En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 186
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- Capítulo 186 - 186 Perturbaciones En El Camino 2
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186: Perturbaciones En El Camino 2 186: Perturbaciones En El Camino 2 -¡Mierda mierda mierda mierda!
– murmuraba Ileana con los pensamientos desordenados, la respiración agitada y un intenso sentimiento de malestar, incongruencia e incomodidad.
Era repulsivo, era espeluznante, paralizante.
Había algo entrando y saliendo de su “visión”, como si saltara entre este plano y otro de una forma enfermiza, ajena a todo lo natural.
No podía estar segura si era más aterrador “verlo” aparecer o desaparecer.
Lo primero la horrorizaba, lo segundo la inquietaba porque no podía predecir de dónde surgiría.
-¡Muévete!- chilló Lady Gray, su velocidad de movimiento muy superior a la de la moldava.
Ella chocó con Ileana, desestabilizando su agitada carrera y haciéndola tropezar.
Ileana rodó por el suelo, los guijarros lastimando sus heridas de aquella batalla con la mujer gato, pero el dolor la ayudó a reaccionar justo a tiempo.
Por acto reflejo, instigado por una sensación abrumadora de fatalidad, ella convocó su niebla y la encendió a su alrededor en un segundo, iluminando los alrededores con furiosas llamas verdes.
Lady Gray se volvió al notar la luminosidad a su espalda, encontrándose con una escena tan fascinante como desalentadora.
Una criatura humanoide, esbelta y con un tono de piel similar al de una persona.
Tres largos dedos ocupando sus manos, un cuello delgado y de una longitud ligeramente superior a la media.
Lo suficiente como para dar una sensación de incomodidad, pero no tanto como para poder descifrar dónde estaba el error.
Y su cabeza…
Sólo había dos orificios en el centro de su cara, de los cuales goteaba una especie de líquido amarillento.
Sin ojos, sin boca, sin cejas, sin orejas, sin cabello.
Sólo presenciarlo hizo que la vampira se marease con el estómago revuelto y los sentidos embotados.
Esa criatura estaba de pie a unos centímetros de Ileana, dentro de la conflagración de llamas viles, pero no parecía recibir daño alguno.
La bruja y la vampira presenciaron en estupefacción absoluta cómo la criatura inhalaba el fuego más mortal que conocían, aspirándolo con avidez a través de los agujeros en su rostro.
De pronto, el escalofriante ser humanoide movió su delgada extremidad en dirección a Ileana mientras aún absorbía el fuego por su aparente nariz.
La abrumadora sensación de peligro inundó a Ileana una vez más, paralizando sus acciones conscientes de nuevo.
Pero su mecanismo de defensa tenía otra herramienta para defenderse a su disposición.
Si la respuesta de lucha no funcionó, entonces sólo quedaba la huida.
Una fuerza telequinética envolvió a la moldava y la lanzó lejos del ente.
Ileana voló por los aires, su expresión petrificada debido a la indeseada cercanía con la criatura.
Su mente se negó a interpretar la información que recibía de sus sentidos, lo que terminó por bloquearla temporalmente.
Por su parte, Lady Gray salió de su estupor cuando el cuerpo de Ileana se le venía encima.
Para sorpresa de ambas mujeres, aunque la segunda reaccionó más tarde que la primera, Lady Gray atrapó a la moldava y echó a correr de nuevo.
La vampira usó todas sus fuerzas, alejándose lo más rápido que pudo de aquella abominación que continuaba consumiendo el fuego vil como si fuera un manjar.
****************************** Estar frente a un depredador.
Esa era la sensación con la que Walter podía racionalizar lo que le provocaba la presencia que lo rodeaba siniestramente.
Elevándose a una altura de más de dos metros, un cuerpo bastante delgado pero sin llegar a ser esquelético, extremidades superiores que casi tocaban el suelo, y un aura de intimidación como ninguna otra.
Void podría haber sido desconcertante.
Lady Gray peligrosa.
Pero esta cosa le daba miedo.
Un miedo crudo y puro, primario.
No era miedo a salir herido, ni miedo a morir.
Iba más allá, era más complejo.
Le temía porque no lograba comprenderlo.
Era antinatural, como si estuviera presenciando un error que no debería existir.
Sus sentidos más humanos le advertían que corriera.
Su nariz no captaba olor alguno, sus oídos no escuchaban, sus ojos dolían cada vez que lo miraba, pero si apartaba la mirada, un escalofrío le erizaba la piel y el miedo lo obligaba a no perderlo de vista.
Las entidades en su cuerpo no estaban mucho mejor que él.
Walter sintió cómo se retorcían y agitaban, el pánico motivando sus acciones en lugar de la violencia.
No querían pelear, no querían derramar sangre.
Querían huir.
Walter no quería quedarse, pero la idea de darle la espalda y quitarle los ojos de encima lo aterrorizaba aún más.
No pudo hacer más que quedarse quieto, congelado en su lugar.
La criatura dio un paso al frente, aparentemente sereno pero destellando esa inmensa presión que no era poder bruto, sino intimidación.
Como todo lo demás, su paso no hizo sonido alguno.
El viento no soplaba, los insectos no chillaban.
Nada perturbaba la escena, pero Walter sólo se sentía más y más incómodo.
El hombre pareció entrar en trance y para cuando volvió en sí, ante sus ojos estaba una siniestra palma con sólo tres dedos a punto de cerrarse en su cara.
La fuerza lo abandonó, la respuesta de lucha u huida no fue decidida y su respiración se cortó en el acto.
Su mente no pudo formular un sólo pensamiento coherente.
¿Súper fuerza, velocidad superior, poder demoníaco?
No se le ocurrió nada de eso.
No pensó en nada.
Simplemente se quedó allí, paralizado.
-¡¡NO!!- gritó alguien de repente, una voz ligeramente distorsionada y familiar.
Una que Walter conocía y despreciaba, pero que le hizo darse de cuenta de algo obvio, algo fundamental: El dueño de esa voz no era una criatura natural…
Y Él tampoco.
Forzando la salida del poco poder que con tanto esfuerzo había aprendido a controlar, Walter hinchó su cuerpo con energía demoníaca y rápidamente retrocedió.
Su respiración era agitada y sintió que el corazón se le salía del pecho, pero el debate interno entre lucha y huida finalmente tuvo un ganador: Luchar.
-¡Combate el miedo, si logras superar la sensación puedes derrotarlos!- advirtió Void en pánico, huyendo desesperadamente de una tercera criatura.
Mirar a la cosa humanoide correr con movimientos tan extraños casi hizo vomitar al hombre, pero se negó a paralizarse de nuevo.
Walter forzó su mente agitada a controlarse y pensar con claridad.
Entre la intensa incomodidad y la repulsión, se dio cuenta de otra cosa.
Sí, esos monstruos daban mucho miedo.
Sí, despertaban algo en él, y en los demonios en su interior, que los hacía rechazarlos por instinto, negando por completo su existencia y provocando un bloqueo en su psique.
Sí, estaba a punto de orinarse encima.
Sin embargo, ya había sido golpeado por una de esas cosas, y no sufrió mucho daño.
No eran tan fuertes, solamente aterradores.
Eso apenas era un consuelo.
-¿¡Por qué no nos sacas!?
– le gritó a Void mientras la carne antinatural era sacada a la fuerza, envolviendo su cuerpo en un material que intentaba asemejarse a las vendas de cierto shinobi.
-¡Si no lo hago es porque no puedo, tarado!- replicó Void, saltando y rodando por el suelo en una pobre ejecución de movilidad.
El usuario de oscuridad se enredó en el giro que casi completó, cayendo de espaldas y dejándose completamente expuesto a la criatura de pesadilla.
Por suerte para él, extensiones de carne pálida viajaron como un rayo, enrollándose en su pierna y tirando de su cuerpo con brusquedad.
-¿¡Tiene eso algo que ver con el hecho de que no puedo usar mis habilidades!?- cuestionó el hombre a medio transformar.
Incluso su carne demoníaca que antes luchaba por salir ahora se aferraba a su interior con desesperación, negándose a ayudarlo en esta maldita pelea.
-Walter, nadie sabe qué son esas cosas, sólo que existen y que son depredadores de casi todo con lo que se encuentran.
Y, en cierto mo- -¡¡AAAAHHH!!
– gritaron Walter y los demonios en su cuerpo, interrumpiendo la explicación de Void.
Un segundo después, el ente de oscuridad se les unió con su propio chillido de pavor.
¿La razón?
Las criaturas cargaron contra ellos de repente.
Movimientos extraños, que parecían imitar el cómo correría una persona.
El Valle Inquietante se agitó salvajemente, los escalofríos los recorrieron como si fuera una corriente y sus esfínteres se apretaron.
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