En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 169
- Inicio
- Todas las novelas
- En el Universo DC con plantilla Shinobi
- Capítulo 169 - 169 Con La Cola Entre Las Patas
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
169: Con La Cola Entre Las Patas 169: Con La Cola Entre Las Patas Lady Gray perforaba la garganta de un pequeño mendigo con expresión aburrida.
La daga se hundió con normalidad, como si cortara una pieza de pastel.
El niño se estremeció, su pequeño y demacrado cuerpo tensándose ante el frío de la muerte.
Él gimió, pero Lady Gray lo ignoró.
Él convulsionó, pero Lady Gray sólo retiró la hoja y dejó que la sangre y la vida se le escaparan.
La mujer frunció los labios y se retiró, extrayendo la sangre del cuerpo y condensándola en un río carmesí que flotaba hacia ella.
No le gustaba comer al lado de los cuerpos, porque solían apestar a orina y heces.
Sus ojos escarlata brillaban en la oscuridad, su cabello levemente agitado por el viento y su nariz asaltada por la putrefacta esencia de una ciudad moderna, contaminada, rebosante de vida y químicos.
El polvo danzaba entre sus pies, ladrillos esparcidos por todas partes.
Chozas que a duras penas podrían llamarse un refugio, hogueras iluminando los alrededores, dando calor a la miserable turba que habitaba este barrio.
Lady Gray bebía de la sangre joven que acababa de saquear, su paciencia alcanzando el límite con el pasar de los segundos.
Ella escaneó los alrededores con sus sentidos, siempre atenta a una trampa.
Últimamente, no se podía confiar en nadie.
Tras unos minutos más, finalmente sintió la presencia imponente de cierto hombre.
Sus pasos lentos, tranquilos pero firmes, seguros.
Como si no temiera entrar a la cueva de los monstruos.
Deathstroke vino solo.
Un sólo hombre, en medio de una multitud de decenas de vampiros.
Varios pares de ojos brillaban en la oscuridad, siguiendo cada uno de sus movimientos.
El estoque destelló entre las sombras y el haz de luna que se colaba por los agujeros en los desvencijados muros.
La figura de la vampira apareció ante el mercenario, sus tacones resonando contra la piedra, sus labios formando una leve sonrisa, su arma fuertemente empuñada.
-La luna refleja la luz del sol – comentó Deathstroke con casualidad, rompiendo la creciente tensión en el lugar.
Lady Gray parpadeó, puso los ojos en blanco y después resopló.
-¿Es así como ligas con mujeres?
Esas mierdas sólo funcionan en la ficción, mocoso.
-Técnicamente, esa luz en la que te bañas ahora debería convertirte en cenizas o algo así – continuó el mercenario, ignorando la burla de la vampira.
-Habría hecho las cosas más fáciles.
Los ojos carmesí de Lady Gray brillaron peligrosamente.
El aire a su alrededor se espesó, invadido por una frialdad antinatural.
-¿Cuántas traiciones crees que llevarás a cabo antes de que tú seas el receptor?
– preguntó ella con desdén.
En cuestión de dos meses, Lady Gray había sido envuelta en un montón de giros y conspiraciones que, francamente, le disgustaron bastante.
No sabía para quien trabajaba Deathstroke, pero por la poca información que le dieron, estaba claro que pertenecía al gobierno.
Alguien que tenía un trato con Hiruko y que lo traicionó.
Alguien que trabaja con el gobierno, pero los traicionó, vendió a sus guardias, vendió civiles.
Alguien que le tendió la mano, la sacó del barro, sólo para volver a arrojarla.
¿Quién diablos pasaría por tanta mierda, y por qué?
-Eso no es asunto tuyo.
De todas formas, no vivirás para verlo- el mercenario se encogió de hombros, su porte tranquilo a pesar de las audaces palabras que dirigió a la líder de un grupo de monstruos sobrehumanos.
Frías intenciones asesinas salieron de la oscuridad, algunos ojos brillantes destellando con ira manifiesta.
Lady Gray dio un paso atrás.
No era tan estúpida como para lanzarse de frente contra Deathstroke, ya habiendo tenido una amarga experiencia con el hombre.
La tecnología de estos días era realmente peligrosa, y cualquier arma capaz de hacerle daño era una sentencia de muerte en manos de Deathstroke.
Así de letal era el mercenario.
-Es una pena que tus amos sean tan estrechos de mira.
Podríamos haber logrado muchas cosas- ella negó con la cabeza, haciendo un gesto con su estoque a los muchos pares de ojos que los rodeaban.
Incluso si no se le daba la comisión acordada, Lady Gray había ganado mucho de este acuerdo.
Ella obtuvo un respiro de la persecución de HIVE, su reputación escaló bastante tras el incidente de Jump City y obtuvo un montón de carne de cañón fresca.
Sólo necesitaba que sus lacayos distrajeran al hombre.
En cuanto apareciera una oportunidad, lo mataría, escaparía y se escondería un tiempo de HIVE y todos los demás grupos que intentaban darle caza.
Se había asegurado de vigilar las inmediaciones, destinando muchos de sus lacayos a esa tarea.
Lo último que quería era ser aplastada bajo una montaña por la mocosa geoquinética.
Pero estaba segura que Deathstroke no la trajo.
El hombre vino completamente solo.
-…
El silencio cayó en la vieja y vacía iglesia.
Una sensación de incomodidad, de hundimiento, rabia y un toque minúsculo de pánico cruzaron por el pecho de Lady Gray.
Sus ojos temblaron, sus movimientos se detuvieron.
Dos segundos, tres, cuatro.
Ni uno sólo de sus lacayos se movió.
-Es por estúpidos como tú que existen las traiciones- suspiró el mercenario, sacando un arma extraña que Lady Gray recordaba muy bien.
Una capaz de vaporizar a sus lacayos con sus descargas.
-¡Corra, Lady G- Uno de los sirvientes más antiguos de la vampira intentó advertirle, pero rápidamente fue abordado por muchos de los nuevos ascendidos a su alrededor.
Inmediatamente se desató una masacre en las sombras.
Once de los últimos fieles seguidores de la mujer contra docenas de ex-convictos convertidos recientemente.
Las pupilas de Lady Gray se encogieron, sus instintos advirtiéndole que se fuera, pero su furia gritándole que descuartizara a todos aquellos que osaron burlarse de ella.
Varias figuras se abalanzaron contra la mujer, intentando morder la mano que los sacó de la miseria.
Ella agitó su estoque, pulverizando la cabeza del primero en una lluvia de huesos y materia cerebral.
Con su mano izquierda detuvo en seco la carga de un segundo mientras su pierna derecha se convertía en un borrón, destruyendo sus rodillas con dos patadas rápidas e imperceptibles.
Sus garras se aferraron al rostro de otro atacante, arrancándole la piel de un tirón desdeñoso, sólo para hundir su estoque en el corazón, dejando un enorme agujero en el lugar.
Pero en menos de diez segundos tras comenzar la refriega, sus últimos fieles yacían esparcidos por todos lados, como si hubiesen sido atacados por hienas en lugar de meros lacayos de bajo nivel.
-¿¡Qué significa esto!?
¿¡Saqué sus patéticos traseros de ese agujero, les di fuerza y un propósito, y así es como me pagan!?
– chilló Lady Gray, un aura carmesí manando de su cuerpo y extrayendo la sangre derramada.
Una densa capa carmesí se agitaba a su alrededor, adhiriéndose a su cuerpo como una armadura.
-Kuku, de hecho nos diste fuerza, bella mujer.
Pero tus condiciones de trabajo son patéticas.
¿Por qué debería arrastrarme por las alcantarillas si tengo semejante poder?
– comentó uno de los grises, un asesino que se pudría en una jaula hasta hace un mes.
-Nada personal, criatura.
La otra parte simplemente ofrece un trato mejor- se encogió de hombros otro Gris.
-¿¡Un trato!?
¿¡Me traicionas a mi, tu Ama, por un trato!?
– espetó Lady Gray con incredulidad y rabia.
Otra vez, había fracasado.
Otra vez, le daban la espalda.
Otra vez, era impotente.
-Hmph.
No existen lealtades eternas, sólo intereses eternos- se burló otro Gris con aire de erudito, recordando mal algunas palabras que leyó en prisión.
Antes de que la vampira pudiera replicar, Deathstroke se movió con su arma cargada y lista.
Rápidas ráfagas de plasma con algún componente capaz de dañar a Lady Gray fueron escupidas en su dirección, obligándola a tomar acciones evasivas mientras el mar de Grises cargaba contra ella.
Los chillidos resonaron, la sangre voló y el estoque apuñaló sin cesar.
Aunque peligrosos y numerosos, los lacayos no podían igualar a Lady Gray ni en velocidad ni en fuerza.
Pero el problema para la dama era el mercenario.
Deathstroke no sólo era mejor combatiente.
Su fuerza no era ninguna broma, capaz de doblegarla.
Su velocidad de reacción era absurda y nada de lo que Lady Gray intentara podría sorprenderlo.
Sólo podía consolarse con el hecho de que su velocidad de carrera era superior.
Y fue exactamente eso lo que se vio obligada a hacer.
Con un estruendo y una explosión de astillas de madera, Lady Gray se abrió camino entre sus antiguos subordinados, huyendo con la cola entre las patas hacia la ciudad, escabulléndose en sus rincones más oscuros una vez más.
Por su parte, Deathstroke la dejó ir.
Él no hizo mucho para detenerla y no le importaba en lo absoluto.
Waller quería que sometiera a la mujer y se la llevara.
Él sabía que algunos lacayos cayeron en las manos de esa mujer la noche que fracasó en su misión de matar a Hiruko.
También sabía que la fuerza de esos lacayos era muy inferior a la de la fuente.
No dudaba que Amanda Waller quería usar a la vampira como una máquina para mejorar soldados…
Sus soldados.
Quizás incluso estudiarla y replicar lo que sea que la hacía una vampira.
A Deathstroke no le importaba un carajo lo que quería esa mujer.
Si no tenía cuidado, las cosas podrían salírsele de control más pronto que tarde.
Y en cuanto apareciera la oportunidad, él haría su movimiento.
***************************************************** Lamento la falta de actualizaciones.
El trabajo está en modo exigente y yo soy una obediente perra corporativa.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com