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En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 212

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212: Mal Momento 3 212: Mal Momento 3 Nezu procesó los datos a gran velocidad, sus sistemas calculando el nivel de amenaza del adolescente rubio.

Las mecandritas se agitaron y las celdas de energía brillaron.

Lentes fueron reveladas en la base de sus garras metálicas, un zumbido bajo en aumento y una luminiscencia que indicaba la acumulación de poder.

Antes de que sus ráfagas de energía salieran disparadas, Nezu fue empujado hacia atrás junto con Alfred por una repentina onda de choque.

El mocoso de traje y capa apareció en un parpadeo ante ellos, su puño estampado contra su escudo de energía, enviando ondulaciones que desestabilizaban su integridad.

—Sal de aquí, rata— instó Tsunako, sorprendiendo al chico por un momento al revelar su capacidad de hablar.

Un rugido, más animal que humano, se desató a espaldas del rubio y Nezu vio al hombre que había paralizado arrancarse un trozo de carne del cuello, deshaciéndose del escarabajo mecánico que descargaba agentes anestésicos en su sistema.

Habría preferido un veneno de acción inmediata, pero Liam le habría hecho un escándalo por eso.

—Mayordomo, la Ninken tiene razón— llamó Nezu, decidiendo dejar el asunto en manos de los fuertes.

Más tarde podría tomar algunas muestras del sujeto experimental que creyó nunca volver a ver.

La rata emitió un comando a sus sistemas y los tubos de contención que mantenían la barrera invirtieron su energía, expulsándola hacía afuera en una explosión de fuerza y rayos.

Entonces echó a correr, desplegando propulsores en su gordo cuerpo para ayudarlo a ganar impulsos de velocidad.

Alfred lo siguió de cerca, inesperadamente tranquilo para un mayordomo cuya Mansión es atacada por Meta Humanos.

A su espalda, Tsunako gruñó y saltó contra el mocoso cuyo cuerpo apenas retrocedió unos centímetros al recibir el estallido de energía en la cara.

Nezu miró por encima del hombro justo a tiempo para ver a la Quimera ser pateada con desdén y arrojada contra la cocina.

Más atrás de él, el sujeto experimental G-4D0 fue embestido por Ninken gemelo y ambos se enzarzaron en una brutal pelea.

Pero el verdadero problema era el mocoso con los ojos rojos brillantes.

—¡Por aquí!— ladró Alfred, lanzándose a un lado y tomando a Nezu entre sus brazos, evadiendo por poco los rayos carmesí que atravesaron paredes y pisos.

Nezu esperaba estrellarse contra la pared del pasillo, pero esa sección se deslizó a un lado y ambos entraron a una serie de túneles que, muy probablemente, usaba el justiciero para ir y venir a su antojo.

De vuelta en la cocina, John se encogió de hombros y decidió no gastar su tiempo con aquellos debiluchos.

Se giró hacia el perro con la intención de llevárselo, pero se encontró cara a cara con una figura cuyo rostro había estudiado muchas veces.

De cabeza, con los pies afirmados al techo en contra de la gravedad, estaba el llamado Hiruko, el objetivo de la misión de John.

Pero no la misión encomendada por las mujeres chinas.

El shinobi arrojó un guijarro verde brillante que chocó inofensivamente con la frente de John, rebotando y cayendo al suelo.

El rubio permaneció estático, levitando en el aire, mirando inexpresivamente a Hiruko.

—Bueno, no eres kryptoniano— comentó él.

John no respondió, moviéndose rápidamente para clavar su mano en el pecho del shinobi y terminar su cometido.

Sin embargo, su brazo encontró una fuerte resistencia, un tirón persistente que detuvo su movimiento.

Se volvió y encontró vendas con un brillo metálico envueltas alrededor de su antebrazo, tensadas casi al límite.

Detrás de él, otro shinobi sujetaba el extremo de las vendas, tirando en dirección contraria.

Puños tan duros como el acero se estrellaron contra su cara en rápida sucesión, la fuerza detrás de ellos siendo suficiente para hacerlo retroceder, pero no tanto como para representar una amenaza.

Con su otra mano, interceptó el veloz ataque de Hiruko y apretó con fuerza, aplastando la mano del shinobi en un crujido más metálico que orgánico.

El Bunshin abrió los ojos y rápidamente hizo un sello manual con la mano sana.

John vio con genuina sorpresa en sus ojos como la carne de Hiruko perdía su color y su forma, disparándose hacia él como un mar de tentáculos metálicos, enroscándose a su alrededor y presionando con fuerza.

En ese momento, dos ases de luz crepitante se acercaron desde ambos extremos del pasillo, impactando a John en el medio con un estruendo retumbante y un destello cegador.

************************************* —¡Está aquí, Hiruko está aquí!— llamó Marcus a través de su comunicador, rodando por el suelo para evitar las mandíbulas enormes que casi se cerraron sobre su cara.

Había sido empujado por el otro perro hasta salir volando al patio por una de las ventanas.

Ya en el exterior, su oponente adquirió el tamaño que debería haber tenido desde el principio.

Dojin fue implacable, salvaje, agresivo.

El Ninken gruñó y ladró, sus cañones rugieron descargas abrasadoras, sus garras cortaron el aire y sus mandíbulas chasquearon peligrosamente cerca de Marcus.

El hombre fue superado en velocidad, agilidad y en fuerza.

Su carne se rasgó y la ropa quedó hecha jirones.

Sus armas fueron arrbatadas de las manos por el perro, quedándose apenas con algunas granadas.

Marcus subestimó a las bestias, y esta era sólo una de las cuatro conocidas.

Y también de las más pequeñas.

—No tengo opción…

Tendré que revelar mi carta— pensó con amargura.

Retrajo su puño y acumuló poder, la energía misteriosa inundaba la extremidad y potenciaba la fuerza más allá de sus límites sobrehumanos.

Cuando Dojin se lanzó de nuevo, Marcus liberó la energía contenida con un destello dorado.

El puño del hombre se disparó y encontró la mandíbula del monstruo.

La sacudida hizo vibrar los dientes de Dojin, su cuerpo se torció en el aire violentamente ante la repentina parada de su impulso.

Antes de tocar el suelo, una luz cegadora emergió del hombre y relámpagos azotaron a Dojin.

Una gran onda de choque lo hizo volar varios metros mientras los restos crepitantes danzaban en su cuerpo.

Rápidamente se incorporó y sintió pasos más pesados acercándose a él.

—¿¡Qué carajo!?— soltó, incrédulo ante el León humanoide que le clavó una poderosa patada de revés en las costillas, al menos tres veces más fuerte que el humano.

Marcus gruñó, confundido y ligeramente asombrado.

No esperaba que el perro hablase.

La sorpresa duró poco.

Marcus detectó el olor de otra presencia y escuchó el silbido de objetos cortando el aire a sus espaldas.

Saltó rápidamente y evitó las explosiones, cargando contra el nuevo oponente.

Batman frunció el ceño y dejó caer varios contenedores al suelo, retrocediendo mientras un recubrimiento se deslizaba por su máscara, ocultando su boca.

Marcus, creyendo que se trataba de más explosivos, aceleró su embestida y extendió las garras.

Los contenedores explotaron, pero no expulsaron fuego, sino gas.

Una densa nube envolvió el terreno y Batman sacó algunos dispositivos más, adentrándose sin temor alguno.

Desde fuera, Dojin hizo una mueca al detectar los intensos olores de los químicos.

Pudo oír el rugido del León humanoide y sintió lástima por el felino.

**************************************** Lyla emprendía la tediosa tarea de envolver su cuerpo con las vendas características de su personaje favorito.

Se preguntaba con diversión si Él pasaba por lo mismo.

Al menos, podría preguntarle si resultaba lo suficientemente capaz.

Sus ojos examinaron la amplia propiedad Wayne, maravillada por ver un lugar tan mítico en la vida real.

Obviando los láseres carmesí que salían disparados de vez en cuando, obviamente.

La refriega había comenzado y Lyla sintió emoción por ver el desenlace de una trama tan única.

Tan extraña y divertida.

A diferencia de sus compañeros, Lyla era plenamente consciente tanto de su propia naturaleza, la de ellos, así como del mundo en el que vive.

Fue una friki y una neet de manual en su primera vida.

Murió debido a una fuga de gas, volando por los aires envuelta en llamas mientras se masturbaba con un Hentai en su computador.

Indigno, vergonzoso.

Pero cuando volvió en sí, era una niña de nuevo, sola, desnuda y bajo un puente en Tokyo.

Y una voz en su cabeza informándole de una supuesta elección que ella no recordaba haber hecho.

Sistema Ghoul.

Ese fue su regalo, su bendición.

Creyó haber sacado la lotería, aunque sabía que tendría que esforzarse.

Conocía la trama del manga al derecho y al revés, podía aprovechar muchas cosas.

Podría relacionarse con sus personajes favoritos.

Pero al buscar información del mundo, sus esperanzas se esfumaron por completo.

Ella no estaba en el mundo de Tokyo Ghoul.

Estaba en el Universo DC.

Un universo donde sus poderes serían, como mucho, un desafío para tipos como Green Arrow, Batman, ese tipo lindo, Grayson, y similares.

Aparte de esos personajes y algunas cosas más, Lyla no sabía mucho de DC.

Era más afín al anime y el manga que los cómics.

Aún así, ella perseveró.

Entrenó, se fortaleció, superó su incomodidad a la carne humana y decidió quedarse en Japón.

No tenía necesidad alguna de venir a América.

Hizo contactos, mantuvo un perfil bajo y apaleó a algún que otro Yakuza engreído.

No era una vida que un transmigrante con un Sistema tendría, pero Lyla no se quejaba.

Todo cambió, sin embargo, cuando se topó con un poderoso grupo Yakuza liderado por un individuo tan excepcional como aterrador.

Uno que no debería existir en este Universo.

Uno como ella.

Lyla huyó.

No tenía las habilidades para enfrentarse a él y, más importante, si él existía…

¿Cuántos otros habían llegado a este mundo?

¿Qué habilidades tenían?

¿Qué harían con ella si la reconocieran como una entidad extranjera a este Universo?

Maldijo entonces su suerte.

Maldijo la época tan atrasada en la que vivía, donde no existía una red global para buscar mejor información todavía.

Maldijo el patético Sistema que le tocó.

Pero, hace año y medio, recibió una brizna de esperanza.

Una salida a su problema de debilidad, a cambio de un precio.

Una misión, un objetivo, un individuo.

Lyla, al igual que Marcus, Henry y John, se unió a la cruzada de la secta china para encontrar a Liam.

La única diferencia era que ella no venía a matarlo.

******************** Feliz Navidad guapos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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