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En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 193

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193: Saldar Cuentas 193: Saldar Cuentas  Lady Gray miró estupefacta la espalda del hombre al que había estado intimidando durante el viaje, quien ahora se atrevía a ordenarle cosas con tanta naturalidad.

Su párpado tembló y una abrumadora necesidad de patearlo en la entrepierna la asaltó.

-¿¡Ah, cuándo te crecieron pelotas, humano!?- exclamó ella con desdén, pero no obtuvo la reacción que esperaba.

Walter se giró rápidamente y apareció ante ella en un parpadeo, sujetando su barbilla con su mano y alzándola para que lo mirase a los ojos.

-Quédate detrás de mi- se repitió lentamente, su tono tranquilo pero igualmente autoritario.

Las mejillas de la vampira se sonrojaron por la cercanía, el atrevimiento, la verguenza y una pizca de indignación, pero también hubo algo más.

Un latido en su viejo corazón que no había estado allí desde hacía años.

Ella asintió torpemente, dando un paso atrás y dejando que Walter se encargara de Deathstroke.

Por su parte, el mercenario parpadeó un par de veces, sacudiendo levemente la cabeza antes de comentar.

-Prefiero no saber qué mierda es esto.

Al instante siguiente, alzó su sable en un movimiento rápido, con la intención de decapitar al veloz hombre que se había lanzado contra él como un animal.

Pero para su sorpresa, la hoja se hundió en la carne densa y elástica sin cortarla.

La mano monstruosa de Walter se cerró sobre la de Deathstroke, apretando con fuerza.

El sable fue alejado con esfuerzo, y una sensación dolorosa asaltó al mercenario, proveniente de la mano que empuñaba el arma.

La competencia de fuerza bruta terminó a favor de Deathstroke, pero el apretón de Walter le impidió mantener la posición de la hoja, aún menos hundirla más.

-¡Kuh, eres fuerte, monstruo!- gruñó Deathstroke, torciendo su muñeca y elevándola sobre su cabeza, clavando un codazo en el pecho de Walter, pero eso no lo hizo retroceder.

Inmediatamente después movió ligeramente el arma en su otra mano, disparando al brazo envuelto en carne demoníaca, pero Walter no reaccionó ante su carne chisporroteante, la cual empezó a sanar rápidamente.

-Yo no soy un vampiro- comentó Walter con una voz distorsionada, profunda y amenazadora.

La carne pálida en su cuerpo que emulaba las vendas de Hiruko se movieron, atrapando las extremidades de Deathstroke y ejerciendo presión.

-Quizás no, pero tampoco eres un luchador- devolvió el mercenario, aplicando fuerza y estampando un cabezazo al rostro de su oponente.

A unos metros de ellos, Lady Gray reunía sangre y se preparaba para entrar de nuevo en la pelea, pero un grupo de sus ex-lacayos lograron avanzar sobre la línea de demonios menores y cargaron contra ella.

Sólo mirar el desdén, el desprecio y la lujuria en los ojos de los que debieron ser sus sirvientes le provocó ira.

Echó un último vistazo a la pelea, en la que Deathstroke perdió su arma de plasma y Walter recibía una dura lección de técnica y decidió que el hombre estaría bien por un rato.

-¡Es hora de pagar su traición, asquerosas ratas de alcantarilla!- rugió Lady Gray, avanzando en destellos veloces de movimiento hasta aparecer ante el primero de sus ex-lacayos.

El estoque penetró en su pecho, descendiendo todo el camino hasta salir por la entrepierna, destrozando huesos y órganos por igual y desparramándolos en el suelo.

Ella hundió su mano libre en el cuerpo del sujeto, extrayendo el corazón y ejerciendo su magia para apropiarse de toda la sangre.

Dos hombres más saltaron desde ambos lados, intentando desgarrar a Lady Gray con sus manos desnudas.

Antes de acercarse a más de dos pasos, el cuerpo del primer asesinado se agitó y explotó repentinamente, brotando de él lanzas carmesí que empalaron a los atrevidos atacantes.

-¡Yo los hice, bestias, y su sangre me pertenece por derecho!- sentenció Lady Gray, extrayendo los corazones de esos dos lacayos también y apropiándose de la sangre en sus cuerpos.

Más lanzas y cuchillas danzaron alrededor de la furiosa vampira, cayendo como una lluvia sobre los demás traidores mientras la propia mujer aparecía en rápidos destellos, arrebatando corazones allí donde podía y ganando más y más sangre.

Por órdenes del invocador, los demonios restantes ayudaron en los esfuerzos, conteniendo a los grupos numerosos y dando oportunidades a la vampira para arremeter contundentemente.

Para cuando los lacayos se dieron cuenta de lo que sucedía, miles de cuchillas carmesí los rodeaban en el aire y casi la mitad de ellos habían sido asesinados definitivamente por Lady Gray y los demonios.

Las entidades blasfemas se movieron a los lados de la calle, permitiendo el paso de la vengativa mujer de cabello plateado, ojos rojos como la sangre y una sonrisa que prometía un final doloroso a los últimos pobres bastardos que queden.

Uno de los ex-lacayos entró en pánico e intentó retroceder, pero un repentino manto de oscuridad lo atrapó en su abrazo, haciéndolo reaparecer ante la mujer que lo ascendió.

En un parpadeo, una cuchilla perforó su cuerpo y salió al otro lado, poniendo ante Lady Gray el corazón del traidor.

-¿Tan difícil era obedecer?

¿Someterse?- cuestionó ella con un tono ligeramente triste, aunque no iba en correspondencia con sus acciones.

El hombre, aterrado, no pudo siquiera balbucear una disculpa antes de que Lady Gray perforase su corazón con sus garras y extrajera toda la sangre de su interior.

-¡Mierda mierda!

– chilló otro tipo con pavor.

-¿¡Qué esperan!?

¡Mátenla o nos matará a todos!- clamó uno con expresión severa, avanzando con temor y furia, convenciendo a los demás de hacer lo mismo.

Lady Gray sólo sonrió, asintiendo a las entidades convocadas como una reina, permitiendo que el caos se desatara una vez más.

Ambos bandos chocaron con ferocidad renovada y la propia mujer entró en la refriega con el mar de cuchillas de sangre descendiendo como rayos contra sus traicioneros peones.

Sin embargo, una extraña y familiar sensación de incomodidad entró en el límite de su campo de percepción, apenas perceptible, pero suficiente para interrumpir su ritmo.

Y no sólo su ritmo.

De repente, los demonios que combatían a su lado fueron envueltos en capullos de llamas y desaparecieron del lugar, dejando a Lady Gray sola en medio de poco más de treinta enemigos.

Al otro lado de la calle, las salvajes embestidas de Walter se detuvieron momentáneamente y Deathstroke aprovechó la oportunidad para rodearlo con dispositivos explosivos que detonaron en rápida suceción.

En otra ubicación, bajo tierra, Ileana fue repentinamente abandonada por el educado demonio que la ayudaba a enfrentar al grupo de exterminio de Amanda Waller.

Y en la azotea de un edificio, el encargado de convocar y mantener a los demonios en la pelea, se encontraba corriendo por su vida hacia el interior del mismo edificio, maldiciendo su suerte y a los inoportunos bichos que vinieron tras él.

Indiferentes a los asuntos mortales y sobrenaturales, tres criaturas humanoides sin rostro y cuya presencia provocaba náuseas a cualquiera que los mirase perseguían al ente de sombras con un hambre voraz.

Los Horrores habían seguido el rastro del grupo, y optaron por la presa más fácil y jugosa.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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