían sido particularmente estresantes para ella y para todos aquellos relacionados con placas, rescates y medicina.
Ser un oficial, un bombero o un paramédico en este mundo es estar envuelto en los grandes acontecimientos que llegan a los periódicos.
Y no es nada agradable.
Grifften había estado ayudando en las operaciones de limpieza y rescate, coordinando equipos y en general, presenciando todo el desastre que quedó tras la batalla entre Hiruko y los terroristas.
Sí, terroristas.
Grifften no era tan ingenua como en el pasado y había tenido todo tipo de charlas interesantes con cierto albino de ojos rojos.
Ella no se tragó esa basura.
Entendió que fue una tapadera, un circo para entretener a la gente y desviar la atención de los muertos en el armario de la gente de arriba.
La versión oficial de los hechos que llegó a los periódicos e incluso a la alcaldía, fue que un grupo terrorista había intentado derribar Jump City y, valientemente, el Héroe de la ciudad los detuvo.
El mero hecho de que por una vez no se le echara la culpa al chico hizo que Grifften desconfiara aún más de esas afirmaciones.
En especial porque no fue una declaración basada en una investigación policial.
Por alguna conveniente razón, los Federales se encargaron del asunto y sólo ellos tuvieron acceso al lugar subterráneo donde se desató la pelea, dejando a las fuerzas de la Ley de Jump City al margen.
Eso le hizo sentir una pizca de miedo.
Finalmente entendió las palabras del alcalde en aquel entonces.
¿Qué clase de trama enrevesada y retorcida es capaz de hacer una persona para lograr sus objetivos?
Grifften no pudo evitar estremecerse cuando ese pensamiento caló profundo.
Si tuviera que adivinar, todo esto no fue más que un ataque contra el muchacho.
Pero ella, una simple oficial de policía, no podía dilucidar el objetivo final.
¿Por qué pasar por todo esto pero no culparlo de nada, sino alabarlo?
Demasiados giros, demasiadas conspiraciones, muy por encima de ella.
La llave entró en la cerradura, la puerta se abrió y Grifften suspiró con abatimiento, entrando en su hogar, el único lugar donde podría sentirse medianamente segura.
-Hola.
-¡HIJO DE PUTA!
– exclamó la mujer, desenfundando su arma y casi disparándole a su invitado no invitado en la cara.
Una palma envuelta en vendajes se posó frente al cañón del arma, como si tuviera la confianza de detener una bala.
Al notar la pequeña figura pálida del pobre diablo que había estado en su mente los últimos días, Grifften se relajó, bajando la pistola con un suspiro.
-¿¡Qué carajo te pasa!?
¿¡Ahora entras en las casas de las mujeres!?
¡Si estás tan desesperado, siempre puedes ir a un callejón y conseguir acción!
– ella lo reprendió con una mueca.
El rostro sin brillo de Hiruko pareció relajarse un poco.
Por el leve movimiento en sus ojos, Grifften supuso que dejó escapar una sonrisa.
Pero ella notó el estado desaliñado de Hiruko.
Ojos cansados, cabello alborotado y grasoso, rastros de quemadura en la poca piel visible de su cara.
-Lo siento.
Realmente no tenía a donde ir, así que…
-¡Bah!
No te preocupes.
Sólo no robes mis bragas usadas.
Mientras puedas respetar eso, eres bienvenido cuando sea- ella resopló, manteniendo su actitud jovial a pesar del evidente estado de ánimo del chico.
Probablemente él necesitaba un poco de normalidad en lugar de lástima.
Grifften se quitó la chaqueta policial, llevando a Hiruko a la cocina para sentarse, beber algo y conversar.
El apartamento era pequeño.
Un estrecho pasillo que daba a una pequeña cocina que a la vez fungía de comedor.
Un baño y un par de habitaciones, una usada por Grifften y la otra destinada a almacenar cajas de pertenencias.
Diseño simple, acogedor.
Digno de una solterona cuya vida está dedicada más a su profesión que a vivir.
-¿Bebes?
– preguntó ella, buscando algunas cervezas en el refrigerador.
-Jugo de frutas y café – aclaró él con casualidad.
-No seas maricón- ella resopló, tirando un par de latas sobre la mesa.
-Te ves como la mierda misma, así que bebe algo de verdad y relájate un poco.
Tras unos segundos de mirar la lata con expresión distante, el shinobi llevó su mano al rostro y retiró las vendas.
Grifften se detuvo a medio trago, sus ojos levemente abiertos mientras contemplaba por primera vez el rostro de Hiruko sin sus vendas.
La piel normalmente pálida era ligeramente distinta, con un toque más grisáseo.
Pero, obviamente, se centró más en el tamaño de su boca y sus dientes afilados.
No comentó nada.
No se atrevió a ser sarcástica, ni decir una mentira estúpida como “No está tan mal”.
En su lugar, le dedicó una sonrisa, agradeciendo en silencio la muestra de confianza.
Ella procedió a beber y él la siguió.
No se dijeron palabras, pero el pesado ambiente empezaba a calmarse a medida que vaciaban el contenido de las latas.
-Mi verdadero nombre es Liam- dijo el shinobi de repente, tomando la segunda lata y abriéndola con un chasquido.
-Y no necesitas contenerlo más.
Haz tus preguntas.
Grifften asintió lentamente, jugueteando con la cerveza en su mano un rato antes de pedir aclaraciones.
Ella preguntó sobre lo que realmente había sucedido, y Liam no se guardó nada.
Le contó de la base subterránea, así como a quién pertenecía.
Le habló de la llamada a la capital que lo hizo abandonar Jump City, así como del jodido misil que le lanzaron a la cara en pleno vuelo.
Le habló del secuestro de su compañero, de sus Quimeras heridas y la condición de Ileana.
Grifften apretaba los puños a medida que pasaba el tiempo, su mirada agudizándose y su mandíbula tensándose.
-¿Tienes idea de qué trama esa perra?
– le preguntó la teniente con un gruñido.
-Probablemente espera que pierda la cordura e intente atacarla a plena luz del día.
Esa mujer siempre ha querido ponerme un collar en el cuello y hacerme trabajar para ella.
-Y no harás algo tan tonto, ¿verdad?
– cuestionó Grifften con los ojos entrecerrados.
-Por supuesto que sí- Liam puso los ojos en blanco.
-¿Crees que voy a dejar pasar esta mierda?
Una cosa es que me haya hundido en este problema por mis malas decisiones, pero eso no justifica que personas inocentes paguen por las artimañas de una maldita loca manipuladora y conspiradora.
-…
Grifften quería argumentar que sería una muy mala decisión caer voluntariamente en la trampa, pero no pudo evitar admirar al chico por su sentido de la justicia.
Se dio cuenta que Hiruk- no – que Liam no estaba dispuesto a permitir que una mujer como Waller hiciera lo que quisiera sin consecuencia alguna.
Incluso si eso significaba convertirse en un villano.
Por supuesto, Liam no se refería a las víctimas ni los heridos, sino a Ileana, pero no se molestó en aclararlo.
-Liam, aunque me parece loable tu pensamiento, realmente no me gustaría ver cómo te arruinas la vida por tomar una decisión impulsiva.
Creo que deberías pensarlo mejor.
-¿Arruinar qué?
En este punto, debería tener unas cuantas cadenas perpetuas esperándome al final del pasillo.
¿Qué crees que he estado haciendo para Amanda Waller todo este tiempo?
– Liam se rio entre dientes, bebiendo lo último de su cerveza y levantándose, envolviendo sus vendas de nuevo en su rostro.
-Desde el principio, supe que esta mujer sería difícil de tratar, pero en aquel entonces no tenía la fuerza para defenderme de verdad.
No tenía más opciones que seguirle el juego.
Y de todas formas, no es como si no hubiera hecho algunos preparativos para cuando llegase el momento – murmuró esa última parte para sí mismo mientras le daba la espalda a la teniente.
-¿¡O-oye!?
– llamó Grifften, levantándose de su lugar y alcanzando al shinobi.
-No hace falta que te marches tan pronto.
Puedes pasar la noche aquí.
Es mejor no tomar decisiones apresuradas, Liam.
Al menos piénsalo por esta noche antes de hacer alguna tontería.
-No tengo nada que pensar, Audrey – dijo él, volviéndose a la teniente y llamándola por su nombre.
-Destruyó mi base, lastimó a mis bestias, secuestró a uno de mis socios y lesionó gravemente a mi amiga – su tono se volvió bajo al mencionar a Ileana, su mirada tornándose más triste de lo que Audrey Grifften jamás lo había visto.
-Ella ni siquiera quiere verme ahora.
Quizás no me necesita más.
Quizás sea lo mejor.
De todas formas, mi decisión es definitiva: Incluso si caigo, arrastraré a Amanda Waller conmigo.
-¡Oye oye, cálmate un poco!
– Grifften intentó sujetarlo, pero sus extremidades fueron envueltas por vendas blancas desde atrás.
Mirando por encima del hombro, encontró a otro Liam a su espalda, haciéndole un gesto de disculpa.
Mientras el verdadero se marchaba.
-Gracias por las cervezas, Audrey.
Y sobre todo, gracias por escucharme y creerme.
Realmente lo necesitaba – dijo el duplicado, retirando las vendas.
La teniente se volvió con un suspiro, caminando hacia la copia de Liam y abrazándolo repentinamente.
-Sé que no puedo hacer mucho por ti, pero recuerda que siempre puedes contar conmigo para lo que necesites – dijo ella con un tono suave.
-Lo aprecio.
De verdad lo aprecio.
Pero no debes preocuparte tanto.
No planeo morir en una búsqueda de venganza o algo cliché como eso – asintió el clon, separándose de la mujer y disipando él mismo la técnica.
Grifften se quedó sola en su apartamento, mirando la nube de humo dispersarse en el aire con una mirada solemne.
Ella tomó su chaqueta policial y salió de nuevo a las calles.
Ahora sí tenía una respuesta para el alcalde de Jump City y quería tener una conversación con él.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com