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En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 188

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188: Dos Damas 188: Dos Damas  Serpientes crepitantes surcaron el cielo, bañando la vasta extensión de tierra virgen con fugaces destellos de luz.

Estruendos retumbaron a lo largo del paisaje, mientras vendavales furiosos agitaron la lluvia de un lado a otro, convirtiendo el que debió haber sido un amanecer tranquilo en una tormenta descomunal.

Gotas de lluvia danzaban sin rumbo fijo, impactando desde arriba y los lados una pared de un verde casi transparente que rodeaba a las dos únicas personas en transitar esta carretera abandonada por Dios.

Un repentino rugido bajo interfirió con la orquesta de la lluvia y el viento, provocando que una de las figuras se sonrojara levemente mientras la otra fingía no haber oído nada.

-Hay un par de ardillas por allí- dijo Ileana después de un rato, señalando en una dirección con el dedo.

-Si necesitas, ya sabes, yo puedo, ya sabes…

-sugirió torpemente.

-Sí, eh, si pudieras, por favor- asintió Lady Gray en un tono bajo, casi tímido.

La bruja extendió su niebla y una mano casi invisible de fuerza telequinética alcanzó a los dos animales que correteaban entre las ramas, refugiándose de la tormenta.

Con un movimiento rápido, ambos cuellos fueron torcidos y las ardillas fueron arrastradas al capullo de escudos de Ileana.

-Uh, esto, gracias- Lady Gray aceptó los cadáveres y procedió a calmar un poco su hambre, extrayendo el líquido vital.

La moldava frunció levemente los labios y decidió ignorar esa parte de su campo de “visión”.

Lady Gray, que había notado el gesto, suspiró audiblemente e hizo una pregunta, la pregunta que no había querido hacer desde el principio.

-¿Alguna vez me contarás por qué te doy tanto asco?

La mandíbula de Ileana se tensó y un destello de ira se filtró en la niebla que formaba su paraguas improvisado, agitándolo imperceptiblemente.

Ella no dijo palabra alguna.

-No importa, puedo intuirlo.

Ya dijiste una vez que yo no te importaba en lo absoluto, que no era algo personal contra mí- dijo Lady Gray, sin esperar respuesta de la moldava.

Sus ojos carmesí se posaron en algo más allá del camino, más allá de las densas nubes de tormenta y los relámpagos.

El brilló se atenuó mientras la mente se inundaba en recuerdos lejanos, borrosos.

Recuerdos de una época en la que todo era incluso más oscuro que este amanecer incompleto.

-A mí también me da asco- soltó la vampira, lo que hizo que el paso de la bruja vacilara.

-Siempre me ha disgustado.

No fue un camino que yo elegí, ya sabes.

¿Huir siempre de la luz del sol?

¿Morder las gargantas de la gente para comer?

¿Estar atada a un monstruo que te convirtió en monstruo también por la eternidad?

No gracias.

Pero es lo que soy ahora.

Es mi naturaleza, mi nueva naturaleza.

¿Qué se supone que haga entonces?

Ya tuve una vida mortal miserable…

No estoy dispuesta a vivir otra de la misma manera- expresó Lady Gray con un toque de determinación y desafío.

No esperaba ganarse la simpatía de la bruja, ni la quería en cualquier caso.

Los ojos carmesí se dirigieron a donde estarían los verdes, de no haber sido arrancados violentamente por Cheetah.

Aún así, Ileana devolvió la mirada a la vampira.

Ambas se detuvieron, una frente a la otra.

Cada una con sus cargas, sus ambiciones, sus objetivos.

Enemigas, rivales, antagónicas entre sí, pero unidas por la necesidad y la venganza.

-Mi persona especial me dijo una vez que, quizás, no todos los vampiros merezcan la muerte, a menos que sean de los que brillan…

Lo que sea que eso signifique.

En cualquier caso, yo no le creí.

Aún no le creo, y ciertamente no dejaría pasar la oportunidad de borrarte de la existencia- comenzó Ileana, su voz gélida y filosa como una daga.

El silencio cayó de nuevo entre ambas mujeres, un ligero aumento en la tensión que había desaparecido hacía unas horas, cuando el miedo las obligó a buscar refugio en la otra.

Entonces la moldava extendió la mano y su expresión se suavizó ligeramente.

-No puedo simplemente olvidar ni obviar, Gray, pero puedo respetar.

Me ayudaste allí atrás.

Me salvaste de, bueno, de eso.

Pudiste deshacerte de un dolor en tu trasero, porque Dios sabe que he sido una perra todo este tiempo, pero no lo hiciste.

Yo estoy dispuesta a darle una oportunidad a esto…

Sea lo que sea esto- dijo ella con una leve sonrisa en sus labios.

Lady Gray parpadeó un par de veces y no pudo evitar sonreír también, estrechando la mano de la bruja.

-Eso sonó bastante gay, bruja.

Para que lo sepas, me gustan los hombres- añadió la vampira casualmente.

Ileana puso los ojos en blanco, de alguna manera, ante la osadía de la chupasangre.

-Hmph, no lo hagas raro, vampira.

No somos amigas ni nada asqueroso como eso- replicó la moldava, cruzándose de brazos y empezando a caminar de nuevo.

La albina se rio entre dientes y siguió a Ileana con las manos en la espalda, fingiendo indiferencia ante el cambio de ambiente.

-Erika- dijo Lady Gray con una voz tan baja que pudo haber sido un susurro, pero que fue lo suficientemente alto como para que la bruja lo oyera.

Fue el turno de Ileana de sonreír, preguntándose internamente si lo que estaba haciendo era un error o no.

Sólo el tiempo lo diría.

Tras media hora de caminar en un cómodo silencio y de admirar el festival de luces en el cielo que poco a poco empezaba a aclarar, ambas mujeres sintieron una perturbación en su entorno.

Volviéndose a su costado, vieron cómo las sombras se arremolinaban y se levantaban antinaturalmente, aunque de una forma mucho, muchísimo menos perturbadora que los horrores que las hicieron correr despavoridas unas horas antes.

-Bueno, supongo que sobrevivió- comentó Lady Gray con expresión plana.

-Más le vale haber conseguido otro auto- asintió Ileana con una mueca, cruzando la puerta de oscuridad sin temor alguno, seguida por la vampira.

Al otro lado, fueron recibidas por una mesa llena de bebidas, un ambiente tenuemente iluminado, mujeres danzando en tubos de metal sin prenda alguna y música bastante mala taladrando sus tímpanos.

Un Void con aspecto humano era alimentado por dos perras de imponentes pechos, mientras un decaído Walter miraba un punto cualquiera en el espacio, murmurando tonterías sobre cómo su vida era simple, aburrida pero feliz antes de que “ella” lo traicionara.

La bruja y la vampira se cruzaron de brazos, sus ojos y cuencas fijos en los desproporcionalmente grandes globos que rebotaban por todas partes.

-¡Queridas, me alegra ver que estén bien!

– saludó Void casualmente, sonriendo con satisfacción para sí mismo.

El párpado de Ileana tembló y agitó sus dedos levemente, sacando la billetera del bolsillo de Void con su telequinesis.

Sin prestarles atención a los dos pervertidos, sacó una decente cantidad de billetes y arrojó la billetera a su dueño, volviéndose a Lady Gray con una sonrisa cómplice.

-¿Ropa, zapatos y bebidas de calidad?

La albina miró a sus pies sucios y descalzos, sonrojándose un poco por la pobre imagen que daba de sí misma en este momento.

-¿Un baño y masaje, quizás?- sugirió suavemente.

Ileana lo pensó unos segundos y asintió, mirando al ente de sombra por encima del hombro con intensidad.

-Jeez, ese mocoso sí que te mimó demasiado, mujer- se quejó Void, desembolsando más dinero de mala gana.

-Kuku, por eso estamos aquí, tonto.

Tengo que devolverle mucho- sonrió Ileana, tomando a la vampira y saliendo de aquel establecimiento.

Por primera vez en mucho tiempo, ambas damas tuvieron una noche de relajación sólo para chicas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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