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En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 174

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174: Acorralado 174: Acorralado  “No eres un Héroe”.

Esas palabras tocaron una fibra sensible en Liam, más de lo que estaba dispuesto a admitir.

Él lo sabía.

Nunca tuvo la intención de convertirse en un Héroe de ese estilo.

Nunca se imaginó como un símbolo de esperanza para la gente.

Él sabía que no era tan puro.

No se embarcó en este viaje por un sentimiento de autosacrificio fuera de lugar.

Simplemente se dedicó a golpear maleantes en las calles porque era la forma más eficiente de mejorar sus habilidades, de hacer avanzar esa maldita barra de progreso que ahora le era tan inútil.

Lo hizo porque el Sistema, en el cual podía confiar en aquel entonces, se lo había sugerido.

Lo hizo porque aunque egoísta, no era un desalmado que podría ver a una persona siendo asesinada en los callejones e irse como si no pasara nada.

Lo hizo porque en algún punto tuvo la fuerza para hacerlo.

¿Bien, mal?

Esas cosas no le importaban.

Si se negó a ser el títere del Sistema, algo como el bien y el mal no iban a detenerlo.

Pero las cosas se torcieron en algún punto.

Ya no se trataba de las andanzas de un idiota con un Sistema en un mundo extraño del que apenas conocía algunas cosas.

Ahora las consecuencias de sus acciones venían una tras otra para morderle el trasero.

Peor aún, ahora personas cercanas a él se vieron involucradas.

Con un estruendo, la piel endurecida de Liam impactó y agrietó el tejado de un edificio.

El aire abandonó sus pulmones y el shinobi rodó varios metros, su estómago adolorido por el fuerte golpe de la maldita mujer que ya le había dado una paliza en el pasado.

Cheetah se incorporó con un salto animado, su sonrisa de oreja a oreja prometiendo una sesión intensa de garras y sangre.

-C O N E J I T O~ ella tarareó con diversión, acercándose con pasos lentos.

Su cola se retorcía de felicidad, sus colmillos expuestos y sus músculos tensándose, lista para explotar en velocidad y fuerza.

Liam no respondió.

No tenía nada que dedicarle a esta tipa.

No tenía ganas de combatir, no estaba mentalmente preparado para esto.

No podía vencerla.

Pero Cheetah no iba a complacerlo.

En un parpadeo, la mujer apareció ante él, propinando una bofetada con sus garras extendidas.

La tela se rasgó y la carne fue marcada, el rostro de Liam se sacudió violentamente y su cuerpo no tuvo más remedio que seguir el movimiento si quería preservar su cabeza.

Él fue arrojado a un lado, estrellándose con la plataforma de un tanque de agua.

La construcción se sacudió y las barras de hierro se doblaron.

Cheetah frunció el ceño.

La última vez, el conejito había sido más entusiasta.

Además, ella dejó medio muerta a esa debilucha que se supone era su amiga.

Eso le hizo recordar algo y una sonrisa más siniestra se dibujó en su rostro.

Mientras tanto, Liam sentía un incómodo ardor en un lado de la cara.

Esa sección de las vendas fue arrancada y el líquido se derramaba de tres surcos en su piel.

Antes de que pudiera incorporarse, Cheetah saltó sobre su abdomen, hundiéndolo varios centímetros en el suelo, el cual se agrietó a su alrededor.

-¡Hnggh!

– gimió el shinobi.

Su chakra se movilizó, listo para escupirle una llamarada a la maldita mujer, pero dos orbes familiares aparecieron en su vista.

Blancos y con un círculo negro, rodeado por un halo verde.

Cables húmedos los mantenían suspendidos, enrollados en los dedos de Cheetah.

Eran ojos.

Eran sus ojos.

Los ojos que él le había regalado.

-Debo decir, conejito, que esa mujer debió proponerte matrimonio después de que le diste esto.

Son bastante bonitos- se burló Cheetah, moviendo levemente los dedos, lo que hizo balancear los ojos de Ileana.

Esa fue la gota que derramó el vaso.

La ira inundó el corazón de Liam, reemplazando el miedo que le tenía a Cheetah.

No quería pelear.

No quería enfrentarla, no quería derrotarla.

Simplemente se enojó.

Cheetah sonrió al notar el aire gélido que desprendía el conejito, sus ojos carmesí brillando y la energía extraña pero refrescante de su cuerpo agitándose en oleadas.

Ahora sí empezaría la diversión.

Al menos para ella, pues dudaba que el conejito disfrutase de la velada.

****************************************  Más arriba, en la oficina de Lex Luthor, Nezu empezaba a sentirse más nervioso que cuando despertó en esa jaula de energía.

Él no sabía qué diablos había sucedido, ni quién fue tan rápida como para atropellar al mocoso de esa manera.

Según su experiencia, eran pocos los que podrían sorprender a Liam cuando se trataba de velocidad.

Y aquellos que lo lograron generalmente le daban una paliza.

-¿Nervioso por tu amigo?

– vino la fría voz de Lex Luthor, captando la atención de la rata.

-¿Amigo?

No bromees, niño rico.

Ese mocoso no es mi amigo- replicó Nezu, fingiendo indiferencia.

-Eso es bueno.

Las mentes brillantes no tienen tiempo para esas tonterías, después de todo- asintió Luthor, sentándose de nuevo en su escritorio.

Sus manos se juntaron debajo de su barbilla y sus ojos fríos evaluaron a Nezu.

Tras unos segundos de incómodo silencio, el hombre habló.

-Él no volverá.

Si Cheetah no lo mata por descuido, lo dejará inválido en el mejor de los casos.

Así que, “Nezu”, ya se acabó la hora de jugar.

Cuéntame todo.

Quiero saberlo todo, hasta el más mínimo detalle.

La rata guardó silencio un rato, procesando la información que acababa de recibir.

Recordó el nombre, recordó a la mujer que se quedó una noche en la Mansión.

Recordó que el mocoso le temía, aunque fingiera lo contrario.

-No tengo nada que contarte- respondió finalmente.

La expresión de Luthor se oscureció.

-Sabes, a diferencia de ese mocoso, fue mucho más fácil encontrar información sobre ti.

Ordené que se hicieran muchos perfiles en base a esa información.

En todos y cada uno de ellos, resalta una cosa: Tú jamás te sacrificarías por otra persona.

¿No vendiste a tu propia hija a la misma organización que te rechazó?

Me sorprende que aún intentes mantener este acto de lealtad para con ese mocoso- expresó Luthor, metiéndose con la mente de Nezu.

-Detente, niño rico- advirtió la rata, su tono monótono adquiriendo un toque de resentimiento.

-¿O qué?

En lugar de lanzar amenazas vacías, deberías considerar tu posición ahora mismo: Estás a mi merced.

Ya no tienes la protección de Hiruko, que francamente no es la gran cosa.

Alguien cuya base fue destruida y saqueada, alguien cuyos aliados fueron raptados y apaleados no puede tener tanto valor a tus ojos como para llevarte sus secretos a la tumba…

O las de tu hija y nieta- replicó el hombre, enviando una ola de sentimientos complejos a la rata.

-No las metas en esto, Lex Luthor.

No terminará bien para ti- dijo Nezu, apretando los dientes.

-¿Él es más importante que tú?

¿Más importante que ellas?

– devolvió Luthor.

Con un gesto, las puertas se abrieron una vez más y dos hombres entraron, arrastrando a la rata fuera de la oficina.

Nezu no se resistió.

No tenía armas, no tenía fuerza.

Estaba totalmente indefenso.

-Estarás bajo el cuidado de mis hombres esta noche.

Si no obtengo lo que quiero al amanecer, mañana mismo será el turno de Elizabeth y Clara White.

Con esas palabras, Luthor desapareció de la vista de Nezu.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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