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En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 183

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183: La Bruja, La Vampira Y El Demonio 2 183: La Bruja, La Vampira Y El Demonio 2  Walter nunca hubiera imaginado que su vida aburrida y corriente se habría torcido de formas tan extrañas.

El hombre cualquiera, de clase media y esclavo corporativo demandado por su esposa y cuyo hijo fue arrebatado de sus manos, ahora viajaba en un automóvil de dudosa procedencia, con una mujer peligrosa de largos colmillos y ojos carmesí recostada en su regazo.

Frente a él, un ente cuyo rostro no podía distinguir y que antes pensaba que era un anciano conducía con soltura, como si fuera natural entre los entes sobrenaturales capaces de invocar demonios.

En el asiento del copiloto, una mujer con magia de fuego bastante aterradora y sin ojos comía papitas, meneando su cabeza al son de la música que sonaba en la radio.

-Dime, humano.

¿Por qué jugar al justiciero?

Con tus habilidades podrías haberte hecho rico asaltando a algunos idiotas pomposos o algo así.

Nadie lograría identificarte si usaras esa otra forma tuya- preguntó la vampira con curiosidad.

Walter tragó saliva por muchas razones.

Él miró de soslayo a la mujer, quien mantenía los ojos cerrados y las manos detrás de la cabeza, indiferente al nerviosismo que sentía el hombre.

Cada poro de su cuerpo mortal le advertía del peligro, mientras las criaturas en su interior burbujeaban con un incesante deseo de pelear con ella.

-Bueno…

Eso es porque tengo algo por lo que luchar.

Algo que ni todo el dinero del mundo podría darme- respondió evasivamente.

Lady Gray abrió uno de sus ojos, sus pupilas destellando insatisfacción por la vaga respuesta.

Walter suspiró internamente.

-Mi poder no me pertenece.

Todo ello proviene de las criaturas que él colocó en mi cuerpo- comenzó Walter, asintiendo en dirección a Void.

-Son violentas, sanguinarias.

Siempre tienen una necesidad abrumadora de causar caos.

Pero es mi cuerpo y, bueno, yo no quiero causar caos.

Así que combatí esos impulsos…

Me aferré a aquello que más aprecio.

Si planeaba reunirme con él, si planeaba verlo una vez más, no podía hacerlo sin controlar a estas cosas- Walter miró a Void con expresión compleja, pero el ente sólo ladeó la cabeza, sonriendo—probablemente— a las palabras del hombre.

-¿Hmmm, así que juegas al héroe para aprender a controlar esos demonios y poder encontrarte con tu persona especial?

Eso es intenso- comentó Lady Gray.

Walter sonrió, su mente viajando a los recuerdos de cuando descubrió este problema que pudo haber acabado en una tragedia para él.

No era que Walter se hubiera dado cuenta de esto.

No lo hizo.

Por aquel entonces era un hombre casi sumido en la completa locura.

Simplemente fue salvado por una misteriosa mujer mágica.

Conversaron largo y tendido.

Walter lloró, se arrodilló y le agradeció por sacarlo de la locura, mientras ella lo interrogó sobre los orígenes de sus circunstancias.

Él le contó toda la verdad.

No tenía motivos para ocultarle cosas.

Fue a través de aquella conversación que supo el riesgo de buscar a su ex-esposa e hijo sin antes controlar las criaturas en su interior.

También se enteró de que ella conocía un poco sobre él, pues Hiruko le había pedido lo encontrara.

No para capturarlo, ni para matarlo, sino para ayudarlo.

-Lo siento, Walter, pero hiciste un contrato que yo no puedo romper.

No puedo retirar esas entidades de ti sin matarte en el acto- le había dicho la mujer.

Walter no la culpó.

Él fue quien se metió en ese lío.

Agradeció a la chica mágica y emprendió su propio camino en la búsqueda del control.

No fue hasta el incidente en Washington, cuando Walter volvió a ver a Hiruko en las noticias, que la idea de usar sus habilidades para algo mejor echó raíces.

El hombre lo pensó, lo consideró y se convenció.

Si algún día quería volver a ver a su hijo, quería que éste se sintiera orgulloso de él.

Que lo admirase.

Walter no seguiría el camino del mal ni la destrucción sin sentido como le sugerían las entidades en su interior.

Él viviría su vida a su manera, bajo sus propios términos.

-¡Oye, deja de ignorarme, humano!

– reprendió Lady Gray con una mueca, sobresaltando a Walter.

-¿¡Eh!?

¡D-disculpa, estaba pensando en algunas cosas!

-¡Hmph!

Como sea, te pregunté por esas cosas que nadan en tu interior.

¿Qué clase de habilidades te otorgan?

-Deja de molestar al pobre hombre, puta chupasangre.

No es de tu incumbencia qué puede y qué no puede hacer- reprendió Ileana con voz aburrida.

-Nadie pidió tu opinión- comentó Lady Gray con el mismo tono.

La moldava respiró profundamente, buscando la paz interior y fallando en encontrarla.

-Mira, lamprea asquerosa, la cosa va así: Tú no eres quien dirige este grupo, no das las órdenes ni tienes autoridad.

Eres la excusa que necesitamos para llamar la atención del pequeño ejército de engendros que le regalaste a la otra ramera, nada más, nada menos.

La temperatura pareció descender en el automóvil, lo que hizo que Walter se tensara.

En especial cuando el hermoso rostro de la vampira se retorció de una manera antinatural y él tuvo que presenciarlo segundo a segundo.

-Pequeña brujita, no sé cuál es tu maldito problema conmigo ni me importa, pero hay un límite que estoy dispuesta a tolerar y estás a punto de cruzarlo.

Controla tu pequeña boca o perderás más que los ojos.

El silencio cayó sobre los presentes, la tensión aumentando con cada segundo.

Void dio un suspiro interno mientras Walter sintió que, quizás, se equivocó al subirse a este vehículo.

-¿Es eso así?

Pero esta vez no tienes una gata que haga la tarea que tú no te atreviste a hacer.

No te atreviste a atacar la base mientras ÉL estuviera presente, ni tuviste las agallas para buscarme a mí en persona.

Tus amenazas no tienen valor, vampira – replicó Ileana con bocanadas de niebla manando de su cuerpo.

La sed de sangre de la vampira aumentó, sus colmillos y garras creciendo lentamente.

-Y para que lo sepas, chupasangre, tú no eres relevante para mí.

No eres relevante para nadie y probablemente nunca lo hayas sido en toda tu miserable existencia.

Simplemente me disgustan los de tu tipo y algún día espero limpiar esta tierra de ustedes, plagas- sentenció Ileana con dureza.

A diferencia de lo que Walter y Void esperaban, Lady Gray no explotó.

La mujer se paralizó en su lugar, su mirada furiosa desapareciendo por completo, reemplazada por una expresión plana.

El brillo en sus ojos se apagó y la agresividad se retiró.

-Yo no pedí convertirme en esto- dijo en un tono más bajo y volvió a cerrar los ojos.

Ileana no pudo evitar mirar por encima del hombro, más por reflejo que por necesidad.

Void continuó conduciendo en silencio, su mente analítica deduciendo muchas cosas con la información que ya tenía y esta última declaración.

Walter tuvo el impulso de acariciar la cabeza de la mujer, pero el temor le ganó y no hizo nada, quedándose torpemente en su lugar, sirviéndole como almohada a la vampira.

Nadie volvió a hablar hasta varias horas después.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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