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En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 18

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18: El Mejor Día 18: El Mejor Día  —Está bien, amigo mío.

Estarás bien— consoló John a su vehículo, acariciando el tacómetro.

Había logrado deshacerse del enano albino hacía una hora, junto a la multitud de policías que seguían molestándolo.

El ataque eléctrico pareció dañar a su motocicleta más de lo que ella quería admitir.

Mientras reflexionaba sobre eso, su vista se posaba en el oscurecido cielo, la luz del día abandonando la ciudad lentamente.

Se acercaba la hora.

John podía sentirlo.

El día terminaría, y su aventura se iría con él.

—¡Coff, coff!— tosió incontrolablemente.

Se cubrió la boca rápidamente, sangre manchando sus guantes negros.

El vehículo pareció retorcerse, acunando fuertemente sus piernas insensibles.

Pequeños sarcillos sintéticos se extendieron, apoyando su muñeca en un gesto de apoyo.

John retiró el casco, deseando tomar aire fresco.

La fría brisa que anuncia la llegada de una tormenta acarició su cabeza rapada y su rostro sin cejas, su piel pegada a los huesos y de tono enfermizo.

—Je, vamos, amigo.

Sigamos corriendo.

Lo más rápido que nadie haya hecho jamás.

Corramos tanto como Flash— alentó a su motocicleta.

A su pedido, el motor en ralentí rugió una vez más, listo para continuar corriendo.

John se colocó el casco y la motocicleta aceleró, saltando del tejado donde se escondían.

***********************************  Liam había extendido cinco clones de agua en múltiples direcciones, tratando de localizar al loco de la motocicleta.

Durante la segunda parte de la persecución, tuvo que lidiar con un montón de conductores que perdieron el control y casi se estrellan contra muros, otros vehículos, gente y establecimientos.

Las patrullas, en lugar de ayudar, sólo estorbaban, ya que Liam tuvo que salvar sus traseros también.

Los bloqueos no funcionaron.

El tipo simplemente conducía por las paredes y evitaba las barricadas policiales.

Sus neumáticos también parecían ser a prueba de púas, y ni siquiera los kunai y shuriken pudieron desinflarlos.

Tuvo que ser creativo en su accionar.

La velocidad y la fuerza shinobi no iban a resolver todos sus problemas.

Necesitaba dejar de llenarse la cabeza con superioridad ante los no meta humanos de este mundo o nunca progresaría.

Así que recurrió al sistema y gastó un poco de dinero en un par de artículos insignificantes, pero necesarios para esta ocasión.

Una explosión al oeste captó su atención.

La señal de que el Mizu Bunshin en esa dirección encontró al fugitivo.

Liam entró de nuevo en su modo Hiruko, su chakra moviéndose con mayor intensidad en su cuerpo.

Activó otra etiqueta explosiva para alertar a los demás clones de agua.

A diferencia de los kage bunshin, los mizu bunshin no recibían ni compartían recuerdos al dispersarse, por lo que tuvo que arreglárselas con este método rudimentario.

La alcaldía tampoco le proporcionó comunicadores extra para que compartiera con sus clones.

Quizás debería agendar algunos la próxima vez.

Sus clones atendieron al llamado, moviéndose en formación, manteniendo un cerco de una cuadra de ancho.

Aunque no podían usar Liberación Veloz, aumentar su velocidad con chakra era algo básico.

Y no necesitaba la Liberación Veloz para su plan.

—Justo a tiempo— sonrió.

Una serie de bombas de humo explotaron en las calles alrededor de la cuadra que era el cerco.

La policía había bloqueado esas rutas, no por el motociclista, sino por los civiles.

Un ruidoso motor se acercó, evitando las calles cubiertas de humo y tomando la ruta que Hiruko quería.

Los Mizu Bunshin hicieron uso de su reserva de kunai y shuriken, bombardeando al motociclista desde varias direcciones.

Como esperaba, el tipo evadió los proyectiles con destreza, pero no se atrevió a subir a las paredes, donde sus clones corrían lo más rápido que podían para seguirle el ritmo.

Por su parte, John estaba desconcertado.

De repente había humo y explosiones en las calles, y el molesto albino se había convertido en cinco molestos albinos, atacándolo con esas armas arrojadizas.

—O-oye, sácanos de aquí amigo.

Tengo un mal presentimiento— le pidió a su motocicleta.

El vehículo respondió acelerando más.

De repente, apareció un papel extraño flotando tranquilamente a varias decenas de metros delante de John.

Con la velocidad que llevaba, lo alcanzó en unos segundos.

Justo cuando pasaba por un lado, el papel se encendió en llamas y explotó.

La onda expansiva desequilibró la motocicleta por un momento.

Y al atravesar la nube de polvo, los ojos de John se abrieron.

Justo en frente había un niño, en medio de la calle.

—¡NO NO NO NO NO!— gritó desesperado, usando toda su fuerza para desviar el rumbo.

Pero era demasiado tarde.

Un grito agudo salió de la boca del niño y un segundo después, un sonido húmedo acalló el chillido infantil junto a una sacudida del vehículo.

John había pasado por encima del chico.

—¿Q…

Qué he hecho?— pensó con un sudor frío recorriendo su espalda.

El corazón, que hasta ahora había estado latiendo con emoción, pareció detenerse.

La motocicleta se movía bruscamente, evitando el asalto implacable de los cinco albinos, pero los ojos de John sólo podían ver la mancha oscura que se esparcía por la calle a través del espejo retrovisor.

—Detente…— murmuró en voz baja.

El vehículo no reaccionó a su pedido esta vez y John se repitió.

De nuevo, no hubo respuesta.

Los labios de John temblaban y sus manos sudorosas se apretaron más.

—¡ALTO, ALTOOOO!— gritó, presionando los frenos delantero y trasero, pero no se detenía.

Empezó a agitarse y finalmente obtuvo una respuesta.

La estructura de la motocicleta se deformó, abrazando con más fuerza sus piernas y aprisionando sus manos en su lugar.

El corazón de John finalmente sintió miedo.

—¡Ayuda, AYUDA POR FAVOR!

Hiruko vio la desesperación del conductor y sus sospechas se confirmaron.

El hombre era un prisionero de esa cosa.

—Lo siento, amigo.

Esto te va a doler un poco— se disculpó en voz baja por lo que estaba apunto de suceder.

Uno de los Mizu Bunshin, que corría más adelante de la motocicleta, lanzó un kunai con papel explosivo adherido.

Hiruko, que esperaba al final de la calle junto a una copia de sí mismo, vio con expresión tranquila cómo el vehículo se desestabilizaba una vez más.

Esta era la oportunidad que buscaba.

Hiruko y su clon corrieron en dirección contraria, como si intentasen colisionar con el vehículo.

Antes de entrar en contacto, saltaron a lados opuestos, sus manos sosteniendo finos cables metálicos.

Una red de cables bloqueaba la calle, atada a las farolas que estaban a ambos lados.

El vehículo entró en la red y un instante después, Hiruko y su clon de sombra encendieron su chakra, electrificando el cable que sostenían.

Un chillido bestial y otro humano se superpusieron al crepitar de la electricidad.

Fragmentos se derretían de la motocicleta, lo suficiente como para liberar al hombre montado en ella.

En un parpadeo, el kage bunshin apareció junto al hombre, sosteniéndolo por la muñeca y arrojándolo fuera del lugar, dispersándose un segundo después por la corriente eléctrica.

Hiruko atrapó al hombre, su indumentaria quemada y brotando humo.

Se volvió al vehículo extraño, que se retorcía, perdiendo su forma de motocicleta en el proceso.

Una masa amorfa de material desconocido se extendía en todas direcciones, a modo de tentáculos.

Hiruko no estaba dispuesto a caer en el cliché de observar como un idiota la transformación del jefe final.

Dejó al hombre en el suelo y tejió sellos manuales.

Raiton: Gian.

Una lanza de rayos salió disparada hacia la monstruosidad, impactando de lleno y provocando más chillidos agonizantes.

Por cuestiones de seguridad, Hiruko lanzó otra falsa oscuridad.

Finalmente, la cosa se desvaneció en el aire, igual que los fragmentos desprendidos anteriormente.

—Uff, ¿Quién hubiera imaginado que la planificación sobrepasa la fuerza bruta?

Perdóname, Shikamaru, te he fallado— murmuró Liam con un suspiro.

*********************************************  —Todo está bien ahora, John— dijo una voz juvenil.

John se sentía desorientado, su cabeza daba vueltas y el cuerpo le dolía.

Abrió los ojos y se encontró en una cama de hospital que conocía muy bien.

—Yo…

¿Qué pasó?— preguntó mientras se volvía a su acompañante.

Un chico delgado, con el torso, brazos y la mitad inferior de la cara vendados.

Cabello blanco y ojos carmesí.

En el respaldo de la silla pudo ver una especie de chaqueta blanca…

Sus ojos se abrieron e intentó sentarse de golpe, pero sus piernas inservibles y el dolor abrasador se lo impidieron.

Hizo una mueca, pero ningún sonido salió de su boca.

No podía.

No después de lo que había hecho.

—L-lo siento…

¡Hic!

Yo lo maté, Yo lo maté, yo…— lágrimas empezaron a caer de sus ojos y su voz se quebró.

Sí, él había matado a un niño.

—¡Hey, hey, tranquilo!

No has matado a nadie— se levantó Liam de su silla intentando calmar al moribundo hombre.

La verdad del asunto es que nunca hubo un niño en esa calle.

Fue parte del plan de Liam para desmoralizar al tipo y comprobar si era un sociópata.

En realidad era un Mizu Bunshin bajo un Henge.

Tomó cerca de 10 minutos y una demostración en vivo para tranquilizar a John.

—Y…

¿Cómo hiciste el truco de la sangre?— preguntó con timidez.

Todavía le costaba aceptar tal cosa, pero había estado conduciendo por paredes durante todo el día, así que podía creer en este Hiruko.

—Tomates— fue la respuesta inexpresiva.

Los hombros de John temblaron unos momentos y después empezó a reír a carcajadas.

Liam compartió una sonrisa, aunque no era visible bajo las vendas.

Tras un momento, interrogó a John.

—Dime ¿Cómo te hiciste con esa cosa?

John ladeó la cabeza, pensando durante varios segundos.

Se encogió de hombros y habló.

—No tengo idea.

Todo lo que recuerdo es que veía las noticias del Súper Héroe Flash y deseé con todo mi corazón poder moverme así de rápido- dijo mientras señalaba sus piernas inmóviles.

John era un paciente de cáncer e inválido.

Tenía una cirugía prevista dentro de un par de días de la que podría no salir con vida.

—Bueno, al final no hubo heridos, a excepción de mi, pero eso es parte de mi trabajo— comentó Hiruko, quitándole importancia al asunto, al menos externamente.

—Lo siento de nuevo…

Eres increíble, por cierto— dijo John, haciendo que Liam se congelase por un momento.

El hombre en la camilla continuó.

—Quiero decir, eres bastante veloz.

No como Flash, pero estoy seguro que Flash no puede crear copias de sí mismo y usar esas vendas como látigos.

Eres un Súper Héroe admirable.

El silencio invadió la habitación, pero no de incomodidad.

Liam no pudo decir nada más.

Asintió a John y se volvió hacia la salida.

Miró por encima del hombro antes de irse y habló.

—Espero que haya sido un gran día para ti.

John sonrió y murmuró para sí mismo después que Hiruko saliera.

—El mejor día.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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