En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 175
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- Capítulo 175 - 175 No Eres Un Héroe 2
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175: No Eres Un Héroe 2 175: No Eres Un Héroe 2 Una conflagración de llamas rugió a los pies de Cheetah.
La mujer se movió rápidamente, evitando por poco la embestida de un naciente dragón de fuego escupido de la boca del conejito.
La construcción mística ascendió a más de veinte metros, serpenteando el aire antes de descender de nuevo, sus ojos artificiales clavados en ella.
Poderoso, llamativo, claramente doloroso, pero demasiado lento.
Cheetah se difuminó en el lugar, un leve rastro de polvo como muestra de que se había movido y no desaparecido.
Ella zigzagueó varias veces, confundiendo al conejito que apenas y podía seguirle el ritmo.
Con un leve gesto de su mano, el conejito desató una onda extraña que distorsionó el aire y que se disparó en su dirección.
Cheetah no evadió.
Ella continuó su marcha, apartando con un gesto de desdén lo que sea que hubiera enviado su oponente.
Para su sorpresa, el impacto fue lo suficientemente fuerte como para ralentizar su avance un segundo, segundo que el conejito aprovechó para correr él mismo hacia ella con una acumulación de su energía mística en su mano.
Los instintos de la mujer le advirtieron que no sería buena idea ser golpeada por esa cosa, por lo que se propuso a participar en un juego de atrápame si puedes con el conejito.
-¡Já, casi me tienes!
– se burló ella, torciendo su cuerpo y saltando sobre el pequeño shinobi, esquivando apenas la esfera giratoria que buscaba impactarla.
El conejito no respondió.
Pocas veces lo hacía.
Continuó su persecución en un frío silencio, sus ojos carmesí destellando frustración y repulsión.
Cheetah no sabía si le gustaba más así, o si prefería ver miedo.
Quizás esto primero y el miedo después.
Ambos combatientes se movían a altas velocidades, abandonando el tejado y saltando sobre otros edificios a lo largo de la ciudad, una mancha amarilla y una blanca, con la gigante bestia de fuego persiguiéndolos sobre sus cabezas.
¿Pensaba él que iba a atraparla con esa cosa?
¿Que podría distraerla y quemarla?
Para demostrarle la diferencia entre ellos, Cheetah decidió pinchar al conejito, literalmente.
Asegurándose de mantener una velocidad ligeramente superior, la mujer entraba y salía del rango de ataque del shinobi, usando un sólo dedo para perforar su carne en varios puntos.
Ella apuñaló sus brazos, sus piernas, su torso.
No penetró ningún lugar vital porque quería seguir jugando.
Con cada punzada, el conejito apretaba los dientes, negándose a gemir de dolor.
Eso fue estimulante.
Bolas de agua, relámpagos y peligrosos ataques que distorsionaban el aire fueron disparados contra ella, pero Cheetah no fue alcanzada por ninguno.
Con un estruendo, el conejito impactó su esfera de energía contra otro tejado, provocando una explosión de escombros y polvo que lo ocultó momentáneamente de la vista.
Cheetah sonrió con suficiencia, pudiendo olfatear la formación de dos conejitos más, uno crepitante y otro que le dejó un sabor metálico en la lengua.
Tonto conejito, aún creía que podía engañarla con esas copias.
Más ataques de viento con un centro de vacío salieron disparados contra ella.
Esos pequeños ataques eran bastante mortales, por lo que Cheetah no se atrevió a dejar que la impactaran.
Una cosa que le gustaba del conejito era que, a pesar de ser más débil y lento que ella, aún tenía posibilidades de lastimarla.
Ya lo había hecho dos veces en el pasado, ambas por descuido de ella.
Recordar esa ocasión en que fue impactada por un rayo en su pecho le hizo fruncir el ceño.
Decidió cobrar esa humillación ahora.
Tomando una postura baja, ella tensó sus músculos y liberó la energía acumulada, agrietando el suelo bajo sus pies y cargando a una velocidad incluso mayor que antes.
El conejito con olor a metal se interpuso en su camino, sus manos juntas en esos extraños gestos y con las mejillas hinchadas.
Una intensa ráfaga de viento la azotó, volviendo a ralentizar su carga.
Las garras de sus pies se clavaron en el hormigón, impidiéndole salir despedida.
Pero la otra copia aprovechó la oportunidad, saltando a la ráfaga para estrellarse contra ella.
Cheetah se maldijo por cometer un error tan tonto.
A veces olvidaba la absurda variedad de magias que el conejito podía desatar.
Sin más remedio, apretó los dientes y se preparó, sabiendo lo que iba a suceder.
Efectivamente, en cuanto la otra copia chocó con ella, su cuerpo explotó en una crepitante energía eléctrica que le hizo gruñir levemente.
Odiaba la electricidad.
Solía dejarle un mal olor en el pelaje.
Pero lo que Cheetah no esperaba era que la ráfaga de viento volviera a golpear con más fuerza.
Debido a la posición del conejito de metal con el original, ella no pudo captar el olor de las otras copias que se abalanzaron contra ella, y mantener la vista al frente era complicado con tales vientos.
Impactos invisibles y consecutivos la azotaron, acompañados por cuchillas de viento que laceraban su piel.
Durante un segundo, miró en la dirección de la que venían los vientos, encontrándose cara a cara con otro conejito crepitante.
No, no crepitante.
Éste se sentía diferente.
Se sentía más peligroso.
Las alarmas sonaron en su cabeza y la mujer retrajo sus garras, saltando hacia atrás.
El conejito ante ella explotó también, pero no en electricidad como el anterior, sino en plasma ardiente.
Ese era un Clon de Tormenta.
Y mientras era arrastrada por la técnica de viento y sin posibilidades de de cambiar de dirección, una lluvia de balas de aire de vacío se dirigía a su encuentro a la vez que el dragón de fuego descendía con un rugido.
Ella notó el brillo de anticipación en los ojos del conejito.
No pudo evitar sonreírle, exponiendo sus colmillos.
******************************************************* “No Eres Un Héroe”.
Esas palabras todavía resonaban en lo profundo de su ser.
Liam había pasado por una tormenta de emociones en un muy corto período de tiempo.
Se había enfadado, se había decepcionado, se había entristecido, se había resignado.
Nunca lo admitiría, pero casi se le escapan las lágrimas mientras dejaba atrás a Ileana en esa habitación de hospital.
Su estado de ánimo no se estabilizó por la charla con Audrey Grifften, ni por la nueva meta que tenía.
No se calmó por el deseo de venganza contra Amanda Waller, ni por el vacío en su pecho debido a las palabras de Ileana.
No fue por su fuerza de voluntad, no fue por su resiliencia, no fue por sí mismo.
Simplemente se embriagó en la claridad y frialdad mental que le proporcionaba la Plantilla a su Psique, como un alcohólico que recurre a las botellas, como un adicto que busca esa sustancia que le permite escapar de sus problemas.
Ese estado mental que le permitía luchar sin temor.
Ese que le daba la agudeza de batalla que su yo común nunca podría desarrollar, habiendo crecido más de la mitad de su vida en un mundo más pacífico, sin nunca haber estado en una confrontación real.
Eso que a él le gustaba llamar “Modo Hiruko”.
Pero ni toda la claridad, ni la frialdad o racionalidad con que operaba su mente en ese Estado podrían eliminar la agitación dentro de él.
Sólo la enconaba, la revolvía, desestabilizándolo más.
Del mismo modo, esas emociones conflictivas y reprimidas a la fuerza entorpecían su claridad shinobi, entorpecían sus sentidos de batalla.
Fue por eso que bajó la guardia de una manera estúpida cuando Cheetah se vio envuelta en un ataque de balas de vacío y una explosión de llamas.
¿Creyó Liam que un simple Jutsu de estilo Fuego iba a matarla?
Claro que no, pero tenía confianza en las balas de vacío.
Esas cosas no eran para jugar.
Sin embargo…
Lo que siguió fue una sucesión incomprensible de rugidos, gruñidos, garras, dolor y sangre.
Para cuando Liam se dio cuenta, se encontraba rodando entre las calles de Metrópolis, estrellándose contra varios automóviles, sus vendas empapadas en sangre y sus músculos ardiendo de dolor.
El aire le faltaba, la carne le picaba, los huesos vibraban y la cabeza le daba vueltas.
Un parpadeo y una Cheetah con el pelaje humeando saltaba a su hombro, clavando sus colmillos en la carne y el hueso, haciéndole gritar de dolor.
Al segundo siguiente, era zarandeado de lado a lado, como una presa atrapada en las fauces de un depredador.
Su cabeza fue estampada contra una pared, todo su cuerpo ennegrecido con la Liberación Acero como último recurso para no convertirse en pasta.
Él rodó, se arrastró, se estrelló, se levantó y volvió a ser derribado.
Una mano con garras se colocó en su espalda, retorciendo su carne en un agarre férreo.
Liam fue levantado sobre la cabeza de Cheetah, expuesto como un premio, sus extremidades temblorosas y colgando, su rostro con una expresión de resignación, sus ojos carmesí apagados, mirando el cielo nocturno con desgana.
No era que no tuviera fuerzas.
Aún las tenía.
No era que no tuviera chakra.
Aún tenía para desatar un festival de Ninjutsu.
No era que su cuerpo estuviera severamente dañado.
Cheetah sólo jugaba con él.
No lo dejó hecho trizas.
El problema no yacía en el cuerpo.
Liam simplemente estaba agotado.
Él estaba harto.
******************************************* Lo siento Liam, te quiero we, pero el desarrollo debe ser progresivo, en fases.
No se pasa de la mediocridad a la superación en unas páginas.
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