En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 190
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- Capítulo 190 - 190 En La Mira
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190: En La Mira 190: En La Mira -¿Puede alguien explicarme qué demonios estoy viendo?
– preguntó Amanda Waller con un tono gélido que envió un escalofrío a todos los operadores de su base central.
El sudor corría por sus frentes, sus bocas repentinamente selladas.
Ninguno tenía deseos de explicar lo obvio a una pregunta retórica, pero el humor de la mujer exigía alguna respuesta.
-¿Nadie?- cuestionó de nuevo la mujer, un brillo peligroso cruzando sus ojos.
Su mandíbula se tensó y el arma en su cinturón pareció susurrar un llamado a la acción que Waller decidió ignorar, por ahora.
-Nuestros operativos fueron emboscados por un enemigo desconocido, Señora.
De alguna forma, lograron asesinarlos a todos e intervenir con la red de comunicaciones.
Para cuando los encontraron ya est- Una asistente joven detuvo su explicación profesional y enérgica cuando Waller se volvió en su dirección con una mirada plana.
La muchacha dio un paso atrás, casi dejando caer la tableta de sus manos y preguntándose qué había hecho mal.
-¿Eres nueva?- le preguntó Waller con tono monótono.
-¡Así es, señora!
¡Sargento Williams!
– saludó la chica torpemente, alzando la voz más de lo necesario.
-…
Bien, Sargento.
Admiro el entusiasmo, pero por favor, dígame lo que ve allí- señaló Waller a las pantallas que la joven Williams parecía no haber visto antes de hablar.
La Sargento desplazó su mirada a las pantallas y dejó caer la tableta en el acto.
Imágenes de cuerpos descuartizados, órganos esparcidos y apilados en una pequeña montaña.
Un charco de sangre se extendía por el suelo, marcas que parecían ser de garras surcaron el concreto, así como agujeros de bala y perforaciones hechas con láseres.
Pero eso se quedó corto en comparación con lo que había en la imagen del centro.
Una pared con marcas sangrientas representando un dibujo mal hecho de una mujer gorda, con cabello particular, la boca abierta y un órgano reproductor masculino toscamente dibujado sobre la misma.
Letras de una caligrafía fina formularon: “Waller, puta, iré por ti”.
El silencio cayó sobre la sala de control, apenas interrumpido por el quejido de las máquinas y el zumbido de los demás aparatos.
Hasta que…
-¡Pffft!
¡AH, L-lo siento!
– chilló la Sargento con lágrimas corriendo por sus mejillas y una sonrisa incontrolable.
La saliva se le escapó de la boca junto a una breve carcajada que intentó detener a la fuerza.
Ella lloró.
Lloró por contener la risa, lloró porque falló en lograrlo y lloró porque Waller continuaba mirándola con esa expresión impasible.
-Largo- dijo la mujer, volviéndose a las pantallas con el ceño fruncido, ignorando a la nueva empleada que acababa de perder su empleo y era arrastrada por algunos guardias.
Esos operativos asesinados no eran personas comunes y corrientes.
Todos y cada uno de ellos eran su nueva adquisición, sus monstruos personales, aunque defectuosos.
A Waller no le importaban ellos.
No, el problema yacía en la instalación que fue atacada y los valiosos sujetos de prueba que perdió allí.
Un nuevo proyecto de peones mejorados.
Fuerza y sentidos superiores que fueran permanentes, pero sin las debilidades que presentaban sus herramientas actuales.
Los pequeños punks que sacaron de aquel agujero infernal en el que guardaban a Cheetah estaban lejos de ser útiles.
Escandalosos, alborotadores, basura durante el día y llenos de arrogancia durante la noche, más parecidos a una jauría de perros salvajes que peones de verdad.
Waller sólo los mantuvo bajo su ala porque necesitaba estudiarlos mejor.
Pero eran pocos los individuos que podían acechar a esos perros sanguinarios durante la noche y aplastarlos tan unilateralmente.
Su primer pensamiento se dirigió a cierto mocoso albino, pero rápidamente descartó la idea.
Por lo que ella sabía, él no tenía garras para perforar concreto.
Otra albina le vino a la mente y ésta encajó mejor en todo este lío.
Un atisbo de sonrisa apareció en la comisura de sus labios mientras tecleaba algo en su muñeca, alertando a la jauría y a su peón más capaz hasta el momento.
Si Lady Gray había decidido visitar la capital por su cuenta, Waller no desaprovecharía la oportunidad.
Después de todo, estudiar a la progenitora resultaría más valioso que a los pequeños lacayos.
************************************ -¡Jajajaja!
¿¡Te imaginas su cara!?- se burlaba Lady Gray con una lágrima escapándosele de los ojos y palmeando fuertemente al pobre Walter en la espalda.
El hombre sonrió torpemente, sin deseos de expresar sus verdaderos pensamientos sobre el asunto.
-Kuku, cuando dijiste que tenías un plan para llamar su atención, no esperaba eso- asintió Void a un costado, recostado sobre una silla de plástico que transportó de la nada.
-¡Oye, la idea del pene fue mía, no lo olvides!
– recordó Ileana con el pecho en alto, como si eso fuera motivo de orgullo.
-Li..
Ejem, Hiruko me lo enseñó, así que debería funcionar- asintió con seguridad.
-¿Hmph, te mostró su cosita?
Nada para impresionar, si me preguntas- bufó Lady Gray.
Ileana dejó caer la copa que Void llenaba amablemente y se sobresaltó.
-¡Me refiero a la idea de burlarse del oponente, idiota!- replicó la bruja con las mejillas levemente sonrojadas.
Un segundo después, frunció el ceño y entrecerró los ojos en dirección a Lady Gray.
-¿Podrías repetir eso?
Creo que no entendí lo que quisiste decir.
-Tch, cálmate.
Hace unos años, mis Grises lo interceptaron en un almacén donde se escondía y lo encontraron en plena ducha.
El rumor se extendió en las filas, pues Hiruko era uno de nuestros mayores enemigos en ese entonces- explicó Lady Gray, evitando más confrontaciones con la moldava.
Pareció funcionar, para alivio de Walter.
Si bien no habían mejorado mucho su relación, ambas mujeres empezaron a suavizar las cosas.
Como mínimo, no intentaban saltar a la garganta de la otra a la más mínima provocación.
-Hm, siempre me ha llamado la atención esa rivalidad suya.
Él nunca nos menciona nada de sus andanzas antes de llegar a Jump City- comentó Void, transportando una copa de algún restaurante debajo de ellos.
Ileana fingió desinterés, pero su atención se centró de nuevo en la vampira, esperando obtener alguna información.
Incluso Walter no pudo evitar aguzar el oído, pues no comprendía cómo es que tantos enemigos unos de otros terminaron trabajando juntos.
Lady Gray guardó silencio unos segundos, mirando el cielo nocturno y la luna que se cernía sobre sus cabezas.
Tras ordenar sus pensamientos, habló: -La primera vez que supe de su existencia fue en un trabajo de asesinato que llegó a mi grupo.
Un rival comercial queriendo deshacerse del otro, cosas típicas.
Por pura casualidad, Hiruko vagaba por la zona y se entrometió en la operación.
Supusimos que tendría unos 10 años en aquel entonces, dada su estatura…
Aunque ahora empiezo a cuestionarlo.
De todas formas, me interesó muchísimo un niño con semejantes capacidades, así que ordené encontrarlo y traerlo a mis filas.
Era joven, tenía mucho potencial y no parecía afiliado al gobierno, dada la rudeza con que lo trataba la policía, y era albino, lo que lo hacía perfecto para encajar con los míos- dijo la vampira con un suspiro.
-¿Disculpe, Lady Gray?
¿Qué tiene que ver el albinismo?
– preguntó Walter con curiosidad, sin comprender la relevancia de ese hecho.
-Hm, a mi redil sólo entraban albinos, o gente que podría considerarse como tal- respondió ella con naturalidad.
-La bruja aquí podría calificar, más o menos.
Pero tú y Void no.
-¿Por qué es eso?- preguntó Walter de nuevo.
Sospechaba que tenía algo que ver con la ascensión a vampiro o algo así.
-Tú estás demasiado moreno y Void es neg- -¡PFFFT!- escupió Walter, interrumpiendo a la vampira.
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