En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 176
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- Capítulo 176 - 176 No Eres Un Héroe 3
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176: No Eres Un Héroe 3 176: No Eres Un Héroe 3 “No Eres Un Héroe”.
Esas palabras dichas por Lex Luthor eran algo que Liam detestaba.
No por el hombre mismo, sino por lo que representaba para él.
Esas palabras ya las había oído.
No de un oponente, no de un villano.
Esas palabras se las dijo aquel que debió haber sido su más grande y confiable compañero en este mundo.
Y Liam sintió que, quizás, no estaba tan equivocado.
Quizás Luthor no estaba equivocado.
Quizás Amanda no estaba equivocada.
Quizás fue él quien se equivocó.
Una persona común y corriente, un niño mimado cuya vida nunca presentó verdaderas dificultades, criado en un hogar completo, funcional, con valores cotidianos y simples, jugando al justiciero en una tierra hostil y peligrosa.
¿Por qué lo hizo?
Ni siquiera él mismo estaba seguro.
Pudo haber sido bondad.
Pudo haber sido conveniencia.
Pudo haber sido ese deseo innato de revelarse contra su propia naturaleza.
Su nueva naturaleza.
Sea cual sea la razón, sus decisiones lo llevaron a donde estaba ahora.
Una vez se prometió nunca arrepentirse de sus elecciones, y aún intenta mantenerlo, pero las constantes malas pasadas, pérdida tras pérdida, empezaba a hacerlo flaquear incluso en eso.
-¿Hmm?
¿Qué pasa, conejito?
¿Ya no quieres jugar?
– preguntó Cheetah desde abajo, sus garras clavadas en la espalda del shinobi, la sangre de su cuerpo descendiendo en finas líneas carmesí por su brazo chamuscado.
Cada leve movimiento le dolía.
Cada segundo de ser suspendido de esta forma le dolía.
Cada respiración le dolía.
Pero Liam no gimió.
No hizo ademán de reconocer las oleadas de dolor que lo recorrían, ni se molestó en responderle a la mujer.
Escuchó a Cheetah chasquear la lengua antes de arrojarlo a un lado como si fuera basura.
Liam cayó como un saco, inmóvil, sin intenciones de levantarse de nuevo.
No tenía sentido.
No podía vencerla, no podía defenderse.
Sus Jutsu eran demasiado lentos, su fuerza insuficiente, su habilidad inferior, sus reacciones torpes en comparación y su mente no estaba en el estado más óptimo.
Su única salida era correr, de nuevo.
Pero no quería hacer eso, no más.
Toda su vida había huido de batallas que no podía ganar.
Lo hizo en ambas vidas.
Huyó de las confrontaciones en su escuela, huyó de sus sentimientos en la adolescencia, huyó de sus responsabilidades en la Universidad.
Huyó de su dedo dorado como transmigrante, huyó de las misiones que le exigía, huyó de su naturaleza como Hiruko.
Una naturaleza que no era suya, pero que todo el maldito mundo parecía insistir en que era la correcta.
Se condenó a sí mismo a un progreso absurdamente lento durante años, todo porque se negó a convertirse en lo que una estúpida pantalla le decía que debía ser.
Porque se negó a ser un villano, porque se negó a hacer el mal.
Las cosas por aquel entonces no eran tan malas.
Pero cuando los problemas vinieron, Liam volvió a correr.
Huyó de Amanda Waller, huyó de su responsabilidad por el homicidio de un hombre “justo”, a ojos de la sociedad.
Cuando Él lo convenció de hacer lo correcto, Liam creyó haber encontrado un cierre.
Pero entonces vino ese extraño trato fuera de lugar.
Ahora, en retrospectiva, Liam estaba seguro que incluso eso fue orquestado por Waller.
¿De qué otro modo conseguiría él, un don nadie y un asesino, una oportunidad de oro como la que se le ofreció?
¿Vagar libremente en una ciudad y combatir el crimen?
Demasiado bueno y conveniente para ser verdad.
Pero en su estupidez, se lo creyó por completo.
Podría haber continuado su vida.
Podría haber ejercido sus funciones como “Héroe” en paz, cumpliendo su condena como es debido y ahorrándose todo este problema.
Pero la tentación fue demasiada.
Como un cobarde, se refugió debajo de la falda de Waller, convenciéndose de que estaría libre de culpa siempre y cuando trabajase para alguien más, siempre y cuando no fuera su voluntad asesinar.
Nuevamente, Liam huyó de algo.
Pensó que era más listo, pensó que había encontrado una falla para explotar y obtener beneficios.
Sólo se trajo dolores de cabeza, problemas y …
Esto.
Un ronroneo bajo se escapaba de la garganta de Cheetah.
La mujer desprendía satisfacción y deleite de sus poros, su sonrisa saciada y su cola vivaz.
Se miraron el uno al otro.
Cheetah vio falta de voluntad.
Vio resignación, vio debilidad.
Eso la llenó de estímulos, como si acabara de completar un proyecto importante.
Liam vio su reflejo en los enigmáticos ojos de la mujer.
Le disgustó muchísimo.
Débil, frágil, cobarde.
No era un protagonista, no era un shinobi, no era un guerrero, no era un sobreviviente.
No era un Héroe.
Pero tampoco quería morir.
Él forzó su mente a entrar en ese estado de calma y frialdad.
Se obligó a reprimir sus emociones de nuevo.
Se obligó a no ser Liam.
Cheetah notó el cambio en su mirada y sonrió más ampliamente, sentándose a horcajadas sobre el shinobi y estampando un puñetazo en su cara.
-¿¡Todavía te resistes, Conejito!?
– escupió ella, dándole otro puñetazo.
Cuando notó el ennegrecimiento de su piel, aumentó la potencia de sus golpes, ya consciente de que esa era la señal de su endurecimiento.
Puñetazo tras puñetazo aterrizaron en el rostro de Liam, cada violenta sacudida mareándolo más, sus dientes traqueteando y algunos saliéndose de sus encías, danzando dentro de su boca.
-¿¡No ibas a levantarte!?
¿¡No querías luchar de nuevo!?
– continuó llamando Cheetah, su emoción creciendo a medida que la resistencia de su oponente se desvanecía.
Tras otra ronda de fuertes impactos, ella se detuvo, su pecho agitándose rítmicamente, el aliento cálido escapándosele de la boca en jadeos, más por la excitación que por el cansancio.
Contempló la figura derrotada y magullada del conejito, su rostro horripilante incluso más feo que cuando comenzaron la pelea, su cabeza echada a un lado, sus ojos carmesí sin apenas brillo, mirando en otra dirección, a la nada misma.
¿O no?
Curiosa, Cheetah se volvió en la dirección en que miraba el shinobi.
Encontró a un hombre y un niño, atrapados dentro de un auto que en algún punto de su pelea se volcó.
El hombre, presumiblemente el padre del infante, abrazaba a su hijo y le cubría los ojos.
Eso hizo que Cheetah pensara en algo.
-Hmm, creo que me llevaré un recuerdo, conejito~ tarareó ella, su mano acercándose a los orbes carmesí de Liam.
Ya se había llevado los ojos de una.
¿Por qué no los del otro?
En ese momento, una pantalla gigante que desprendía chispas y se balanceaba a varios metros de altura se desprendió de su lugar, en curso de colisión con el auto donde yacían el hombre y el niño.
Cheetah, por supuesto, lo ignoró.
Pero Liam, cuyos ojos miraban a los del hombre, reaccionó por instinto.
Él extendió su brazo rápidamente, las vendas cobrando vida y disparándose como tentáculos, interceptando las piezas que caían y cambiando su curso.
Cheetah se congeló, confundida por la inútil acción del shinobi.
El hombre se sobresaltó, sin saber que acababan de salvarle la vida y la de su hijo.
Liam suspiró internamente, lágrimas cuyo origen no pudo precisar formándose en sus ojos.
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