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En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 210

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210: Mal Momento 210: Mal Momento Bruce y el resto de los invitados miraron fijamente el intercambio entre el Héroe y el medio Héroe.

El primero recuperaba el aliento y se quejaba, mientras el segundo echaba en cara algo de lo que sólo Bruce era consciente.

Para desgracia del Murciélago, el Chico Maravilla y el Velocista, el cebo fue un éxito rotundo y Liam se aseguró de señalarlo vehementemente.

—Realmente espero que esto sirva de lección, caballeros— decía el shinobi condescendientemente, apoyado por media docena de asentimientos de parte de sus clones.

—¡Pero no lo atrapaste!— acusó Robin a través del comunicador, exponiendo su existencia a Flash por descuido.

El Velocista frunció el ceño y cuestionó a Liam.

Bruce decidió intervenir antes de que las cosas empezaran a perjudicarle.

—Creo que fue suficiente actuación por ahora, caballeros.

Esperaba más de los aclamados Héroes, pero esto es patético.

Y no recuerdo haberte invitado a mi propiedad— dijo con fingida arrogancia, dirigiéndose a Flash.

El Velocista sintió las pesadas miradas de los Millonarios y llegó a la conclusión de que ese no era el mejor lugar para discutir.

—Buscaré al sujeto mientras solucionas las cosas aquí arriba.

Debería poder captar su posición con el…

— susurró el Héroe a Liam, deteniéndose al darse cuenta que el dispositivo que usaba para rastrear las perturbaciones espaciales se había roto.

Muy probablemente cuando los duros clones de Acero lo derribaron.

—Sólo espera abajo y llama la atención un poco.

Si atraemos más reporteros y me dejo ver, el ladrón sabrá donde encontrarme— suspiró Liam, cediendo a la propuesta que Flash había sugerido anteriormente.

Al día siguiente, los acontecimientos en la Torre Wayne se convirtieron en la comidilla de Gotham.

Aprovechando los recursos disponibles, la narrativa que se contó al público fue la siguiente: Bruce Wayne organizó una fiesta a la que asistieron figuras de alto perfil, donde exhibió la valiosa piedra que compró días antes.

El hasta ahora desaparecido Héroe/Criminal de Jump City estuvo presente junto con Flash, deteniendo las maquinaciones del Joker y su compañera del crimen.

Sin embargo, a raíz de la confrontación con el villano, los Héroes no pudieron evitar que un ladrón Meta Humano se llevara la Gema en exhibición.

Furioso, el magnate Bruce Wayne exigió a los Héroes que encontraran su posesión, a lo que ambos accedieron.

Los camarógrafos incluso captaron el momento en el que Flash e Hiruko subieron a la Limusina de Bruce Wayne, dándole sustento a la historia.

Esa fue la historia vendida.

El shinobi le aseguró a Flash que Bruce saldría de la ciudad por negocios, de modo que no tendrían que preocuparse por él.

Flash intentaba reparar su rastreador de perturbaciones espaciales con los escasos recursos de los que disponía en Gotham.

Batman y Liam intentaban idear una forma de lidiar con el sujeto en cuestión, pues su habilidad de transportarse no era ninguna broma y claramente sabía usarla.

Liam había insistido en invitar a Flash a la Bati-Cueva, pero por alguna razón Batman se negó.

—¿No confías una mierda en mí y aún así me permitiste vivir en tu casa, pero no estás dispuesto a traer a un Héroe de verdad, con un historial limpio, a una operación en la que claramente lo necesitamos?— preguntó con incredulidad en su tono.

—Confío mucho menos que eso en ti, te dejé quedarte porque ya conocías mi identidad, y no he dicho que Flash no pueda ayudarnos, sino que no lo traeré a mi guarida— respondió Batman tajantemente.

Mientras tanto, a miles de kilómetros de Ciudad Gótica y muy fuera del alcance del radar de Flash, si aún funcionara, un joven respiraba hondo en medio de la nada, concentrando su mente y tensando su cuerpo.

En distintas zonas del continente, balizas especiales fueron activadas y emitieron ondas en una frecuencia única y casi indetectable.

Información fue enviada por medios cuánticos, más rápido que cualquier sistema digital en este mundo, entrando directamente a un receptor que el joven conectó a su cabeza.

Datos, posicionamiento, entorno, imágenes y coordenadas asaltaron su cerebro, provocándole una ligera molestia.

Y entonces su figura pareció parpadear, como si de un error de programación andante se tratara, para luego desaparecer.

Dos segundos después, regresó a su posición original acompañado por otro individuo.

Sin decir palabra alguna, el nuevo sujeto se alejó unos pasos y dejó que el ladrón continuara su tarea.

Poco a poco, la figura del joven desaparecía y reaparecía, trayendo a alguien diferente en cada ocasión.

Un adolescente de cabello rubio ceniciento, levitando a unos centímetros del suelo con expresión impasible, traje sintético azul con decoraciones doradas y una capa con franjas blancas y rojas.

Una aparente niña envuelta en vendas, descalza y con una capucha púrpura.

Finalmente, llegaron tres mujeres asiáticas de fino cabello negro, piel de jade y rostros hermosos, delicados, vistiendo armaduras de alta tecnología y con un fuego intenso en sus ojos rasgados.

Una de ellas dio un paso al frente, ignorando al jadeante ladrón y mirando fijamente al primer hombre en ser transportado.

Alto y musculoso, cabello salvaje y una cicatriz recorriendo uno de sus ojos.

—Apruebo tu liderazgo, criatura, pero no olvides el pacto.

Él será juzgado y condenado por mi Secta y mis hermanas— dijo la asiática fríamente, el veneno deslizándose en cada palabra.

El hombre de aspecto salvaje sonrió, colmillos afilados exponiéndose y un gruñido profundo, más animal que humano, escapándose de su garganta.

—Puede confiar en mí.

Todos aquí somos profesionales.

¿¡No es así, muchachos!?— afirmó el hombre.

A sus palabras, nadie confirmó ni negó nada, para su disgusto.

La niña de las vendas daba palmaditas en la espalda al teletransportador humano, mientras el mocoso de la capa permanecía estoico en su lugar.

—…

Como sea.

Tú, plebeyo, llévanos a Hiruko— ordenó la mujer con tono autoritario, ignorando el mediocre comportamiento de estos súper humanos y monstruos.

Sólo los toleraba porque eran lo mejor que pudo conseguir con más de la mitad de su riqueza familiar y un año entero de búsqueda.

—¡Tch, su nombre es Caine, maldita asiática!— siseó la niña de las vendas.

—Uh, ese es mi apellido, Eto…— murmuró el ladrón comunista, identificado como Caine, antes de ponerse serio y explicar la situación.

—Hiruko no está residiendo en Jump City ahora mismo, sino en Gotham.

Sin embargo, no está solo— comenzó el joven, pero fue interrumpido por la condescendiente princesa china.

—Ya somos conscientes de sus monstruos, plebeyo.

¿Para qué crees que te contratamos?

El párpado de Caine tembló, su paciencia llevada al límite.

Desde el principio, había sido tratado de esta forma por las damas asiáticas, a quienes consideraba poco más que altaneras niñas ricas que tiraban dinero como si creciera en los árboles, indiferentes a los miles que podrían ayudar con un poco más de sentido común.

—Me refiero a que está acompañado por un elemento imprevisto: Flash— aclaró con expresión hosca, recordando lo cerca que estuvo el Héroe de atraparlo.

—¿Hmph, eso es todo?— se burló otra de las mujeres en armadura, su sereno porte marcial exudando confianza y arrogancia.

—Yo retendré al Héroe Americano.

—Seguro que sí, pero antes de saltar a ciegas a una pelea en territorio desconocido, es mejor investigar un poco— intervino el hombre de aspecto salvaje, a quien se le otorgó el liderazgo de la misión por sus propias contratistas.

Aclarado el rumbo a tomar, Caine procedió a transportar a cada miembro a una ubicación diferente de Gotham, llevando a las contratistas a un almacén abandonado.

El trío de mujeres meditó y esperó, sus intenciones asesinas afilándose tanto como sus espadas.

Habían venido por venganza, contra los deseos de su amor en común, contra las súplicas de su cuarta hermana, contra sus propios instintos maternales.

Gastaron dinero, recursos, tiempo, todo para este momento, para esta oportunidad.

Ellas se miraron las unas a las otras, tomándose de las manos en señal de duelo, de consuelo y resolución.

—Por Hao Tian— murmuraron con dolor y rabia.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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