En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 191
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- Capítulo 191 - 191 Que Vengan
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191: Que Vengan 191: Que Vengan Una discreta movilización de fuerzas y armamento tuvo como centro de operaciones la reconstruida Ciudad Capital.
Perros apenas controlables eran conducidos a través de pasajes y subterráneos, desplegándose en distintos puntos de la ciudad en la búsqueda de su creadora.
Un pequeño ejército, capaz de derribar a miles con sus propias manos.
Un ejército para atrapar a una sola criatura.
Se escondieron bien.
Actuaron en perfecto sigilo, sin alertar a ninguna de las fuerzas gubernamentales que se asentaban aquí.
Una muestra del poder persuasivo de su comandante en el terreno.
Void no podía hacer más que quitarse el sombrero, pues ni siquiera él podría realizar semejante hazaña con animales tan revoltosos.
Fue una lástima que nada se escondiera a su mirada en la oscuridad.
El grupo se había estado relajando la última semana, incluso paseándose en las calles y haciendo turismo en las narices de esa mujer.
No le temían, ni a sus perros.
Ellos permitieron que las fuerzas se reunieran, permitieron que el cerco se formara.
Ninguno estaba dispuesto a entrar en una prolongada cacería, por lo que era más fácil llamar la atención y sentarse a esperar.
El anzuelo fue picado.
Amanda Waller identificó la ubicación general de la vampira, aún desconociendo el pequeño pero capaz grupo que la respaldaba.
Esta noche terminaron los preparativos.
Los perros esperaban en sus posiciones, el comandante caminaba por la calle con paso tranquilo en su dirección y la figura clave en todo este teatro lo esperaba con expresión impasible y su estoque desenvainado.
Void observó con interés el desarrollo de los acontecimientos.
Fue por momentos como este por los que vivió, la razón de su accionar.
Figuras sombrías y ávidas de sangre rodeaban su posición en un radio de dos manzanas, creyendo permanecer ocultos a su mirada o los sentidos de su ama.
Quizás lo sabían, pero no les importaba.
Al lado del ente de sombra, Ileana esperaba pacientemente, cruzada de brazos y con una expresión en blanco, indiferente a la batalla que estaba a punto de comenzar.
Esta pelea no sería suya de todas formas.
Abajo, en la calle vacía, Lady Gray mantuvo su mirada aguda sobre el mercenario maldito que la humilló, le dio esperanzas y luego las destrozó.
El hombre, si es que se le podía seguir llamando así, no mostró temor alguno por este reencuentro.
Deathstroke no le temía.
Todo lo contrario, pues era Lady Gray quien tenía pocas posibilidades de vencer al sujeto en un combate uno a uno, y esta no sería una pelea uno a uno.
-No sabría decir si eres valiente o estúpida- comentó el mercenario casualmente, desenvainando su propia espada con un movimiento lento pero grácil, lleno de seguridad.
-Lo dice el hombre que encara a un vampiro con una hoja común.
La arrogancia inunda tus venas más que la sangre, humano- replicó Lady Gray con una mueca, exudando arrogancia descaradamente.
-Je, puede que esta hoja no te haga mucho daño…
Pero ya sabes, mi misión no es quitarte la vida.
¿Qué pasa si corto tus extremidades una y otra vez con esta espada común?
– propuso Deathstroke con una voz gélida.
Lady Gray agitó su estoque y tomó una postura de combate agresiva, abandonando la cautela y la defensa.
Deathstroke se burló, desenfundando su arma especial en un movimiento fugaz y disparando descargas de “plasma bendito” contra las extremidades inferiores de la mujer.
Valiéndose de sus reacciones sobrehumanas, ella evadió con facilidad los disparos y zigzagueó de un lado a otro, cerrando la distancia rápidamente.
Deathstroke no se inmutó y continuó con la ráfaga de disparos, preparando su propia hoja para interceptar el estoque.
El arma más larga se difuminó en un borrón de movimiento, dirigiéndose al pecho del mercenario a gran velocidad, pero el sable se movió igual de rápido y con mayor fuerza, desviando con desdén el estoque con un sonoro estruendo y chispas volando.
El cañón de la pistola se inclinó levemente y el calor aumentó, pero antes de que el plasma fuera desatado, una mano delicada con garras peligrosas lo golpeó, desviando la salva de su objetivo.
Deathtroke y Lady Gray se miraron el uno al otro, las hojas forcejeando audiblemente en un lado, mientras la puntería de la pistola cambiaba en el otro.
-No aprendiste tu lección, criatura.
Soy más fuerte que tú- dijo Deathstroke mientras sus músculos se tensaban y el estoque era forzado a retroceder, a la vez que el cañón de la pistola regresaba a su posición original.
-¡Hngh, y tú olvidas lo que soy, humano!- siseó Lady Gray, haciendo gala de sus habilidades sobrenaturales al agitar unos frascos con sangre que guardaba entre su capa.
El líquido rompió su prisión y salió disparado en forma de cuchillas hacia la garganta del mercenario, lo que lo obligó a retroceder.
-¡Sólo trucos de circo!- gruñó Deathstroke, lanzando su sable al aire y utilizando la mano libre para sacar pequeños dispositivos y arrojarlos a la vampira.
Pitidos consecutivos alertaron a Lady Gray de lo que la esperaba, por lo que también dio un gran salto hacia atrás mientras los explosivos detonaban.
Pero la explosión no tenía el objetivo de lastimar a la vampira, ni siquiera distraerla.
Antes siquiera de que el polvo fuera llevado por el viento, una multitud de chillidos agudos y sobrenaturales llegaron a los oídos de la mujer.
La señal para la movilización de sus ex-lacayos fue lanzada y la turba sedienta de sangre se arrojaba en su dirección.
Figuras desbocadas corrían por las calles y los tejados, saliva desbordándose de sus bocas, ojos inyectados en sangre y expresiones retorcidas marcaban su naturaleza antinatural.
-La última vez no tenía ganas de perseguir ratas en las alcantarillas, criatura, pero ahora que te atreviste a aparecer aquí, no te irás jamás- vino la fría voz del mercenario, pero Lady Gray resopló con desdén.
-Te sobrestimas, humano.
Y sobrestimas a esa patética carne de cañón- replicó la vampira, agitando la sangre que trajo consigo y convirtiéndola en placas de armadura que abrazaron su cuerpo.
Ella saltó a la nube de polvo, sus sentidos superiores permitiéndole ubicar al mercenario fácilmente y abalanzándose sobre él de nuevo.
Ambos entraron en un veloz intercambio de esgrima, agitando las hojas en movimientos indistinguibles y mortales.
Las chispas saltaron de un lado a otro, tan rápido que desplazaron el aire a su alrededor junto con el polvo que los rodeaba.
El estoque apuñaló y el sable cortó, la vampira intentó rasgar con sus garras y el mercenario disparó con su pistola, fallando el objetivo una y otra vez.
Lady Gray era ágil y agresiva, elegante y feroz.
Deathstroke era pragmático, calculador y metódico, rompiendo sistemáticamente el juego de pies de la vampira con movimientos impredecibles, disparos a quemarropa y una fuerza bruta superior.
Con un balanceo de la muñeca, el sable desvió el estoque y el equilibrio de la vampira se entorpeció momentáneamente.
Deathstroke entrecerró los ojos y soltó una salva de plasma que Lady Gray intentó evadir.
Una comezón increíblemente molesta pronto se convirtió en un escozor casi insoportable.
El siseo de la carne al chisporrotear resonó en el lugar y el hedor a piel quemada alcanzó las fosas nasales de los combatientes.
Pero Lady Gray no se permitiría caer por una sola herida.
La sangre de una de sus placas de armadura se convirtió en líquido y rápidamente cubrió el agujero en su muslo, estimulando la regeneración y aliviando el dolor de la vampira.
-Se acabó el tiempo, criatura.
No te resistas, y quizás impida que tus peones te usen a su antojo antes de que seas encerrada- habló Deathstroke con indiferencia, mirando a la pequeña multitud que corría frenéticamente en su dirección.
-Kuku, espero que los hayas traído a todos, humano.
No tengo muchas ganas de cazar ratas en las alcantarillas- devolvió la vampira con una sonrisa condescendiente.
A sus palabras, esferas de llamas aparecieron alrededor de la calle, deformándose en círculos con patrones extraños que provocaban malestar a los ojos.
Patrones que Deathstroke ya había visto una vez.
Los ojos del mercenario se entrecerraron cuando de los círculos llameantes emergieron formas monstruosas con cuernos, colmillos, garras y cuerpos vagamente humanoides.
-¡Comida!- chilló uno de los entes sobrenaturales y toda la agrupación de bestias cargó contra su pequeño ejército.
-¿¡Así que te alías con- Deathstroke se vio obligado a saltar a un lado antes de terminar su acusación cuando sus sentidos le alertaron del peligro inminente.
Un instante después de moverse, una figura familiar pero diferente se estrelló en su posición anterior.
Extensiones carnosas de un blanco lechoso salieron disparadas en su dirección, tan flexibles como tentáculos y más fuertes que un toro furioso.
El mercenario saltó y se deslizó entre los apéndices, tomando nota de la fuerza de los mismos al impactar el asfalto y atravesarlo ruidosamente.
-¿Ya pegaste el estirón, mocoso?- cuestionó Deathstroke, inseguro de la verdadera identidad del hombre que parecía imitar al shinobi.
Walter no se molestó en contestar.
Era consciente de que su aspecto y habilidades buscaban imitar a Hiruko, pues era ese individuo el que tenía en su mente cuando le ofrecieron poder y lo aceptó.
En su lugar, se acercó a Lady Gray y tendió una mano, que ella aceptó.
Ambos se volvieron al mercenario y sin decir palabra alguna, arremetieron contra él, mientras a sus espaldas los demonios invocados por Void distraían a la hueste vampirizada.
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