En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 218
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- Capítulo 218 - 218 Cuestión De Suerte 3
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218: Cuestión De Suerte 3 218: Cuestión De Suerte 3 Flash empezaba a quedarse sin energía.
La Speed Force no podía proporcionarle toda esta velocidad sin un coste.
Por mucho que intentara sacudir a la guerrera esmeralda, marearla o atontarla, sus esfuerzos no daban frutos.
Ella era poderosa, capaz de seguirlo con la mirada y moverse a una velocidad decente, casi atrapándolo en más de una ocasión.
Su resistencia era una locura, siendo empujada por golpes que Flash propinó y que deberían, como mínimo, haberle roto los huesos.
Y lo peor de todo es que a diferencia de él mismo, o de Super Man según había visto en múltiples ocasiones en la TV, el efecto que esta mujer provocaba en su entorno al moverse sí respetaba las leyes de la física.
Flash ya sabía que aquello que le permitía moverse a grandes velocidades era lo que lo protegía a él de las consecuencias, así como al entorno y a cualquiera con quien entrase en contacto.
Lo mismo debería aplicar para Super Man.
Pero no la guerrera esmeralda.
Sus puños se desdibujaron en tiempo real, rompiendo la barrera del sonido en estruendos que sacudían las inmediaciones, desplazando el aire tan violentamente que desataba ondas de choque destructivas.
Alrededor de la batalla, las copias del shinobi se movían tan rápido como les era posible, usando sus vendajes inesperadamente flexibles y extremidades carnosas para recolectar al mayor número de personas y sacarlas del lugar.
Muchos tímpanos se rompieron, o estaban a punto de hacerlo.
Escombros voladores lastimaron a las personas, las ondas de choque los empujaban a la vez que desestabilizaban las ya frágiles construcciones.
Gotham fue víctima no de criminales o monstruos por una vez, sino por una verdadera calamidad andante, un motor de caos y destrucción viviente a la que parecía no importarle un comino las consecuencias de sus acciones.
Esto era un nivel de desinterés tan absurdo que bien calificaba como maldad.
Esta mujer era malvada.
Los relámpagos crepitaron alrededor del Héroe, amasándose en sus puños mientras golpeaba en posturas incómodas, temeroso de caer en una trampa de la guerrera.
La diferencia era como si la otra parte estuviera en una piscina.
Era más lenta, pero podía adquirir repentinos impulsos de velocidad que igualaban al Velocista y lo obligaban a retroceder.
Sus manos dejaban leves marcas a lo largo del rostro y el abdomen expuesto de la guerrera, cada puñetazo amenazando con romperle a él los huesos.
No se detenía.
Por el rabillo del ojo, vio una pequeña figura de blanco cargando un arma extraña.
Ondas de luz se arremolinaron en el cañón, concentrándose en una esfera ardiente de energía pura.
El arma disparó, la ráfaga de luz brillante asó la superficie destrozada de la calle y el calor invadió a Flash y a la guerrera esmeralda.
Ella se volvió en la dirección de la onda de energía, y él saltó con todas sus fuerzas a su espalda, propinándole una patada doble con todo el impulso que le daba la Speed Force para correr.
Por primera vez en el enfrentamiento, Flash le causó daño real a su oponente.
La poderosa energía desatada en sus piernas superaba con creces la de sus puñetazos y la guerrera se dobló, empujada sin oposición en un encuentro poco amistoso con la esfera ardiente.
Aunque para Liam todo eso ocurrió en un parpadeo que no pudo precisar.
El impacto no fue particularmente estruendoso, ni hubo una alocada detonación.
Sólo una bola de luz que quemó el aire y explotó con la misma potencia de una granada, aunque su temperatura fue muchísimo más alta.
En cuanto la cegadora luz desapareció y el polvo empezó a amainar, Liam observó impasible el porte firme y casi divino de la mujer.
Su piel curtida humeaba por el intenso calor al que fue expuesta, pero apenas mostraba marcas de quemaduras.
Algunas de las placas superpuestas de su faldón esmeralda salieron volando y otras se derritieron levemente.
Chispas destellaron a lo largo de la armadura, una especie de capa digital parpadeando sobre las zonas más dañadas.
Eso le hizo temblar el párpado.
—¿Tu armadura tiene un escudo para sí misma, y no para ti?— preguntó con ligera exasperación.
El humo se disipó del rostro de la mujer, donde la bola de energía había golpeado.
Apenas hubo marcas rojizas a lo largo de sus pómulos y sus labios.
Sus párpados cerrados se abrieron, revelando ojos intactos a pesar del ataque.
Eso no era buena señal.
No era bueno en lo absoluto.
—¿Hmm?
Lo dices como si no estuvieras disfrutando de la vista— ella comentó con una sonrisa de suficiencia.
—¿Podrías acompañarme ahora, por favor?
Es mi primera vez haciendo esto y me siento culpable.
Preferiría no dañar tu lindo rostro, aunque no sea el mío.
Antes de que Liam pudiera responder a las extrañas palabras de la guerrera, Flash apareció a su lado en un destello de luz y relámpagos crepitantes.
Su respiración era pesada y se aferraba el estómago con una mano, adolorido o agotado, Liam no podía decirlo con seguridad.
De lo que sí tenía certeza es que Flash no aguataría una segunda ronda.
—Deberías alejarte.
Las cosas se van a poner locas por aquí— sugirió el shinobi mientras dejaba caer el arma con indiferencia.
La pesada mochila a su espalda se sobrecalentó con ese único disparo y empezó a escocerle la carne ya maltratada por el manto de Kyubi.
El Velocista jadeó un momento antes de mirarlo con incredulidad.
La falta de fe en sus ojos era evidente, y francamente dolorosa.
—¿¡Estás loco!?
¡Te va a matar sin que te des cuenta!— replicó, negando con la cabeza ante lo que consideró como un suicidio.
—No todo es músculo y fuerza bruta— dijo el shinobi en un tono tranquilizador que no tranquilizó a Flash en lo absoluto.
—Y necesito que encuentres y traigas una rata.
Es gorda, del tamaño de un gato y grosera— añadió en un susurro.
Mientras tanto, la mujer sacudía un poco su cabello para quitarse el polvo.
De repente, su mirada se agudizó y torció el cuello, mirando por encima del hombro.
Todos los Bunshin convocados hacía un momento saltaban de un lado a otro entre la maraña de edificios sin cristales.
Los sellos se tejían y el chakra se agitaba.
Liam también se lanzó a la carga, dedicándole antes una mirada significativa al Héroe.
El terreno irregular no obstaculizó su velocidad de movimiento, inferior a la de Flash pero aún así inhumana por derecho propio.
Desde el aire, los Bunshin de Acero escupieron olas chocantes y cadenas de relámpagos, mientras los más débiles Bunshin de Agua esparcían etiquetas y cables por toda la zona, tejiendo una red que cubría el aire y el suelo.
Los cada vez más confiables Bunshin de Velocidad saltaban e impactaban a la guerrera desde arriba, impidiéndole despegar.
Liam, el cuerpo principal, extendió su chakra al suelo y provocó un estremecimiento en la zona, erigiendo pilares de Acero que concentraron la energía eléctrica mientras un pozo de tierra era excavado, permitiendo la concentración del agua a los pies de la Super Mujer.
—¡Deja de forzar mi mano!— gruñó la mujer, impulsándose con un breve estallido sónico hacia un lado y destrozando la cabeza de un Mizu Bunshin.
Los torrentes de agua cambiaron de dirección, mientras látigos se disparaban a toda velocidad y enganchaban sus extremidades.
La intensa corriente eléctrica utilizó el agua enturbiada por los escombros y el polvo para alcanzar a la guerrera.
Los rayos danzaron a lo largo de su cuerpo y le hicieron apretar los dientes.
Los Mizu Bunshin aferrados a los cables agitaron sus manos e hileras de etiquetas explosivas se encendieron.
Con un bramido, la mujer hizo estallar la ola masiva que la impactó y salpicó agua electrificada en todas partes.
Los cables la envolvieron en ese instante y las etiquetas detonaron al unísono.
Liam ordenó que los clones de Elemento Veloz saltaran también, para no dejarle un segundo de respiro a la guerrera.
Una masa de carne se abultó desde el hombro del shinobi y rasgó la tela de su manga, emergiendo una cabeza de serpiente un poco más grande que la del propio Liam.
Su largo cuello se estiró y sus fauces se abrieron.
Partículas de energía empezaban a arremolinarse y la tensión en el cuerpo principal empezaba a aumentar.
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