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En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 189

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189: Limpieza 189: Limpieza  Alarmas chillaban en toda la instalación.

Pasillos oscuros, lúmenes sin energía, compuertas a medio cerrar y armas tronando.

Agentes eran movilizados a las secciones externas e internas, fuerzas divididas en un esfuerzo inútil por detener un asalto de doble pinza.

Uno que no tenían idea de cómo había comenzado.

Dentro de la sala de control, un hombre con bata de laboratorio iniciaba un protocolo de defensa y restauración de emergencia para la energía.

Líquido denso y espeso era bombeado a través de tubos, viajando a lo largo de hileras de hombres y mujeres atados a soportes de acero.

Bancos de datos inundaron sus mentes adormecidas, químicos penetraron en sus sistemas, realzando los aspectos más agresivos de su ser.

Las ataduras se desactivaron, las órdenes se imprimieron en sus mentes y el líquido extraño se inyectó en sus cuerpos, haciéndoles despertar con espasmos y un dolor agudo que casi los hace perder la consciencia de nuevo.

Rugidos apagados llegaron a los oídos de todos los presentes en la sala de control, cada miembro con expresión solemne, algunos incluso dudosos sobre lo que acababan de desatar.

Pero cuando eran sus propias vidas las que estaban en juego, el remordimiento era apenas una emoción fugaz.

-¡Despliéguenlos ahora!- gritó un soldado de complexión musculosa y piel morena, sus ojos siguiendo cada uno de los erráticos movimientos de los sujetos experimentales que debía proteger.

Con parte de la energía recuperada, una serie de compuertas lograron abrirse mientras otras se cerraban, dándoles a los medio descerebrados guerreros una ruta por la que liberar sus violentos impulsos.

En cuanto el camino estuvo a la vista, los hombres y mujeres atados fueron completamente liberados.

Su carga fue instantánea, su locura descomunal, su velocidad superior a la del mejor atleta y su fuerza capaz de volcar autos con un sólo puño.

Ojos inyectados en sangre siguieron el camino oscuro con facilidad, uñas crecidas y extremadamente duras perforaron el suelo.

-¿No están actuando…

Más violentos que de costumbre?- preguntó una mujer, sus dedos tecleando furiosamente en la consola, analizando los signos de los sujetos.

-Eso no importa ahora.

Asegúrense de registrar a detalle su desempeño.

Esta es una oportunidad para medir el potencial de este proyecto- dijo el soldado a cargo.

-No te preocupes por eso.

Puedo asegurarte que el desempeño será mediocre- habló otra voz, una distorsionada y extraña para los presentes.

El soldado reaccionó al instante, desenfundando su arma y apuntando a la dirección en que vino la voz.

-¡Señor, apártese!- llamó otro soldado a su líder, pero fue demasiado tarde.

A los pies de aquel que dirigía este lugar, una mancha de oscuridad antinatural emitía una neblina verde que le envió un escalofrío al hombre.

No tuvo tiempo de saltar, ni gritar una orden, aullar de dolor o siquiera pedir clemencia o lanzar alguna amenaza vacía.

La niebla se encendió en una pira de llamas verdes que derritieron al soldado en cuestión de segundos.

Pequeñas puertas de oscuridad se abrieron en todas direcciones, todas dejando salir más de esa niebla sin que ninguno lo notara hasta ahora.

Los corazones de todos se saltaron un latido antes de que sus vidas fueran vaporizadas por un fuego infernal sin calor alguno.

Las llamas viles se extendieron hasta alcanzar las máquinas y los bancos de datos, desintegrando toda la información y la poca evidencia que tenían.

Terminada la tarea, las puertas de oscuridad se desvanecieron y los asaltantes no tuvieron que poner un sólo pie en la sellada sala de control.

Al otro lado de las puertas, Ileana se puso de pie con un mar de niebla a su alrededor, danzando siniestramente y moviéndose como zarcillos en todas direcciones, inundando los pasillos por los que se oían los chillidos bestiales y los pasos de los soldados.

Sus labios se torcieron en una mueca de desprecio y la niebla se espesó, concentrando más poder para desatar contra sus enemigos.

-¿Necesitas asistencia?

– preguntó el ente sombrío que una vez la había engañado, pero que ahora servía a su causa obedientemente por motivos que Ileana no comprendía, ni le importaba comprender.

-No.

Ve a animar a la chupasangre y Walter- respondió la moldava con tono tranquilo.

La presencia de Void se desvaneció de su percepción, pero eso no la preocupaba.

Tampoco lo hacía la multitud de oponentes que se abalanzaban contra ella.

La mente de Ileana estaba dirigida a la persona por la que estaba metida en este agujero, matando sin piedad a las cucarachas que se escondían en él.

¿Estaría mejor ahora?

¿Querría verla de nuevo?

¿Aceptarla a su lado, perdonarla, darle otra oportunidad?

Esa y otras interrogantes ocupaban su concentración.

Con un estruendo, una criatura saltó desde uno de los pasillos a gran velocidad, saliva goteando por su boca y ojos desorbitados y enfurecidos fijando su figura.

-Él es mucho más rápido, intento de abominación- murmuró la bruja distraídamente, girando sobre sus talones y esquivando la carga estúpida del oponente.

Una esfera concentrada de energía cinética se disparó contra la espalda del hombre, desestabilizando su mediocre postura y haciéndole estamparse de cara con el muro de metal al otro lado de la cámara.

Sin siquiera dirigirle una segunda mirada, Ileana encendió la niebla en ese lugar específico, vaporizando al salvaje con desdeñosa facilidad.

Poco a poco llegaron más enemigos y todos corrieron con la misma suerte.

La bruja ni siquiera dejaba cadáveres a su paso, sólo restos licuados y apestosos que difícilmente podrían reconocerse como humanos.

Mientras tanto, en otra ubicación de la base, un feroz combate cuerpo a cuerpo se había convertido en un festival de extremidades voladoras y órganos derramados.

Un hombre esbelto y envuelto en carne demoníaca intentaba permanecer impasible ante la carnicería que su compañera de asalto desataba con esmero.

Extremidades blancas y babosas se deslizaban como serpientes o agitaban como tentáculos, fracturando cráneos y torciendo cuellos.

Un trabajo limpio, eficiente, rápido.

Al otro lado, un estoque avanzaba y retrocedía docenas de veces por segundo, convirtiendo cuerpos humanos cosas deformes con más agujeros que queso suizo.

Garras largas rebanaban carne y abrían estómagos, agujas y dagas de sangre pura se disparaban en todas direcciones, clavando a sus víctimas al suelo y las paredes, en espera de su tratamiento personal.

Lady Gray era cruel e inclemente.

Ella no sólo asesinaba, sino que brutalizaba a sus oponentes con justa ira.

El asco, el rechazo y la frustración la volvían más y más agresiva, destruyendo el trabajo que esa mujer hacía con su poder.

Estas cosas incompletas ni siquiera eran los lacayos que la traicionaron.

Eran experimentos del gobierno, un intento por replicar cosas que iban más allá de la lógica con fórmulas y químicos.

Ni siquiera calificaban como vampiros.

Y eso la enfurecía más.

-¡Vengan, vengan criaturas repugnantes!

– bramó ella, convirtiéndose en un torbellino de devastación.

-Hmm, parece que lo tienen bajo control- comentó Void a Walter, apareciendo a su lado de repente.

El hombre asintió con un suspiro, rompiendo el cuello de otro soldado y volviéndose a la vampira, contemplando su masacre unilateral.

-Lo está controlando mejor que la última vez.

Al menos no se molesta en reunir los intestinos y tejer cuerdas con ellos para colgarlos- informó Walter con una sonrisa, como si aquello fuera algo de lo que estar orgulloso.

Varios minutos y dolorosos gritos de agonía después, Lady Gray se incorporó al dúo con una sonrisa satisfecha y un orbe gigante de sangre flotando por encima de su cabeza, balanceándose como una mascota feliz.

-¿Terminamos aquí?

– preguntó Walter a los dos, siendo lo que mejor percepción tenían.

-Fufufu, hemos terminado.

Puedes sacarnos, Void- dijo la vampira con una sonrisa casi deslumbrante.

En un segundo, el trío fue envuelto en un manto de oscuridad y reapareció a las afueras de un parque común y corriente de un pequeño pueblo de Carolina del Norte.

A su lado, la figura pensativa de Ileana también se les unió.

-Kuku, después de esto, será difícil dar con las bases de investigación- comentó Void al grupo mientras se desplazaban al otro lado del pueblo con una puerta, reapareciendo en un tejado con sillas, una mesita y botellas de alcohol.

-Hmph, después de esto sólo nos queda cruzar a la capital, hacerle saber a la perra mi presencia y dejar que reúna mis ovejas descarriadas- replicó Lady Gray con un bufido, tomando asiento y sirviéndose una copa.

-Es imposible que no lo sepa a estas alturas- recordó Walter, sentándose junto a la vampira y sacando algunas latas de cerveza.

No era partidario de bebidas finas.

-No importa.

Ya deberíamos haberle causado algunos problemas, lo que la motivará a querer deshacerse de esta ramera aquí lo más rápido posible.

Acabaremos con este problema de una vez por todas- sentenció Ileana con expresión severa.

El grupo había tomado el camino largo hacia la capital, tomando algunos desvíos allí donde encontraron rastros de esencia vampírica y destrozando todo y a todos los involucrados.

Con el alcance de Void y la conexión de Lady Gray con sus propios lacayos, rastrearlos no fue del todo imposible, motivo por el que hicieron el viaje por tierra en lugar de tomar un avión directamente.

Querían advertirle a Waller de su presencia.

Querían que sospechara de la identidad del atacante, y sólo había una conclusión a la que podría llegar: Lady Gray.

Ni Walter ni Ileana necesitaban echarse esos problemas encima y la vampira estaba más que feliz de asumir la culpa, pues elevaría su estatus en el bajo mundo.

-Hm, de hecho, mañana mismo partiremos.

Con Void en la ciudad, podremos adivinar el número de experimentos y encontrar más rápido la ubicación de mis ovejitas- informó la vampira a grupo.

Ya habían jugado lo suficiente y destruido tres escondites con experimentos sucios.

Era hora de entregar venganza con garras y fuego.

Ellos llevarían la batalla al campo de juego de Waller, e incluso si no lograban matarla, se asegurarían de arruinarla.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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