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En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 205

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205: Payaso 205: Payaso  —Deberías quedarte afuera— dijo Liam al chico que hasta hace unas horas lo superaba por un pelo en altura.

—Ni hablar.

Estamos aquí para una investigación, y lo haremos juntos— negó Robin, con un corte de cabello normal y no en puntas al estilo Vegeta.

—Habrá tetas rebotando por todos lados ahí dentro.

¿Puedes manejarlo?— advirtió el shinobi.

—¿Tú puedes?— replicó el chico maravilla, alzando una ceja en diversión.

A su pesar, Liam no pudo devolver el golpe.

¿Por qué se molestaría en pelear con un niño?

El hecho de que él no haya entrado en contacto con una real en poco más de 30 años en dos vidas no tenía nada que ver.

Con la credibilidad de hermano mayor ligeramente sacudida, Liam usó la Liberación Acero para alterar la estructura de la gran puerta metálica frente a ellos, permitiendo que ambos se adentraran en el club nocturno.

Una vez dentro, Robin intentó escabullirse sigilosamente, pero Liam lo sostuvo del brazo y negó con la cabeza, instándolo a seguirlo.

Caminaron en silencio y con paso confiado, como si fueran los dueños del lugar.

No tardaron en toparse con algunos matones que cuestionaron su presencia en aquel establecimiento.

—Diez segundos— dijo Liam y Robin saltó a la acción, enfrentándose a los tres sujetos con sus manos desnudas.

Nuevamente, Liam tuvo que discrepar con la lógica interna de este mundo, a pesar de que él mismo era una anomalía.

Podía entender el hecho de que si Super Man no se resistía voluntariamente al recibir un puñetazo, alguien más débil que él podría mandarlo a volar, ya que el peso del Kryptoniano sigue siendo normal y toda esa mierda.

¿Pero qué sentido tiene que Robin lance un puñetazo capaz de estrellar a un adulto contra la pared?

Tendría más sentido si se dedicara a golpear zonas sensibles con precisión, pero en muchas ocasiones el niño mostró una fuerza bruta anormal.

—Quince segundos.

Alguien podría haber escuchado o visto la conmoción y alertado a los demás— dijo secamente, caminando de nuevo con Robin siguiéndolo de cerca mientras fruncía el ceño.

—Por si lo olvidaste, yo no tengo poderes.

Abatir a tres adultos en quince segundos es toda una hazaña, amigo— se quejó el chico maravilla.

—Tienes acceso a un sin fin de artefactos que te ayudarían a reducir ese tiempo a la mitad o incluso más, pero tú vas y decides pelear a puño limpio.

Usa el gas para dormirlos o algo así.

Mientras discutían, más individuos armados los interceptaron a lo largo del recorrido, pero Liam no estaba dispuesto a perder demasiado tiempo con ellos.

Decidió probar las capacidades de su nuevo huésped, manteniendo una charla casual con el algo desconcertado Robin mientras extensiones de carne con puntas de hueso emergían de su cuerpo y atacaban a los rufianes.

Nada letal, o espantaría al pupilo de Batman.

Liam ya se había rendido en intentar convencer al murciélago de ser más contundente en sus métodos y no deseaba enemistarse con él.

Era, a pesar de todo, uno de los pocos individuos en los que podía confiar en este mundo que apenas conocía.

Después de un rato, el dúo alcanzó finalmente la guarida no muy secreta en la que gente se reunía para drogarse, embriagarse y festejar por cosas que a ninguno de los dos les importaba saber.

Ambos se adentraron con expresiones aburridas al mar de cuerpos sudorosos que se retorcían sugerentemente al ritmo de la música, mientras luces de colores destellaban por todos lados en la oscura sala, alterando la vista de quien no estaba acostumbrado a tales ambientes.

Tal y como Liam prometió, había muchos pechos desnudos por todos lados.

Pechos grandes, medianos, planos, inexistentes, perforados, tatuados, pintados, decorados.

Robin no sabía a dónde mirar, pues en todos lados encontraba algo inexplicablemente atractivo.

—¡No te hagas ilusiones, algunos de esos apestan a sudor, alcohol y Dios sabe qué otras sustancias.

Créeme, no querrás meter ninguno en tu boca!— aconsejó Liam al oído del chico, dándole unas palmaditas en el hombro.

Era su deber como Hermano Mayor guiar por la senda correcta al joven puberto.

Continuaron su camino, abriéndose paso entre las figuras danzantes y alocadas hasta que encontraron las escaleras a la zona VIP.

Obviamente, mandaron a dormir a los tipos que custodiaban la puerta de acceso.

Con un estruendo, el shinobi abrió las puertas de una patada e ingresó con expresión indiferente a la amplia sala donde el ruido de la música era atenuado y los individuos de alto perfil disfrutaban de bebidas costosas.

Ojos fríos y cañones inclementes se dirigieron y apuntaron en su dirección, sobresaltando un poco a Robin.

—¿Chico maravilla?— murmuró uno de los tipos armados, mirando en todas direcciones desesperadamente.

—Relájense, Batman no viene hoy— aclaró Liam con calma, haciendo un gesto al temeroso sujeto.

—Ahora bajen esas cosas o tendré que lastimarlos.

—…

¿Tienes idea de con quiénes estás hablando, mocoso?— amenazó un hombre de aspecto mafioso con un cigarro en la boca.

—Mejor lárgate de aquí antes de que te metas en serios problemas.

Liam no se dignó en resonderle, volviéndose en su lugar a Robin con las manos en señal de rendición.

—Que quede constancia de que se los advertí— dijo simplemente, formando un sello manual y creando un muro de agua que inutilizó la lluvia de balas que cayó sobre ellos.

—Sí sí, pero no rompas el brazo a nadie.

Ni las piernas.

Ni fractures un hueso de manera innecesaria— recordó Robin con un suspiro, siendo estas las reglas que Batman impuso al Meta Humano frente a él.

A sus palabras, clones de agua se formaron a partir del muro erigido y los criminales allí presentes recibieron la paliza de sus vidas.

Las botellas se rompieron, las mesas se volcaron, las damas salieron furiosas y con los vestidos manchados de comida, mientras los fríos y engreídos líderes criminales fueron sacados por sus guardaespaldas totalmente inconscientes y con algunos dientes faltantes.

En menos de dos minutos, sólo quedaron un hombre y una mujer en la sala, degustando sus platos como si nada extraño ocurriera en el mundo.

Liam y Robin tomaron una silla cada uno y las arrastraron a la misma mesa, tomando asiento sin permiso alguno y mirando fijamente a la pareja cuya piel era tan pálida como la del shinobi.

—Jeje, supongo que tú no eres el que trae el postre— comentó el hombre de nariz larga y cabello verde, soltando una broma para nada graciosa.

—Traga tu comida y llévanos al lugar donde estaba tu dinero.

Vinimos a investigar el incidente— dijo Liam con tono plano, robando alguna que otra mirada a la sorprendentemente atractiva mujer que acompañaba al Joker.

Igual que con Super Man, no tenían el aspecto que él esperaba.

Este Joker no era Ledger y esta Harley no era Margot.

—¿Tengo algo en la cara?

Por favor no me digas que te enamoraste de mí a primera vista o algo así.

Sé que las hormonas son una cosa, pero naciste unos cuantos años demasiado tarde, cariño— dijo Harley Quinn con un guiño.

***********************************************  —…

Está vacío— soltó Robin tras unos segundos de contemplación, admirando el almacén total y absolutamente vacío ante sus ojos.

—¡Ese es el problema, chico maravilla!— exclamó el Joker con una mueca desesperada, cayendo de rodillas dramáticamene.

—¡El trabajo de mi honrada vida ya no está!

Indiferente a las tonterías del payaso sin gracia, Liam tejió sellos manuales y palmeó el suelo, provocando un audible estallido de humo que captó la atención de Robin, el Joker y Harley.

—¡Woa, un perro gigante, Y TIENE CAÑONES LÁSER!— chilló la rubia con emoción en cuanto Tsunako apareció de entre la nube de humo.

—Ignórala y olfatea el lugar.

Dime si encuentras un rastro que se diferencie del de los presentes— Liam transmitió sus órdenes, atrapando a la emocionada mujer con sus vendas e impidiéndole que saltara sobre la Ninken.

Por su parte, Robin se dispuso a interrogar a la “víctima” de aquel crimen, siendo que su tecnología no podía captar nada.

—¿Así que no hay cámaras de seguridad que podamos verificar?

—¿Crees que soy un banco o algo así, hijo?

—¿Dónde estaba la noche del crimen?

—Salí toda la noche para reunirme con algunos pandilleros al sur de la ciudad.

Estuvimos ocupados destruyendo las casas de algunas ratas soplonas e incluso quemamos un par.

—…¿Y nadie más estuvo aquí la noche del crimen?

—Oh, lo estaban.

Michael y Angel, tipos rudos y de brazos grandes.

No vieron nada, ni oyeron nada.

Nadie atravesó las puertas, ni se inmiscuyó en el complejo o siquiera los derribó.

Tarados inútiles.

—¿Dónde están Michael y Angel?

Sería bueno tener sus testimonios también.

—Uh, sí, sobre eso…

No, no será posible.

—…

¿Por qué?

—Jeje, es que ya no pueden hablar, si sabes a lo que me refiero~  —…

Robin dirigió una mirada cansada al sonriente payaso, quien metía las manos en sus bolsillos y silbaba de manera inocente.

Suspiró para sus adentros y agradeció al Villano por su cooperación, cosa que le ganó un ceño fruncido por parte del shinobi que fingió no notar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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