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En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 179

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179: No Más 179: No Más  Nezu observaba la figura inconsciente que estaba postrada en la cama del hospital.

Los médicos se agitaban de un lado a otro, las máquinas emitían chillidos ininterrumpidos, los líquidos se derramaban, una nueva vida lloraba.

El hombre no cambió su expresión en ningún momento, como si no le importase en lo más mínimo.

Pero internamente, algo dentro de él se rompió.

Un dolor agudo, uno que ninguna medicina podría aliviar.

Un hundimiento en el pecho que ninguna fórmula podría explicar.

Una sensación de pérdida que ningún descubrimiento o avance podrían reemplazar.

Él parpadeó y de repente ya no estaba en ese hospital, ni en un cuerpo humano.

Ahora estaba atado a una mesa de laboratorio, con figuras enmascaradas taladrando su cuerpo y su cabeza, separando partes, enviando oleadas de dolor físico que casi le hacen perder la consciencia.

Sus defensas internas luchaban contra la invasión digital que intentaba arrebatarle el control, mientras sus defensas mentales luchaban contra el dolor y las drogas que lo hacían ver alucinaciones.

No pudo evitar encontrar la amarga ironía en toda esta situación.

Se preguntaba si las bestias a las que utilizó estarían regodeándose de su sufrimiento.

Se preguntaba si la mujer que lo dio todo por él y cuyas expectativas traicionó tan espectacularmente estaría satisfecha con su destino.

Otro parpadeo, y la escena cambió.

Se encontraba en su escritorio, trazando esquemas, tomando notas y posibles rutas alternativas para sus compuestos químicos.

Una pequeña mano tiraba de su bata, tratando de llamar su atención.

Él la ignoró.

Siempre lo hacía.

Cuando el tirón cesó, Nezu ladeó la cabeza y miró por encima del hombro, apenas divisando la silueta de su abatida hija salir por la puerta.

Ahora mismo, no deseaba más que salir tras ella y arrodillarse, abrazarla y pedirle perdón.

Pero no hizo eso.

En su lugar, se volvió y continuó trabajando, perdiéndose en las fórmulas y las ideas, dejando tras de sí las pocas cosas que aún tenían valor.

Parpadeó una vez más, reapareciendo en la mesa donde lo desarmaban poco a poco y de la forma más dolorosa, exigiendo respuestas a un sin fin de preguntas.

Nezu se negó a hablar.

No entendía del todo el por qué hacer algo tan extraño, tan antinatural para él.

Hiruko…

Liam, no era su amigo.

No eran tan cercanos.

Él era su enemigo, su captor.

Él destruyó sus inventos, aniquiló los resultados de una década completa de investigación y se los entregó al gobierno.

Lo obligó a permanecer en un putrefacto cuerpo que apenas y le permitía caminar.

Parpadeó por cuarta vez.

Ahora se encontraba en una Mansión que no le pertenecía, haciendo cálculos estúpidos para crear una plataforma que le permitiera alcanzar las cajas de galletas en la cocina.

Tenía un cuerpo de rata otra vez, y sus mecandritas eran muy cortas.

De repente, una sombra se abalanzó sobre él, una lengua empapándolo en saliva y unos colmillos muy peligrosos rascando la parte superior de su cabeza.

Sus párpados temblaron y la rata le disparó un par de ráfagas de láser al perro maldito, ahora encogido hasta el tamaño de una persona.

Dojin, que aún no podía hablar en ese momento, saltó con una agilidad desconcertante, evadiendo los disparos y batiendo su cola, golpeando una de las cajas de galletas y derribándola de su lugar.

El perro se escapó, dejando a Nezu atrás con la caja tirada en el suelo y la cabeza empapada en saliva.

Con una sarta de maldiciones, la rata tomó las galletas y se escabulló.

Parpadeó y regresó a la tortura, frunciendo el ceño.

Decidió dar el beneficio de la duda y buscar otra memoria antes de soltar la sopa.

Parpadeó por quinta vez.

Ahora se encontraba en su base subterránea, estudiando al voluminoso Zugan mientras parecía danzar sobre las paredes con esas pezuñas gigantescas.

La bestia se sostenía sobre una única pata, girando sobre sí mismo como un idiota mientras los dos perros le explicaban el funcionamiento del chakra y cómo lo usaban para sus hazañas que desafiaban toda lógica.

En algún momento, Ileana apareció junto a ellos, llevando una bandeja con bebidas y arrastrando una gigante con toneladas de carne para las bestias.

La rata, la bruja y las Quimeras bebieron y comieron, charlando tranquilamente.

Una sensación de normalidad se instaló en el pecho del científico.

Familiaridad, entendimiento mutuo.

Camaradería.

Nezu se sintió incluido.

Sintió pertenencia para con ese grupo tan extraño.

En un borrón de movimiento, el pequeño y descarado mocoso apareció entre el grupo, tomando una bebida también y sentándose junto a ellos.

Nunca lo diría.

Nunca lo admitiría.

Pero Nezu estaba genuinamente agradecido con él.

Agradecido por conocerlo, por traerlo a su lado.

Por darle un hogar de verdad y una familia de verdad.

Parpadeó una vez más, pero el escenario era diferente.

Seguía en el laboratorio, pero ya no lo torturaban.

Había temblores y notó destellos de láseres volando en algún lugar cercano pero que no podía precisar.

Sintió que lo levantaban, alejando las agujas malditas y desconectando los cables que invadían su cabeza.

Apenas pudo ver un pecho formidable, envuelto en una tela azul con una forma, o quizás una letra, roja en el centro.

Palabras de consuelo fueron dichas, pero él no las escuchó del todo.

Su vista se volvió borrosa, distorsionada y ondulada, sus sistemas luchando por determinar qué estaba sucediendo.

Permaneció así un tiempo indefinido.

Pudo haber sido un segundo o una hora.

Cuando volvió en sí, fue depositado en una bandeja, sobre una cama de hospital.

Debido a la orientación de la bandeja, sus ojos captaron la figura inconsciente y bastante jodida de cierto albino.

Una punzada de culpa cruzó su pecho.

Ese idiota terminó así porque fue a buscarlo.

Si se hubiera abstenido de cosas tan inútiles, no lo habrían apaleado tanto.

Pero, al mismo tiempo, se sintió feliz de saber que, a pesar de todo, alguien en este mundo podrido llegaría a tales extremos por él.

Con tales ideas vomitivas, en su opinión personal, cruzando su mente, Nezu se permitió ceder ante el agotamiento y su visión se volvió oscura.

Esta vez no hubo recuerdos, pero no le molestó.

***********************************************************  Lady Gray se escabullía de una manera muy humillante entre callejones y alcantarillas, temerosa de ser rodeada y capturada por el mercenario.

Aunque habían dejado de perseguirla hacía unas semanas, ella sabía que suspirar de alivio y actuar libremente sería su fin.

Como depredadora, a menudo jugaba de este modo con sus presas.

Conocía muy bien el riesgo de asumir que estaría a salvo.

Sería muy difícil para ella estar a salvo en estos momentos.

Deathstroke y quien sea para quien trabaje.

HIVE y sus inagotables recursos, así como los rivales de esa estúpida organización que una vez la apoyaron y ahora querían su cabeza.

Estaba rodeada de enemigos y no le quedaba un solo aliado.

El pensamiento la hizo apretar los dientes con frustración.

Era fuerte, era peligrosa, uno de los depredadores más temidos del mundo en una época anterior, y sin embargo aquí estaba, escondiéndose como un insecto, temerosa de cada movimiento en las sombras.

¿Temer ella a las sombras mismas?

¿Cuándo fue que cayó tan bajo?

Las venas se hincharon en su frente y sus uñas se clavaron en sus palmas, los puños temblando y la ira burbujeando violentamente en su interior.

-¡¡MALDITA SEA!!

– rugió a la oscuridad, lanzando un puñetazo con todas sus fuerzas a la pared de las alcantarillas.

Pero para su sorpresa, no impactó el concreto sucio y baboso que esperaba.

De hecho, no impactó nada en lo absoluto.

Llevada por su propio impulso, Lady Gray perdió el balance y se hundió en la oscuridad, reapareciendo un instante después en la superficie, en un callejón desconocido de Jump City.

-¡Tsk, perfecto.

Ahora no sólo apesta a una chupasangre, sino también a mierda!- se quejó una voz femenina con desdén a sus espaldas.

Las pupilas carmesí de la vampira se encogieron y giró grácilmente sobre sus pies, desenvainando su estoque y ejecutando una puñalada veloz.

Sin embargo, su fuerza fue disminuyendo rápidamente así como su impulso, como si atravesara un líquido extremadamente denso.

Para cuando se dio cuenta, estaba rodeada e inmovilizada por una neblina verde, la cual se aferraba a su arma y su cuerpo, presionándola desde todas direcciones con bastante fuerza.

Ella dirigió su mirada al frente, encontrándose con una mujer familiar, con marcas de cortes en su rostro y vendas negras que cubrían sus ojos, de los cuales emanaba un brillo verde intenso.

A su lado, una criatura sobrenatural cuyas facciones no podía identificar, vestida con gabardina y sombrero a juego de color marrón.

-¿Tú eres…

La puta de Hiruko, no es así?

– preguntó con esfuerzo, intentando deshacerse de lo que sea que la atara al lugar.

-Y tú eres la puta de la sangre.

Es todo un disgusto volver a verte, asquerosa vampira- saludó Ileana con una mueca.

-Ahem, damas damas, por favor.

Esta reunión es para negociar algunas cosas de suma importancia- interrumpió la figura de negro y gabardina con un tono jovial, como si le divirtiera el intercambio.

-…

¿Qué quieren de mi?

– cuestionó Lady Gray tras unos segundos.

No podía liberarse y más niebla se arremolinaba a su alrededor.

Ella sabía que esa cosa podía explotar en llamas extrañas y letales.

Si bien no la matarían tan fácilmente como a sus lacayos, la dejarían en muy mal estado.

-¡Hmph, Void, encárgate tú!

Hazlo rápido, o podría derretirla por accidente- la mujer advirtió, su tono desdeñoso.

Lady Gray sintió que, más que una pelea desesperada, un severo dolor de cabeza se le venía encima.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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