En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 168
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168: Revés 168: Revés ¿Qué era lo que convertía a los shinobi en tipos tan letales?
Quizás velocidad de movimiento.
Quizás Ninjutsu.
Quizás reservas de chakra o Linaje.
Pero en las etapas iniciales de Naruto, era la información.
Un enemigo cuyas habilidades y capacidades eran desconocidas podía ser una pesadilla en el campo.
El mejor ejemplo de ello son la pareja de inmortales de Akatsuki.
Ni siquiera para los espectadores es fácil clasificar su nivel de poder.
Por ejemplo, algunos ponen a Kakuzu en el nivel Kage, otros en el nivel Kage bajo, otros como un sólido Ninja clase S y otros incluso como un mero Jonin, aunque uno que es una artillería móvil de Ninjutsu.
Independientemente de eso, lo que hacía a esos dos tan peligrosos era la falta de información sobre sus habilidades.
Si no se conocía la condición de Hidan, quien lo enfrentara terminaría desgastándose.
Quien no conociera el Kinjutsu de Kakuzu, cometería un grave error de juicio, como atravesarlo con una hoja y considerar zanjado el combate.
El punto de todo era la información.
Aunque Liam obtuvo una plantilla shinobi, usaba armas shinobi y habilidades shinobi, él nunca se consideró uno.
Parecía y luchaba más o menos como uno, pero él no fue criado ni entrenado en ese mundo.
No compartía su mentalidad, ni en combate ni en otras áreas.
Él no era un shinobi de verdad.
Pero uno de los aspectos de esos shinobi que siempre cuidó con recelo fue la información.
Por eso tan pocas personas conocen su verdadero nombre, a pesar de haber vivido en este mundo por casi 17 años en este punto.
Casi nadie sabe cómo funciona su Ninjutsu y su chakra, e incluso Nezu e Ileana no son conscientes de muchas cosas.
Fue esta terrible falta de información lo que había detenido la mano de Waller durante los primeros años de su asociación.
Pero ella cometió un error.
Ella creyó que había visto todo sólo porque Zod jugó con Liam al gato y al ratón, y el albino se vio obligado a desatar Ninjutsu a gran escala.
Ella creyó que conocía su temperamento, enviando a Cheetah a darle una paliza a Ileana y dañar su amistad.
Ella creyó que había desvelado sus secretos, habiendo descifrado el truco de los clones y diferenciando aquellos que enviaban recuerdos de los que no, aquellos que podían alejarse bastante y los que no.
Ella creyó que su plan haría que Liam cometiera una estupidez y arremetiera con furia desenfrenada.
Bueno, no se equivocó en eso último, pero calculó terriblemente mal dos cosas, debido a la falta de información: El Sistema y la plantilla de Hiruko.
Específicamente, el inventario y una de las habilidades innatas de esa Plantilla de mierda.
Actualmente, tras dos semanas desde el ataque, Liam se encontraba en lo profundo de un Parque Nacional, sentado en el fresco suelo mientras un pergamino extendido dejaba salir una masa de carne retorcida.
Tejiendo los sellos correspondientes y moldeando el chakra según la estructura base que ya le era familiar, comenzó las reparaciones de sus Quimeras.
No iba a lanzarse a una refriega loca sin sus más leales aliados.
Detrás de él, la gigantesca figura de Zugan dormitaba en el bosque, los grandes árboles ocultando su masivo cuerpo de la vista.
Mientras moldeaba la carne y el chakra, un clon de sombra organizaba algunas cosas importantes en el inventario, todas relacionadas con asuntos confidenciales que definitivamente no deberían estar en manos de Liam.
En los últimos tres años, Liam había realizado una treintena de operaciones clandestinas y turbias bajo las órdenes de Waller.
Asesinatos en masa, en su mayoría.
Hizo volar un par de bases militares, tanto propias como de otras naciones.
Derribó aviones privados con gente importante y no muy buena, hundió cruceros en medio del océano, entre otras atrocidades.
Y sin que la perra lo supiera, Liam guardó cositas aquí y allí de todas y cada una de esas operaciones.
La mayoría eran grabaciones de ella ordenándole personalmente que cometiera tales actos.
Sí, el clásico truco del micrófono escondido.
Sólo funcionó gracias a la existencia del inventario, un espacio único y al que sólo Liam tenía acceso.
Más eficiente, rápido y sigiloso que los pergaminos de almacenamiento.
Lo único que lamentaba era no haber podido capturar el momento en que su asociación comenzó.
En cualquier caso, Liam tenía en su posesión tomas de vídeo y audio sobre muchas, muchas porquerías.
Eso no fue para encerrar a Waller en prisión.
Era para hundir su reputación después de matarla y asegurarse de que nadie martirizara a la perra.
Porque si el gobierno se negaba a hacer pública esta información por las buenas, Liam simplemente la soltaría a los medios y que el impacto no fuera suavizado para esos bastardos burócratas.
-Hmm, al final, tendré que elegir la ruta del antihéroe.
Creo que Clark lo entenderá una vez que se filtre toda esta basura- murmuraba el shinobi.
A pesar de todo, él no quería estar del lado malo de Súper Man.
El tipo le caía genuinamente bien y era bastante inspirador.
Y sobre todo, aún podría romperle la cara y echarlo en algún agujero con barras de acero de por vida.
¿Kryptonita?
Como si fuera tan estúpido.
¿Cuántos villanos intentaron la misma estrategia y fracasaron estrepitosamente?
En realidad Liam no lo sabía, pero asumió que llegaría algún punto en los cómics en que muchos supieran la debilidad del hombre.
Seguramente algunos idiotas más fuertes que él lo intentaron.
Mejor seguir manteniendo una buena relación con el tipo más duro de todos.
Pero antes de hacer cualquiera de esas cosas, Liam tenía que viajar a la otra costa.
Había una rata desgraciada cuyos crímenes nunca serían perdonados que necesitaba ser rescatada.
Uno de los problemas de los clones elementales, incluidos los clones de Acero, era que no podían acceder a todas y cada una de las técnicas del cuerpo principal.
Eso se reflejó en el hecho de que ninguno de sus Bunshin podía emplear el Kinjutsu Quimera.
Tampoco podían usar el Sello de Marioneta, no más allá de aplicarlo.
Ese fue el pequeño fallo que provocó la captura de Nezu.
Después de todo, por supuesto que Liam marcó a la rata.
Dos veces.
La primera vez fue, obviamente, cuando decidió dejarlo vivir y mantenerlo cautivo.
Habría sido más que estúpido permitir que un villano capaz de crear monstruos mecanizados vagara libremente por su casa mientras dormía.
La segunda vez, cuando Nezu cambió de cuerpo, fue por seguridad.
No para controlarlo, sino para tener un método efectivo de rastreo que ninguna tecnología podría bloquear.
**************************************************************** Lex Luthor fruncía el ceño con disgusto ante la falta de respeto que había sufrido.
Acababa de colgar una llamada con Amanda Waller, en la que la mujer tuvo la osadía de disculparse por no poder cumplir con su parte del acuerdo.
¿Ella pensaba que él era estúpido?
¿Creía que podía jugarle tan bajo y salir impune?
Había invertido una gran cantidad de dinero para montar el maldito espectáculo que la mujer pidió.
Los títeres fueron contratados, el plan trazado y sólo faltaban algunos detalles menores para asegurar que Súper Man no fastidiara a la mujer.
Pero entonces, Amanda llama y le informa que no pudieron recuperar ninguna maldita muestra, ningún maldito dato, ningún informe del laboratorio de la rata y el mocoso.
¿Cómo demonios puede alguien evacuar o destruir lo que debió haber sido una gran investigación en medio de un ataque?
Como si Luthor fuera a creer esa basura.
Como si fuera a quedarse de brazos cruzados ante semejante insulto.
Él dedujo que si Waller llegó a tales extremos de descaro fue por algún descubrimiento increíble.
Uno lo suficientemente valioso como para traicionarlo tan abruptamente.
Y eso sólo aumentó el valor de Nezu a ojos de Luthor.
No sólo de Nezu.
Pensó que bien podría apadrinar al pobre muchacho que Waller acosaba.
Podría extenderle la mano y sacarlo del aprieto en el que se encontrara.
Alguien capaz de hacer que Amanda Waller se interese tanto en él, capaz de hacer que ella lo traicionase, capaz de poner a uno de los Mercenarios más importantes del mundo de rodillas y de humillar a un gigante como HIVE, valía la pena tenerlo como subordinado.
-Tráiganme a la rata- ordenó a través de su comunicador.
Si iba a negociar con el llamado Hiruko, al menos debería intentar acceder primero a su colega.
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