En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 206
- Inicio
- Todas las novelas
- En el Universo DC con plantilla Shinobi
- Capítulo 206 - 206 Buenas Intenciones
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
206: Buenas Intenciones 206: Buenas Intenciones Liam condujo a Robin a las calles de nuevo, montando al chico a lomos de Tsunako y advirtiéndole que se sujetara bien.
Tras ellos, un malhumorado Joker refunfuñaba entre dientes, acusándolos a ambos por incompetencia y falta de profesionalismo.
—¡Si hubiera sabido que iba a perder mi tiempo así, habría llamado a la policía!
—Llamaste a la policía y es por eso que supimos que también te robaron.
Ellos simplemente no te creyeron, idiota— replicó Liam.
—¿¡Eh!?
¿¡Es así como me trata esta ingrata ciudad!?
¡Tengo derechos también, la Justicia debería ser imparcial!— escupió el Joker con indignación.
—Supongo que sí lo es, o Batman no nos habría enviado aquí— murmuró Robin por lo bajo, aunque lo suficientemente fuerte como para que el payaso lo oyera.
Liam juró que por un instante las mejillas del hombre se sonrojaron.
Un escalofrío le recorrió la espalda y se obligó a sí mismo a olvidar semejante fenómeno.
—¿Es eso así?
¿Pero por qué no vino él mismo…?
— se cuestionó Joker, y Liam decidió que ya habían permanecido aquí demasiado tiempo.
Rápidamente saltó del lugar, seguido de cerca por su Ninken y el niño montado en su espalda.
—¡Espera, al menos dime si mencionó algo más de mí!— gritó Joker, pero las figuras del shinobi y el perro gigante ya habían doblado la esquina y desaparecido por sobre los edificios.
Después de un rato de saltar sobre los tejados y crear suficiente distancia, Liam se detuvo abruptamente, su atención captada en otro suceso extraño pero menos perturbador.
Un instante después, Tsunako lo alcanzó y aterrizó a su lado, con un jadeante Robin aferrándose lo mejor que podía a los cañones rotatorios para no caerse.
—¿Q-qué sucede ahora?
¿Cansado ya de c-correr?— cuestionó el mocoso, intentando y fracasando en parecer indiferente a la reciente experiencia.
—¿No te parece curioso que haya tantos vagabundos con ropa nueva aquí?— Liam señaló al lugar al que miraba, donde una concentración de pordioseros degustaban perros calientes, bebían licor y usaban harapos andrajosos para mantener vivas las llamas en los barriles.
—Huh, no lo sé, tal vez alguna fundación donó ropa y les proporcionó alimento— Robin se encogió de hombros.
—¿Y las fundaciones también dan licor y cigarrillos?— insistió Liam.
Ambos descendieron al nivel del suelo y se acercaron al lugar, acompañados por una encogida Tsunako.
La Ninken buscó y confirmó a Liam que había un leve rastro del sospechoso que robó al Joker, aunque el fuerte olor de los vagabundos y el licor y las cenizas no ayudaron mucho a la pobre quimera.
—¡Largo de aquí!
—¡Vete al carajo!
—Eso no es asunto tuyo, niño.
—¿Eh?
Yo…
Yo no sé qué pasó, simplemente estaba borracho y ebrio y borracho, y de repente estaba ebrio y borracho y ebrio, pero con ropa nueva.
—¡Ah por favor!
¿¡No podemos tener un poco de suerte sin que vengan a cuestionarnos!?
¿¡Entiendes lo que sufrimos en las calles, hijo!?
Como imaginaba Liam, nadie estuvo dispuesto a soltar la sopa.
Él lo entendía, había tenido que convivir con vagabundos en sus primeros días, dada su condición de niño feo, débil, común y corriente.
Ninguno iba a ir por allí compartiendo el secreto de una fuente de oro, que en este caso era el aparente Robin Hood que robaba dinero y se lo daba a los más necesitados.
Liam no estaba en desacuerdo con el acto.
Él mismo lo hizo más de una vez.
El problema es que este ladrón no sólo le robó dinero al Joker y algunos mafiosos, sino también a los Bancos.
—Vámonos.
Informemos de lo que descubrimos a Batman.
Ahora tenemos un punto de referencia para rastrear a este individuo— dijo Liam, abandonando la zona en la que no eran bienvenidos, pero dejando tras de sí un clon de sombra para recopilar información.
*********************************** En el transcurso de la semana, Liam empleó las poderosas narices de Dojin y Tsunako, enviándolos a recorrer toda la ciudad en búsqueda del más mínimo indicio de olor del ladrón.
Los resultados fueron mixtos.
Nunca encontraron una concentración suficiente como para señalar a una persona, sólo rastros que se desvanecían rápidamente en la tumultuosa ciudad, algunos de ellos frescos pero a increíbles distancias el uno del otro.
Sin duda se trataba de un Meta Humano con una habilidad de teletransportación.
No había otra forma de explicar el fenómeno, a menos que el tipo fuera tan rápido que ni siquiera Flash podría notar el movimiento.
Con la información que Robin y Liam proporcionaron, Batman se dedicó a investigar cada incidente en el que un mendigo se encontrara debidamente vestido y alimentado.
Y no se detuvo allí.
Inquilinos a punto de ser desalojados de repente pagaron las rentas, automóviles dañados fueron reparados, una ola de familias de bajo estatus económico buscando cupos para las mejores escuelas para sus hijos.
Si el Murciélago tenía que ser honesto, esto no era algo malo.
Si tan sólo no se hiciera con el dinero de otros, claro está.
En contraposición a los resultados optimistas, muchas personas perdieron sus empleos y una pequeña masacre se desató entre casas mafiosas, acusándose la una a la otra de haber sido los responsables.
Cuerpos agujereados y picados en trozos se encontraron en algunos callejones, trabajadores de los bancos fueron despedidos y arrojados a la calle, e incluso un gerente terminó siendo demandado y encarcelado.
Las consecuencias eran reales, y muchos inocentes se vieron afectados.
Esto debía detenerse.
—¿Alguna pista de los beneficiados por Robin Hood?— inquirió Robin con una mueca, dirigiéndose a los Ninken.
Recientemente aprendió que ambos perros gigantes podían hablar, lo que lo sorprendió bastante, y ahora aprovechaba cada oportunidad para interactuar con ellos.
—Ninguna.
Algunos que parecen ser los líderes se reúnen entre ellos, y cada uno posee un rastro del aroma del ladrón, pero éste nunca aparece— informó Tsunako.
—¿Y sobre la atractiva mujer que también investigaba a los vagabundos que interrogamos?— Robin se volvió a Liam, quien negó con la cabeza.
—Ya te dije que ignoraras a la mujer, no es relevante para esto— recordó el shinobi.
—No descartes nada.
Asegúrate de localizarla también— intervino Batman con voz fría.
Liam se palmeó la cara silenciosamente, mientras evitaba la mirada aguda de Tsunako.
El murciélago y su pupilo se referían a un incidente que ocurrió con los vagabundos después que Liam y Robin se marcharan.
Aparentemente, una despampanante belleza se pavoneó entre los ebrios hombres sin hogar e hizo algunas preguntas a las que felizmente contestaron.
Ahora el dúo heroico de Ciudad Gótica no dejaban ir el tema, para fastidio de Liam.
Y no es como si los vagabundos le dieran mucha información de todos modos.
—Miren, la solución a este problema es muy sencillo: Tú usas tu identidad magnánima y millonaria, haz algún anuncio pomposo que involucre dinero para algo que no sea caridad, y deja que la información sobre la ubicación de ese dinero sea revelada— propuso Liam al murciélago.
—Bueno…
Dudo que se resista, Batman— Robin apoyó la idea.
—Eso es demasiado simple.
Incluso un niño lo vería venir— se negó el hombre.
—No lo hará.
Es un idiota que va por ahí robando cualquier fuente de dinero que se tope y regalándola a los que más la necesitan, les insta a reunirse en secreto, a mantenerse juntos y les habla sobre equidad y compartir.
¿Qué te dice eso de su personalidad?— insistió el shinobi.
—…
¿Y tú como sabes esa última parte?— inquirió Batman.
—Tsunako los escuchó— soltó Liam con calma, mintiendo profesionalmente.
—Así es— afirmó la Ninken.
—¿Es así?— cuestionó Dojin, confundido.
—Es así— recalcó la gemela con un gruñido bajo.
Liam sintió una abrumadora necesidad de convocar a aquel clon imbécil y darle una paliza junto a la Quimera más lenta de pensamiento bajo su mando.
—No entiendo lo que quieres decir— dijo Robin, ladeando la cabeza.
Batman sí lo entendió y le pareció innecesariamente ofensivo.
Sin embargo, incluso él tuvo que admitir que, con semejante premisa, no era tan descabellado intentarlo.
¿Qué sería lo peor que podría pasar?
¿Perder unos cuantos millones de dólares?
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com