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En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 217

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217: Cuestión De Suerte 2 217: Cuestión De Suerte 2 Katōn: Haijingakure no Jutsu.

Una espesa niebla ardiente ocultó la figura de Liam y rápidamente se extendió a docenas de metros.

El shinobi retrocedió sigilosamente y tejió más sellos.

Jinton: Shōgeki Bunshin.

Oleadas de Clones de Elemento Veloz se formaron a su alrededor, el chakra agitándose a lo largo de su estructura humanoide e invisible a altas velocidades.

Los Bunshin salieron despedidos y cumplieron su propósito de existencia al impactar a la mujer absurdamente poderosa.

—¿¡Jorm, podemos hacer una maldita Bijūdama!?— preguntó Liam en un susurro.

—No creo que tengamos el control suficiente, Maestro.

Corremos el riesgo de que haga estallar su cabeza— advirtió la invocación.

—Pues intentemos con mi amigo el Meiton— suspiró el shinobi, extendiendo su palma izquierda.

En ese momento, Flash entró en la contienda y sacó a Liam de su escondite un segundo antes de que la mujer enviara una onda sonora con sólo aplaudir una vez con sus manos.

—¡Quema!— gimió el Velocista, soltando a Liam de repente y haciéndolo rodar varios metros de manera dolorosa.

El shinobi se incorporó lo mejor que pudo, agradecido por la ardiente capa de chakra que lo lastimaba y protegía a la vez.

Dirigió a Flash una mirada disgustada, sacudiéndose la sensación que sus órganos y sangre experimentaron al moverse mucho más allá de lo que su Liberación Veloz le permitía.

El Héroe estaba por disculparse, cuando la guerrera esmeralda entró en su campo de visión peligrosamente cerca.

Valiéndose de la Speed Force, evadió por un amplio margen el ataque nada lento de la mujer, quien alteró su rumbo abruptamente para perseguirlo sin aparente esfuerzo.

El movimiento desató una onda expansiva que destrozó la calle frente a ella, casi alcanzando a algunas personas que intentaban salir de la zona de combate.

El corazón de Flash dio un vuelco, recordando lo que esas ondas le hicieron a la chica voladora sobre los terrenos Wayne.

Por suerte, Hiruko fue lo suficientemente rápido.

A costa de algunas quemaduras en la piel y quizás unos huesos rotos, el shinobi salvó a los civiles y los alejó del peligro lo mejor que pudo.

Pero el problema seguía siendo la enemiga en armadura.

Aunque Flash era significativamente más rápido, ella no estaba del todo indefensa.

El Velocista propinó fuertes puñetazos que sacudieron sus propios huesos, apenas frenando el impulso de la mujer.

La rodeó y golpeó en ráfagas destellantes su barbilla, intentando sacudir su cerebro y hacerla caer, pero ella resistió.

Pateó la parte posterior de sus rodillas con todo el impulso que le daba su velocidad, pero sintió que toda su pierna vibraba, como si un humano común golpeara un muro de Acero.

En todo momento, ella giró y extendió las manos, intentando sujetarlo para impedirle moverse.

Ya había notado que los puñetazos comunes no funcionaban.

Para Liam, la escena fue similar a la de su gusto culposo del UCM, cuando la Eterna Makari luchó contra Ikaris en la playa, sólo que mucho menos dominante por parte del Velocista.

Esta mujer era un maldito muro inamovible.

—¡Jorm, tendré que pedir que sacrifiques una de tus cabezas.

Necesitamos algo para detener a esta tipa!— llamó Liam, dejando que el manto de chakra regresara a su Quimera.

Tejió más sellos y desató el Devorador de Liberación Oscura, envolviendo a la mujer a quien no pareció molestarle la acción.

Tras un momento, la energía viajó de regreso hasta Liam, sin nada nuevo contenido en ella.

No había nada que saquear de esta mujer.

—¡Me cago en todo!— se quejó el shinobi.

Formó media docena de Clones de Acero, y éstos a su vez crearon media decena de Mizu Bunshin.

Todos se dispersaron en diferentes direcciones y procedieron a evacuar todo, desde las calles en toda la cuadra hasta los edificios.

No tenía más remedio que sacar el Ninjutsu pesado a costa de la ciudad.

—¿Cuánto tiempo necesitarás?— preguntó a su Quimera, sus ojos fijos en el torbellino de luz y relámpagos que bloqueaban la vista de la guerrera esmeralda.

—Todo el que pueda darme, Maestro.

Incluso si exploto, no permitiré que usted salga herido— dijo la invocación, empezando la ardua tarea de moldear y aplastar el chakra en su interior.

Liam accedió a su inventario y buscó algunas de las herramientas que Nezu logró crear a base de la tecnología Alienígena robada en Washington.

En ese momento, notó una señal que recibía su comunicador y decidió echar un vistazo.

Sacó una pesada herramienta similar a un lanzallamas y el comunicador, encendiéndolo mientras se equipaba la enorme mochila torpemente.

No estaba hecha para alguien tan enano como él.

Con un pitido, el dispositivo conectó con su gemelo y la voz mecánica de la rata lo alcanzó.

***************************************  Sin que alguno de los combatientes lo supiera, había un cuarto individuo involucrado en la situación.

Henry Caine había estado esperando su momento para intervenir durante el enfrentamiento en la Mansión, pero las coas dieron un giro extraño.

Y mortal.

El portador del Sistema Espacial presenció de primera mano cómo todo explotaba en una poderosa onda de choque.

Vio al jovencito John caer del cielo con la mandíbula rota en una lluvia de sangre.

Por cuestiones de humanidad y respeto, decidió salvar su cadáver de una horrible caída, sólo para darse cuenta que seguía vivo.

Después buscó al líder de su equipo improvisado, encontrándolo hecho un amasijo de magulladuras, cortes y un par de extremidades dobladas.

También seguía vivo.

Se lamentó profundamente la muerte atroz de la joven Eto.

No pudo recuperar nada de ella.

Finalmente, buscó y rescató a las damas asiáticas que lo contrataron, quienes eran interrogadas por el vigilante de esta ciudad.

Casi le sale mal la jugada, pero consiguió su objetivo.

Pero mientras Henry se preparaba para marcharse con los supervivientes, la batalla entre el shinobi y la loca mujer en armadura comenzó.

Un destello agudo brilló en los ojos del comunista y fue a echar un vistazo.

Podría tener su oportunidad si esperaba.

Lo que encontró sin embargo, fue un camino de destrucción y muerte como sólo la guerra de su mundo le había mostrado.

Vio inocentes, ricos, clase media y mendigos salir volando violentamente por los aires a causa de las ondas de choque.

Vio niños a punto de ser aplastados por secciones de edificio que caían.

Sangre, fuego y una nube de polvo asfixiante inundaron algunas calles, restos del paso de la Diosa que asolaba la Tierra.

Algo se agitó dentro de Henry.

Su propia visión de las cosas chocó con sus intereses personales.

¿Cómo podía él, que afirmaba trabajar para un mundo mejor, un mundo en el que todos fueran iguales y nadie sufriera de la falta de recursos, tener el poder de ayudar a esas personas y no hacer nada?

¿No sería eso lo mismo a tener pan en su casa, y no ofrecerlo a quienes morían de hambre en la calle?

¿A dormir en una cama espaciosa y cálida mientras otros temblaban en los fríos callejones?

¿No era su camino el correcto?

¿No era Humana la empatía y la solidaridad?

¿La igualdad que defendió hasta la muerte en su primera vida?

Henry nunca se consideró una mala persona.

Tenía objetivos, ambiciones como todos, pero las suyas eran las correctas, loables, benignas.

Él no era un monstruo.

El espacio se onduló a su alrededor, su cuerpo se desdibujó de la realidad un instante imperceptible incluso para individuos tan rápidos como Flash.

En cuestión de un latido del corazón, Henry alcanzó a esos niños que miraban paralizados los mortales escombros que llovían sobre sus cabezas.

Henry los salvó y regresó por los demás.

No se atrevió a involucrarse en la pelea, pues él participaba en luchas diferentes.

Pero no permitiría que semejante tragedia ocurriese en su presencia.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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