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En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 177

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177: Mi Camino 177: Mi Camino  ¿Es estúpido el concepto del Héroe?

¿Pasado de moda?

¿Aburrido, simple?

Liam habría dicho que sí en cualquier otro momento.

¿Por qué poner en peligro tu integridad por personas que no conoces?

¿Consumirte, desgastarte y lastimarte por preservar la estabilidad de una sociedad desagradecida?

El concepto del Héroe no era más que ficción, entretenimiento para vender un producto.

No era real, no era plausible.

Nadie estaría dispuesto a tirar su vida a la basura, a menos que sus seres queridos estuviesen en la línea.

Eso había sido así en su viejo mundo.

Pero ya no estaba en su viejo mundo.

Eso había sido así cuando sólo era una persona más del montón, una gota de agua en un océano.

Pero ya no era una simple gota de agua.

Él vino a un mundo diferente, uno peligroso, en el que personas sin poderes salían a las calles para enfrentar verdaderas amenazas que una vez consideró sólo tinta en un papel.

Y él tenía poder.

No era abrumador de ningún modo, no era especial.

Pero era poder.

No era un Héroe.

Esa afirmación era cierta.

Pero no se necesita de un Héroe para hacer el bien.

No se necesita un Héroe para ayudar a quien lo necesita.

No se necesita un traje, ni un historial limpio.

Él, una persona con sangre en sus manos, acababa de salvar dos vidas.

No le convenía, no lo beneficiaba, no le daría ventaja, ni lo sacaría del aprieto en el que estaba.

¿Por qué lo hizo entonces?

Liam, cuyo pecho empezaba a latir con más fuerza, cuya sangre empezaba a bombear más rápido, no tenía una respuesta para eso.

La claridad se desvanecía, pero podía pensar.

La frialdad se calentaba, pero podía racionalizar.

Su psique perdía la agudeza de batalla, la serenidad, pero aún podía levantarse y luchar.

-Eso fue estúpido, Conejito- se burló Cheetah, sacudiendo la cabeza con decepción e incredulidad.

Ella volvió a moverse, su mano dirigiéndose a sus ojos con la intención de llevárselos.

Su chakra se movió de nuevo, extendiéndose a sus palmas, las cuales permanecían pegadas a sus costados, apretujadas entre las piernas de la mujer y su propio cuerpo.

El tiempo pareció moverse más lento, miles de pensamientos inconscientes pasando a través de la mente de Liam, una multitud de emociones hasta ahora reprimidas a la fuerza por su uso adictivo a ese aspecto que tanto odiaba de su nueva naturaleza.

Él no intentó sellarlas de nuevo.

No intentó negarlas o reprimirlas.

No intentó volver a su Modo Hiruko.

No quiso volver a luchar como Hiruko.

Él no era Hiruko, él no era su plantilla, ni lo que el Sistema le dijera que podía ser, ni lo que Luthor o Amanda pensaran que podía ser.

-Liam- dijo, provocando que Cheetah detuviese su movimiento de nuevo.

Ella arqueó una ceja.

-Yo soy Liam- reafirmó el shinobi, todavía inseguro, todavía temeroso de esta mujer.

-¿Está bien?

– ella ladeó la cabeza, pensando que, quizás, el conejito se había roto.

De repente, una onda de energía agitó su cabello y levantó polvo y guijarros en sus inmediaciones.

Un sabor familiar y crepitante llegó a la nariz de Cheetah.

Sus pupilas se contrajeron y su mano salió disparada al rostro del shinobi.

Valiéndose de una mezcla de Liberación de la Tierra y Liberación Veloz, Liam alteró el terreno debajo de ellos, permitiéndole moverse ligeramente a un lado, evitando por muy poco que Cheetah clavase sus garras en su cuenca.

Un surco sangriento se abrió camino a un lado de su ojo, arrancándole hebras de cabello y desatando una pequeña explosión de escombros cuando la mano se estrelló en la calle.

Liam encendió su chakra de nuevo, formando rápidamente nubes de tormenta que los bañaron a ambos en una intensa corriente.

Los espasmos de la mujer le hicieron aflojar su agarre y Liam pudo liberar uno de sus brazos, fundiendo sus dedos en una única púa de Acero que rápidamente apuñaló el abdomen de la mujer.

La incómoda posición le impidió reunir suficiente fuerza, pero aún así pudo perforar la carne.

La corriente eléctrica usó el cuerpo de Liam y su mano metálica para adentrarse en el cuerpo de Cheetah, lo que la obligó a saltar lejos del shinobi.

Apretando los dientes por el dolor y sacando nuevos vendajes de su inventario, Liam aprovechó el respiro para volver a cubrir su cuerpo.

Las múltiples perforaciones que Cheetah dejó en su cuerpo pronto empezarían a pasar factura y no necesitaba salir de esta situación sólo para terminar cediendo a una infección más tarde.

Mientras su cuerpo oculto por las nubes de tormenta era abandonado por las pocas vendas que aún tenía y era cubierto por las nuevas y limpias, Liam tejió sellos manuales a gran velocidad.

Clones de Elemento Veloz distorsionaron el aire, disparándose en dirección a la mujer que empezaba a cargar de nuevo.

Cheetah los abatió a todos, resistiendo cada impacto de energía cinética pura con una mirada que oscilaba entre la emoción y la frustración.

Al mismo tiempo, un discreto Kage Bunshin fue a sacar al hombre y al niño que permanecían atrapados en el auto.

Liam no quería que se vieran envueltos en su pelea.

Una vez cambiado, el shinobi disparó lanzas de relámpago contra la mujer, retrocediendo ante sus brutales cargas capaces de convertir su Liberación Acero en basura.

Delante de ellos, otros dos Kage Bunshin se aseguraban de despejar el camino.

Cheetah se dio cuenta que Liam intentaba llevarla a otra ubicación, pero decidió seguirle el juego.

Vientos huracanados, arcos de relámpago, llamaradas ardientes y dragones de agua se desataban en las calles de Metrópolis mientras la persecución se reanudaba.

Liam usaba constantemente Liberación Veloz para poder reaccionar a los asaltos absurdamente rápidos y letales de Cheetah.

Etiquetas explosivas atadas a kunai que sus clones lanzaron provocaron ondas de choque que lo ayudaron a cambiar su trayectoria en el aire, salvándole un par de veces se recibir una garra en los ojos.

Sus Bunshin también azotaban el aire con un huracán de vendajes reforzados, entorpeciendo la marcha de la mujer y dándole tiempo al cuerpo principal de crear más distancia.

El corazón de Liam martilleaba en su pecho, el sudor insistía en colarse en sus ojos, el miedo amenazaba con hacerle tropezar y cometer un error.

Él le temía a Cheetah.

Sabía que no ganaría con fuerza bruta, ella era más fuerte.

Sabía que no lograría ganarle con velocidad, ella era más rápida.

Sabía que no la derrotaría con técnica, ella era mejor combatiente que él.

Su Ninjutsu era demasiado lento y por cada golpe que lograba asestarle, ella le devolvía diez.

Sin embargo, no iba a rendirse.

Ya no iba a huir.

-¡¡Deja de huir, Conejito!!

– bramó Cheetah, propinando un corte a lo largo del brazo del shinobi, ignorando de nuevo sus defensas.

Él frunció el ceño a la mujer, pero no respondió.

Su carrera continuó hasta que finalmente alcanzaron la ubicación que deseaba.

Con un Shunshin, Liam saltó y se escabulló entre los árboles de un enorme parque.

Una zona más o menos libre de personas a esta hora de la noche, y lo más importante, sin concreto que entorpezca su Doton.

Porque, por supuesto que Liam había ideado algunas tácticas en caso de volver a encontrarse con Cheetah.

Y el Doton era la base de toda su estrategia.

Una que probablemente no le de la victoria y que incluso estando en su Modo Hiruko descartó como inútil.

Pero su mente ya no operaba con fría lógica ni reprimía sus emociones de esperanza, coraje y resolución.

La lógica no siempre podía regir las acciones de uno.

Liam lo había estado haciendo hasta ahora, y las cosas se torcieron para mal.

Ya no más.

No más correr, no más huir.

No más dependencia de un aspecto maldito de una naturaleza maldita, de una plantilla maldita, de un sistema maldito.

Era su vida.

Era su decisión.

Era Liam.

-¿¡Por qué te distraes, Conejito!?

¿¡De repente ya no me tomas en serio!?

– rugió Cheetah con rabia, estampándole una patada en el pecho que lo hizo vomitar sangre y lo envió a estrellarse con un árbol, sacudiendo todo el tronco y astillándolo.

Él rodó por el suelo, con tierra metiéndosele en la boca y mezclándose con su sangre y saliva en una masa repugnante.

Pero él se levantó de nuevo con una sonrisa irónica dirigida a la mujer, a ese muro que aún no podía superar.

Sí, esta era su decisión.

Este era su camino.

Era hora de asumir la responsabilidad por sus acciones, por sus errores.

Era hora de dejar de huir.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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