En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 203
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203: Problemático 203: Problemático La realidad era como un fino velo que separaba un conjunto de otros.
Suave, a veces delgado, a veces denso.
Viajar entre tales planos no era tan extraño en el gran esquema de las cosas.
Muchos individuos, razas o seres particulares podían hacerlo, algunos más eficientemente que otros.
Pero todos tenían algo en común: Ninguno violaba la realidad de forma tan desconcertante y repulsiva como los Horrores.
Seres provenientes de los rincones más extraños y olvidados del infinito, nacidos y criados en entornos tan misteriosos que muchas de las llamadas grandes entidades ni siquiera conocían.
No todas, al menos.
Pero quienes sabían de su existencia fingían ignorancia, quizás adrede, quizás por algo más.
Nadie se había molestado en prestarles atención.
A todos les daba asco, de una forma u otra.
Eso les venía bien, pues los Horrores podía ir y venir a su antojo siempre y cuando no afectara a las entidades importantes.
Roedores, cucarachas.
Esa era la mejor forma de describir su situación.
Provocaban repulsión a los entes en cuyas realidades se inmiscuían, como los dueños de una casa que es invadida por tales alimañas.
Pero si no los veían directamente, no los molestaban.
Cuatro de estos Horrores viajaban ahora entre los planos, violando la tela de la realidad de forma indebida, asquerosa, atravesándola sin permiso ni decoro, como un insecto metiéndose a la boca de una persona.
Fue esa sensación la que había sentido cierta bruja que tuvo el infortunio de toparse con ellos hace relativamente poco tiempo, consecuencia de su visión única cuyo potencial aún desconocía.
A los Horrores no les importaba tal cosa.
Ellos habían encontrado aquel grupo particular, un manjar andante de energías sobrenaturales que les produjo deleite y los motivó a seguirles el rastro.
Nunca hubieran imaginado que tal impulso los llevaría a encontrar “otro”, pero así funcionaba el infinito: Infinitas posibilidades.
Fue pura casualidad y ahora viajaban para notificar a uno de los pocos individuos que podía tolerar su presencia sin caer en la locura.
Él solía pagar bien por cada nuevo objetivo que encontraban.
Una grieta fue abierta con brusquedad en la realidad, permitiendo el paso de los Horrores mientras una succión imperceptible de energía azotaba los alrededores, sin afectar la materia física en lo absoluto.
El aire era pesado y cargado de una intensa fuerza vital en contradicción con el páramo desolado que les daba la bienvenida.
Restos de metal y hormigón donde una vez hubo una rebosante ciudad, polvo y cenizas donde una vez hubo aire contaminado.
Una densa capa de suciedad cubría el cielo, atenuando los rayos del sol mientras un monumento de madera y energía robaba vitalidad de la tierra, alzándose más alto que las montañas en el centro de un pozo de proporciones ridículas.
A lo lejos, los Horrores presenciaron un grupo de vehículos extravagantes acercándose al árbol retorcido y siniestro, disparando sus primitivas armas contra una figura que flotaba en el aire.
Los proyectiles impactaron y se desviaron, los cohetes explotaron en rápida sucesión y las descargas de energía perdieron su calor al entrar en contacto con la figura.
Vestida con una seductora armadura de bikini, según los estándares humanos, la hembra observó con rostro impasible a los agresores, permitiéndose ser bañada en la lluvia de ataques sin moverse un centímetro.
Placas de un metal verde brillante abrazaban su rebosante pecho, un faldón del mismo material ondeaba suavemente alrededor de su cintura, apenas ocultando sus musculosos muslos.
Guanteletes con la misma tonalidad se amoldaron a sus puños, con leves manchones de sangre que alguna vez perteneció al protector de este mundo.
Ahora no era más que carne podrida y huesos.
En cuanto se aburrió, la mujer salió disparada con una visible onda de choque explotando en su posición anterior.
En un parpadeo, ella apareció en frente de un vehículo, propinando un puñetazo que convirtió en pasta a sus ocupantes y desintegró la máquina en una ráfaga de viento y fuego.
Le tomó mucho menos tiempo hacer lo mismo con los demás vehículos.
Fue eficiente, fue cruel, directa.
A los Horrores no les gustó.
No había nada para picar tras eso.
Aún así, ellos se acercaron con paso confiado a la hembra, captando su atención incluso a una distancia tan lejana.
Ella apareció sobre ellos en un segundo, desplazando el aire violentamente en una muestra de dominio que no los impresionó en lo absoluto.
Viajar a través de las estrellas y las realidades les había permitido ver muchas cosas, cosas que harían temblar a esta poderosa hembra.
—¿Qué quieren, criaturas?— cuestionó ella con tono frío y una mueca de disgusto.
Su piel expuesta se erizó levemente, incapaz de mostrar indiferencia ante su presencia a pesar de su poder.
—Llévanos con Él— dijo uno de los Horrores, su voz resonando como un millar de agujas en los oídos de la hembra.
Desagradable, anormal, enfermiza.
Como todo lo relacionado a ellos.
La hembra asintió estoicamente, fingiendo no ser afectada por sus palabras y los guio a su destino.
Los Horrores robaron miradas aquí y allí, respirando el aire apestoso a muerte y desesperación que impregnaba el lugar, completamente contradictorio con la rebosante fuerza vital que palpitaba del gigantesco árbol al que se dirigían.
Eso, en su opinión, sí que era desconcertante.
—Suban— dijo la mujer antes de despegar, ascendiendo con una velocidad impresionante.
Los Horrores usaron su movilidad a través de la realidad para alterar su posición en lo que las mentes simples llamarían teletransportación.
Al llegar a una de las inmensas raíces del árbol, encontraron a la hembra arrodillada junto a una pequeña figura envuelta en ropajes finos de un blanco que competía con su cabello y piel.
Excesivo, pero ellos no eran quienes para opinar.
—Bienvenidos, caballeros— saludó el bajito con tono cortés.
A los Horrores aún les costaba comprender la normalidad con que eran tratados, pero no les desagradaba.
—Otro— dijo el Horror que habló con la mujer primero, extendiendo la mano y manifestando una aglomeración de energía azulada y negra en su palma.
Los ojos carmesí del enano brillaron con interés, alzando su mano izquierda en donde una marca brilló y absorbió la energía en la palma del Horror.
—Hmmm, definitivamente es mío.
No parece muy capaz, este chakra es patético…
Es perfecto— comentó a nadie en particular, examinando su propia mano.
Se volvió entonces a la mujer, acariciando su mejilla con delicadeza en una muestra de afecto.
—¿Me harías un favor, querida?— preguntó con un tono gentil.
El rostro de la Hembra brilló con emoción, una sonrisa tonta dibujándose en sus labios.
Sus ojos miraban al enano con admiración o quizás obsesión.
—Lo que tú quieras— respondió ella sumisamente.
—Encuéntralo y tráemelo.
Haz esto por mí, y te recompensaré como te mereces— solicitó el enano, haciendo un gesto para que la mujer se levantara.
—¿Y qué sería eso, amado mío?— inquirió ella con una nota de expectación.
Él frotó su vientre casualmente, mirándola con afecto.
La acción hizo chillar de alegría a la otrora poderosa y dominante hembra.
—¿¡Lo prometes, de verdad lo prometes, Liam!?— saltó la mujer, abalanzándose sobre el shinobi y colmándolo de besos, incomodando de verdad a los Horrores por la abierta muestra de afecto.
—Te lo prometo, Anissa.
Ya es hora de extender nuestra influencia— dijo él con calidez, mirando al árbol gigante que se estremecía y vibraba con energía, como si anunciara la finalización de alguna tarea.
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